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viernes, 26 de octubre de 2007

Adiós Montesquieu, adiós, por Luis María Anson (El Mundo)

CANELA FINA

La posición tradicional del PSOE ha sido siempre la liquidación de Montesquieu. La separación de poderes parece una incongruencia a buena parte de los teóricos socialistas españoles. No hay otro poder que el Ejecutivo. Las Cámaras están para aprobar lo que decida el Gobierno. Y la obligación de la Justicia consiste en respaldar la política gubernamental.

Siempre ha sido así desde que en 1978 se puso en marcha la de-mocracia constitucional española. Felipe González, nada más ascender al poder, obligó al Tribunal Constitucional a respaldar la tropelía cometida contra Rumasa, lo que provocó el exilio de su presidente, un hombre honrado. La muerte de Montesquieu fue la doctrina oficial proyectada desde Moncloa hasta el último de los Juzgados. Con 202 diputados, que si galleaban mínimamente no salían en la foto, el PSOE triunfante no quería saber nada de poderes independientes que limitaran su euforia.

Hasta aquí, todo archisabido. Que el Gobierno Zapatero se rebele contra el Tribunal Constitucional y cometa la infamia de recusar a dos de sus magistrados está en la lógica socialista. Para el presidente por accidente, el alto Tribunal se debe limitar a respaldar jurídicamente lo que decida el Gobierno. Es así que existen dudas porque se teme que vaya a actuar de forma independiente. Pues se le socava y se le asalta.

Lo que no parece de recibo es el cinismo elevado al cubo. Se intenta cometer una tropelía para doblegar al Tribunal Constitucional y que se ponga de hinojos ante Zapatero, y los ministros, los medios de comunicación adictos y los tertulianos domesticados se lanzan a una frenética campaña asegurando que todo se hace para garantizar la independencia de la Justicia. Esa es la estrategia zapatética: la mentira descarada. El proceso de rendición ante Eta, el rechazo con la boca chica de la banda para evitar la hemorragia electoral, el Estatuto de Cataluña, la entrevista con Ibarreche, el entendimiento bajo cuerda con Fidel Castro, el asalto al Tribunal Constitucional, todo forma parte de la colosal mentira que envuelve a Zapatero. Con ese instinto que tiene el pueblo para detectar las desviaciones, la multitud grita en las manifestaciones públicas: «Zapatero, embustero, Zapatero, embustero».

No. El Gobierno del PSOE no pretende que el Tribunal Constitucional sea independiente. Lo dice con cinismo, pero lo que quiere es convertirlo en una marioneta con los hilos manejados desde Moncloa para que diga sí a las decisiones anticonstitucionales de Zapatero y respalde las mercedes por él concedidas.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.

© Mundinteractivos, S.A.

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