Blogoteca: septiembre 2007

sábado, 29 de septiembre de 2007

El terror rojo en España, Pio Moa, Libertad Digital

Es extraordinario cómo la izquierda y los separatistas persisten incansables en sus versiones, perfectamente ficticias, sobre la guerra civil. En los años 70, diversos autores, en especial los hermanos Salas Larrazábal y Ricardo de la Cierva, desmontaron gran parte de su tinglado de argucias propagandísticas, pero a base de repetir las mismas como si nadie las hubiera rebatido, y de satanizar a los críticos, al estilo stalinista, con ayuda de los fondos públicos y medios manejados por la izquierda y la vergonzosa inhibición de la derecha, consiguieron imponer en la sociedad sus puntos de vista. Claro que desde entonces, la crítica creciente les ha obligado a retroceder un tanto. Su último baluarte era la represión, en torno a la cual han construido una serie de mitos que volvían inatacable el comportamiento de la izquierda, y doblemente culpable el de la derecha. Por algo el montaje de la “memoria histórica” reposa, precisamente, sobre esa pretensión: las víctimas del franquismo, supuestamente caídas en defensa de la libertad.

Sobre esa falsedad se elevaba una argucia: no podía dejar se reconocerse el terror masivo llevado a cabo por las izquierdas, que manchaba un tanto el “buen nombre” humanista y democrático de las mismas. Pero, claro, debíamos tener en cuenta que, por una parte, fue un terror causado por la sublevación fascista o franquista, una reacción defensiva al golpe militar; y que, por otra parte, se ejerció al margen de los deseos e intenciones del gobierno, los dirigentes y los partidos del Frente Popular, fue un terror popular, espontáneo y desordenado, nacido de una “opresión de siglos”. El terror derechista, en cambio tenía los rasgos contrarios: antipopular, sistemático, organizado de arriba abajo por una oligarquía ferozmente reaccionaria.

Hacía falta un libro que dejara las cosas en claro y documentara la doble falsificación. De hecho han salido un buen número de ellos tratando aspectos parciales, como la persecución religiosa, los crímenes en determinadas provincias, el caso de Paracuellos, etc. Pero este de Javier Esparza El terror rojo en España. Epílogo: el terror blanco, es, como señala su prologuista Stanley Payne, el más completo y ordenado publicado hasta hoy. Esparza ha realizado un trabajo brillante, intelectualmente bien organizado, que demuele toda la fantasía propagandística creada al respecto. No fue “el pueblo” descontrolado, sino los partidos y sus dirigentes, el mismo gobierno, quienes organizaron el terror. Un terror preparado de largo tiempo atrás por una propaganda de odio, de una tosquedad brutal, en especial la antirreligiosa, pero efectiva. Otra cosa es que entre los diversos partidos del Frente Popular menudearan las rivalidades que les impedían un pleno control, y que terminaron en otro terror típico y olvidado, pero recordado por Esparza: el aplicado entre las propias fuerzas del Frente Popular.

El autor realiza una serie de aportaciones de gran interés, como un documento de Dimitrof sobre la responsabilidad de Carrillo en la matanza de Paracuellos, que corrobora lo que en realidad es evidente, salvo para algunos interesados de izquierda y unos pocos bobalicones de derecha. También aclara el proceso de creación del terror comunista, a menudo bajo el control del NKVD, por inspiración del cual creó Prieto el tenebroso SIM. Obsérvese: el socialista "moderado" Prieto lo crea, aunque aproveche sobre todo a los comunistas. El papel del PSOE en el terror –aunque sufriera también alguno por parte de sus aliados del PCE– y en el desencadenamiento de la guerra, es expuesto inapelablemente en el libro.

¿Qué decir del terror “blanco? Tuvo grandes semejanzas con el rojo en un primer período, el más sangriento en los dos bandos, caracterizado por el hundimiento radical de la legalidad republicana. Después, conforme la guerra se iba decantando a favor de los franquistas, su persecución atendió sobre todo a la necesidad de asegurar la retaguardia. La represión de posguerra tuvo otro carácter, el de hacer justicia tal como la entendían los vencedores, castigando los crímenes del enemigo (no los propios, claro, pero esto ha ocurrido siempre).

A mi juicio, la cuestión clave en torno a estos tristes episodios gira en torno a cómo y por qué se destruyó la república. Hoy, después del fracaso de los historiadores de izquierda y separatistas en su intento de refutar la documentación y testimonios contrarios, no puede caber duda de que fueron unas izquierdas revolucionarias o jacobinas las que destruyeron una legalidad que ellas mismas impusieron al principio; una legalidad solo parcialmente democrática, pero con decisivos elementos de libertad susceptibles de desarrollo y asentamiento mediante las reformas que enseguida impuso la experiencia. Aquellos mismos destruyeron la ley, unos porque creyeron llegada la ocasión histórica de pasar de la “democracia burguesa” a la “revolución proletaria”; y otros porque, al no admitir la posibilidad de que la derecha gobernase, intentaron transformar el régimen en algo similar al PRI mejicano, seudodemocrático y muy masonizado. Contaron finalmente con la ayuda de Alcalá-Zamora, un derechista acomplejado y resentido que con su insensatez desató un proceso hasta entonces evitable.

Sin duda es una paradoja, impuesta por la propaganda, que a los destructores de la república –stalinistas, marxistas, separatistas, racistas, jacobinos, anarquistas– se les siga conociendo en todas partes como “los republicanos”. Esta paradoja define una mentira esencial.

En fin, un libro serio y sólido, muy bien escrito, y un golpe demoledor a la “memoria histórica” de los falsarios.

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viernes, 28 de septiembre de 2007

Quebradiza libertad, Juan Carlos Girauta, Libertad Digital

Las señoritas Cañigueral y Oliva, jóvenes diputadas de ERC, gozaron de sus quince minutos de gloria al proponer en el Congreso la reforma del Código Penal para que los separatistas puedan prender sin riesgo sus piras reales mientras anuncian a Juan Carlos I un final a lo Luis XVI.

Son dos diputadas muy graciosas. El otro día se partían de risa en el pleno mientras intervenía Acebes. Simulaban que encendían un mechero y le acercaban su foto favorita. Cerca, Joan Puig, otro que es la monda, elevaba las manos exhibiendo imaginarias esposas.

Entre pira y carcajada, sujetos semejantes nos gobiernan, niegan la catalanidad del adversario local, erradican el castellano de la vida pública. Actúan con la ilusoria gallardía de los afortunados a quienes ni las sombras plantan cara. Si antaño asediaron la COPE usando el Congreso de los Diputados como base de operaciones, hogaño se han manifestado en la Plaza de Colón sin que nadie les tosiera.

Los tres citados supra ostentan la representación de todos los ciudadanos de España con el fin de ciscarse en su unidad y, de paso, en todos nosotros. Bendecidos por el PSOE, tienen Cataluña por coto vedado. Acogen ex terroristas ufanos en el aparato y llevan en sus listas a tipos que profieren amenazas de muerte. Una pequeñez que no se molestan en condenar, así que su coto puede acabar siendo de caza.

Tenemos un problema: un diseño legal defectuoso que promueve la sobrerrepresentación de lo diminuto y protervo, el ensalzamiento de lo poco y malo, la magnificación de lo peor. El sistema fomenta a quienes se jactan de violar las leyes, desvirtúan la representación democrática y contaminan las instituciones. Como el sancionado ex notario López Tena, vocal del CGPJ a propuesta de CiU (que ya había hecho pleno con Pascual Estevill): tras acusar a España de genocidio e inventarse un robo anual a Cataluña de 19.200 millones de euros (¿seguro que no se deja nada?), ha asumido las "ideas" de Rubianes.

Como formuló conciso Mario Vargas Llosa el pasado lunes en Barcelona tras recibir el XIII Premio a la Tolerancia, "el nacionalismo es enemigo de la democracia". El escritor cargó de nostalgia el salón enmudecido de un hotel del Paralelo; nostalgia por su Barcelona de los setenta, nuestra ciudad perdida. Luego habló de un viejo y conocido criminal: el colectivismo, que una vez se fundó en la raza dejando millones de cadáveres, que otra vez se basó en la clase social multiplicando pavorosamente la estadística, y que hoy y aquí se llama nacionalismo.



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jueves, 27 de septiembre de 2007

Catalanes y catalufos, Pío MOa en El Economista

“Catalufo” es un término despectivo aplicado no a los catalanes, sino a los nacionalistas, similar al de “charnego” con que los catalufos designan al oriundo de otras regiones. Con una diferencia: la voz charnego rebaja a alguien por el mero hecho de haber nacido en otro lugar, mientras que catalufo desprecia a quienes piensan y actúan de modo muy ofensivo para el resto de los españoles.

Los nacionalistas catalanes suelen parapetarse detrás de Cataluña para defender sus dañosas fantasías, y a menudo se cae en su juego identificándolos como “los catalanes”, aunque solo sea por abreviar lo de nacionalistas o separatistas. He leído la idea de dejarlo en “nanes” (“nascos”, para los correspondientes vascos), pero no parece que vaya a cuajar. En cambio el más popularizado catalufo, despojándolo de su matiz despectivo, quizá pudiera servir. En todo caso importa hallar un término adecuado, para evitar la confusión y las trampas del envenenado lenguaje que a diario nos sirven aquellos nacionalistas.

Para apreciar la diferencia entre catalanes y catalufos: los catalanes convirtieron a Barcelona en el primer emporio industrial de España. Lo hicieron gracias, para empezar, a su renacido espíritu de empresa, pero también al conjunto del mercado español y a la protección –por lo demás excesiva–, de Madrid, que veía en Barcelona y en Bilbao dos focos económicos fundamentales para el país. La simbiosis entre Cataluña y las demás regiones era evidente, y así lo sentían los catalanes. Pero los catalufos no. Para ellos la industria barcelonesa probaba la diferencia esencial, racial, con el resto (su propaganda cultivó la idea ridícula de ser una raza aparte y superior). Dejaban a Cataluña, por tanto, dos opciones: separarse del resto de la inferior España o dominarla mediante un imperialismo extravagante. Que finalmente se contentaría con los “països catalans”.


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martes, 25 de septiembre de 2007

El fasciscmo ya está aquí, Miquel Giménez El Mundo de Cataluña)


Nueva quema de las fotos del Rey en Gerona, amenazas de muerte, destrozos urbanos... el fascismo catalán aumenta ante la mirada divertida de la policía lugareña. Véase el video. Hay más.


Un grupo de energúmenos amenaza a Alberto Fernández Díaz, diciéndole en plena calle y ante la presencia de los Mossos «Alberto, hijo de p..., mira debajo del coche». Eso es fascismo. Los mismos individuos gritan a los miembros del PP que le acompañan: «Estáis muertos». Eso es fascismo. Esa pandilla de matones rompe la muñeca a una señora que es militante de CiU en el mismo acto. Eso es fascismo. Unos provocadores queman en plena calle la fotografía del Jefe del Estado, S.M. el Rey, con motivo de su visita a Girona.Eso es fascismo. Un grupo de presuntos incontrolados irrumpe en el Ayuntamiento de la misma ciudad, paralizando el pleno donde los políticos elegidos libre y democráticamente por el pueblo se disponían a discutir los asuntos que realmente interesan a la gente, para protestar contra la visita real. Eso es fascismo.Un actor se encabrita en la ofrenda a Casanova y vocifera que los amigos de Xirinacs, que en su día dijo que eran HB y ETA, son los suyos. Eso es fascismo. Una manifestación pacífica en favor de las víctimas del terrorismo es salvajemente boicoteada por unos incontrolados y ha de suspenderse por el «consejo» de los Mossos que, en lugar de actuar contra los reventadores, hacen que los legítimos manifestantes tengan que irse. Eso es fascismo.Albert Rivera, presidente de Ciutadans, recibe una fotografía suya con un tiro en la frente. Eso es fascismo. El conseller Vendrell justifica el papel de la organización terrorista Terra Lliure porque «tan sólo causó una muerte». Eso es, además, una estupidez. TV3 tiene que ser amonestada por el Consell Audiovisual por emitir un parcialísimo reportaje sobre Terra Lliure en donde se dice poco menos que eran unos santos varones. Eso es fascismo.

Pero si el fascismo se está apoderando de la vida pública es, no lo duden, porque después de tantos años de pujolismo, la ideología nacionalista ha prendido en la sociedad, que no ha mamado otra cosa. Y nadie -o muy pocos- han tenido el coraje democrático de decir en voz alta que el nacionalismo siempre es de derechas, se mire por donde se mire. Los que tenían esa responsabilidad sonreían ante los buzones de correos pintados de azul por La Crida mientras se decían, complacidos, que aquello eran «cosas de chicos».

Pero los chicos se hacen mayores. Permitan que, sin que sirva de precedente, hable de mí mismo como ejemplo. El que suscribe se ha visto en el imperativo ético de presentar la dimisión como colaborador de un diario electrónico, donde escribía hasta hace poco una columna diaria. Lo he hecho porque la persona encargada de validar los comentarios a mis artículos encontró perfectamente publicable uno en el que se decía, y cito textualmente, «¿Por qué no te mueres, Giménez?... ¡Y reza para que no te encuentre por la calle!». Ante mi protesta se me dieron excusas más bien nebulosas. Debo decir, en honor a la verdad, que el director asumió personalmente con gallardía y tristeza toda la responsabilidad.Pero no es eso. Algo pasa cuando hay quien considera que son publicables las amenazas de un matón. Algo pasa cuando gente con la que has tomado café, charlado y trabajado permite que tales amenazas vean la luz, cayendo en la misma bajeza moral de quien las escribe, acaso sin saberlo.

El fascismo ya está aquí. En nuestras manos está detenerlo. Se empieza quemando fotografías y se acaba quemando personas. A la historia me remito.

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sábado, 22 de septiembre de 2007

España se la suda, Pio Moa, ( Libertad Digital)

A Savater le encanta escandalizar un poco al personal, y no debe tomársele demasiado en cuenta, en razón de su excelente comportamiento contra la ETA. Pero lo cierto es que con sus sudadas va en muy distinguida compañía: a Otegui, a De Juana, a Carod, a Ibarreche, a Maragall, a Montilla, a Zapo el Rojo, a Chaves, a las tiorras y tiorros del gobierno…, les ocurre el mismo llamativo fenómeno. España se la suda.

Parece típico de las izquierdas y los separatistas, pero no creo que Buesa o Rosa Díez, por ejemplo, sigan el mismo camino. En cambio sí les pasa también a mucha gente de la derecha, a Arenas, inclinado al “hecho nacional andaluz”, a Feijoo, que encuentra demasiado españolista el estatuto andaluz, al merluzo Camps, que pide que se dé en inglés la educación contra la ciudadanía (¿y por qué no toda la enseñanza, memo?)… Resulta en verdad extraño, pero nos encontramos con una caterva de políticastros, a derecha e izquierda, unidos por su común odio o desprecio a España, a su tradición, a su historia, a su idioma. Por lo visto estos genios, desde la inmensa elevación de sus dotes y merecimientos, pueden permitirse tales desdenes, nunca España estará a su altura. Déjenles las manos libres con el dinero público, con el dinero de todos los españoles, y verán los prodigios que son capaces de hacer.

En fin… esos tipos deben a España, que no a sí mismos, deben a la sociedad creada por las ilusiones, los sufrimientos, los logros y las frustraciones de muchas generaciones de españoles el haber crecido y vivir en uno de los países con una vida más desahogada del mundo, con uno de los mayores niveles de consumo, haber podido educarse (mal, según se aprecia, pero aun así), disponer de un idioma de los más hablados, con una tradición literaria y artística excelente… Y pagan esa deuda impagable envenenando la convivencia, creando problemas artificiales, infringiendo las leyes, ostentando su desprecio ignaro y soberbio de chiquillos malcriados y caprichosos. Tales políticos tenemos. Pero, ¿de dónde habrá salido esa canalla?


Para seguir los comentarios recomiendo leer directamente el blog de Pío Moa.

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miércoles, 12 de septiembre de 2007

El significado de la normalización lingüística, por Albert Prats (Diario de Ibiza)

Una vez leído el revelador escrito del ciudadano Rafael Vargas titulado `Normalizar´, sobre el proceso de normalización lingüística y los profesionales que lo llevan a cabo en Eivissa, no cupe en mi asombro. Caramba, caramba -me dije consternado-: yo que tenía a estos abnegados funcionarios por personas más bien normales y modestas, ¡y ahora resulta que tienen cola y rabo! Y además promueven una revolución de proporciones considerables e insospechadas. Pues sí que estamos apañados. ¡Y yo sin enterarme en pleno siglo XXI!
Pero gracias a Vargas y a sus reflexiones, ahora ya sé que el esfuerzo para que las instituciones de las islas funcionen de forma normal en su lengua propia y oficial va mucho más allá de ese objetivo humilde y sin demasiado relumbrón. En realidad, nos encontramos frente a un intento por acabar con «el plurilingüismo», «la libertad de los ciudadanos» y la filosofía de Aristóteles, que no es poca tela. Además, todo ello está concebido para urdir -no se rían, por favor- «una nueva religión laica» con la que los lingüistas controlarán el pensamiento de la ciudadanía de estas tierras. Y es que, por lo visto, estos técnicos gozan de «una importancia social y política desproporcionada», que me habría pasado totalmente inadvertida de no ser por la capacidad de análisis y el conocimiento de la realidad social y política que demuestra Vargas, al que hay que agradecer tanta clarividencia, sensatez y falta de prejuicios a la hora de formular sus argumentos.
Mantengo cierta relación con alguno de los referidos técnicos lingüísticos. A decir verdad, esconden muy bien tales malignos planes y su verdadera personalidad. Nunca habría sospechado que detrás de personas afables, simpáticas y propensas a la felicidad como ellos, se escondiera, como desvela Vargas, «una red fuertemente ideologizada, intransigente y cultivadora de la lealtad entre ellos para promover sus carreras». Tan difícil se me hace verlos como los pinta en el artículo, que me ha pasado por la cabeza la idea de que el autor no los debe conocer. Pero de todos modos, por si las moscas, a partir de ahora iré con pies de plomo cuando me saluden o cuando quieran invitarme al café con leche, pues quién sabe si no estarán intentando llevarme al huerto del «pancatalanismo», «la ingeniería social» y «la Nomenklatura», con el fin convertirme en un ser alienado y sumiso a sus inconfesables planes. Un encefalograma plano, en definitiva.
Tal vez haya quien tilde las opiniones de Vargas de delirantes, exageradas e injustas con unas personas que muchas veces tienen que realizar una labor complicada y que despierta todavía demasiados recelos a ojos de muchos. Que tengan cuidado los que así piensen: sin saberlo están empezando a ser absorbidos por la ideología que «vehicula la lengua». Además, que una institución oficial presente ante los ciudadanos sus escritos sin faltas de ortografía no debe preocuparnos, pues como bien afirma Vargas, hoy en día «los idiomas empiezan a escribirse casi de cualquier manera» y las academias de la lengua se han vuelto «prescindibles». Pues eso, que ha nacido una estrella.

Enlace Diario de Ibiza

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Normalizar, por Rafael Vargas (Diario de Ibiza)


Normalizar es un término que se presta al equívoco: tanto se aplica a las cosas que son u ocurren como siempre, sin nada raro o extraordinario, como cuando se quiere imponer una norma. En este sentido lo usan los políticos pancatalanistas junto a otros vocablos, como el de `inmersión´, que huelen a ingeniería social aplicada desde el poder a la ciudadanía. Anuncia el conseller de Cultura y Educación Marià Torres, entrevistado por Joan Lluís Ferrer, que aún quedan ayuntamientos de la isla con sólo media plaza (sic) de normalizadores lingüísticos y que incluso hay dos, Sant Joan y Sant Antoni, que no tienen ninguno. De vergüenza. Pero el conseller lo va a solucionar: quiere «que haya más normalizadores» y «crear nuevo personal de normalizadores lingüísticos en los ayuntamientos» y lo va a conseguir con el apoyo de la dirección general de Política Lingüística del Govern balear. No dice si ha contado con los alcaldes beneficiarios que, despistados ellos, no se habían percatado de las ventajas de normalizarse con normalizador. Dada la ideología habitual de estos normalizadores, algún alcalde favorecido por la magnanimidad del conseller soñará ya con un submarino que revisa los papeles en su ayuntamiento.
Este asunto de la normalización y los normalizadores toma visos de Nomenklatura: una red de filólogos ideologizados que controlan puestos clave en la Administración en todas sus esferas, el Govern, el Consell, ahora los ayuntamientos, la educación ya dominada, pegados a la cultura oficial, cultivan la lealtad entre ellos para promover sus carreras y hay bastante de clientelismo en sus relaciones. Ahora se han visto obligados a desmentir que vayan a normalizar la sanidad, y los juzgados se les resisten, pero lo tienen todo calculado como cuestión de tiempo. Intransigentes con la norma lingüística, que es su modus vivendi, la razón de sus cargos y de su desproporcionada importancia social y política. Mientras a todos nos caben dudas, estos filólogos políticos se distinguen por una seguridad rígida, invulnerable al argumento y la contradicción, impermeable a las realidades más evidentes, como la de que nuestra sociedad es plurilingüe y no hay consenso para que deje de serlo. Alérgicos a la concordia amistosa en que Aristóteles basa la constitución de la sociedad. Determinados a avanzar su programa sin mirar dónde pisan, ante el incumplimiento de sus deseos los hacen ley, como esa para obligar a los locales comerciales de propiedad privada a escribir sus letreros en catalán. Y tampoco dudan en usar generosos el dinero de los impuestos para subvencionar los letreros y evitar que la desobediencia civil deje en evidencia lo artificioso de la imposición: les importuna la libertad de decidir de la gente. Identifican la cultura ibicenca, por decreto, con la catalana: la diversidad les parece contraria a su estrecha visión del ser humano, al que creen que puede y debe imponerse su propia visión de la lengua y con ella vehicular la ideología que la acompaña. En tiempos de globalización en que los idiomas empiezan a escribirse casi de cualquier manera y las prescindibles academias reconocen su impotencia ante la calle viva, pretenden imponernos una lengua rígida como un cadáver. La Iglesia utiliza una lengua oficial muerta y rígida, el latín, porque pretende que la interpretación de sus dogmas quede inmodificable en el tiempo. Parecen ellos querer una especie de iglesia laica de la que se declaran ya sumos sacerdotes. Que se sepa sólo una lengua normalizada logró hacerse oficial en un Estado, el de Israel, un fenómeno en nada homologable con nuestra sociedad, y desde luego voluntario, querido por todos y vivido en completa libertad como cualquier viajero puede comprobar.
Gastar dinero del contribuyente en «animar a hacer música con protagonismo del catalán, unas líneas de ayuda a los grupos de rock en catalán», y lo mismo con la producción audiovisual en catalán, es un modo discriminatorio de subvencionar, que dejará fuera a creadores de genio por no hacerlo en catalán y puede dar lugar a la mamandurria de los mediocres, tan frecuente en esto de la subvención: no hay más que ver (quiero decir, no ver) el cine en español subvencionado. Y pone en entredicho, al discriminar a una parte, el principio fundamental de la democracia: que todo el poder procede del pueblo y todos tenemos los mismos derechos.

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martes, 11 de septiembre de 2007

Eta mueve ficha en favor de Zapatero, por Luis María Anson (El Mundo)


CANELA FINA

El nuevo comunicado de la banda terrorista parece escrito para evitar que continúe la hemorragia de votos perdidos por Zapatero en las elecciones municipales. Desde los comicios, es la segunda vez que Eta mueve ficha en favor del presidente por accidente. Está claro que las mentiras, la desvergüenza, la indignidad zapatética en el proceso de rendición ante Eta le hicieron perder al PSOE las elecciones municipales. A los etarras les conviene la victoria de Zapatero en las generales y que continúe agazapado en su madriguera de Moncloa derramando mercedes. Así es que, bien motu propio, bien por acuerdo subterráneo con el presidente por accidente a través de los agentes internacionales que siguen negociando, la banda terrorista ha querido brindar, con su comunicado, una nueva baza electoral a Zapatero que ha pasado de ser incendiario a convertirse en bombero para apagar ante la opinión pública el fuego que él mismo provocó.

Mayor Oreja lo ha explicado todo con tanta claridad que hasta la Trujillo lo entendería. Estamos en el descanso del partido, tras jugarse el primer tiempo del proceso de rendición. La persecución «implacable» de las huestes zapateriles contra Eta es sólo palabrería electorera. El think tank de Moncloa no quiere que la cesta de los votos se vacíe a causa de la reacción popular contra la indignidad nacional perpetrada por Zapatero en la negociación con Eta. Si, tras las elecciones generales, Zapatero continúa en Moncloa, asistiremos al segundo tiempo del partido y ocurrirá lo que ha pronosticado Mayor Oreja. Zapatero correrá a galope tendido sobre la arena de la playa pero dejando las huellas de la rendición y las concesiones. Se olvidará enseguida de los atentados y crímenes de Eta, a los que quizá califique otra vez de accidentes. Esconderá su cabeza como el avestruz ante la kale borroca, el chantaje revolucionario y la humillación de la bandera española. Reanudará con entusiasmo su proceso de rendición ante Eta, entre otras razones porque su política ha sido siempre la de sostenella y no emmendalla. El faro de la alianza de las civilizaciones no se equivoca nunca. Se ha encendido para iluminar con su fulgor a las naciones de Oriente y Occidente. Zapatero prescindirá de nuevo, tras las generales, y además con delectación, del Partido Popular, al que enviará de un puntapié en el trasero de Rajoy a los desvanes de la Historia. Se refugiará en el apoyo de los grupos nacionalistas a los que concederá lo que le pidan, troceando a España. Y rubricará el acuerdo con Eta, sobre las bases irrenunciables para los terroristas de la anexión de Navarra y la autodeterminación.

Que nadie piense que la banda terrorista se va a conformar con una parte del poder. Quiere todo el poder. Que se prepare el PNV. Eta aspira a una dictadura totalitaria, a una república socialista soviética en el País Vasco, Navarra incluida, y no cesará en la violencia ni en los crímenes hasta conseguir su propósito. La cortina de humo que Eta ha lanzado, en sus comunicados de junio y septiembre, en connivencia o no con el Gobierno, no debe oscurecer la verdad sobre lo que va a jugarse en el segundo tiempo del partido, como ha explicado con valor y claridad Jaime Mayor Oreja.

Las actas, las actas. La opinión pública española tiene derecho a conocer lo que Eta y el Gobierno, de tú a tú, acordaron durante la negociación política y que fijaron en las actas de las reuniones de las que sólo conocemos lo publicado por Deia y Gara. Antes de las elecciones generales los ciudadanos deben conocer lo pactado para que puedan votar en libertad, con conocimiento de causa. No despertará demasiado entusiasmo entre los españoles saber que Eta acordó con el Gobierno que, a través de los impuestos pagados por todos, los etarras reinsertados recibirán de forma indefinida una asignación mensual de 1.500 euros. PSOE y Gobierno se batirán como panteras de Java para que no se desvelen las actas. El PP y las asociaciones de víctimas del terrorismo deberían exigir con todos los medios a su alcance la transparencia en un asunto que aclararía lo que va a suceder en el segundo tiempo del partido si Zapatero vuelve a ganar las elecciones.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española

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viernes, 7 de septiembre de 2007

Cuatro barrotes, por Arcadi Espada (El Mundo)


Como cada año en estas vísperas se oyen los clarines, cada vez más cansinos y chirriantes, y la obligación de decir estupideces se renueva con la inercia y la impunidad de una fiesta sagrada. La convocatoria a las masas oprimidas adopta las estrategias de un marketing que hubiera de aplicarse a un producto de éxito decreciente y cuyos consumidores presentaran un ínfimo nivel técnico, tanto cultural como adquisitivo. Así los mensajes se ven obligados a la altisonancia y cada vez es más remoto el vínculo que mantienen con la naturaleza del producto anunciado.

¡Es el 11 de septiembre!

En el diseño previo de la fiesta patronal del próximo martes han destacado el vicepresidente del Gobierno de Cataluña y el presidente de su Parlamento (autoridades menudas pero sólo por su expresa y 100 veces comprobada voluntad de ajustarse a esa dimensión) y el ex presidente Pujol, gran estadista. Carod fue el primero en animar el mustio balcón (aún Barcelona sometida al descuartizamiento infraestructural de este verano inolvidable) pronosticando que en 2014 los catalanes decidirían sobre su pertenencia al Estado español, mediante sonado e inexorable referéndum. Lo de menos era la iniciativa en sí. El patetismo estaba en el número redondo. Aprovechando que hace 300 años de la batalla vamos a pedir la independencia: el mismo mecanismo de aniversario con que el periodismo y los concejales de cultura rescatan tantos cadáveres del fondo de la Historia.¡La patria reducida a tómbola!

Poco después apareció Ernest Benach, el presidente de la cámara, un día que no estaba de viaje. Aprovechando que recibía a representantes del colectivo gay les dijo que su lucha era la misma que la de los patriotas catalanes. Raramente un nacionalista se habrá expresado con tanta claridad, y sin saberlo. Porque el objetivo del nacionalismo es imponer una determinada orientación sexual a los ciudadanos; es decir, convertir en pública, organizada y legislable una práctica de la privacidad de los individuos. La cota del atrevimiento intelectual y moral del presidente se observa con nitidez cuando se deduce que lo que en realidad dijo es que homosexual es igual a nacionalista y viceversa. Por cierto, que comprendo perfectamente que los nacionalistas no protestaran, ya que hablaba uno de ellos, y él sabrá. Pero, ¿y los gays, siempre tan celosos de su independencia y tan atentos a los afanes de instrumentalización política? ¿Ein?, por decirlo en alemán de Chueca.

Por último, Pujol. Ha insinuado la conveniencia de una huelga fiscal. Tampoco debe tomarse como novedad. Pujol pide una huelga fiscal cada vez que alguien quiere meter a Cataluña (él, sin ir más lejos) en la cárcel. Cuatro barras, cuatro barrotes. Vísperas. Pónganme un poco de música que voy a decirlo: Cataluña es una víspera que antecede a nada.

(Coda: «Crema catalana: natillas espesas tostadas por encima con plancha de hierro candente». Diccionario de la Real Academia Española, avance de la 23 edición)

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jueves, 6 de septiembre de 2007

Por claudicar en el Sahara, por José Javaloyes(Estrella Digital)

Nadie en sus cabales podría pensar que el cambio diplomático español en el problema del Sahara Occidental iba a salirnos gratis. Siempre, quien la hace la paga. Y la diplomacia (¿) de Rodríguez la ha hecho gorda. En las relaciones internacionales, muy especialmente, no existen los actos gratuitos ni las ejecutorias sin sanción, positiva o negativa.

El incumplimiento de los compromisos contraídos sobre los títulos del pueblo saharaui, reconocido como titular de un derecho de autodeterminación sancionado por la legalidad internacional, ha traído la respuesta argelina, en cuanto que interesadamente protectora de ese pueblo. Y la respuesta, aunque Argel la haya vestido con argumentos técnicos (el supuesto retraso en el desarrollo de los acuerdos suscritos), e incluso con reclamación de daños, ha sido la denuncia del contrato suscrito con Repsol y Gas Natural para la realización de un ambicioso proyecto, el Gassi Touil.

Algún día se podrá conocer con amplitud suficiente la causa por la que la equidistante diplomacia española, en 200, dio un giro de 45 grados cediendo a las pretensiones marroquíes, luego de haber sostenido durante casi 30 años el propio decoro histórico frente a la interrupción marroquí del proceso descolonizador del Sahara Occidental. Ante la agresora invasión marroquí del territorio —que no fue un acto de la sociedad civil jerifiana porque la sencilla razón de que en Marruecos no existe sociedad civil, sino grey pastoreada por Miramamolin, señor de vidas y conciencias—, España sólo aceptó que transfería la administración del territorio, que no la soberanía sobre el mismo, puesto que ésta correspondía al pueblo saharaui, su único titular.

El contexto de Guerra Fría en que se produjo tanto la llamada Marcha Verde como la subsiguiente negociación para la entrega española del territorio, hizo que la diplomacia argelina marrara sus cálculos en una esgrima de torpezas de la que al final sólo se beneficiaría Marruecos. Combinando la presión armada del frente Polisario de entonces con los patrocinios del separatismo canario como peón del sovietismo en el Atlántico Medio, Argelia constituyó al poder norteamericano, de rebote, en tutor de las pretensiones marroquíes sobre el Sahara y en eventual opción de reserva estratégica para sus apoyos militares, en el caso hipotético de que el cambio de régimen político en España, a la muerte de Franco, derivara en la práctica real por el radicalismo de izquierda con el que, 30 años después, ha verbalizado internacionalmente el zapaterismo a propósito de Iraq.

El marco histórico general del problema del Sahara ha cambiado en los términos por todos sabidos, pero en ese cambio, que hubiera permitido que prevaleciera la posición de España, por enteramente expresivo de la legalidad internacional, ha naufragado la razón y el derecho por la misteriosa alineación de Rodríguez con las pretensiones marroquíes sobre la antigua colonia española.

Y es justamente en esta tesitura, cuando, desde el giro diplomático español, los saharauis comparecen poco menos que atados de pies y manos ante el anexionismo marroquí, el marco político en que se ha producido el rebote argelino contra Repsol y Gas Natural.

jose@javaloyes.net



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miércoles, 5 de septiembre de 2007

El precio de ser español, por José García Domínguez (Libertad Digital)


Lo de ayer, señores, significó un pequeño paso para el president Montilla pero un gran salto para la Humanidad. Así, sepa el lector inadvertido que, hace apenas veinticuatro gloriosas horas, Cataluña ha sido admitida como miembro de pleno derecho, es decir con rango de Estado soberano, en la Federación Internacional de Bolos. Se comprende, pues, que, enfermo de envidia por la hazaña libertadora del iznajarí, Jordi Pujol haya tratado de eclipsar el eco de la epopeya, sacando a colación ese asunto de las cajas. Que de ahí viene, nadie lo dude, su muy honorable ocurrencia de promover “una huelga fiscal, ya que estos señores del Gobierno estatal [sic] no cumplen con sus obligaciones elementales”.

A la vejez, viruelas. Ahora resulta que Pujol ansía emular al célebre Doctor Robert, el alcalde de Barcelona que hacia 1898 promovió el “tancament de caixes” e instauró con aquel desplante torero la leyenda urbana del “expolio fiscal” que ejerce sobre nosotros la malvada entelequia llamada Madrit. Por cierto, el mismo Doctor Robert, gran patriarca del catalanismo germinal, que en 1900, y tras concienzudos análisis científicos, estableció de modo irrefutable que la configuración ósea de la raza catalana resulta ser dolicocéfala, frente a la simiesca braquicefalia del resto de los españoles.

Y sin embargo… a un madritleño le sale infinitamente más caro ser español que a un catalán. En concreto, a Jordi Pujol y a mí, España nos cuesta 391 euros al año –más la inflación–, montante al que habría que conceder un margen de error del tres por ciento en el caso del fundador de CiU. Tranquil, Jordi, tranquil, que justo ése es el saldo neto per cápita de restar a todo lo que los ciudadanos de Cataluña apoquinamos al fisco lo que el Estado nos devuelve en forma de gasto público. Pero si fuésemos madritleños, ambos saldríamos a 1.286 euros por barba. Y es que, contra lo que barrunta nuestro padre de la pàtria, conocer es cuantificar; o sea, hacer números en vez de montar números, la especialidad de la casa.

Números como los que hizo el catedrático Ezequiel Uriel en su informe “Las balanzas fiscales de las Comunidades Autónomas”, que publicó en 2003 la Fundación BBVA. Por él también sabemos que los catalanes –todos, braquicéfalos incluidos– transferimos anualmente el 3,32 por ciento de nuestro PIB doméstico a otras regiones, mientras que, sin ir más lejos, en el caso de los baleares ese porcentaje sube hasta el 6,99 por ciento. Un desprendimiento de su riqueza superior al nuestro, pero muy inferior al que sufren los malditos madritleños, que alcanza el 10,88 por ciento de su PIB.

¡Resulta que Madrit le roba más a Madrid que a nosotros, don Jordi! Pero qué más da, si en los próximos Mundiales de Bolos los vamos a arrasar.

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Con estos que pacte su prima, por Juan Carlos Girauta (Libertad Digital)


Mientras Mas fantasea con una “casa común del catalanismo” contra la “españolización” de Montilla y Carod (!), Jordi Pujol se muestra no menos inquieto. En la última de sus fiebres insomnes le ha dado por postular un nuevo tancament de caixes. Más de un siglo después. El “cierre de cajas” fue la reacción de los comerciantes catalanes a la subida de impuestos y a los presupuestos restringidos con que el gobierno Silvela trató de solventar el déficit de la guerra de 1898.

La protesta que anacrónicamente reivindica Pujol fue encabezada en 1899 por el Dr. Robert, que no es el generoso proveedor de pastillas de la canción de los Beatles sino un alcalde de Barcelona que aún cuenta con estatua, quizá por el mérito de haber sido amigo de la frenología y haber divulgado una crucial información: la raza catalana es dolicocéfala; los españoles, braquicéfalos. Que nadie se escandalice; por época y por vocación, el origen del catalanismo político está tan contaminado de racismo como cualquier otro nacionalismo romántico. De hecho, Arana se formó en Barcelona.

Volviendo al tancament de caixes que Pujol quiere reeditar, lo cierto es que en aquella época se aplicó mayor presión fiscal a los barceloneses que a los madrileños. Pero las raíces de la desafección son más anchas y profundas. Así lo resumió en sus Memorias Francesc Cambó, fundador de la Lliga en 1901… y financiador de Franco durante la Guerra Civil. Hombre prudente:

“Diversos hechos ayudaron a la rápida difusión del catalanismo. La pérdida de las colonias, después de una sucesión de desastres, provocó un inmenso desprestigio del Estado. El rápido enriquecimiento de Cataluña, fomentado por el gran número de capitales que se repatriaban de las colonias perdidas, dio a los catalanes el orgullo de las riquezas improvisadas, cosa que les hizo propicios a la acción de nuestra propaganda dirigida a deprimir el Estado español y a exaltar las virtudes y merecimientos de la Cataluña pasada, presente y futura.”

Obviando su franquismo final, Cambó ha marcado a fuego el nacionalismo pujoliano. Don Francesc se estará removiendo en su tumba al ver cómo al padre al nacionalismo “moderado” de finales del siglo XX le tiene que recordar La Vanguardia, nada menos, en su editorial, que “Hay un camino, pero ese no es el del radicalismo”.

Si Matrix los ha enfermado a todos, cómo no iba a afectar al gran programador (o “gran arquitecto”, por seguir la jerga de la trilogía y del mandil). Cree Pujol, a la distorsionada luz de Cambó, que en pleno siglo XXI, en la Unión Europea, en una Cataluña que ya no es locomotora de la economía nacional, y con el proteccionismo destartalado, se dan las condiciones de “orgullo” y “riqueza” (improvisada o no) para desempolvar propagandas “dirigidas a deprimir el Estado español”. Porque de eso se ha tratado siempre, ¿verdad, señor Pujol?

Repsol y Gas Natural pagan los platos rotos de la incompetencia del Gobierno Zapatero, de Jesús Cacho en El Confidencial


La decisión de Sonatrach, es decir, del Gobierno argelino, de rescindir unilateralmente el contrato suscrito con Repsol y Gas Natural para el desarrollo del gigantesco yacimiento gasista de Gassi Touil, logró ayer concitar un extraño consenso en Madrid: esto no le hubiera ocurrido nunca a una empresa francesa, por ejemplo, y no digamos ya norteamericana. Sencillamente porque el Gobierno de Abdelaziz Buteflika no se hubiera atrevido a hacerle semejante feo, contrario al derecho internacional, a París o a Washington.

Se lo hace a Repsol y a su filial, Gas Natural, porque hoy el Gobierno de Rodríguez Zapatero es un auténtico peso welter en la escena internacional. Es lo que tiene el Pensamiento Alicia -ya saben, la Alianza de Civilizaciones y por ahí- en lo que a la defensa de los intereses estratégicos españoles en el exterior se refiere: que te celebran mucho, te hacen muchas cucamonas, pero te pierden el respeto, te chulean, no te consideran. Porque es difícil que a uno le respeten si no se hace respetar.

Y convengamos que si hay una zona de incuestionable valor estratégico para España es el Magreb, y ello por muy variados motivos, que abarcan desde la seguridad nacional hasta el abastecimiento energético, cuya enumeración resultaría superflua. De modo que si la diplomacia española, en el caso de haberla, y los servicios de inteligencia, en el caso de haberlos, tuvieran que especializarse en una zona geográfica determinada y alcanzar un grado de excelencia capaz de suscitar la envidia de cualquier país serio, esa sería sin duda el citado Magreb, es decir, Marruecos y Argelia, nuestros complejos vecinos del sur.

En lugar de esta especialización, el Gobierno Zapatero se ha entregado de hoz y coz a la vulgar adulación del monarca alauita y su régimen, y así nos va. Asustado -¿o quizá agradecido?- por el trauma del 11-M, el Ejecutivo socialista se ha volcado en la lisonja a Rabat hasta el punto de haber hecho almoneda de los compromisos adquiridos por España con el Frente Polisario y, lo que es más grave en términos estratégicos, descuidando el flanco argelino, un país del que depende buena parte de nuestro abastecimiento energético.

Y luego están los ministros/as nombrados/as por nuestro sagaz Presidente. Sí, también lo de la cuota resulta divertido, sobre todo porque, en general, nunca pasa nada: los países desarrollados se han acostumbrado a trabajar y crecer y prosperar al margen de los Gobiernos de turno y de la mayoría de sus ministros, de modo que, al final, las piruetas de una Carmen Calvo o una Maleni no pasan de ser motivos de conversación para una alegre cena de sábado noche. Pero a veces, las menos, sí que pasa. A veces es importante contar con un ministro con talento y arrestos suficientes al frente de determinado ministerio.

A veces ocurre lo que acaba de ocurrir con Sonatrach en Argelia y el personal se entera de que el ministro Clos, titular de Industria, estaba a por uvas, no se ha enterado de lo que estaba ocurriendo, no sabe de la misa la media, y es, en definitiva, un solemne incompetente. Y entonces todos nos damos cuenta de la importancia de contar con un presidente del Gobierno serio, culturalmente sólido y moralmente fiable, con un proyecto de país en la cabeza, capaz de elegir a gente seria y fiable para ocupar las carteras ministeriales, porque gobernar un país como España, con 45 millones de habitantes, no es un juego de amigos ni una divertida aventura juvenil.

Sé que este tipo de recordatorios elementales puede molestar a mucha gente que de buena fe dio libremente su voto a Zapatero en Marzo de 2004, entre otras cosas porque la gente se resiste a reconocer un error que le devuelve el recuerdo de eso que hace ya tiempo dijo Andre Malraux: “Los pueblos no tienen los Gobiernos que se merecen, pero sí los Gobiernos que se les parecen”, pero no cabe duda de que, de cara a las generales de marzo de 2008, no puede ser más pertinente recordar que España se merece un Gobierno con algo más de peso específico que el que hoy preside José Luis Rodríguez Zapatero.

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sábado, 1 de septiembre de 2007

El buey sólo bien se lame, por Félix de Azúa (El Periódico)

A poco que uno emprenda un viaje por España descubre con alegría el éxito enorme que ha tenido el nacionalismo, esa vieja ideología española, la única del pensamiento político de los dos últimos siglos peninsulares. Por fin está cuajando de verdad. Con un poco de suerte, en España vamos a tener más naciones que Europa.
Es estupendo ver cómo espabilan los políticos aragoneses, navarros, andaluces, baleares, gallegos, valencianos, asturianos o murcianos. Basta con dar un vistazo a la prensa comarcal para descubrir que todos tienen un montón de derechos históricos y están decididos a que nadie les quite el pan de la boca. Menos los castellanos. Esos andan un poquito retrasados por miedo a Madrid, pero cuando se lancen será para echar cohetes.
Mientras tanto, en Catalunya ya casi todos los políticos son independentistas y empiezan a discutir qué clase de independencia venden unos y otros. Los de Esquerra se están quedando un poco viejos y ya solo piden un referendo de autodeterminación, como si fueran del PNV. Los de Convergència, la derecha católica de toda la vida, les hacen una competencia muy elegante. Su portavoz, Felip Puig, dice lo que todos sabíamos: que los de Convergència no se pasan a Esquerra porque tienen estudios, pero que vienen a ser lo mismo. Y la mitad de los socialistas se montan en el carro con el truco del catalanismo, que, como el soberanismo, es otro nombre para la misma cosa. Solo el PP y Ciutadans afirman ser españoles, pobre gente. ¡Pero si españoles ya no quedan en ninguna región de España! ¿Para qué los necesitamos? Aquí andamos sobrados de talento.
Yo también me he hecho secesionista. Autosecesionista. Lo único que me preocupa es que en los últimos 30 años hemos conseguido que en Barcelona no funcione absolutamente nada, aunque todo sea más caro que en ningún otro lugar. Seguro que es por culpa de los españoles, pero lo cierto es que aquí solo han mandado y cobrado los nacionalistas, incluidos los socialistas nacionalistas. Durante 30 años. ¡Qué talento! ¡Qué eficacia! ¡Menudo futuro nos espera!

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Enlace con el artículo en El Periódico

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