Blogoteca: Rosa tatuada, por Luis María Anson (El Mundo)

viernes, 10 de agosto de 2007

Rosa tatuada, por Luis María Anson (El Mundo)


CANELA FINA

Rosa Regàs hizo el gran sacrificio personal de aceptar la dirección de la Biblioteca Nacional para honrar a los españoles dedicándoles la alta sabiduría intelectual que la caracteriza. Nada más ocupar su puesto se dio cuenta del enorme problema que padecía la Institución cuya gestión la encomendaban: en la librería de la Biblioteca Nacional no se vendían los libros de Rosa Regàs. Tamaña ofensa a la cultura española no se podía tolerar ni un minuto más. Así es que ordenó que se instalasen sus obras completas entre las de Cervantes y Quevedo, débiles colinas ambos escritores junto al himalaya literario que es la eximia literata e inconmensurable novelista Rosa Regàs.

A continuación, y tras robustecer a la Biblioteca Nacional colocando en ella a asesores y paniaguados de su entorno, se quedó horrorizada al comprobar que la estatua de un derechista abominable, Marcelino Menéndez Pelayo, ocupaba lugar destacado en la Institución. Así es que tomó la decisión de relegar al oscurantismo al siniestro personaje que ofendía a la cultura española.

Dediqué yo el pasado mes de noviembre mi artículo de El Cultural a la coña marinera de la gestión política de Rosa Regàs, encumbrada por decisión zapateril a un cargo que sobrepasa no sé si más sus méritos que sus capacidades. Ahora varios articulistas de la más varia ideología se han lanzado en tropel a morder los tobillos de Rosa Regàs con motivo de unas manifestaciones «intelectuales» contra los medios de comunicación, propias del pensamiento profundo que siempre la ha distinguido.

En España hay una izquierda seria, coherente, liberal, constructiva, laica y necesaria. Hay también una extrema izquierda excluyente, sectaria y estalinista que refugia su totalitarismo en un sector del partido comunista. Y luego existe la izquierdona. Entre la izquierda y la izquierdona hay la misma distancia que entre una señora y una señorona.

La izquierdona española es el aumentativo de los errores y los defectos de la izquierda. Se mueve siempre entre tópicos, expresiones añejas, viejos clichés y estereotipos del siglo XIX. La verdadera izquierda siente vergüenza ajena de la izquierdona. Y bien, que diría Menéndez Pelayo. Rosa Regàs es tal vez la más caracterizada representante de la izquierdona española. Su gestión al frente de la Biblioteca Nacional ha sido abominable, según analistas objetivos de la vida política de nuestro país. Las manifestaciones que han provocado la repulsa de numerosos sectores de la sociedad española constituyen la esencia del pensamiento político y cultural de la insigne escritora. No se trata de un lapsus. A Rosa Regàs le parece asombroso que el lector español no forme cola ante las librerías para adquirir sus novelas. ¿Qué se puede esperar de gentes que no leen a Rosa Regàs? Semejante disparate no refleja otra cosa que la situación paupérrima de la cultura española.

Hace algún tiempo, antes de la victoria zapatética, Rosa Regàs afirmó que se iba a exiliar por la falta de libertad de expresión. Me atrevo a rogar a mis compañeros de profesión que no se ceben en el cachondeo con que envuelven a Rosa Regàs, no vaya a caer sobre España la inmensa desgracia de que se exilie. ¿Qué sería de la inteligencia española, de la vida intelectual de nuestra nación, sin el faro de Rosa Regàs que a todos nos ilumina con su sabiduría y su alta visión de la cultura?

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española

© Mundinteractivos, S.A.

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