Blogoteca: ¿Quiénes son los perdedores, Don Ian? Pio Moa, El Economista

viernes, 10 de agosto de 2007

¿Quiénes son los perdedores, Don Ian? Pio Moa, El Economista

Dice Ian Gibson, atacándome de paso, que el PP debe ser “magnánimo con los perdedores de la guerra civil”, con los cuales el franquismo se portó “muy cruelmente”. Cabe preguntar, ¿quiénes son esos perdedores? ¿Serán, por ejemplo, los anarquistas y poumistas masacrados por los comunistas en Barcelona, en mayo de 1937? ¿Serán los campesinos de Aragón fusilados, según afirman los comunistas, por negarse a entrar en sus comunas? ¿Serán los numerosos fusilados por los comunistas, y luego los comunistas fusilados o entregados a Franco por los autores de la rebelión de marzo de 1939? Estos sí son auténticos perdedores, los auténticos olvidados en este carnaval de “memoria” montado por, entre otros, tantos personajes que hicieron su agosto durante la dictadura.

Como el señor Gibson ignora puntos básicos de nuestra historia, ni más ni menos que otros historiadores progres, le daré tres pistas:

a) Hubo un terror en los dos bandos durante la guerra, causado por el derrumbe de la legalidad republicana; y esa legalidad la destruyeron las izquierdas y los separatistas, no Franco.

b) Los vencedores juzgaron y fusilaron a numerosos enemigos suyos al terminar la guerra. Con certeza cayeron inocentes, pero también muchos asesinos realmente sádicos. ¿Cuáles de ellos fueron las víctimas para usted? ¿O lo fueron todos?

c) La represión franquista no fue más cruel, sino bastante menos, que la practicada por los comunistas en cualquier sitio donde hayan triunfado. Menos, incluso, que la aplicada en Francia o Italia al acabar la guerra mundial, puesto que allí se resolvió casi siempre mediante asesinatos, sin juicio. ¿Fueron los juicios franquistas poco garantistas? Depende. Comparados con los actuales, sí, pero comparados con los de los “tribunales populares” fueron un verdadero avance.

Tres pistas para que mediten los adrede desmemoriados de la “memoria”.

Publicado en El Economista, 8 de agosto 2007. Véase el blog de Pío Moa.

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