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lunes, 6 de agosto de 2007

Libertad Balear publica este editorial:


Editorial

Objeción de conciencia fiscal

5 Agosto 2007

Antonio Alemany
  • La objeción de conciencia es un gran triunfo moral de las evolucionadas democracias demoliberales y por eso fue recogida en la Constitución. Supone, en definitiva, la admisión de leyes anteriores y superiores a las leyes del Estado que no prevalecerán sobre lo que los iusnaturalistas llaman Derecho Natural. A mi me gusta ejemplificar el conflicto- y así lo he hecho en varias ocasiones- - con el formidable diálogo entre Antígona y Creonte, cuando la primera el espeta que “hay leyes de los dioses que son anteriores y superiores a las de los hombres” cuando Creonte- derecho positivo- la interpela por haber osado violentar la ley legítima emanada del poder legítimo que prohíbe enterrar el cadáver de Polínices, hermano de la heroína sofoclea. Esto se escribe hace 2.500 años y, en su tensión dramática y en su contenido ético y político, constituye uno de los momentos cumbres y más luminosos de la tragedia griega y del progreso moral de la Humanidad.
  • Soy consciente que la tensión entre ley positiva-ley natural en torno a la objeción de conciencia es cuestión compleja y no siempre de fácil solución, entre otras razones por la generalización y banalización de la objeción conduciría a la ingobernabilidad de los pueblos y a una pura e imposible acracia. Sin embargo, que sea difícil dirimir el conflicto no significa que no exista y que no deba abordarse a la luz de la moral y del Derecho.
  • Por ejemplo en el caso del nuevo Govern del Pacto de Izquierdas que amenaza con tirar literalmente por la borda miles y miles de millones de las antiguas pesetas para satisfacer pulsiones rencorosas y animadversiones patológicas contra todo lo realizado por el anterior gobierno del Partido Popular, como son los casos de Son Espases y de la Fachada Marítima. Algún lector de libertadbalear.com ya ha apuntado que para qué pagamos impuestos que no sirven para inversiones productivas o políticas razonables, sino para deshacer lo hecho y utilizar los dineros públicos para tirarlos por la ventana. En estos posicionamientos, bastante lógicos por lo demás, subyace toda la problemática de la objeción de conciencia, objeción fiscal en este caso. Valdría la pena profundizar serenamente en la cuestión siquiera sea para plantear a estos gobernantes faltos de escrúpulos que su grosero realganismo tiene unos límites, si no en las leyes del Estado, sí en las leyes morales anteriores y superiores a aquellas.

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