Blogoteca: agosto 2007

viernes, 31 de agosto de 2007

Campomanes, por David Gistau (El Mundo)


AL ABORDAJE

No cabe duda de que Carmen Calvo y Rosa Regàs eran ejemplos aplicados a la cultura de cómo entiende el mérito este Régimen: la promoción al pesebre de los nuestros, de aquéllos con los que se está en deuda por los servicios de propaganda prestados o que simplemente resultan útiles como coartada para la cuota. Este fenómeno se acentúa en los cargos culturales, que apenas tienen incidencia en los asuntos de la alta política, sino que, aparte de aguantar sin dormirse la velada de los Goya, sólo exigen cumplir con un cometido sencillo y comparable al del cabo furriel: confeccionar las listas, no de los permisos de fin de semana, sino del reparto de subvenciones y de premios oficiales, en los cuales el único mérito requerido es también la vinculación sectaria.

Por todo esto, lo que se podía exigir a Calvo y Regàs es que fueran capaces de ganar las dos juntas un quesito al Trivial. Repasemos algunas sabrosas píldoras de lo por ellas dicho: según la cultura oficial, «Dixit» es un maldito roedor, Cervantes se fue a Argel a repartir abrazos de civilizaciones, el dinero público no es de nadie -los ptolomeos sí: son de quien los afanó-, el ladrón Barrabás fue crucificado a la diestra de Jesús, y ahora urge corregir los libros de Historia. Porque Clara ya no se llama Campoamor. Sino Campomanes, que es como acaba de rebautizarla Rosa Regàs cuando intentaba acogerse a sagrado en un ejemplo que le permita declararse una víctima de la misoginia y no de su propia ineptitud.

Regàs tenía a huevo un ejemplo más cercano y actual: el de Rosa Díez, que al cierre de esta edición todavía era una mujer, pero por la que la centinela de la gauche-divine jamás emitió un solo chasquido de lengua aun cuando la estaban linchando de a poquito delante de sus narices. Se ve que Regàs es mujer, y por tanto dispone de una inmunidad universal por más que sostenga un grosero discurso sectario y, según el ministro, haya fracasado en el cometido que le fue encomendado. Mientras que a Díez el sexo no le sirve de eximente en la condena dictada ya hace tiempo por su propio partido y que Regàs acata, obligada por esa obediencia a las siglas que es el pago del mantenido orgánico.

En realidad, contradicciones de este tipo no sorprenden en Regàs. No en vano, es el supuesto azote de totalitarismos que luego concede soporte moral al castrismo. Es quien llegó a plantearse el exilio por el ahogo y las censuras que decía sufrir bajo Aznar, pero que luego, una vez incrustada en el poder, festeja la posibilidad de que desaparezcan los medios que su maniqueísmo cejijunto estigmatiza como de extrema derecha. Es decir, cualquiera que no propague la verdad oficial, cualquiera que cuente las cosas que ella querría ocultas para mantenerse siempre impune. ¿Se referirían a esto, cuando hablaban de libertad en la barra de Bocaccio?

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jueves, 30 de agosto de 2007

Tres apuntes, por Luís Blanco (El Mundo)

Tres apuntes, de

EN LA MUERTE DE UN MAESTRO

Como cuenta Miguel Delibes de sus relaciones con Umbral, las mías tampoco eran «frecuentes pero sí sentidas». Eran, eso sí, antiguas, desde que llegó a Madrid con 26 años. Yo estaba antes, en Madrid y en el Café Gijón, con mucho Gerardo Diego hierático, mucho Pepe García (Nieto), como decía Cela, y menos Cela, aunque más sonado. Cuando llegó Paco, la noche aquella que dice él pero que, en verdad, fue a la hora de la siesta, Camilo lo llenaba todo con su vozarrón. Seguramente por eso, por miedo, Paco lo trataba de usted. Como a mí, pese a que me llevaba cuatro años y medio (él confesaba 72, pero había nacido en mayo del 32).

Una tarde llegó al despachito de Ya donde yo escribía y me largó un abrazo histérico: «Mírelo, mírelo -me decía exultante- vea qué hermosura». Y me entregó uno de los primeros ejemplares de Larra. Anatomía de un dandy. No era su primer libro; creo que, poco antes, había salido Tabouré, pero éste lo había editado Cela. Le hice una crítica muy elogiosa, no por amistad sino por justicia.

Cuando ya era famoso y tenía su spleend en El País, en la primavera que 1978, tuvimos una pequeña altercación. Arespacochaga, alcalde de Madrid en aquellas fechas, que era una de las dianas de Paco en su columna, me había ofrecido, a través del común amigo Ignacio Camuñas -el Nacho de Noche de Paco- una delegación en el ayuntamiento, oferta que yo acepté, pues se trataba más de hacer cultura y labor social que política. A Paco le pareció que yo me había vendido o algo por el estilo y me ensartó en uno de sus spleends, eso sí, con mucho cariño. «¿Te acuerdas, Luis», me preguntaba, «cuando buscábamos colaboraciones por las redacciones de Madrid?». Por una vez le contesté en mi columna de Ya: «Claro que me acuerdo, Paco: buscábamos colaboraciones para ti... Yo trabajaba donde firmo. Y, por fin, conseguí meterte en la mismísima Editorial Católica». Donde, naturalmente, aguantó poco.

Alguna vez he contado lo de la Academia. Fue en la entrega de un Garbanzo de Plata, en Torres Bermejas. Había muchos personajes populares, y conté hasta media docena de académicos. Teníamos asignada la palabra, a la hora de los postres, cuatro o cinco de los presentes. Uno de los primeros fue el ya provecto Joaquín Calvo-Sotelo, académico de años, escritor apreciado. Umbral se sentaba en mi mesa. Había bebido bastante más de lo conveniente. Cuando me disponía a leer un soneto, me agarró, por detrás, del cuello de la chaqueta. «Ahora hablo yo, me dijo con voz sostenida por el alcohol. Déjame hablar a mí». Se adelantó y comenzó su perorata. Calvo-Sotelo cambiaba de color a cada frase de Paco; descalificaciones, insultos, chorreo abundante... Cuando conseguimos que volviera a sentarse, todos sudábamos. Aquella tarde, muchos académicos se conjuraron para no conceder nunca el quórum a Paco. Pero Paco entronca con Quevedo a través de Valle y Cela, y es uno de los tres mejores del siglo XX. Por encima de simpatías o antipatías. Desde mi lejana ubicación de recién jubilado, un abrazo, España.

Luis Blanco es catedrático de Literatura.

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La izquierda caviar, por Luís Racionero (Estrella Digital)

Una izquierda que vota con los obreros y cena con los burgueses, que ama al pueblo pero evita compartir su suerte. Así define a ese grupo Laurent Joffrin director del Nouvel Observateur. Existe en varios países: en Alemania se llaman Toskaner Fraktion porque veranean en Toscana, en Inglaterra Champagne Left, en U.S.A. Fith Avenue Liberals porque viven en el mejor sitio de Nueva York. Se deja a los españoles: Divine Gauche o PCC, Partido Comunista de Cadaqués, aún en activo.

Joffrin narra como esa izquierda con dos caras ha sido muy útil a la izquierda de verdad, y como está dejando de serlo porque es la propia izquierda que ya comienza a desaparecer. Pronto no habrá gauche ni divina ni humana porque lo que la izquierda reivindicaba en el siglo XIX lo consiguió en el XX y cuando un partido consigue lo que quiere, se queda sin programa y se muere de éxito.

El problema difícil que tiene ahora la izquierda es convencer a los electores de que su programa es distinto al de la derecha. Le cuesta mucho, porque no lo es. Y para diferenciarse de la derecha recurre a flecos sociológicos como casar a los gays y meterse con la iglesia. En lo fundamental: las políticas económicas y sociales, el estado del bienestar, la política exterior menos ochenta soldados en Irak (que pasaron a Afganistán), son idénticas.

La izquierda tuvo razón y fue imprescindible en el siglo XIX para defender al proletariado de la explotación burguesa, pero en el siglo XX el proletariado interno se ha convertido en burguesía, y el proletariado externo —los inmigrantes— tiene derecho a la Seguridad Social y la educación gratuita.

Otra forma de diferenciarse es en el talante: y aquí o sea, en España, la derecha está empeñada en facilitarles las cosas: se dedica al griterío, la crispación, los malos modos; todas ellas, cosas totalmente innecesarias y contraproducentes porque el debate se fija en los modales y no se centra en la falta de propuestas de la izquierda, que es lo notable. ¿Acaso los votantes españoles no son capaces de entender este agotamiento de las ideas de izquierdas? ¿No sería más sensato hablarles de esto en vez de pedir dimisiones (que también) o arrojar culpas y atentados terroristas a la cabeza del adversario?

Necesitaríamos una droite caviar que hiciese lo que la gauche caviar supo hacer tan bien: meter ideas en la cabeza de sus políticos.

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Enlace Estrella Digital

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miércoles, 29 de agosto de 2007

Nanas de la cebolla, por Fernando Sánchez Dragó (El Mundo)

DOCUMENTOS

Tengo muy oído en tertulias y mentideros literarios de café -ése, por ejemplo, al que en una noche de 1961 llegó Umbral aún con caspa de casinos provincianos- que el autor de Mortal y rosa, su obra más célebre y celebrada, nunca volvió a ser el mismo después de la muerte por leucemia a los seis años del hijo único que España -su mujer, no su país- le había dado. Cuentan que fue entonces cuando se endureció su carácter y decidió convertir la literatura en lo que ésta fue ya siempre para él: una celda de monje, un seno de madre, un acogerse a sagrado, un burladero frente a las acometidas del mondo cane, del perro mundo que en Yira cantara el tango.

Yo, la verdad, no sé si la especie es cierta, porque conocí a Paco mucho después, cautivo y desarmado ya el Ejército de Franco, cuando el atroz suceso que el libro evoca era agua o, más bien, rabión pasado, y huérfano de hijo el escritor.

La licencia poética -huérfano de hijo- no es ociosa, pues Umbral era también, y siempre en sentido figurado, huérfano de padre, al que no conoció, me parece, ni desde luego trató y por el que en todo caso nunca fue reconocido, e incluso de madre, considerando la frialdad con la que ésta lo atendió y la distancia, nunca bien digerida, a la que lo mantuvo.

Mortal y rosa es, en consecuencia, no sólo una elegía, un aullido de dolor originado por la muerte a redropelo, contra natura, de un niño de seis años, sino también la confesión, en esa especie de diván de psicoanálisis que es, a veces, la literatura, y la subsiguiente tentativa de autosanación de una triple y carnívora orfandad de ala amarga y homicida. Yo sé lo que es eso. A mi padre lo asesinaron antes de mi nacimiento y es precisamente la historia de ese crimen y de la desorientación y vocación de soledad por él originadas lo que sirve de tramo a mi última novela.

Releer Mortal y rosa, que además de libro es responso y obituario paterno, y hacerlo, encima, al trasluz de la muerte de su autor, me ha valido una noche de insomnio poblada por fantasmas y con ellos compartida. Hechizo, trance, culatazo y desgarrón -simultáneo veneno y triaca- de la alta literatura. Mortal y rosa lo es.Y por eso, llagado, golpeado, extasiado y embrujado por la doble resaca de la lectura y del insomnio, escribo ahora, vestido de rosa de camposanto y Umbral, con traje de sombras, hincado de rodillas ante la puerta de toriles por la que está a punto de salir el féretro de un escritor de cartel y pisando la más que nunca dudosa luz de un día que ojalá no hubiese amanecido nunca.

Pero yo, a diferencia de Umbral, tuve madre y tengo hijos. ¡Orfandad triple, decía, la suya, y fúnebre cinta de Moebius, serpiente que se muerde la cola, implacable e impecable geometría antieuclidiana de muertes paralelas que convergen en el infinito de esta obra maestra concebida como alivio de luto! Con ella, en 1975, publicada apenas un año después de que Pincho -así lo llamaban- muriera, Umbral citó de frente al dolor, le ofreció la taleguilla del folio en blanco, se fajó, lo embarcó en el vuelo de la palabra escrita, clavó el estoque de las teclas en el hoyo de las agujas del sepulcro de su hijo, mojó los dedos y el talento en la tinta que manaba de la tierra, zanjó sacramentalmente el suceso, saludó a la afición lectora, abrió la Puerta del Príncipe -él lo sería, más tarde, de Asturias- y entró sin división de opiniones, pues no hay en el caso de este libro lugar a ella, en el Cossío de la literatura.

¡Va por usted, maestro! Y bien sabe el Dios en el que tú no creías, pero en el que quizá creas ahora, que no es por pompa fúnebre por lo que te adjudico ese tratamiento. Lo hago con la sinceridad y la credibilidad que me confieren los denuestos que más de una vez se cruzaron entre nosotros y los lances de fusilería literaria en los que, gallitos ambos de pelea, nos vimos envueltos. Cosas de la tribu, como él decía. Ya no tienen importancia. Nunca la tuvieron.

Cargo en su cuenta -eso sí- otra noche de insomnio, además de la descrita. Se produjo hace cosa de 10 años, cuando aquel huérfano eterno que nunca, ni siquiera de cebolla, tuvo nanas (yo se las canto ahora) publicó Los cuadernos de Luis Vives, obra tejida con hilos de colores similares a los de Mortal y rosa, y también maestra, en la que, curiosamente, casi nadie reparó. Yo la descorché, recién salida y encamado, en Kioto, no pude volver a taparla, la terminé -don de la ebriedad, rayo incesante, gozo con sombras- al rayar el alba, caí de hinojos y relaté esa genuflexión (y fue tras ella cuando definitivamente hicimos las paces) en las páginas de este mismo periódico que hoy, como él lo fue siempre, se queda, también de por vida, huérfano. Los placeres de Umbral ya no serán columna cotidiana, firme y a la vez flexible, que sostenga y entretenga los días de sus lectores.

Juego de palabras, sí, Paco, que tanto jugó con ellas, los apreciaría.No se me ocurre mejor manera de honrarlo.

Me acogí antes a los símiles taurinos. Consiéntaseme otro. Dicen, con frase no por hecha menos gráfica y hermosa -tanto que parece inventada por Umbral-, que el toro, cuando es bravo, se crece en el castigo. Así, lector, Mortal y rosa. No la toquemos más -«Sueño de nadie bajo tantos párpados», escribió Rilke, y Umbral lo cita-, porque salió perfecta y con lo dicho basta. Dobló en barbecho el hijo de un escritor de lidia, crecióse éste en el castigo, cuajó la mejor de sus faenas y salvó el pellejo. La literatura, como la fe a los ciegos, tullidos y leprosos de la Biblia, lo había curado. Santa terapia. Con ese libro, crucial, confirmó la alternativa y ya nunca se vino abajo. Tanto como alzar la voz importa sostenerla, y Umbral lo hizo.

¿A qué género, por cierto, pertenece Mortal y rosa? ¿Es novela? ¿Es diario? ¿Es autobiografía? ¿Es una carta con remite, pero sin dirección? ¿Es una esquela o una misa de réquiem? ¿Es Sagrada Escritura? ¿Es un clásico? ¿Es poesía de verso libre que taconea sobre el tablado del octosílabo («porque la infancia lo es»), el endecasílabo («Estoy oyendo crecer a mi hijo») y el alejandrino («mira el pasado lento, sus obstinadas olas»)?

Sí, sí, es todo eso, y mucho más, pero yo zanjaría la disputa diciendo que es Umbral, y punto. El hizo el molde y ahora se lo ha llevado. Nadie volverá nunca a escribir así.

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Un coño en la solapa, por Raúl del Pozo (El Mundo)


DOCUMENTOS

«Hay una voz, la voz de la agonía, que la llevamos dentro toda la vida; entre el registro de nuestras voces, hay una voz que sólo aclara la muerte. Todos llevamos esa voz dentro, esa octava que no sabíamos, la voz de otra, esa otra que es la muerte, voz falsa y teatral -los cementerios son teatro- con que nos despediremos del mundo».

(Francisco Umbral)

Un día Francisco Umbral, según el mismo contó en Amores diurnos, necesitaba una flor para la solapa y le pidió a una niña, con risa de recreo de monjas, la flor de su vulva con el tallo vaginal.Con tan rosada flor en la solapa asistió a una cena donde había académicos. Pero fue el Nuncio de Su Santidad el que le dijo: «Pero si eso que lleva usted en la solapa es un coño». Tal vez por esa historia y otras parecidas Paco se murió sin entrar en la Academia, aunque decía que el académico es un señor que al morir se convierte en sillón. No entró él, ni el lenguaje de nuestra generación, ese torrente de vocablos. Francisco Umbral fue el que meó más lejos en la invención del nuevo castellano, el que convirtió el encargo en inspiración. Murió sin entrar en el asilo de las palabras, pero pervivió su sinfonía, la de un periodista abstemio y sin carné, en el tiempo del «hombre breve y longevo de El Pardo» y en los años dorados de la libertad. Oreó el castellano, le dio marcha, mogollón, anfeta. En los años 60, pobre y dandi cuando yo lo traté, bebía leche, era aficionado a las gatas, tenía la tensión como un soldado y el nardo como una piedra. Vino a incendiar el idioma en la ciudad absurda, brillante y hambrienta. Llevó el castellano a la cima con su caos y su criminal melancolía. Le dieron el premio Cervantes en Alcalá de Henares y desfilaron delante de él los paracaidistas. Tenía pavor al tópico, jamás utilizó un adjetivo promiscuo, fue el predador de mitos, el ángel exterminador de los mitos. Y ahora se ha ido muriendo y escribiendo porque para él no había diferencia entre el resuello y la escritura.

Camilo José Cela, que sí fue de la Española, me llamaba como un sargento, y me dijo cuando me acerqué a él en ABC durante la entrega de los Cavia: «Paco se nos muere». Dos meses después palmó Cela. Muchos meses después vi a Paco en el Ritz y lo tuve que sacar casi a cuestas mientras España buscaba un taxi bajo la lluvia; le temblaba todo el cuerpo, no andaba, no oía, no veía. Siempre tuvo mala salud. Se enrollaba en papel higiénico para protegerse del frío y de la vulgaridad, iba envuelto en un vendaje. «Yo soy una momia fecal». Nunca superó el frío del nacimiento ni la angustia del destete de una madre que confundió siempre con su tía. Su complejo de hijo de soltera fijó su psiquismo, su anorexia, sus neurosis gástricas. Su angustia, su frío, su apetito de muerte y de gloria, relacionado con la desnudez del tegumento, siguieron toda la vida a este lacaniano lleno de fantasías que buscó el paraíso perdido anterior al nacimiento. El frío, el desamor, rodearon su largo y blanquísimo cuerpo con kilómetros de papel de váter. En Umbral, el tabú de la madre fue la ley primordial de su vida.

Lo he visto en los últimos meses en compañía del Duque de Lugo, Natalia, Carmen Rigalt, Inés Oriol, Antonio Casado cuando empezaba a írsele la olla y nos contaba que España había trabajado en una película de Almodóvar con gran éxito de crítica y de público y cuando odiaba a Marichalar, al que adoraba, porque sentía celos de sus conversaciones con España.

Madrid fue su territorio, su Valle de Salinas, su geografía literaria y yo fui a veces su colega, aunque para decir la verdad nunca se fió de mí, siempre me vio como a un gitano que le iba a chorar chorvas o palabras. Decía que había estado en muchas ciudades pero en realidad su odisea, su biografía, su alambre, está entre Valladolid y la dacha de Majadahonda. En ese periplo fue, como él mismo decía, un escritor en progresión que siempre caminó hacia mayores libertinajes de pensamiento y estilo, «dejando atrás el compromiso burgués de lo que quiere el gran público, que es público porque ni siquiera sabe lo que quiere». Aprendió de Ortega que el que no se atreva a innovar no debe atreverse a escribir. Madrid fue su gran personaje, repetido hasta el infinito en su obra. Desde las calles de Madrid vio los moros en el entierro de Franco camino del Valle los Caídos. En el Gijón de los 60 fue cronista del desbrague y evangelista de la Santa Transición.Compartí junto a él noches de whisky, días rojos, perfumados con sexos de mujer, por los desfiladeros de las vaginas. Vi cómo describía, embelleciéndolo, el Madrid de fumata de morfa, whisky, hostias, desmemoria y resacón que tan bien retrata en Madrid 650, extendida, con su cielo propio gris plata por los viejos de tobillos hinchados, mendigos con edemas, ciegos zumbados, picados, follados. Lo acompañé menos en las noches de cena en los grandes palacios y en el fondo confuso de las genealogías, entre el silencio de los caballos de Tiziano. Insisto, me quería pero no se fiaba de mí.

Lo nuestro empezó en la barra del Café Gijón. Luego él lo contó a su manera. Dice que como Baudelaire a su amigo, me dio un abrigo, una amante y un trabajo. Es verdad que le sustituí en Eurofoto de Gianni Ferrari, cuando a él lo llamaron a Cultura Hispánica. Cuenta en Travesía de Madrid cómo nos metimos 10 en un taxi, del café a la casa del muerto César González Ruano, y «entonces Raúl del Pozo, gitano de buena prosa, dijo la frase definitiva: 'Pensar que no nos volveremos a divertir tanto hasta el día que se muera Azorín'». Siempre fue el biógrafo de sí mismo, los demás, incluso el Rey o Cela, eran personajes secundarios. Le conocí poco después de que llegara de Valladolid, donde fue botones del Banco Central, en un autocar gris, maleta de soldado, cuando robaba papeles Galgo y escribía en una máquina Underwood, con una carta de recomendación para Adolfo Suárez. No lo traté en la niñez, cuando se fraguó su escritura y su ingenio, cuando era un niño en Valladolid que cazaba lagartijas y robaba el lazo de las niñas y, según él mismo, se hacía pajas, peras, gallardas y gayolas. Desde entonces le seguí hasta las últimas cenas en Sexta Avenida, el Umbral de Majadahonda, sonámbulo, poblado ya de confusiones. Han sido 40 años de amistad, biografías paralelas, los mismos lugares, a veces las mismas vaginas. Hemos compartido la paternidad literaria de Cela, el ogro de Iria, que le consideraba su heredero literario. Noches de Oliver, noches de discoteca, noches, noches, cuando la poetisa de moda le llamaba Follamadres, cuando pasó de los vasos de leche al Chivas con optalidón. Comí con él en Carmencita, en El Comunista, en Gades, compartimos muchas noches el diván rojo de Oliver. Era el más. Se le aparecían los libros como las vírgenes. Relató cómo aquel militar de montera entró pegando tiros al techo isabelino, y luego «se paseó por el hemiciclo como el vigilante cabreado de unas obras». Hizo de todo menos montar en globo. Le contó a Eduardo Martínez Rico en Las verdades de un mentiroso ilustre: «Hice una campaña de la gaseosa, de La Casera, que era la hostia. Todavía me acuerdo: parece cosa de brujas que tenga tantas burbujas». Ni un día sin línea, ni un día sin periódicos, ni un día sin pan, ni un día sin amor, ni un día sin memoria; él sólo es, como dijo el Rey su gallo, una biblioteca.

Me despido de ti, el que fue tu amigo de Carmencita al Bodegón, recordándote el día del coño en la solapa, con el vaticinio de Shakespeare: «Contra la muerte y toda enemistad del olvido, saldrás adelante; tu alabanza encontrará espacio en los ojos de toda posteridad».

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martes, 28 de agosto de 2007

Rosa Regàs abandona la 'Biblioteca de los líos', de Luis Alemany en El Mundo

POLITICA CULTURAL

La escritora se ve obligada a dimitir tras el escándalo de los incunables robados y al comprobar la desconfianza de César Antonio Molina

Rosa Regàs presentó ayer su dimisión al ministro de Cultura, César Antonio Molina, como directora de la Biblioteca Nacional. La escritora quedó sentenciada durante la visita que Molina hizo por la mañana a la Biblioteca con el fin de pedir explicaciones por la desaparición de dos láminas de un incunable de 1482 de la Cosmografía de Ptolomeo. Regàs ha expresado a los medios de comunicación que ya el viernes, cuando la institución denunció ante la Guardia Civil el robo, Molina le trasladó su insatisfacción y le dijo que «no había hecho nada en más de tres años» de gestión.

«Me quedé sorprendida cuando [César Antonio Molina] me dijo que en tres años no había hecho nada, y si cree que yo no he hecho nada, igual él tampoco tiene tiempo en cuatro meses, hasta el fin de la legislatura», comentó ayer Regás en declaraciones a Lucía González, de elmundo.es. La escritora también afirma estar «sorprendida» y reconoce que se marcha «con poco de tristeza», ya que considera una lástima que un trabajo «tan duro» sea en ocasiones «tan poco reconocido».

Regàs explicó ayer que su dimisión no es la consecuencia del caso de los ptolomeos sino el resultado de la desconfianza que le demostró el ministro el viernes y que le volvió a manifestar ayer por la mañana: «Puesto que mi carrera no es administrativa, no tiene sentido que permanezca en este puesto si no tengo la confianza del ministro», dijo la escritora en un comunicado remitido a la agencia Efe.

Pese a intuir el estado de ánimo de César Antonio Molina, Rosa Regàs esperaba ayer a su ministro en las escalinatas de la Biblioteca aliviada y enfrascada en una conversación jocosa con María Teresa Díez García, su subdirectora gerente. Cerca de las 12.40 horas, su invitado, acompañado por Rogelio Blanco, director general del Libro, llegó al palacete del Paseo de Recoletos.

Veinte minutos después, la comitiva ministerial abandonó la Biblioteca Nacional sin hacer declaraciones. Ya no hubo más noticias del Ministerio, más allá de la decisión de tratar la dimisión de Regàs en el Consejo de Ministros.

Mientras, la directora dimisionaria insistió ayer en que considera a César Antonio Molina «un amigo personal».

Otra cosa es la relación administrativa de Regàs y Molina, que ha sido corta (una sola entrevista y la visita de ayer, según la escritora) e infeliz. Queda lejos la pasada primavera, cuando Carmen Calvo, la ministra que escogió a Regàs para su puesto, aprovechó el descubrimiento de un busto dedicado a Antonio Machado en el jardín de la Biblioteca para desagraviarla en público. Calvo dijo entonces que Regàs era «víctima de la maldad por la maldad, de la insidia por la insidia».

La maldad y la insidia a las que se refería la ministra (a 20 días, por entonces, de su cese) aludían a la relación entre la escritora y los medios de comunicación. A Regàs, que como escritora había mantenido un perfil amable ante los periodistas, se le empezó a torcer el asunto en primavera de 2006 cuando se supo que, en una cena celebrada en Langreo, alguien propuso un brindis por la República y ella alzó su copa.

Visto con distancia, aquel rifirrafe resulta casi simpático. Sin embargo, Regàs se indignó por su repercusión y acuñó una teoría propia sobre los medios de comunicación que repitió varias veces en público: su fin es generar una crispación que desanime a los ciudadanos, desprestigie la democracia y beneficie a los poderosos. Una de las víctimas de ese proceso sería ella misma.

Con esa manera de ver las cosas, la relación con los medios no podía sino empeorar. Así, cuando alguna filtración dejó ver que había problemas internos en la gestión de la Biblioteca, su directora dijo en comparecencia parlamentaria que los autores de esas revelaciones «son delincuentes y lo van a pagar». Después se desdijo a medias. Este mismo verano, Regàs dijo toda clase de frases insólitas. Se refirió a su labor en la Biblioteca como una «revolución» (16 de agosto de 2007), halagó a Hugo César Chávez (20 de agosto de 2007) y dijo que se alegraba de que los periódicos «se lean cada vez menos» (11 de agosto de 2007).

Sin embargo, Rosa Regàs no sólo se encontró malas caras en la tribuna de prensa. Muchos profesionales vinculados directa o indirectamente a la Biblioteca han sugerido que su gestión oscila entre la incompetencia y el amiguismo.

Con el amiguismo se relaciona la decisión de la dirección de la Biblioteca de ceder gratuitamente el Beato de Fernando I y doña Sancha de 1047 a una editorial que lo fotografió pese a que los informes señalaban que su estado de conservación es crítico desde su cesión para una muestra en Roma en 2000, según pudo saber ayer EL MUNDO.

Mientras, a la incompetencia se atribuye la gestión de la crisis que desencadenó la desaparición de los mapamundis de Ptolomeo. Mientras las investigaciones policiales prosiguen en absoluto silencio, las especulaciones se reproducen. ¿Cuándo supo la Biblioteca Nacional de la desaparición de las láminas? Regàs reconoció el sábado a este periódico que sabe del robo desde el jueves pasado. Otras fuentes dicen que está informada desde el martes. En cualquier caso, ¿por qué esperó hasta el viernes para denunciarlo? ¿Por qué se trata el caso con tanto secretismo?

«Cuando desapareció la obra de Richard Serra del Reina Sofía en 2005, fuimos informados, con transparencia y puntualidad. ¿Por qué no ha ocurrido lo mismo en este caso?», recuerda la diputada del PP, Beatriz Rodríguez Salmones, que ya pidió el cese de Regàs este sábado.

Otra incógnita apunta al descuido de las medidas de seguridad en la Biblioteca Nacional. «En estos tres años, no se ha hecho nada por fortalecer el control», dice Rodríguez Salmones. Algunos usuarios de la Sala Cervantes reconocen que las medidas de seguridad de estas instalaciones son similares a las de cualquier otra institución que guarde documentos de gran valor, aunque estops medios se emplean, en ocasiones, con laxitud.

Ayer mismo, algunos funcionarios de la Biblioteca recordaban que el último gran robo en la historia de la institución (en los años 80) fue obra de un lector muy habitual de la institución. «Como estaba todo el día aquí y era medio amigo, no nos fijábamos en lo que hacía. Seguramente, esta vez pasó lo mismo». Los empleados, por cierto, salvan la cara a Regàs y reconocen que su relación ha mejorado desde que María Teresa Díez García asumió la gerencia.

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¿Sólo se han llevado los 'tolomeos' de la Biblioteca Nacional?, por José Javaloyes (Estrella Digital)

¿Cómo que “no había hecho nada durante su gestión de más de tres años en la Biblioteca Nacional”? El más inadmisible personaje que rigió jamás al enorme tesoro cultural español, posiblemente parangonable en muchas de sus claves de riqueza con el propio Museo del Prado, da una versión de su único encuentro con el actual ministro de Cultura, que resulta poco verosímil en principio, sobre las cuentas y las responsabilidades de su gestión en esa venerable Casa.

¿Es “no hacer nada” destruir las normas de seguridad que específicamente regían desde los tiempos en que se establecieron durante la dirección por Juan Pablo Fusi, y que han permitido el robo de dos atlas “tolomeicos” del siglo XV (1480), en los que por primera vez aparecía España como tal en la cartografía? Eso no es hacer nada. Es hacer todo lo inconveniente.

El asunto es de una gravedad inmensa. So pretexto de que los criterios de seguridad existentes hasta entonces para la integridad de los fondos —mediante los cuales se establecían distintos niveles de control, proporcionales en su rigor a la importancia de lo que se custodiaba—, eran criterios heredados de los tiempos de la dictadura (sic), se establecieron las condiciones prácticas desde las cuales desaparecieron, hace un año según se ha podido saber ahora, estos valiosísimos incunables.

Para mayor inri, la dimitida y sus adlátares han querido impedir que trascendiera la noticia del robo: hacia adentro, con las conminaciones y demás prácticas estalinistas de las que ha hecho gala RR durante el tiempo de su tenebrosa gestión; y, hacia fuera, por los canales de los medios adictos, con el mensaje de que los servicios de seguridad de la Biblioteca Nacional habían reclamado el secreto sobre lo ocurrido, al objeto de no espantar las presas eventualmente perseguidas por los sabuesos. Y todo esto último, cuando el expolio se había producido ya hace un año.

En la gestión catastrófica de la Biblioteca Nacional —instrumentada en régimen de administración penitenciaria soviética, que se aplicaba a los funcionarios desafectos (“la opinión pública puede conocer ahora, a través de este grave asunto, qué ha sido nuestro trabajo en la BN durante tres años —afirma una funcionaria)—, emerge como suceso mayor el robo de estos incunables, no pudiéndose descartar la existencia de otros posibles saqueos practicados sobre los fondos.

La absoluta remoción de los criterios y sistemas de seguridad practicada por esta prosista de catástrofes, hace probable —más que sólo verosímil o posible— la existencia de otros saqueos en los riquísimos fondos de la BN.

Por tanto, parece imponerse la necesidad de que el Ministerio de Cultura, mientras provee el nombramiento de la nueva dirección, y acaso como el primer empeño para ésta, la verificación inventarial y pormenorizada de estos fondos. La presunción de que los ladrones, al advertir lo accesibles que resultaban estos desprotegidos tesoros, repitieran la operación para llevar el saqueo a términos no imaginables.

Pero hay más. Y, de momento, pudiera ser lo más importante. Hay la responsabilidad política por lo sucedido. Ha existido una responsabilidad que debe ser depurada y que merece ser debatida en el Congreso de los Diputados. Con sólo destituir a Regás pidiéndole la dimisión, sólo se ha hecho lo obviamente necesario. Todo lo suficiente queda por hacer. No hay más responsable final que el presidente del Gobierno.

jose@javaloyes.net



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lunes, 27 de agosto de 2007

Stalin y el arte, de Pedro G. Cuartango en El Mundo

TIEMPO RECOBRADO

Ha muerto en Moscú hace unos pocos días Tikhon Khrennikov, músico mediocre pero fiel lacayo de Stalin como presidente de la Unión de Compositores. Khrennikov no pasará a la posteridad por sus creaciones, pero sí por su empeño en hacer la vida imposible a colegas como Prokofiev, Shostakovich y Stravinsky, que sufrieron una implacable persecución.

Khrennikov creía que la principal obligación de los músicos era glorificar los logros de Stalin, de suerte que el principal elemento de valoración de una composición debía ser su fidelidad ideológica. El realismo socialista que propugnaba Khrennikov no fue capaz de legarnos ni una sola pieza musical que hoy se interprete en Rusia, mientras que las creaciones de sus víctimas son admiradas en todo el mundo.

Contra lo que se pudiera creer, Stalin no era un dirigente político desinteresado por la cultura y el arte. Era muy aficionado a la literatura, al cine, a la ópera e incluso a la poesía. Stalin tenía una excelente biblioteca en su dacha de las afueras de Moscú e incluso se podría afirmar que tenía un cierto gusto estético.

Stalin intentó congraciarse con escritores como Pasternak, al que reconocía su talento, y protegió a otros como Mandelstam hasta que el NKVD le hizo llegar una copia del famoso poema en el que éste le comparaba con un oso grasiento. Aun así, el dictador dio orden de que el poeta no fuera ejecutado, aunque se le envió a Siberia a morir.

Una de las obsesiones de Stalin era ganarse el aplauso de estos grandes creadores, pero jamás lo consiguió. Doctor Zhivago es la más devastadora descripción de la crueldad y los excesos del comunismo soviético. Stalin prohibió el libro, que fue editado en Italia en los años 50.

Sólo un puñado de artistas mediocres prosperó en la Rusia de los años 30 y 40. Stalin era perfectamente consciente de ello y despreciaba a los autores y compositores que él mismo había hecho llegar hasta lo más alto por su afinidad ideológica o su fidelidad incondicional. Por el contrario, admiraba secretamente a Bulgakov, Pasternak y Tolstoi, que había muerto poco antes de la Revolución.

El fiasco del realismo socialista y las inmortales creaciones de quienes estaban contra el estalinismo ponen en evidencia que el arte y la gran cultura no se generan desde el poder o con criterios políticos. Lo que sucede es más bien lo contrario: el genio se alimenta del sufrimiento y la persecución.

Todos los dirigentes han cometido el mismo error. Han intentado mimar a los intelectuales y atraerles con los favores y los privilegios del poder. No voy a criticar a Zapatero por hacer lo mismo que sus predecesores. Pero la imagen de cineastas, poetas, actores y escritores comiendo de su mano, me parece más cómica que patética. De Gaulle tenía a Malraux y Zapatero se da por contento con Zerolo. Es un signo más de los tiempos, de un mundo en el que, como decía Brecht, hay que luchar cada día por lo evidente.

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Carod-Rovira declara que el referéndum por la independencia catalana se celebrará en 2014, de Marta Rodríguez Font en El Mundo


LA OFENSIVA NACIONALISTA: Las tesis soberanistas

El presidente en funciones de la Generalitat aprovecha el enojo y la indignación de los ciudadanos a causa de la crisis de las infraestructuras para impulsar su proyecto secesionista de España

El presidente en funciones de la Generalitat, Josep Lluís Carod-Rovira, ha dado una vuelta de tuerca a sus reproches al Gobierno por la desatención a las necesidades en infraestructuras de Cataluña y ha decidido apostar abiertamente por la celebración de un referéndum por la independencia al que le pone fecha y todo: en 2014, el 300 aniversario de la histórica guerra de sucesión que acabó con los privilegios territoriales de Cataluña.

Carod hizo estas manifestaciones ayer en Sant Feliu de Guíxols (Gerona), en su último acto oficial como presidente de la Generalitat en funciones, ya que hoy se reincorpora José Montilla, después de sus vacaciones. El político acudió a la Fundación Josep Irla para reunirse con el alcalde de la población, una vez que Consistorio y Generalitat han acordado recuperar la memoria de Irla, presidente del Gobierno autonómico en el exilio, informa Europa Press.

Hace semanas que el líder de ERC rentabiliza en beneficio de sus tesis independentistas el malestar e indignación de los catalanes por el caos que vive la Comunidad en los transportes ferroviarios, pero también por las continuas averías en el metro de Barcelona, los problemas con el aeropuerto y las consecuencias del apagón. Lo hizo el fin de semana pasado, cuando advirtió que empezaba a detectarse «una cierta fatiga de España» tras las crisis de las infraestructuras, y llegó a parafrasear al cantautor catalán Ovidi Montllor al afirmar que «ya no nos alimentan las migajas, queremos el pan entero».

Carod-Rovira declaraba ayer en La Vanguardia que «muchos de los aspectos que no funcionan llevan la E de España: Aena, aeropuerto, Renfe, Red Eléctrica de España, AVE» y, en cambio, «lo que depende» del Ejecutivo catalán, «como los Ferrocarrils de la Generalitat, sí funciona». El líder independentista expresaba también su deseo de que en «2014 haya una mayoría soberana que defienda una Cataluña independiente».

La fecha propuesta por el presidente en funciones es especialmente destacada por la simbología que contiene, -la Diada, el 11 de septiembre, conmemora la derrota de Barcelona ante las tropas borbónicas-, y por eso Carod la considera acertada para una consulta popular en que la sociedad catalana «decida si quiere continuar así o seguir otro camino y hacer su propia aportación en la construcción de Europa directamente desde su propio Estado».

Aunque el desencadenante de esta propuesta ha sido el caótico verano vivido, Carod señala que el PSOE, con Zapatero al frente -«la cara educada y amable»- no comporta «cambios reales en la estructura del Estado para convertirlo en un ente de carácter plurinacional, como recomienda el sentido común». El referéndum por el que aboga serviría para que Cataluña se planteara «otra forma de organizarse políticamente»: a través de la independencia o bien de otra forma de relación lejos de la dependencia actual.

Para el presidente de ERC, en estos momentos hay dos Cataluñas: la del malestar civil, que no se conforma con las disfunciones del día a día en aspectos básicos, y la que sabe y está concienciada de que hay un gran potencial a desplegar. Con todo, «el nivel de escepticismo de la sociedad catalana ante la posibilidad de corregir la situación desde Madrid es muy alto», apuntó.

El republicano, que a partir de hoy volverá a asumir su condición de número dos del Gobierno de la Generalitat, ya protagonizó otra controvertida actuación cuando, coincidiendo con los funerales del ex senador independentista Lluís Maria Xirinacs, condenado por apología del terrorismo al proclamarse amigo de ETA, asistió a las honras fúnebres en calidad de presidente de los catalanes. Su gesto fue criticado por el PP y Ciutadans, que lo consideraron un «desprecio» a las víctimas.

© Mundinteractivos, S.A.

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sábado, 25 de agosto de 2007

Nacionalismo lingüístico, por Amando de Miguel (Libertad Digital)

Hace tiempo que no entramos en polémicas. Nunca he entendido eso de "sin ánimo de entrar en polémicas". ¿Por qué va a ser malo polemizar? Entiendo que la polémica (guerra de ideas, de palabras) desplaza la necesidad de pelearse. Para calentar motores basten esos apasionados párrafos de José María Navia-Osorio:

Empiezo leyendo los lamentos y reproches que le hacen los pro-nacionalistas catalanes. Estos señores son de los que prefieren llorar. Sentido del humor el justo. ¿Por qué les resulta tan difícil ponerse en el lugar del resto de españoles? A los españoles no catalanes y a muchos españoles catalanes no les gusta o no saben hablar catalán. Si un catalanista quiere que estas personas le entiendan tendrán que hablarles en español. Si no quieren que les entiendan pueden hablarles en catalán o en italiano que viene a tener la misma dificultad de comprensión para un español. O no hablarles. Pero que no se nos enfaden.

Hace unos años estuve en Alguero, sabían más o menos el mismo catalán que yo. Si les saludabas en catalán te ponían la misma cara que en Calatayud cuando preguntas por la Dolores. No es por desilusionar pero hay más personas que hablan zulú que catalán. El catalán supera por poco al búlgaro y le saca un millón de parlantes al tártaro. Los catalanoparlantes tienen que comprender que el resto de habitantes del planeta Tierra no tengamos especial interés en aprender su lengua. Va en gustos, tienen que entenderlo. Tampoco tienen por qué disgustarse los catalanoparlantes porque ellos ganan a los que hablan euskera o gallego y no digamos a los que hablan el aranés, también en tierra catalana.

La conclusión es fácil. ¿Quieren que les entienda mucha gente? Hablen español. ¿Les gusta hablar con sus familiares o amigos en su lengua materna? Usen el catalán. ¿Les da igual que no les entiendan? Si están con no catalanoparlantes hablen en catalán y si están con catalanoparlantes hablen en euskera. Y si están con ingleses háblenles en español, tampoco les entenderán Pero la pregunta clave es ésta: ¿quieren sentirse superiores? Obliguen a los no catalanoparlantes a hablar en un idioma que desconocen. Diviértanse, si lo hablan mal llámenles charnegos. Sean clasistas, digan que [el español] es un idioma que en su casa sólo hablan las criadas. Suspendan a sus hijos si no pueden contestar un examen en catalán.

Carlos Loeda (argentino, hijo de gallegos, Barcelona) expresa este lamento que tantos españoles sienten:

He visto dolorido como ha evolucionado en estos últimos treinta años Barcelona, de ser un faro universal de cultura cosmopolita para los latinoamericanos, una especie de Nueva York hispánica, a un pueblo grande con un tufo localista digno a lo más de Munich.

De nuevo asoma la reacción antinacionalista. Era de esperar. Anoto este otro memorial de agravios de José Luis Cabo García:

Mi pregunta es breve, ¿por qué preocuparse tanto por la unidad de España? Tengo 29 años, soy de Salamanca y vivo en Madrid. No he tenido otro remedio que buscar trabajo en la capital, dado el escasísimo trabajo y falta de oportunidades que hay en mi tierra. Si no estoy mal informado usted es oriundo de Zamora, ¿verdad? Ni le cuento cómo están allí las cosas. Es dramático. La situación es muy distinta en Cataluña y País Vasco. Dadas sus irracionales peculiaridades fiscales, la contribución de las provincias vascas a la "solidaridad interterritorial" es casi nula; y Cataluña va por el mismo camino. ¿Por qué debemos preocuparnos por una posible separación? Es España un país especialmente desagradecido y muy cicatero con las regiones leales (un buen ejemplo sería Castilla y León). Sorprendentemente las prebendas a autonomías "rebeldes" no cesan. Nunca aprendemos.

María Palacios (Barcelona) comenta que, al final de la disputa, "tras innumerables dimes y diretes, en las escuelas de Cataluña, de 30 horas semanales, ni siquiera tres serán en castellano, ni el 10% [...] ¿Alguien ha medido las consecuencias de tratar como una lengua extranjera en las escuelas catalanas a la lengua común de todos los españoles?". La consecuencia es que se intenta desplazar el conocimiento de una lengua internacional (el castellano) para realzar una lengua étnica (el catalán). El resultado es que la clase acomodada catalana rellenará el vacío dejado por el castellano con el conocimiento del inglés. A su vez, las clases populares catalanas mantendrán el castellano oral como idioma doméstico y se quedarán solo con el catalán como idioma escrito. Todo lo cual indica que se va a producir una ulterior división por clases sociales según la lengua hablada. La situación se va a parecer un poco a la de Filipinas, lo que no deja de ser algo estrambótico.

Agustín Fuentes critica el punto 7 de mi heptálogo para detectar el carácter de "lengua de comunicación" que tienen algunos idiomas. La exigencia de ese punto es que los hablantes del idioma en cuestión no se consideran, por eso mismo, nacionalistas. Sostiene don Agustín que él se identifica como español por hablar la lengua española y "su defensa es parte de mi ideario personal". En su caso será así, pero la mayor parte de los hispanoparlantes no se sienten nacionalistas por ese rasgo. Desde luego, eso es así para los angloparlantes. En cambio, los euskaldunes (= hablan vasco) se identifican como nacionalistas, más o menos declarados, por el hecho de su lengua propia.

Íñigo Martínez-Labegeria (Budapest, Hungría) me escribe agradablemente sorprendido por alguna referencia cariñosa que he dedicado a los vascos. La sorpresa es para don Íñigo al escribir yo "en un medio tan manifiestamente vascófobo" como es LD. No creo que LD pueda ser "vascófobo". Otra cosa es que en estas páginas se pueda disentir de los nacionalistas vascos. Pero al menos es mi opinión que los nacionalistas vascos han hecho mucho daño al pueblo vasco, y por tanto, al pueblo español. Por tanto, mi sentimiento es vascófilo. ¿Cómo no va a serlo si viví mi adolescencia en San Sebastián?

José Antonio Martínez Pons razona la paradoja de que en las Baleares el consejero de Interior es de Esquerra Republicana de Cataluña, un partido que solo obtuvo 2000 votos. Pues bien, ese señor (asaltador de piscinas) decidirá la supresión de la televisión en castellano, cuando en Mallorca es el idioma que habla el 40% de la población. En los medios de Baleares se impondrá el català estándar. Ni Franco, un dictador, se atrevió a tanto. Añado que, con esas y otras medidas de parecido juez, en Baleares se perderá la identidad regional (o nacional, si se prefiere). Todo ello se hará con muy pocos votos, en nombre del nacionalismo... catalán.

Eta no toma vacaciones, por Martín Prieto (El Mundo)


BAJO EL VOLCAN

El ex presidente demócrata de Estados Unidos, Jimmy Carter, fue maltratado hasta la insania por la prensa de su país y, con efecto simpatía, por la europea, hasta el extremo de considerarle alelado y no otorgarle otra capacidad que la de cultivar cacahuetes en su granja.

Una injusticia colectiva de la que no te puedes librar, tal como los gafes soportan su calvario sin cirineo que les alivie. Carter es ingeniero nuclear y sirvió como oficial naval en submarinos atómicos, donde el primer error que cometes es el último. Como buenista embargó armas a las dictaduras iberoamericanas y siempre mantuvo un sincero interés por el respeto a los derechos humanos. Pero luego explicaba a los periodistas que pescando en barca en el Potomac había sufrido el ataque de un gigantesco conejo (¿anfibio?) del que se había defendido a remazos.

Hizo de su versión cuestión de honor personal, como si fuera la crisis de los rehenes de Teherán que acabó con él, consolándose con un devaluado Nobel de la Paz. A la postre él quiere que le llamen Jimmy, como si apeláramos a Zapatero por Peluis o a Rajoy de Marianito. Un cándido.

Parece que a instancias gubernamentales españolas Carter ha vuelto, y sin venir a cuento, a meter su cuchara en el problema vasco sugiriendo lo ya hecho: una negociación a la par entre el Gobierno y los vascos que quieren otro nivel de autonomía. Al asesino de conejos de agua le fallan hasta sus asesores y justifica a ciegas el brumoso proceso de paz de Zapatero, del que aún no ha dado cuenta ni a los diputados ni a la oreja pública. ETA no toma vacaciones ni durante su pretenciosamente militar alto el fuego (Barajas), y en cuanto ha podido ha puesto un bombazo en el durangesado para celebrar la Semana Grande de Bilbao.

Desmienten a los que suponían que no habría terrorismo «duro» hasta pasadas las elecciones para devolverle a ZP el oxígeno prestado. ETA continúa con los herrumbrados principios de acción-reacción-acción y cuanto peor, mejor, no sabiendo cómo descabalgarse del tigre de la violencia. Le da lo mismo la blandura del radical-socialismo que la dureza del PP.

Están tan eufóricos ante la tolerancia a la Kale Borroka, la efervescencia por las banderas y los presos (hacer calle) y la buena marcha de las extorsiones a empresarios, que se van a manifestar ante Sarkozy, que acude a Bayona, precisamente, en viaje antiterrorista. Como si fueran ignaros socios de la Fundación Carter y no supieran del cerrado centralismo francés, tan desmontable como pretender desguazar un carro blindado con un plátano.


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jueves, 23 de agosto de 2007

EL PSOE "DEFIENDE TU FUTURO" SIN SABER ESCRIBIR EN CASTELLANO

Baleares Liberal (Enviado por: Redacción) , 23/08/07, 10:35 h
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Según informa libertadbalear.com el PSIB-PSOE ningunea el castellano al cometer más de 500 faltas de ortografía en su programa de Gobierno. Una clara evidencia del poco interés que muestra por una de las dos lenguas oficiales de nuestra comunidad autónoma, en este caso la castellana.

"El programa electoral vigente del PSIB-PSOE muestra el desprecio por una de las dos lenguas oficiales de nuestra comunidad autónoma: la castellana. Más de 500 faltas de ortografía en su programa, según ha informado libertadbalear.com, no pueden significar más que eso, desprecio, o falta de dominio como consecuencia de la aplicación de políticas lingüísticas consistentes en la erradicación del idioma común de España de nuestro sistema de enseñanza.

En el programa electoral del PSIB-PSOE tenemos la respuesta a esa justificación absurda de los “normalizadores del catalán” consistente en afirmar que el castellano se aprende en la calle o mirando la televisión. Lógicamente al no tener conocimientos académicos de Lengua Española pasa lo que pasa. Por ejemplo, que el PSIB-PSOE haga el ridículo después de que su presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, afirmara anteayer que los ciudadanos de Baleares deben conocer las dos lenguas oficiales cuando su propio partido no conoce la que es oficial en toda España.

Los electores socialistas deben saber que el partido al que votan es manifiestamente catalanista, desprecia la lengua materna de muchos de ellos, y se muestra decididamente contrario a que hagan uso de su libertad como padres para poder elegir la lengua oficial en la que desean educar a sus hijos.

Círculo Balear solicita al PSIB-PSOE la corrección ortográfica de su programa electoral, y una reflexión acerca del futuro que nos espera con un sistema educativo que prescinde de una lengua universal como la española, hablada por más de 400 millones de personas, en un mundo cada vez más globalizado en el que la formación académica va a ser determinante para el desarrollo profesional, económico y social de los ciudadanos, por lo tanto, para el progreso del país."

Jorge Campos Asensi

Presidente del Círculo Balear

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martes, 21 de agosto de 2007

Corazón partío, José García Domínguez (Libertad Digital)


Cierta Margarida Tous, que dice ser directora general de una cuadrilla de cortadores de lenguas a sueldo del Gobierno balear, anunció ayer que van tener mano dura con el español. Así, la Margarida ya ha amenazado con multas que oscilarán entre los 1.500 y los 15.000 euros a todos los tenderos que osen rotular sus establecimientos exclusivamente en castellano. Y es que, a partir de ahora, la Ley de Montilla, que viene a ser la de Lynch aplicada a la gramática, también será la única que rija en las islas.

A uno, que sobrevive en el vientre de la bestia desde que tuvo uso de razón, lo de esa osita de Tous que pretende prohibir la realidad le suena a rutinario déjà vu. Con familiar hastío, pues, se dispone a escuchar la recurrente coartada identitaria con que intentarán venderle la burra ciega de la persecución de la libertad en nombre de la libertad. De entrada, mientras la fierecilla filológica de Antich le explique el cuento del sagrado deber hacia la tierra y las raíces, uno repasará mentalmente las palabras de Antoni de Capmany, insigne prócer barcelonés del siglo XIX: "El catalán es una lengua antigua y provincial, irremediablemente perdida para la república de las letras".

Luego, cuando la voraz osezna se acerque al rico panal de la retórica mística – "el ADN de nuestro ser colectivo", "la voluntad de un pueblo que no quiere morir", et caetera–, el mismo uno volverá a preguntarse por qué ese signo sagrado de la identidad eterna de los Países Catalanes nació hace junto cien años, ni un segundo antes. Y por qué a todo el mundo le trajo sin cuidado perder el gran tesoro de la lengua doméstica hasta ese mismo instante. Pues ha de saberse que uno ha intentado buscar en el catalanismo militante, al menos, la enigmática grandeza que siempre esconde el Mal cuando resulta gratuito. Sin embargo, lo único que ha encontrado es esa paradoja histórica, que lo remite al muy prosaico mundo de la berza y el garbanzo. Porque resulta que nuestras sufridas margaridas sólo dieron en tener el corazón partío por la llengua, ¡oh casualidad!, en el mismo momento que apareció por el horizonte... la competencia laboral castellanohablante.

No, mi querida bichita normalizadora, ni debajo de los adoquines se escondían las playas, ni detrás de vuestra loca pasión por San Pompeu Fabra hay algo más que la sórdida lucha por (buscarse) la vida. Ese furioso amor por el catalán, comisaria Margarida, no esconde otra trastienda que el ruin forcejeo a codazos por un triste salvoconducto que ayude a trepar en la escala social. Eso sí, en nombre de la solidaridad y el progresismo. Naturalmente.

Enlace Libertad Digital


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sábado, 18 de agosto de 2007

'Cambio radical' en Baleares, por Ignacio Armenteros (El Confidencial)

En la edición de hoy, El País muestra esta lancha de cinco motores fuera borda, que alcanza los 120 k/h y que se usa para el tráfico de hachís entre Marruecos e Ibiza.


De esta transformación ‘radical’ que vive Baleares, el castellano está resultando ser una de las principales víctimas. Como muestra, un botón: Antich nombró como consellera de Trabajo y Formación y portavoz del Govern a Margarita Nájera, ex alcaldesa socialista de Calvià y una de las candidatas de Cristina Narbona a tener una Secretaría de Estado en el Ministerio de Ambiente, aspiración que quedó truncada por estar imputada en varios asuntos judiciales.

Nájera, de generosa sonrisa y buenas formas, lleva más de 20 años en Mallorca, pero es de origen vasco y, aunque asegura dominar el catalán, se siente más cómoda hablando en castellano que en la lengua vernácula. Así las cosas, los independentistas y los socios de Govern (PSM y ERC) montaron en cólera cuando la escucharon hablar en castellano. Fue tal la presión recibida que la portavoz se ha achantado (el Estatut balear declara que el archipiélago es bilingüe y ambas lenguas son oficiales) y ha prometido que a partir de ahora se dirigirá en catalán, aunque ya ha avisado: “Pronuncio el mallorquín como si fuera valenciano”.

Por si esto fuera poco, la alcaldesa socialista de Palma, Aina Calvo, acaba de abolir la modalidad del castellano en los Premios Ciudad de Palma, que en la etapa de la alcaldesa popular Catalina Cirer, se convocaron tanto en castellano como en catalán. Otra vez el fantasma de la lengua perseguida, la minoritaria, y la que habla la mayoría de la población (casi el 50% de los residentes tiene el castellano como lingua franca).

Tras el cambio de gobierno, el Hospital de Son Espases (Ver El Confidencial ), una de las grandes polémicas del verano de las Islas, también se ha quedado en el aire. Aún no se sabe qué pasará con un proyecto tan emblemático como imprescindible para los ciudadanos.

La situación de la televisión autonómica es igualmente digna de mención. IB3, cuyos primeros informativos se remontan a mayo de 2005, ha cambiado de director general. La ex número uno de la tele balear, María Umbert, ex jefa de gabinete de Jaume Matas, ha dejado su cargo para dirigir la Comunicación de Sol Meliá.

Al frente de IB3 el Pacte ha colocado a Toni Martorell, también ex jefe de Gabinete, pero esta vez de Maria Antònia Munar (flamante presidenta del Parlament). Martorell ha ordenado una purga mediática en toda regla y ya no queda ningún responsable de la etapa Matas. Incluso ha cambiado al Matías Prats de IB3, Jordi Calleja, al frente al informativo del mediodía, dándole una patada hacia arriba y nombrándolo director de Deportes. Baleares, como se ve, no es una excepción al control político de la TV.

Críticas a la presencia real

Otros cambios que explican la transformación de Baleares en el mes que lleva gobernando el Pacte han sido las declaraciones de ERC contra la presencia de los Reyes en el Palacio de Marivent o la paralización del proyecto de construcción de 200 viviendas de lujo a José Luis Núñez, ex presidente del FC Barcelona, en la fachada marítima de Palma (Ver El Confidencial ).

Mientras, en Ibiza, Xico Tarrés, ex alcalde de Vila (la denominación popular de la ciudad) y ahora presidente del Consell Insular de Ibiza, ha prometido que no habrá más autopistas en la Isla azotada por el hundimiento del buque Don Pedro. La Conselleria de Turismo ha impulsado una promoción turística de baja intensidad para demostrar que las playas afectadas por el vertido están más limpias que antes.

Los Matutes también están sufriendo con este cambio político. Estela Matutes, ex consellera de Vías y Obras de Ibiza, hija del ex ministro de Asuntos Exteriores, uno de los empresarios más poderosos de las Islas, ha visto cómo la Fiscalía de Medio Ambiente de Baleares ha presentado una denuncia contra el Plan Territorial de Ibiza y Formentera, por indicios de delito en su redacción y aprobación. La denuncia argumenta “presuntos delitos de tráfico de influencias, prevaricación, actividades prohibidas a autoridades y contra la ordenación del territorio en la elaboración y aprobación del Plan Territorial”.

Sin abandonar la isla pitiusa, la Dirección Insular de la Administración del Estado en Ibiza ordenó el cierre de la discoteca ibicenca Amnesia por “tolerar el consumo o venta de droga en el interior de los establecimientos”. Además, no le quedó más remedio que pagar una multa de 6.000 euros.

Joana Barceló. La moderada dirigente socialista continúa muy orgullosa de no construir ni un kilómetro de autovía en toda la Isla y de que Menorca sea Reserva de la Biosfera.

Las barbas de Matas

Y Matas, mientras prepara las maletas rumbo a Estados Unidos, continúa descansando en su apartamento de la Colònia de Sant Jordi, frente a la isla de Cabrera, donde los fotógrafos cazaron en bikini a Letizia Ortiz. Cuentan los lugareños que el ex president se ha dejado barba, al igual que lo hizo en el verano de 2005, mientras que Antich, al que se le conocía por sus pelos, aparece ahora muy afeitadito, como si la barba le recordara los malos momentos de su anterior etapa de president y le diera yuyu dejársela no fuera a traerle muy mala suerte.

En el PP balear, huérfano de Matas, que todavía ejerce la Presidencia del partido de las Islas hasta la celebración del Congreso de 2008, ya han surgido las primeras voces cuestionando el liderazgo de Rosa Estaràs, ex vicepresidenta del PP. Los cambios en Baleares no acabarán aquí. Las Islas seguirán dando mucho que escribir.

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martes, 14 de agosto de 2007

Aquellos años, estas mentiras... por Juan Carlos Girauta, Libertad Digital

El caso Xirinacs clama al cielo. A mediados de los setenta, el sacerdote pasó casi dos años sentado en la calle (en la calle Entenza, por más señas), frente a la cárcel Modelo de Barcelona, para exigir la amnistí­a. Estuve all­í con él, dejando correr las horas, en numerosas ocasiones. Algunos al pasar lo saludaban (los menos), otros lo insultaban (algunos más) y la mayor­a de viandantes lo ignoraban por completo. Casi todo el tiempo estuvo solo, y en d­ías especiales nunca nos juntamos con él más de cuatro personas.

A nadie debe sorprender la pasividad, la indiferencia general de la sociedad catalana en aquellos años. Quien les cuente lo contrario y pinte un cuadro de compromiso masivo con las libertades polí­ticas, miente. O no estuvo all­í por razón de edad y le han mentido sus padres, como a los vascos del poema de Juaristi. Alenté a Xirinacs porque lo creía un héroe. Hay más recuerdos agridulces.

En época de Arias Navarro, participé varias semanas, en verano y huido de casa (pues era menor) en la Marxa de la Llibertat, sonada –y ya legendaria– iniciativa para que cinco columnas recorrieran los pueblos de Cataluña exigiendo libertad, amnistí­a y estatuto. Mi columna se llamaba Abat Escarré. Cuando llegábamos a los pueblos del Maresme vistiendo nuestras camisetas ilegales (que comportaban detención y multa de cincuenta mil pesetas de la época), se organizaba un pequeño sarao de consignas y carreras con la Guardia Civil. Cierto es que la gente nos acogí­a, alojaba, alimentaba y animaba a continuar. Pero, ¿cuántas personas recorrimos realmente Cataluña a pie, jugándonos el tipo, aquel verano del 76? En mi columna éramos cinco. ¿Serán muy diferentes las otras? Lo dudo. Hipótesis: cinco columnas por cinco personas, en total veinticinco "luchadores por las libertades de Cataluña", que ese el t­ítulo con el que nos certificó para la posteridad y con su firma Ángel Colom, cerebro del cotarro. Los necios separatistas que me llaman fascista anticatalán en foros de internet o por la calle venderí­an a su madre por poder exhibir un certificado como ese, que guardo en casa por si un d­ía se me acaba el scottex.

En cuanto a Xirinacs, lo ignoraron, como decí­a, en la calle Entenza. Luego lo hicieron senador cuando tocó reinventar la historia reciente y simular que se le apreciaba mucho. Más tarde volvieron a olvidarlo y el sacerdote se tuvo que dedicar a vender sellos, literalmente. Por fin perdió el juicio y se declaró amigo de la ETA. ¡Y fue justo entonces, loco y filoterrorista, cuando devino un personaje valioso para los peligrosos sujetos que gobiernan y han gobernado Cataluña! Finalmente se ha quitado la vida, y sobre eso, naturalmente, guardaré silencio.

Juan Carlos Girauta es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

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Cataluña/Mossèn Xirinacs, José García Domínguez, Libertad Digital

La última vez que lo vi todavía seguía plantado delante de la puerta del Palacio de la Generalidad, en la Plaza de San Jaime. Durante un mes y pico el hombre permaneció allí, firme como una estatua, con el propósito de reclamarle a Jordi Pujol la redacción de un decreto proclamando la independencia, no recuerdo si de Cataluña o de los Países Catalanes. Ya anciano, con aquella eterna mirada suya de iluminado, completamente solo, ignorado por todos los turistas y paseantes que se tropezaban con él camino de las Ramblas o la Vía Layetana, convertido en un juguete roto por los mismos que antes lo habían izado a los altares laicos del antifranquismo, daba pena.

Pocos días después, supe por una de esas notas breves que los jefes de redacción de los periódicos remiten a la sección de Sucesos que había decidido abandonar la protesta indefinida y volver a casa. Al parecer, el motivo que lo obligó a desistir de aquel gesto absurdo fue que, a altas horas de la madrugada, un grupo de jóvenes lo agredió a patadas y puñetazos, antes de dejarlo tirado semi-inconsciente en el asfalto. Se trataba de una banda de moritos de la Plaza Real, que subió a su encuentro por la calle Fernando para robarle el reloj y la cartera.

Mossèn Xirinacs, que en momento de su suicidio padecía una enfermedad incurable, ya había emitido señales inequívocas de desequilibrio mental a lo largo de los últimos años de su vida. Ése es el contexto en el que habría que interpretar las famosas manifestaciones de apoyo a ETA y los otros muchos dislates que salpicaron sus intervenciones públicas más recientes. Triste víctima de sí mismo, al final ha terminado sus días llevando a la última consecuencia lógica la secularización del relato evangélico que inspira toda la cosmovisión nacionalista. Así, en la Historia Sagrada, al éxodo del Paraíso motivado por el pecado original lo sucede el sacrificio expiatorio en la Tierra, antesala inevitable del acceso al Reino de los Cielos.

Y en el catalanismo político, esa sublimación del panteísmo alimentada a diario por legiones de ex curas y ex seminaristas – Carod y Pujol apenas constituyen la punta del iceberg–, viene a ocurrir exactamente lo mismo. La icaria medieval que dio forma al Estado catalán independiente, ése que han inventado en sus manuales escolares, antecede a la epopeya ascética del combate contra los invasores bárbaros, preámbulo necesario de una nueva plenitud nacional en la que todos los ciudadanos de Cataluña seremos felices y comeremos perdices. ¿De qué extrañarse, pues, si un pobre demente ha tratado de emular el martirio de Cristo en nombre de la salvación eterna de Cataluña o si alguien aparentemente sano, como Jordi Pujol, lo ha tildado de "profeta" tras la aparición de su cadáver?

Que mossèn Xirinacs descanse en paz y que Dios nos coja confesados.


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Educación, instrucción y ciudadanía, por Xavier Pericay (ABC)


Como suele decirse, estaba escrito. Y en este mismo periódico. El ensayo apareció en el «ABC Cultural», el 17 de julio de 2000. Se titulaba «Borriquitos con chándal» e iba firmado por Rafael Sánchez Ferlosio. Entre las muchas reflexiones sobre la enseñanza publicadas en los últimos tiempos, la de Sánchez Ferlosio -recogida más adelante en «La hija de la guerra y la madre de la patria» (Destino, 2002)- sigue ocupando, sin duda, un primerísimo lugar.
Por varias razones, pero sobre todo porque fija con extrema claridad cuáles son las reglas del juego. Sostenía entonces Sánchez Ferlosio que toda enseñanza es necesariamente una enseñanza pública, puesto que los contenidos que transmite, al estar al alcance de todo el mundo, no pueden sino pertenecer al dominio de lo público. De ahí que sea el alumno quien deba ir a buscarlos en esa «tierra de nadie, en la que, por definición, surgen y están», y no, al revés, los contenidos los que «se presten a venir o a ser llevados o tan siquiera acercados al alumno».

Esas son, en efecto, las reglas del juego de la enseñanza. Lo son y lo han sido siempre. El problema es que, de un tiempo a esta parte -y ese tiempo originario cabe situarlo en España, como mínimo, veinte años atrás-, la pedagogía moderna se empeña en demostrar lo contrario; a saber, que la función de ese espacio público llamado escuela o instituto no es la de enseñar, sino la de educar. Por supuesto, quienes así peroran desde sus cátedras -y quienes, animosos, aplican la doctrina a pie de obra- no niegan que la instrucción sea necesaria; sólo rechazan su prevalencia. Y, al rechazarla en aras de una presunta educación integral del alumno, favorecen lo que podríamos denominar, siguiendo a Sánchez Ferlosio, la privatización de la enseñanza. Si no es el alumno quien debe esforzarse en alcanzar unos conocimientos, sino esos conocimientos los que deben ser acercados al alumno, sin que quepa exigir esfuerzo alguno por su parte, más allá del que resulta de la asunción o aceptación de una determinada moral -eso que algunos han bautizado ya, con evidente énfasis, como «la moral de la escuela»-, está claro que los centros de enseñanza renuncian «ipso facto» a la condición de espacio público y se convierten en una mera prolongación del ámbito privado, familiar. Y, en su defecto -un defecto cada vez más común, por cuanto las familias, en la medida en que ambos progenitores trabajan y los abuelos ya no suelen vivir en casa como antaño, han dejado de constituir a menudo un ámbito concreto-, ejercen -de grado o por fuerza, esa es otra cuestión-- una función vicaria, la de educar.

No hace mucho, Sánchez Ferlosio retomaba el asunto en las páginas dominicales de «El País» («Educar e instruir», 29 de julio de 2007). Aunque en esta ocasión su ensayo no versara sobre el carácter público de la enseñanza y su creciente y preocupante privatización, sino sobre el imperativo de separar los dos conceptos enunciados en el título, el fondo venía a ser el mismo. Puesto que la enseñanza pertenece al dominio de lo público, ha de consistir única y exclusivamente en la transmisión de determinados conocimientos. O, en palabras del propio Sánchez Ferlosio: «Los conocimientos que proporciona la instrucción, exentos de toda clase de orientaciones prácticas y juicios de valor, (...) no pueden ni deben, de ninguna manera, dejarse dirigir por ninguna finalidad educativa». De lo que se sigue, claro, que una asignatura llamada «Educación para la ciudadanía», con independencia incluso de cuáles sean sus contenidos -y no digamos ya de cuál sea el modo de enseñarlos-, representa, desde su formulación misma, un contrasentido. O no. Porque su introducción en el último ciclo de Primaria y su continuidad en la etapa de Secundaria mediante dos materias distintas, una que deberá impartirse en los tres primeros cursos y otra en el cuarto y último, se ajusta perfectamente a los criterios por los que parece regirse la enseñanza en España desde hace un par de décadas. Unos criterios en los que, si algo pesa, recordémoslo, es la educación y no la instrucción.

Así se desprende, por lo demás, de buena parte de lo dispuesto en el «Real Decreto de enseñanzas mínimas de la Educación Primaria» en relación con la «Educación para la ciudadanía» (BOE, 8/12/2006). Valga una muestra: «El aprendizaje de esta área va más allá de la adquisición de conocimientos, para centrarse en las prácticas escolares que estimulan el pensamiento crítico y la participación, que facilitan la asimilación de los valores en los que se fundamenta la sociedad democrática, con objeto de formar futuros ciudadanos responsables, participativos y solidarios. En este sentido, los planteamientos metodológicos deben ser atendidos con sumo cuidado porque serán decisivos a la hora de asegurar que el conocimiento de determinados principios y valores genere la adquisición de hábitos e influya en los comportamientos». Y lo mismo ocurre con los fundamentos teóricos -por así llamarlos- referidos a la propia materia y contenidos en el «Real Decreto de enseñanzas mínimas correspondientes a la Educación Secundaria Obligatoria» (BOE, 5/1/2007). Este fragmento, por ejemplo, tan ilustrativo: «La Educación para la ciudadanía contribuye al desarrollo de la competencia de aprender a aprender fomentando la conciencia de las propias capacidades a través de la educación afectivo emocional y las relaciones entre inteligencia, emociones y sentimientos».

De ahí que uno no pueda ni tan siquiera consolarse con el argumento de que toda asignatura está sujeta, al cabo, al uso -ien o mal intencionado- que haga de ella quien tiene la responsabilidad de impartirla. Ello es así, sin duda, en muchas materias, y de forma particular en aquellas que pertenecen al campo humanístico. Pero ninguna ha sido creada, como es el caso de la «Educación para la ciudadanía», con la voluntad expresa de reforzar la prevalencia de la educación -del sistema mismo, en una palabra-con respecto a la instrucción.

Habrá que ver, claro está, en qué para todo esto. Por de pronto, de lo que pueden dar de sí los libros de texto relacionados con la asignatura de marras ya vamos teniendo en estas mismas páginas puntual y sabrosa noticia -y a la vez, en según qué ocasiones, triste y preocupante- a través de las entregas dominicales de Álvaro Delgado Gal.

Pero, insisto: el problema no es la «Educación para la ciudadanía»; si esta materia fuera lo que no es -o sea, una estricta relación de contenidos que el maestro o el profesor se vieran en la obligación de transmitir a sus alumnos-, no creo que le quitara el sueño ni al más escéptico de sus exégetas. El problema es el marco en que se inscribe. Esa devastación de la enseñanza, de sus pilares tradicionales, originada por dos largos lustros de LOGSE y lo que llevamos de LOE. Así las cosas, la «Educación para la ciudadanía» no es más que la guinda, la coronación de la obra, la cobertura de aguas.

Lástima que el edificio, carente de fundamentos, se asiente prácticamente en la nada.

Xavier Pericay. Escritor.





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lunes, 13 de agosto de 2007

Las cartas de Lluis Maria Xirinacs (El Mundo)


LAS CARTAS DEL SUICIDA

Dejó una manuscrita, en su despacho de la Fundación Randa, fechada el 6 de agosto de 2007 y titulada 'Acto de Soberanía':

«He vivido esclavo 75 años en unos 'Països Catalans' ocupados por España, por Francia (y por Italia) desde hace siglos. He vivido luchando contra esta esclavitud todos los años de mi vida adulta. Una nación esclava, como un individuo esclavo, es una vergüenza de la humanidad y del universo. Pero una nación nunca será libre si sus hijos no quieren arriesgar su vida en su liberación y defensa.

Amigos, aceptadme este final absoluto victorioso de mi contienda, para contrapuntar la cobardía de nuestros líderes, masificadores del pueblo. Hoy mi nación se convierte soberana absoluta en mí. Ellos han perdido un esclavo. ¡Ella es un poco más libre porque yo estoy en vosotros, amigos!».

En la nota encontrada en su bolsillo, añadía:

«En pleno uso de mis facultades, marcho porque quiero acabar mis días en la soledad y el silencio. Si me queréis hacer feliz, no me busquéis. Si alguien me encuentra le ruego que, esté como esté, no quiera perturbar mi soledad y mi silencio. ¡Gracias!»

© Mundinteractivos, S.A.


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La crisis de Navarra dinamita el castillo confederal, por Pablo Sebastián - ABC


LA CRÓNICA DEL LUNES

Las crisis de Navarra y del PSOE forman parte obligada de la secuencia de disparates políticos que marcaron la legislatura que se inició con el diseño de un fantasmagórico castillo de naipes confederal por parte del sonriente arquitecto de fortuna que se llama José Luis Rodríguez Zapatero. Un aprendiz de brujo que dibujó la reforma del modelo del Estado y de los pactos de la Transición a través de una iniciativa, contra natura democrática y constitucional, en la que el PSOE y los nacionalistas más radicales —Esquerra Republicana de Cataluña, Batasuna, BNG y Bloc— se conjuraban en un acuerdo de corte confederal.

Se trataba de ofrecer, desde el Gobierno del PSOE, a los nacionalistas las más altas cotas de soberanía a cambio de su apoyo a la estabilidad del Gobierno, mediante una profunda reforma de los estatutos de las llamadas nacionalidades históricas —Cataluña, País Vasco y Galicia—, al tiempo que se negociaba con ETA su aterrizaje en este nuevo marco político y el final de su violencia, tras incluir en la pretendida reforma del Estatuto vasco tres concesiones políticas a la banda terrorista: el derecho a decidir el futuro de los vascos, la unificación de Navarra y del País Vasco, y el reconocimiento de la nación vasca, lo que se aprobó en la reuniones secretas de Loyola con ETA y PNV. Además, el Gobierno de Zapatero se comprometía a sacar de la cárcel a los presos etarras y a pagarles durante unos años un buen sueldo (1.500 euros al mes) para su reinserción social.

El modelo confederal autonómico facilitaba el aterrizaje de ETA en la vía política, y el Estatuto catalán se convertía en el ensayo general, el «Estatuto piloto», a imitar e incluso a superar luego por los gallegos y los vascos, respectivamente. Con todo ello, el presidente daba pruebas inequívocas de su audacia —o temeridad—, llegando incluso a burlar la Constitución por la vía de leyes orgánica que permitían colar los nuevos Estatutos, a la espera de su posterior refrendo por un controlado Tribunal Constitucional, lo que todavía está por ver.

El resultado que se esperaba de semejante plan, que el presidente Zapatero iba urdiendo e improvisando a medida que avanzaba la legislatura, era tan ambicioso como sorprendente: se cambiaba el modelo de Estado, sin pasar por una reforma constitucional, ETA dejaba las armas, el PSOE conseguía un pacto de hierro con los nacionalistas como paladín de la nueva España confederada, el PP se quedaba aislado en el conjunto del Estado y Zapatero pasaba a la Historia como el gran pacificador de ETA y arquitecto de la nueva España, completando su obra con una revisión de la Guerra Civil, de la Transición y de la historia del PSOE, lo que le permitiría quedarse en el poder veinte años más.

Pero en tan ingente obra el presidente necesitaba la complicidad del PSOE, un Gobierno sumiso, de los grandes medios de comunicación y el desvarío del PP, que, según los cálculos de La Moncloa, acabaría «echándose al monte» a la vista de la nueva situación. Para ello, Zapatero tenía que liquidar a los barones socialistas que fueron artífices de los pactos de la Transición, unos cesados en sus feudos por muy distintos motivos —Vázquez, Bono, Ibarra, Redondo, Simancas, Maragall, Puras, etcétera, y otros silenciados y sometidos al disfrute del poder, como González y Guerra, reformando a su favor el marco audiovisual español —que el PP fue incapaz de equilibrar en los tiempos de Aznar—.

La sumisión y debilidad de los miembros del Gobierno fue mucho más sencillo, y a la vista está en la crisis del desgobierno de Cataluña, donde el ex ministro Montilla y su ex colega Álvarez se reparten la responsabilidad en el disfrute del caos.

Pero el pretendido arquitecto Zapatero se olvidó de los inquilinos de su famoso castillo —de los españoles—, del edificio utópico y demencial que pretendía levantar. Y la fortaleza de sus sueños se comenzó a desmoronar en Cataluña donde, poco a poco —y aún le queda el frenazo del Tribunal Constitucional— comenzó a dar marcha atrás, cortando las alas y las cabezas de sus compañeros del PSOE, como ocurrió con Maragall —que ahora llama a Zapatero “acomplejado ante el PP»—, al que puso, en Cataluña, en manos de la Esquerra Republicana; como meses atrás había puesto a López, en el País Vasco, en manos de Batasuna; o en Navarra, a Puras en las de Na-Bai, lo que propició la derrota del PSOE en las elecciones municipales y encendió todas las alarmas del Palacio de la Moncloa de cara a la gran cita de los comicios generales. Sobre todo, una vez que ETA exigió garantías escritas del pacto de Loyola y atacó con sangre y fuego el aeropuerto de Barajas.

Y así, con grandes heridas abiertas en la convivencia nacional, en el seno del PSOE y en las Comunidades vasca y catalana que pretendía confederar, el presidente Zapatero se encuentra desconcertado y confundido ante las ruinas de su obra maestra. Y solo ante el peligro electoral que se le viene encima, mientras envía sus últimos correos a ETA para que no mate con el mensaje desesperado de que lo de Navarra y lo de Loyola todavía se puede recomponer —con una moción de censura y la vuelta a la negociación— si él gana las elecciones, lo que a pesar de todo y aunque ETA no mate está por ver y va a depender, en gran manera, de las próximas decisiones que adopte el Partido Popular.

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viernes, 10 de agosto de 2007

Rosa tatuada, por Luis María Anson (El Mundo)


CANELA FINA

Rosa Regàs hizo el gran sacrificio personal de aceptar la dirección de la Biblioteca Nacional para honrar a los españoles dedicándoles la alta sabiduría intelectual que la caracteriza. Nada más ocupar su puesto se dio cuenta del enorme problema que padecía la Institución cuya gestión la encomendaban: en la librería de la Biblioteca Nacional no se vendían los libros de Rosa Regàs. Tamaña ofensa a la cultura española no se podía tolerar ni un minuto más. Así es que ordenó que se instalasen sus obras completas entre las de Cervantes y Quevedo, débiles colinas ambos escritores junto al himalaya literario que es la eximia literata e inconmensurable novelista Rosa Regàs.

A continuación, y tras robustecer a la Biblioteca Nacional colocando en ella a asesores y paniaguados de su entorno, se quedó horrorizada al comprobar que la estatua de un derechista abominable, Marcelino Menéndez Pelayo, ocupaba lugar destacado en la Institución. Así es que tomó la decisión de relegar al oscurantismo al siniestro personaje que ofendía a la cultura española.

Dediqué yo el pasado mes de noviembre mi artículo de El Cultural a la coña marinera de la gestión política de Rosa Regàs, encumbrada por decisión zapateril a un cargo que sobrepasa no sé si más sus méritos que sus capacidades. Ahora varios articulistas de la más varia ideología se han lanzado en tropel a morder los tobillos de Rosa Regàs con motivo de unas manifestaciones «intelectuales» contra los medios de comunicación, propias del pensamiento profundo que siempre la ha distinguido.

En España hay una izquierda seria, coherente, liberal, constructiva, laica y necesaria. Hay también una extrema izquierda excluyente, sectaria y estalinista que refugia su totalitarismo en un sector del partido comunista. Y luego existe la izquierdona. Entre la izquierda y la izquierdona hay la misma distancia que entre una señora y una señorona.

La izquierdona española es el aumentativo de los errores y los defectos de la izquierda. Se mueve siempre entre tópicos, expresiones añejas, viejos clichés y estereotipos del siglo XIX. La verdadera izquierda siente vergüenza ajena de la izquierdona. Y bien, que diría Menéndez Pelayo. Rosa Regàs es tal vez la más caracterizada representante de la izquierdona española. Su gestión al frente de la Biblioteca Nacional ha sido abominable, según analistas objetivos de la vida política de nuestro país. Las manifestaciones que han provocado la repulsa de numerosos sectores de la sociedad española constituyen la esencia del pensamiento político y cultural de la insigne escritora. No se trata de un lapsus. A Rosa Regàs le parece asombroso que el lector español no forme cola ante las librerías para adquirir sus novelas. ¿Qué se puede esperar de gentes que no leen a Rosa Regàs? Semejante disparate no refleja otra cosa que la situación paupérrima de la cultura española.

Hace algún tiempo, antes de la victoria zapatética, Rosa Regàs afirmó que se iba a exiliar por la falta de libertad de expresión. Me atrevo a rogar a mis compañeros de profesión que no se ceben en el cachondeo con que envuelven a Rosa Regàs, no vaya a caer sobre España la inmensa desgracia de que se exilie. ¿Qué sería de la inteligencia española, de la vida intelectual de nuestra nación, sin el faro de Rosa Regàs que a todos nos ilumina con su sabiduría y su alta visión de la cultura?

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española

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Ahora España, por Arcadi Espada (El Mundo)

ZOOM

Los socialistas han redactado después de grandes retrasos la nueva Constitución de Radiotelevisión Española. El diario El País publicaba ayer el borrador, que ya está en manos de los grupos parlamentarios. Se comprende que hayan tardado. El texto es un ejemplo extraordinario de la espeluznante fraseología que maneja el partido gobernante y un backup revelador de todos sus complejos ideológicos, políticos y culturales.

Como corresponde al caso, su gramática es abyecta. La incapacidad de la actual dirigencia política, 100 veces probada, para redactar textos legales claros, concisos y eficaces resume su gestión. Esta nueva Constitución mediática tiene, además, el valor de anticipar los contenidos de la Educación para la Ciudadanía, la asignatura instructora, que no instructiva. La coincidencia no ha de extrañar a nadie que conozca la formación intelectual de la dirigencia: escuela y medios son eslabones de lo que el obvio y desdichado Althusser llamaba los Aparatos Ideológicos del Estado. Respecto a ellos el discurso socialista es claro. No basta con que Escuela y Medios provean de experiencia: ¡qué cosa vacua sería la experiencia sin (nuestra) ideología!

El fatuo dirigismo y la ridícula cosmoambición de una dirigencia que aprovecharía el manual de funcionamiento de la nevera para establecer el imperativo categórico, cristaliza en la propuesta del citado borrador de que los medios de comunicación públicos contribuyan a la construcción de la identidad de España. El redactado textual es enormemente gracioso, porque añade en seguida que se trata de la identidad de España «como país», y no como rinoceronte. Por supuesto yo no tengo siquiera una idea mínima de lo que sea la identidad de España. Aunque no soy ejemplo, porque yo, cada mañana, me levanto y me palpo. Pero lo que me asombra del valiente redactor es que declare, primero, que él sí lo sabe, que sabe que está por construir y que se va a poner de inmediato a la tarea, alistando a un tropel de guionistas. Y todo ello en el marco de un documento cuyo máximo enfatismo inútil habría de ser el acatamiento a las leyes vigentes.

Como tantas otras veces, deslumbra el adanismo. A los perezosos, por cierto, se les llama adanes. Tras haber ganado la guerra civil, impuesta la ruptura y resuelta la lucha contra el terrorismo ahora van, televisión mediante, a por el problema de España. Sin saber que son ellos.

(Coda: «La Corporación RTVE asume [sic] el objetivo y la obligación, como [sic] servicio público, de contribuir a la construcción de la identidad y la vertebración de España como [sic] país, asumiendo [sic] la existencia de las diversas nacionalidades y regiones que la integran y que constituyen las Autonomías reconocidas por la Constitución Española». Borrador del primer Mandato-Marco de RTVE, presentado por el Partido Socialista. Sic nuestros.)

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Invertir en proporción al PIB aumentará las desigualdades, de Agustín Yanel en El Mundo

La revista 'Temas', que preside Alfonso Guerra, advierte de ese peligro si se aplica la fórmula que solicita Cataluña

La revista Temas para el debate, que preside el diputado socialista Alfonso Guerra, hace una seria advertencia en su último número: si se aplica la propuesta de que el Estado invierta recursos públicos en las distintas comunidades autónomas en proporción a lo que éstas contribuyen al Producto Interior Bruto (PIB) español, como reclama Cataluña, aumentarán las desigualdades entre los territorios y mejorarán las comunidades más ricas en perjuicio de las que están menos desarrolladas.

Esta publicación, considerada el referente ideológico del guerrismo, alerta en su editorial de agosto del peligro que existe de aumentar las diferencias entre unas comunidades y otras en el caso de que no se apliquen medidas para compensar la desigualdad territorial.

En el último número de Temas se recuerda que España se está acercando a la media de renta de la Unión Europea, pero también se indica que existen muchas diferencias entre unas comunidades y otras. Como ejemplo, el editorial aclara que siete autonomías se sitúan por encima de esa media, mientras el resto está por debajo, algunas en niveles tan alarmantes como Extremadura (30 puntos menos), Andalucía y Castilla-La Mancha (20 puntos) o Galicia y Murcia (15 puntos).

Si a esa situación se une que España va a dejar de percibir ayudas de los fondos de cohesión europeos, «lo previsible» es que aumenten las desigualdades y el nivel de bienestar entre unas counidades y otras, según la citada revista.

El número de verano de la revista dedica sus páginas de debate a analizar si han aumentado las desigualdades entre las distintas comunidades autónomas del Estado español. Incluye artículos de 12 expertos y su conclusión editorial es bien clara: si el crecimiento económico de las regiones se deja al libre juego del mercado, sin introducir elementos que compensen y reequilibren esa situación, en España se producirá «un mayor crecimiento en las regiones más prósperas y un desarrollo más lento en las menos favorecidas».

Frente a ese peligro, desde la revista Temas se pide a la izquierda que defienda los criterios de «cohesión territorial como parte del ideario solidario», lo que debiera obligar a la necesidad de poner en práctica «políticas compensatorias» para combatir esas posibles desigualdades, que cuenten con recursos suficientes administrados por el Gobierno central «con criterios de cohesión social, redistribución y equilibrio».

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¿Quiénes son los perdedores, Don Ian? Pio Moa, El Economista

Dice Ian Gibson, atacándome de paso, que el PP debe ser “magnánimo con los perdedores de la guerra civil”, con los cuales el franquismo se portó “muy cruelmente”. Cabe preguntar, ¿quiénes son esos perdedores? ¿Serán, por ejemplo, los anarquistas y poumistas masacrados por los comunistas en Barcelona, en mayo de 1937? ¿Serán los campesinos de Aragón fusilados, según afirman los comunistas, por negarse a entrar en sus comunas? ¿Serán los numerosos fusilados por los comunistas, y luego los comunistas fusilados o entregados a Franco por los autores de la rebelión de marzo de 1939? Estos sí son auténticos perdedores, los auténticos olvidados en este carnaval de “memoria” montado por, entre otros, tantos personajes que hicieron su agosto durante la dictadura.

Como el señor Gibson ignora puntos básicos de nuestra historia, ni más ni menos que otros historiadores progres, le daré tres pistas:

a) Hubo un terror en los dos bandos durante la guerra, causado por el derrumbe de la legalidad republicana; y esa legalidad la destruyeron las izquierdas y los separatistas, no Franco.

b) Los vencedores juzgaron y fusilaron a numerosos enemigos suyos al terminar la guerra. Con certeza cayeron inocentes, pero también muchos asesinos realmente sádicos. ¿Cuáles de ellos fueron las víctimas para usted? ¿O lo fueron todos?

c) La represión franquista no fue más cruel, sino bastante menos, que la practicada por los comunistas en cualquier sitio donde hayan triunfado. Menos, incluso, que la aplicada en Francia o Italia al acabar la guerra mundial, puesto que allí se resolvió casi siempre mediante asesinatos, sin juicio. ¿Fueron los juicios franquistas poco garantistas? Depende. Comparados con los actuales, sí, pero comparados con los de los “tribunales populares” fueron un verdadero avance.

Tres pistas para que mediten los adrede desmemoriados de la “memoria”.

Publicado en El Economista, 8 de agosto 2007. Véase el blog de Pío Moa.

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miércoles, 8 de agosto de 2007

La golfería de Gibson, por Pío Moa (Libertad Digital)

Con típica golfería dice Ian Gibson sobre la memoria histórica: "La ley va bien encaminada pese a la crispación que produce el Partido Popular, por ejemplo diciendo que somos unos revanchistas. Yo viajo mucho por España y no veo sed de venganza, sino sed de justicia de restitución y derechos, es una cuestión de decencia humana".

En parte es cierto. A pesar de todo el veneno y el rencor involucrado en las campañas de los carroñeros, la gente en España, la gran mayoría, no tiene sed de venganza. Pero habría que preguntarse qué derechos, qué restitución y qué decencia. Toda la campaña se basa en la presunción de que los muertos izquierdistas y separatistas luchaban "por la libertad", "por la democracia" y "por la república", cuando fueron ellos, indiscutiblemente, quienes arruinaron la legalidad republicana y lo que ella tenía de democrática, y combatieron bajo la protección y la dirección de Stalin, el adalid de las libertades. Hoy no cabe la menor duda al respecto para cualquier persona medianamente documentada. ¿Y qué decir de las masacres entre los propios izquierdistas, qué decir de esos "perdedores" de los que nunca quieren acordarse?

Lo que hay que restituir, los derechos que hay que defender, la decencia que hay que imponer, son los de la verdad histórica, tan maltratada por los gibsons, los prestons, los juliás, los viñas y tutti quanti. Es una cuestión de salud social, nada menos.

La izquierda tiene una clara conciencia de la importancia del pasado como condicionante del presente, y lo explota de forma masiva, falseándolo sin escrúpulos. En cambio la derecha quiere "mirar al futuro", como insiste el patético, y ojalá fuera solamente patético, PP de Rajoy. ¡Qué verá, el hombre, en el futuro, quizá una gigantesca poltrona!

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Se queja Gibson de que mis libros "hacen mucho daño". Cierto, les hacen mucho daño a ellos. Pero no a la verdad. A menos que puedan demostrar que mis tesis son falsas. A ver si de una vez se ponen a la tarea, en lugar de destilar su habitual veneno inquisitorial o chequista.

Enlace al blog de Pio Moa

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