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jueves, 5 de julio de 2007

Innovación, ¿es tarde?, por Juan V. Sánchez-Andrés, Expansión


El declive del sector inmobiliario va siendo una realidad aceptada a pesar de las inercias que condicionan nuestra racionalidad económica, generando resistencia a los cambios, y del hecho de que se trata de un escenario que no interesa a ningún sector decisorio de la población.

Habíamos construido un esquema en el que casaban las piezas, a veces con dolor (baja productividad, salarios bajos, bajo nivel formativo) pero satisfactorio si a las realidades materiales se sumaban los intangibles mediterráneos en calidad de vida que nos aportaban nuestra cocina, nuestro sol y nuestros bares. No es que fuera una posibilidad incierta ni el resultado de una catástrofe natural, estábamos avisados, pero vivíamos bien así y esperábamos que el círculo virtuoso se prolongara indefinidamente. Pero ha sido que no.

En esta tesitura lo recomendado y esperable es tener un plan de contingencia o plan B sobre el que transitar. Nada debería impedir tenerlo máxime contando con la caja hecha a base de crecimientos de dos dígitos en los años pasados. Pero ¿hay plan B? La respuesta rápida es que sí: desinvertir rápidamente pero con discreción para evitar sembrar la alarma y precipitar el batacazo.

Hasta donde se pueda se buscan activos refugio, y si no se puede, o se tienen ganas de marcha, se hace el camino hacia la Europa del Este, nueva tierra promisoria de ayudas europeas. Pero, ¿esto es un plan B? Pues no. Esto es lógica financiera; en lo que se refiere a estructura productiva, la casa sin barrer.

Entonces, ¿no hay plan B? Contestar a esta pregunta no es trivial si se aspira a emitir una opinión que no sea descalificada desde una diversidad de intereses. Si se me permite el ejemplo con sentido figurado: ¿quién osa perturbar la paz del enfermo moribundo con chácharas? ¡Por lo menos, dejarle morirse en paz! En sentido más real: ¿quién osa arriesgar las cotizaciones en un momento crítico de la economía? ¡Por lo menos, dejar que el frágil equilibrio se consolide! Así que lo oportuno es establecer un marco sistemático y utilizar análisis externos que no podrán fácilmente ser calificados de tendenciosos.

Con respecto al marco, es una obviedad decir que cualquier dirección competitiva de la economía productiva tendrá que estar basada en la innovación. Con respecto a los análisis externos, tenemos la suerte (o la desgracia) de contar con el EIS (European Innovation Scoreboard) que se realiza sistemáticamente desde hace varios años bajo los auspicios de la UE y que ha venido comparando indicadores del posicionamiento con respecto a la innovación de países de la antigua Europa (15), de la nueva Europa (25) y de otros países, limítrofes o no.

Los datos estan, exhaustivamente, a disposición de cualquiera en Internet. Y el panorama es desolador. En breve: en el EIS de 2003 (incluyendo la Europa de los 15) nuestra posición se encontraba por debajo de la media pero con tendencia a mejorar. Esta posición se mantenía en el EIS 2004 pero con un matiz decepcionante al incluirse los países de la ampliación al Este.

No hay ‘plan B’
Una previsión optimista hubiera apuntado a que el efecto media nos hubiera beneficiado impulsándonos hacia arriba. Pero no fue así, nos quedamos donde estábamos. En el EIS 2005 perdimos netamente posiciones yéndonos al grupo de países que además de estar por debajo de la media estaban decelerando. Posición que se confirmó en el más reciente EIS 2006. Sonsacando lo más significativo tiene sentido reseñar la afirmación del EIS 2005, según la cual no se espera convergencia al corto. Si se extrapola, sólo se espera que Hungría, Eslovenia e Italia puedan alcanzar la media europea en veinte años.

Para otros países (entre ellos, España) se presupone que tomará más tiempo, en algunos casos hasta cincuenta años. Habría que añadir otra suposición consistente en que los que van por delante, mientras, se queden parados. En pleno apogeo de la alonsitis, nadie ignora el significado de arrancar desde una mala posición en la parrilla de salida. Por tanto, se puede concluir que en lo que tenga que depender de la innovación, ni hay plan B ni es previsible la improvisación de uno a partir de estos mimbres. Todo ello, salvando, lógicamente las excepciones puntuales sin relevancia estadística.

Puede concluirse que han fracasado tanto la iniciativa pública como la privada en la previsión de un futuro que resultaba esperable. Ahora tocará pechar con las consecuencias de esa imprevisión. No todo será negativo porque automáticamente se pondrán en marcha, ya se han puesto, mecanismos de darwinismo empresarial conducentes a la supervivencia de los más aptos con la exclusión de aficionados, oportunistas y amigos del pelotazo.

Juan V. Sánchez-Andrés. Catedrático de Fisiología.

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1 comentario:

Roberto Carballo dijo...

Las crísis son buenas para hacer lo que hay que hacer. Cuando todo va bien, se hacen las cosas como vienen, y no importa demasiado acertar o equivocarse. Lo bueno llega cuando aparece la "posición depresiva" en terminología de Klein (Melanie, por supuesto). Todo eso se puede ver en mi weblog: www.robertocarballo.com Un abrazo y agradezco su comentario, Roberto Carballo. Aldebaran Innovation