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sábado, 16 de junio de 2007

La verdadera naturaleza de Hamas, por Gustavo de Arístegui en El Mundo



CONVULSION EN ORIENTE PROXIMO: La opinión

Cuando Hamas ganó las elecciones legislativas palestinas era fácil prever que se produciría un rosario interminable de tragedias y de desgracias. El Movimiento Islámico no ha renunciado a los crímenes terroristas, sigue sin reconocer al Estado de Israel y tampoco ha reconocido la legitimidad de las anteriores autoridades palestinas.

El Cuarteto de Madrid -EEUU, la Federación Rusa, la UE y, por primera vez en la historia del Proceso de Paz, la ONU- impuso justamente al Ejecutivo de Hamas tres condiciones muy claras para que pudiera convertirse en interlocutor y recibir ayuda y cooperación internacional. Las tres exigencias aún no han sido cumplidas: la renuncia al terrorismo, el reconocimiento del Estado de Israel y la aceptación de los acuerdos firmados con Tel Aviv por las anteriores autoridades palestinas.

Muy lamentablemente, un coro nada pequeño intentó presionar al Cuarteto y a otros gobiernos del mundo para que aceptasen la interlocución de Hamas sin condiciones, lo que no deja de ser un disparate y una inmensa irresponsabilidad política. Algún diplomático occidental destinado en Jerusalén me llegó a decir que muchas ONG europeas -y bastantes españolas- se habían mostrado indignadas cuando se impusieron las más que razonables e imprescindibles exigencias citadas más arriba. Sigue siendo incomprensible por qué desde posiciones supuestamente progresistas se sigue sintiendo fascinación por el islamismo radical que alimenta ideológicamente al terrorismo yihadista.

Una organización como Hamas no iba a renunciar a su objetivo fundamental, el control total de los territorios palestinos, porque el terrorismo es un empeño intenso y global por el poder absoluto, aunque algunos importantes intelectuales europeos digan que sólo se trata de nihilismo o de un culto a la muerte.

En consecuencia, es totalmente ilógico pensar que una organización terrorista fuera a compartir el poder con un partido político legítimo. Así, Hamas se ha dedicado de manera intensa a perseguir y destruir a Al Fatah. Ha conseguido arrinconar a los palestinos moderados en Gaza y domina, de facto, la práctica totalidad de la Franja. Muchos especulan con que ahora va a lanzarse a la conquista de Cisjordania, donde ha tenido siempre menos influencia.

Por ello, hoy hay que preguntarse dónde están los moderados de Hamas. ¿Acaso no era distinto Ismail Haniya de los dirigentes afincados en Damasco, como algunos analistas de salón preconizaban? ¿O es que acaso el Hamas de Gaza mata de manera distinta al de Damasco? ¿O que unos hablan y disparan y otros sólo disparan?

A todo esto hay que tener muy en cuenta la revelación hecha por el Gobierno egipcio de que Al Qaeda pudiese estar tras los más recientes y sangrientos enfrentamientos. Es cierto que la cúpula del grupo de Osama bin Laden había acusado a Hamas de contaminarse con la democracia occidental, pero la realidad es que nunca renunció a controlar y dominar el Movimiento Islámico, al que considera como uno de los ejes fundamentales de su acción criminal en Oriente Próximo.

Todo esto se inscribe dentro de una nueva estrategia. Se están intensificando, en consecuencia, los intentos de infiltrar y dominar organizaciones terroristas yihadistas que no están en la órbita de Al Qaeda. En otros casos, como el del Líbano, han montado nuevos entramados terroristas como Fatah al Islam, que ha sido el trágico protagonista de las matanzas en el campo de refugiados palestinos de Nahr al Bared. Estos hechos no deben ser considerados como elementos aislados, sino que tienen una clara y preocupante conexión que la mayoría de gobiernos y analistas occidentales no alcanza a entender. Este nuevo brote de violencia en Gaza, que se puede previsiblemente extender a Cisjordania, pone de manifiesto muy claramente la verdadera naturaleza, intenciones y objetivos de Hamas, que no difieren en absoluto del de los de otros grupos terroristas yihadistas. Pero, a pesar de las evidencias palmarias, hay quienes han decidido seguir negando de manera insistente la realidad.

Sin embargo, tampoco conviene olvidar que la secular Al Fatah y el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Abú Mazen, son, lamentablemente, cada vez más débiles. Por sus propios errores, pero también por el estancamiento del proceso de paz desde el asesinato del primer ministro israelí Isaac Rabin, en 1995. A todo esto, la debilidad del actual Gobierno de Tel Aviv no ayuda a clarificar la situación.

Ahora, sólo espero que aquellos que en su día rompieron la unidad de acción del Cuarteto vuelvan al redil y contribuyan con sus presiones a embridar definitivamente a Hamas. Puestos a pedir, sería deseable también que Occidente en general y Europa en particular fuesen más conscientes de que la ideología del islamismo radical y el terrorismo yihadista son un gravísimo riesgo para nuestra paz y estabilidad, puesto que no se trata de movimientos espontáneos ni intrascendentes, sino de fenómenos que, a pesar de su heterogeneidad, son capaces de coordinarse de forma peligrosa.

El error de diagnóstico y la irresponsable ignorancia de los riesgos podría muy bien ser el primer paso hacia algunas muy graves consecuencias, como la derrota de Occidente en trascendentales batallas por la libertad. Esperemos que no.

Gustavo de Arístegui es diplomático y portavoz de Exteriores del PP en el Congreso.

© Mundinteractivos, S.A.

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