Blogoteca: mayo 2007

jueves, 31 de mayo de 2007

Mayo, 1937: la desmemoria histórica, por Fernando García de Cortázar (El Mundo)




TRIBUNA LIBRE

No hace falta acudir a las últimas películas bélicas de Clint Eastwood para saber que con la conmemoración de ciertos sucesos trágicos puede obtenerse el efecto contrario al públicamente confesado. Ha ocurrido así demasiadas veces. A menudo, los monumentos, los cenotafios, los minutos de silencio, hilvanados de manera afectiva y dolorosa, al abrigo de dudas y revisiones, no dicen: para que no olvidemos, sino que dicen: para que no recordemos. No son una requisitoria para conocer y dar a conocer los hechos en su incandescente realidad. Son una selección parcial y autocomplaciente de los acontecimientos.

Hablo de la frágil frontera que hay entre la conmemoración y el olvido, entre el culto a los muertos y la tergiversación del drama que se llora, porque, desde hace tiempo, la sociedad española vive la inflación de una memoria que se ha designado a sí misma con el benevolente adjetivo de histórica. Una pasión retrospectiva que nos ha conminado a la rememoración obsesiva de la Guerra Civil. Y no para despertar tras la amnesia, como dice la izquierda intelectual y política, sino para consagrar una visión profundamente maniquea y distorsionada de los acontecimientos.

Luz deslumbrante de romanticismos, nada es más fácil hoy que entender el periodo 1936-1939 como una guerra entre un único culpable, encarnación del mal y el fascismo, y una riquísima legión de inocentes, encarnación del bien y la democracia. Nada más cómodo que trazar una línea divisoria entre los crímenes cometidos en uno y otro bando: mientras en el franquista serían el resultado de una calculada política de exterminio, en el republicano se diluyen en una supuesta reacción del pueblo oprimido. Nada más fácil que hacer del bando acaudillado por Franco un monolito de lo grotesco y lo asesino. O sugerir que las iglesias sólo eran atacadas cuando los fascistas las utilizaban como fortalezas.

Digámoslo una vez más: identificar la democracia con los republicanos es, además de un mayúsculo anacronismo, una gran falla histórica. Socialistas, anarquistas, comunistas y revolucionarios del POUM no combatieron en defensa de la legalidad republicana -que consideraban de papel-, sino por la construcción de una sociedad y un país distinto al demoliberal de 1931. Lucharon por una revolución, ilusión que no sólo acompaña su historia, sino que es constitutiva de ella. Todos ellos, además, siempre se gloriaron de lo que querían ser y, por consiguiente, llegarían a ser.

En el siglo XIX, el ejército inglés tenía una compañía que recogía los huesos de los campos de batalla europeos para molerlos y usarlos como fertilizante. Conjurar la faceta revolucionaria de un sinfín de combatientes republicanos no significa borrarles el rostro, arrebatarles el nombre y la promesa, negarles su ser y sus siglas, hurtarles su alma prometeica. No implica convertirlos sólo en abstractos defensores de aquello que siempre fue objeto de sus detracciones: el universo burgués. Supone también reutilizar la fisonomía democrática que les dibujamos como fertilizante de nuestras actuales refriegas políticas.

Ni que decir tiene que este revisionismo sentimental, a base de mentiras descaradas, es un factor utilísimo para la izquierda hoy en el poder (que ha sido quien ha lanzado la ofensiva). Sobre todo porque se declara única heredera de una tradición y un pasado que se presenta como valor intrínseco, como nueva religiosidad. Sobre todo si, felizmente, se logra identificar a la derecha actual con el negro fantasma del franquismo. Como si disfrazarnos con las máscaras del ayer o responsabilizarnos los unos a los otros de fusilamientos y bombardeos equivaliera a establecer los hechos y situarlos en su contexto. Como si decir que la narración de la Historia corresponde a la ley fuera algo tan inofensivo como una vuelta en un tiovivo. Recuérdese el exilio. Recuérdense los fusilamientos franquistas. Recuérdese Guernica. Hágase contrición. Pídase perdón.

Sólo podremos enfrentarnos a la verdad que se oculta tras el luto nacional liberándonos de las abstracciones. Sólo haremos justicia a los combatientes si los recordamos tal como fueron, si escribimos su nombre, todos los nombres, yendo hasta el final del drama.

Pero la vía de la memoria histórica es otra. Lo documenta el silencio que ha rodeado al mes de mayo en el aniversario de los violentos combates en Barcelona entre anarquistas, miembros del POUM y comunistas. Porque los sucesos de mayo de 1937 son más importantes de lo que podrían parecer a simple vista. Separan la realidad del mito y reflejan dos hechos sobre los que existe un claro consenso historiográfico. Primero: la República que nació el 14 de abril de 1931 había muerto antes de que acabara la Guerra Civil. Segundo: en el bando republicano, bajo el estandarte unificado de su carácter resistencial al fascismo, además de la llama apagada de una izquierda liberal, latía un volcán de pequeñas repúblicas revolucionarias y de poderes que se ejercían a punta de fusil, con su séquito de violencias y de asesinatos. Un volcán de fuerzas heterogéneas, hostiles unas a otras.

No hay mejor testigo de lo primero que Manuel Azaña. Tentado por el abandono ya en 1936, después de comprobar que la crueldad y la venganza, «hijas del miedo y la cobardía», también definían su propio campo, el presidente de la Segunda República vivió, paralizado y sitiado en Barcelona, los sucesos de mayo. Leyendo sus diarios se da uno cuenta de la gravedad de la Guerra Civil para aquellos a quienes no les parece la aurora de un nuevo día, sino el crepúsculo del anterior. En su Cuaderno de la Pobleta, el 20 de mayo de 1937, refiriéndose al histérico espectáculo revolucionario que le ha ofrecido la ruidosa ciudad Condal, escribe Azaña: «Aquí no queda nada: gobierno, partidos, autoridades, servicios públicos, fuerza armada: nada existe.»

Testigo de lo segundo fue Orwell. Tras el liberal que ha querido gobernar con un buen discurso, el último romántico. Los días del fascismo estaban en su apogeo y Orwell no lo duda ni un segundo. Si viaja a España como miliciano es para luchar «contra el fascismo». Si se le pregunta por qué, contesta que «por simple decencia». Pero, después de la persecución que, como miembro del POUM, sufre en Barcelona, vuelve a Londres con la convicción de que la contienda española es un fraude. Orwell sabe bien lo que dice. Es uno de los rarísimos intelectuales comprometidos del siglo XX que es capaz de ver y que coloca la realidad por encima de la abstracción. Siguiéndole escuchamos los pistoletazos de una sindical contra otra y descubrimos parte del papel desempañado por el Partido Comunista que, tras la máscara de la autoridad pública y el orden republicano, efectúa la conquista del poder y la confiscación de la libertad.

Siguiéndole, vemos cómo se deshace el resorte político del antifascismo y cómo los servicios soviéticos crean un doble fondo de prácticas policíacas, con sus procedimientos, sus agentes y sus prisiones independientes del Estado. Toda la represión, que liquida a los revolucionarios del POUM y quebranta el entusiasmo anarquista después de las sangrientas jornadas de mayo de 1937, llevaría el inconfundible sello comunista: las acusaciones, la falsificación de testimonios, las confesiones obtenidas por medio de la tortura, los asesinatos.

No se trata -un ejemplo- de elevar el asesinato de Nin, líder del POUM, al grado de mayor crimen de la Guerra Civil. Se trata -por seguir con el mismo ejemplo- de no repetir el desinterés respecto de la verdad que mostró el jefe de Gobierno Negrín cuando a la pregunta de su ministro Irujo «Nin no ha aparecido», contestó: «¿Qué importa? Es uno más.» Se trata de no borrar el rostro de la guerra en el bando republicano bajo un amplio y único colorete de pasiones democráticas.

Antes, los que no aprendían de la Historia tenían que repetirla. Pero eso fue así solo hasta que descubrimos la forma de convencer a todo el mundo, incluso a nosotros mismos, de que la Historia nunca sucedió. O de que sucedió de la manera más conveniente a los propios fines. O, mejor aún, de que, en cualquier caso, la Historia no importa más que para hacer un discurso de bajo nivel intelectual con el que dar un ladrillazo al adversario político o prolongar el exabrupto victimista.

Época extraña la que vivimos hoy en España. Dondequiera triunfan las filosofías del doble pensamiento y, con ellas, ese romanticismo de mala ley que prefiere sentir a comprender, como si ambas cosas pudieran separarse. Es esta una época en la que la izquierda intelectual y política denuncia el fascismo del pasado y reviste al comportamiento totalitario de Otegi y compañía con los halagos de la urna electoral. Época de doble moral y doble palabra. Época, en fin, de maltrato a inteligencia, en la que se manipula el pasado y se nos hurta el presente.

Vivimos en un tiempo en el que hemos visto cómo el presidente del Gobierno, al igual que Negrín en 1937, puede dedicarse al servicio de la ignorancia cuando es profunda la necesidad de ilusión.

Fernando García de Cortázar es catedrático de Historia Contemporánea. Ha publicado recientemente Los perdedores de la Historia de España (editorial Planeta).

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Adiós del exPresident/ La vida secreta de Pasqual Maragall, por José García Domínguez

En 1967, Oriol Maspons, un buen fotógrafo de aquella época logró esta instantánea del alcalde José María Porcioles, recibiendo a Copito de Nieve. Tantos o mejores cuidados recibía del franquismo el hoy quejumbroso y defenestrado por los nacionalistas, Pasqual Maragall. Entonces se escribía Pascual. El texto que sigue es de José García Domínguez, publicado en Libertad Digital.


"Soy catalán: siempre estoy con los que mandan."
Xavier Cugat, Rey de la rumba

Lo que sigue es cierta frase extractada de la carta de despedida de Pasqual Maragall i Mira como presidente del Partido de los Socialistas de Cataluña. Carta que todos los periódicos, radios y televisiones de Cataluña reproducirán hoy con contenida emoción. Reza así: "Se podría decir que ha tenido que ser el centroizquierda catalán el que ha completado los proyectos de los herederos de la Lliga."

Lo que continúa es un fragmento de un artículo publicado en Libertad Digital el 20 de Noviembre de 2005. Escrito del que ni un solo periódico, radio o canal de televisión de Cataluña se hizo eco en su día -ni después-; y que tampoco ni un solo periódico, radio o televisión de Cataluña mencionará hoy, ni nunca. Esto narraba:

Pasqual Maragall fue el único de los centenares de miles de conspiradores antifranquistas de Barcelona que no se bebió una botella de champán –la voz "cava" aún no se había inventado– el 20 de Noviembre de 1975. Él mismo evoca aquella jornada histórica: "Tenía 34 años, militaba en Convergència Socialista de Catalunya y trabajaba en el Gabinete Técnico del Ayuntamiento de Barcelona. Ese día recuerdo la percepción de un Ayuntamiento dividido entre los que mostraban su tristeza y los que debíamos contener una emoción inmensa. Bajamos a celebrarlo a la Plaza de Sant Miquel."

Tan sobria celebración de una emoción inmensa únicamente se comprende al saber del asedio, persecución y hasta tortura que padeciera Pasqual Maragall a manos de los sicarios del dictador. Eso, a pesar de que el natural discreto de nuestro president preferiría ahorrarnos a los catalanes los pormenores del calvario al que fue sometido por Franco. De ahí que pocos hayan acusado recibo de que el alcalde Porcioles, mano derecha del Caudillo en la Ciudad Condal y hombre de su máxima confianza, humilló a Maragall obligándolo a integrarse en la elite de la elite de su equipo de asesores personales –el sanedrín de veinte validos designados a dedo que respondía por Gabinete Técnico–. Aunque aquella afrenta de los totalitarios apenas supuso el principio de su dramático vía crucis. Porque, poco después, en el colmo del sadismo, Maragall fue forzado por los fascistas a continuar cobrando su sueldo mensual íntegro durante los dos años de excedencia que llenaría reflexionando en Nueva York, entre 1971 y 1973.

Es más, a tal extremo llegó la ira inquisitorial del fascio contra el joven luchador socialista que Franco hubo de violar sus propias leyes para lograr que el dinero llegase puntualmente a Manhattan cada primero de mes. Ocurre que sacar de España tales sumas hubiera supuesto incurrir en un delito de fuga de capitales para quien lo intentase. Razón de que los verdugos a las órdenes del sátrapa ferrolano ordenaran a más de media docena de altos cargos del régimen en Barcelona remitir de forma individual giros periódicos de divisas al expatriado; así, entre todos, completaban los haberes de su nómina sin violar la Ley de Cambios franquista. Ese fue el cruel modo elegido por el autócrata para perseguir y atormentar al sufrido militante clandestino, incluso al otro lado del Atlántico. Por lo demás, tan profundas han sido las secuelas psicológicas padecidas por Maragall tras el siniestro acoso que, a causa del estrés, hasta ha olvidado donar aquel dinero a los contribuyentes barceloneses. Ni aunque fuera actualizándolo a una tasa de sólo el tres por ciento.

Nota bene: "Todos estos que ahora entran en el constitucionalismo estaban bien lejos de la lucha de los comunistas para sacar a Franco y establecer la democracia", Pasqual Maragall, en un homenaje institucional a otro antifranquista.

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miércoles, 30 de mayo de 2007

El silencio de Dios, por Pedro G. Cuartango (El Mundo)


TIEMPO RECOBRADO

Hace algunos años, una cadena de TV planteó un debate sobre la existencia de Dios. Tras escuchar las intervenciones de los invitados al programa, el público votó mayoritariamente que Dios existe.

El biólogo y evolucionista británico Richard Dawkins acaba de publicar un libro titulado El espejismo de Dios, en el que pretende demostrar científicamente que el Sumo Creador es una ficción de la mente humana.

Dawkins refuta sistemáticamente en su obra los argumentos teológicos clásicos de San Anselmo, San Agustín y Santo Tomás y luego intenta desmontar la tesis de un Dios creador del universo y de las leyes que lo rigen.

El profesor de Oxford defiende que la tesis más sencilla y coherente para explicar el origen de la vida es la evolución darwinista. La evolución explica el surgimiento no sólo de órganos complejos como la vista o el ala de un pájaro sino también de creencias religiosas como la fe cristiana, que son la consecuencia originaria de viejos sentimientos tribales que se han transmitido de generación en generación.

El problema con el que topa Dawkins -y él lo reconoce- es la extrema improbabilidad del surgimiento de la vida en este planeta de forma espontánea. El autor de El espejismo de Dios calcula que hay menos de una posibilidad entre muchos billones de la aparición de seres inteligentes en un planeta como la Tierra.

Pero argumenta que el universo tiene billones de galaxias y es casi infinito, por lo que el cálculo de posibilidades arroja que podría haber al menos un billón de planetas con condiciones similares al nuestro. Hace pocas semanas, se ha descubierto uno de ellos a una distancia de 20 años luz de la Tierra, que es casi como habitar en la misma manzana en proporción al enorme tamaño del Universo.

Según Dawkins, es más lógico pensar que la vida ha surgido fortuitamente en uno, dos o cinco de esos planetas, probablemente alejados entre sí a distancias siderales, que creer que existe un Dios omnipresente y creador de la maquinaria universal.

Si ese relojero llamado Todopoderoso existiera y hubiera sido capaz de crear un mundo perfecto, podríamos preguntarnos quién ha creado a su vez al Deus ex machina. Creer en un Sumo Hacedor que existe desde siempre y ha dado origen al universo es tan ilógico como no creer en nada, concluye Dawkins. Pascal planteó el mismo dilema en términos de apuesta y concluyó que era menos arriesgado confiar en Dios que en su inexistencia porque el ser humano no tiene nada que perder si hay un ente superior. Pero la hipótesis pascaliana no me convence. Que Dios exista no depende de la voluntad humana.

Confieso que el libro de Dawkins me ha hecho reflexionar sobre una cuestión que me atormentó en mi adolescencia. He leído cuanto ha caído en mis manos, pero no he conseguido llegar a ninguna conclusión. El dilema sigue sin tener una respuesta y creo que jamás la tendrá porque el único que podría demostrar su propia existencia es Dios, pero él prefiere guardar un silencio que nos condena a la incertidumbre.

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martes, 29 de mayo de 2007

Gallardón, 875.571 votos; Zapatero, 486.826, por Luis María Anson (El Mundo)


CANELA FINA

Lo escribí en Canela fina antes de las elecciones: «En Madrid se presenta de forma casi directa el presidente Zapatero, enmascarado tras el eufemismo Sebastián». Zapatero, el ludópata político, jugó su órdago particular en la capital de España, confiando en su suerte y creyendo que los hados le proporcionarían la victoria. Se pasó airosamente por el arco del triunfo a la Federación Socialista Madrileña, decidió al margen de cualquier control democrático y se sacó de la manga su carta secreta: Sebastián, un tipo, por cierto, que acosó a Gallardón de forma miserable, cumpliendo órdenes zapatéticas. Apostó el presidente por accidente y perdió. Perdió personalmente. A nadie engañaba con la marioneta de hilos manejados desde su madriguera monclovita. Gallardón casi ha doblado los votos de Zapatero. El presidente sonrisas llevaba varias semanas acollonado, sin arquear siquiera sus cejas de acento circunflejo. Se dio cuenta tarde de lo que se le venía encima. Ha hecho el ridículo. Madrid ha sido su gran derrota personal. Aún más: el PSOE ha perdido en número de votos las municipales por la catástrofe madrileña. Y los socialistas saben a quién deben la derrota, quién tiene la culpa. La ludopatía política es una grave enfermedad.

Asentadas estas verdades como puños, no quiero que Rajoy se vaya de rositas de mi canela de hoy, que tengo el día un poco cabrón. Aún venciendo el líder del PP en las elecciones generales, con los resultados del domingo, Zapatero seguirá desgobernando a España con toda tranquilidad. Que no se engañen en los despachos de Génova, tantas veces estúpidamente optimistas. Rajoy tiene ya muy pocos meses para gestionar una política seria de alianzas con catalanes, canarios y algún fleco aislado en varias regiones. El think tank de Moncloa sabía muy bien lo que hacía con sus concesiones a los partidos nacionalistas. A medio y largo plazo la política monclovita puede fragilizar la unidad de España hasta la quiebra; a corto plazo, es una garantía para la permanencia de Zapatero en su guarida de Moncloa, sobre todo si Rajoy no reacciona a tiempo. Entre los intereses de la nación y los de Zapatero, el PSOE oficial ha elegido los partidistas.

El martes pasado, en fin, publiqué una canela titulada Las elecciones tienen un nombre: Navarra. De todo lo que se ventilaba en municipales y autonómicas, lo que adquiría profundo alcance político nacional era Navarra. El PSOE, como partido, ha perdido y se ha convertido en la tercera fuerza en aquella región. Un desastre. Zapatero, sin embargo, ha ganado la partida. En sus negociaciones con Eta, ahora ya abiertamente desenmascaradas por Gara, el presidente español contrajo el compromiso, entre otros muchos, de entregar Navarra al País Vasco tras la máscara de «Navarra será lo que quieran los navarros». Bajo un futuro gobierno regional adueñado de la educación y los medios de comunicación públicos, bajo la extorsión, el chantaje, la violencia, la kale borroka, los secuestros, tal vez de nuevo los atentados y el crimen; bajo la dictadura del miedo, en fin, en muy pocos años muchos navarros se resignarán a la operación que Zapatero ha puesto en marcha. Moncloa se desenmascarará ahora: si pacta con los nacionalistas, frente a la mayoría de UPN, estará clara la decisión de cumplir el compromiso con Eta. Hay quien asegura que el PSOE mantendrá a UPN hasta las generales para después, si repite Zapatero, presentar una moción de censura en el Parlamento navarro y retomar la negociación con Eta. No me parece que eso sea lo probable, como creen algunos maliciosos. Lo lógico es que Zapatero pase ya su delicada mano por el lomo de Eta para retrasar, hasta después de las generales, atentados atroces como el de la T-4 de Barajas.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.

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domingo, 27 de mayo de 2007

¿Cómo consiguen hacerlo tan barato? Rafael Poch, (La Vanguardia)



¿Cómo consiguen los chinos fabricar ropa y zapatos tan baratos?. La respuesta es sencilla: porque son pobres. Para ellos, casi cualquier condición laboral parece aceptable. A ello se suma la eficacia general de China. Como dice un empresario, "precios baratos también los hay en el textil de Bangla Desh, pero aquí sabes que los plazos se cumplen y que el contenedor llega a su destino rápido y sin problemas de aduana".

En China hay dos clases obreras; la "socialista" de la antigua industria estatal, parcialmente desmantelada y que aun conserva algunos privilegios (vivienda, escuelas, pensiones) de los que sus homólogos occidentales carecían cuando estaban, hace muchos años, a un nivel de rentas comparable, y la "nueva clase obrera", compuesta por entre 100 y 200 millones de emigrantes del campo. Esta segunda clase es la que alimenta el sector de la manufactura para la exportación, al que pertenece el textil y el calzado. Es un sector mucho más explotado. Sus fábricas no pagan el salario mínimo, los trabajadores trabajan 12 y 14 horas, a veces sin cobrar por las horas extras, no hay sindicatos ni beneficios extras de ningún tipo para los trabajadores. Los impagos son crónicos, por ejemplo en la construcción. Pero eso es solo la mitad del panorama.

Tanto en el textil como en el calzado la "fabricación china" engloba una realidad más diversa. En los últimos 12 años, el 66% del aumento de las exportaciones chinas fue obra de multinacionales establecidas en China. Hay empresas chinas propiamente dichas, asiáticas (de Japón, Corea, Taiwán y Hong Kong) y occidentales, creando el "made in china". Los expertos coinciden en que las peores condiciones de trabajo se registran en las empresas chinas y asiáticas. Las multinacionales occidentales salen algo mejor paradas.

El sector del calzado de algunas regiones (el delta del Río de la Perla en Cantón) está dominado por asiáticos. Algunos países asiáticos como Corea del Sur o la isla de Taiwán, realizaron su última industrialización en regímenes militares, lo que dejó su impronta en las relaciones laborales. Los castigos físicos no eran desconocidos, por ejemplo. Hoy, tanto en Corea del Sur como en Taiwán comienzan a asomar los sindicatos, los costes laborales han subido, así que muchas empresas se han trasladado a China reproduciendo aquellas condiciones. La mayor parte de los grandes fabricantes españoles del sector del calzado español producen o compran componentes en China.

Los bajos costes y la explotación no son sólo un problema chino. En algunos sectores, por ejemplo el del juguete, las empresas chinas están muy presionadas por los intermediarios y mayoristas extranjeros (de Estados Unidos, de Oriente Medio o de la Unión Europea), y se ven obligadas a competir entre ellas en costes para obtener pedidos. Pero hay mucho más.

En los últimos 25 años la liberalización ha hecho que los obreros chinos, unidos a los del ex bloque comunista del este de Europa y los de la India, hayan doblado la mano de obra global. China, que tiene la mayor clase obrera del mundo, responde del 50% de ese incremento. Las condiciones de vida y trabajo de esta clase obrera repercuten en las de los obreros de los países centrales. "Bajos salarios y malas condiciones de trabajo en China, empujan hacia abajo al resto del mundo: el fracaso de la mejora de esas condiciones en China tendrá un efecto devastador para los trabajadores de todo el mundo", señalaban en abril tres expertos del "Global Labor Strategies".

En los últimos años, la tendencia general de las condiciones de trabajo en China es hacia la mejora. Preocupado por la estabilidad, el gobierno chino es beligerante. Por más que los resultados sean discutibles, la voluntad está clara. El Vicepresidente del comité permanente de la Asamblea Nacional Popular, Cheng Siwei ha dicho que se necesita urgentemente una legislación que fuerce a las empresas a tomarse más en serio su responsabilidad social. El gobierno ha preparado una nueva ley laboral , que se aprobará en junio. Su texto protege derechos, complica algo los despidos, e incrementa el papel de la oficial Federación China de Sindicatos de 150 millones de afiliados. La reacción del empresariado extranjero ha sido negativa. La Cámara de Comercio Americana en Shanghai amenazó con abandonar China y replegarse a países como Tailandia y Pakistán. El ex presidente de la Cámara de Comercio Europea en China dijo que la ley, "podría forzar a las compañías extranjeras a reconsiderar sus inversiones y continuar sus actividades en China" a causa de las "estrictas regulaciones" del texto. "Si las regulaciones afectan a la eficacia y la flexibilidad las compañías se podrían ir a India o al Sudeste asiático", señaló un experto de la cámara de comercio británica. "Tenemos suficientes inversiones en juego en China como para que se nos haga caso cuando insistimos en un asunto", dijo un directivo de Microsoft en China.

Estas presiones han logrado descafeinar parcialmente la ley, y los sindicatos occidentales se han dado cuenta de la importancia de cooperar con la gran Federación sindical china y con el gobierno chino para participar en un pulso que les concierne directamente. Así, la pregunta de cómo consiguen fabricar ropa y zapatos tan baratos, es algo más que un asunto chino. Tiene que ver con un sistema económico mundial en el que China tiene un papel subalterno.

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Enemigos del software libre, por Borja Prieto (Libertad Digital)

En mi último artículo hablaba de la fallida migración al software libre del Ayuntamiento de Barcelona. Hoy hemos sabido que no sólo ha abandonado el proyecto, sino que se acaba de gastar 540.000 euros, que se dice pronto, en licencias de Microsoft Office. Estén tranquilos, nos dicen, ese precio nos permite usar el software tres años, y así nos da tiempo a preparar mejor la migración.

Las razones que aduce el Ayuntamiento de Barcelona para gastar más de 500.000 euros de los impuestos de sus ciudadanos en licencias de Office son indefendibles. Entre otras cosas porque demuestran que no han hecho un estudio de los costes que supondría el cambio a OpenOffice. Pero sobre todo porque no tiene sentido detectar un problema y profundizar en él. Si de verdad están preocupados por sus seis millones de documentos, deberían saber que existe un formato estándar, abierto, y que es el que utiliza de manera nativa la suite OpenOffice. Y deberían ser conscientes de que ahora, si un ciudadano o incluso un funcionario quiere acceder a uno de esos seis millones de documentos, depende de que una empresa le dé permiso para hacerlo.

En cualquier caso, lo peor no es que un funcionario o un político haya decidido que debe pagar 540.000 a una empresa para que no le permita utilizar sus documentos como el ayuntamiento quiera. Lo peor es que se hiciera en primer lugar el primer anuncio de migración a software libre sin más criterio que el apuntarse a una moda política, y el bandazo de hoy. Porque, si alguien les tomara en serio, pensaría que de verdad OpenOffice es más caro, y que migrar es una insensatez. Y esas son las cosas que de verdad hacen daño al software libre.


Borja Prieto es autor de los blogs Diarios de las estrellas, Futuro Linux y Desencadenado.


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sábado, 26 de mayo de 2007

Rusia, el reencuentro con el arriero, por David Seaton (El Mundo)


LA POLÉMICA INTERNACIONAL

La firma de un acuerdo para construir un gasoducto entre Rusia, Turkmenistán y Kazajstán el pasado 12 de mayo otorga a Moscú un pedazo aún mayor de una golosa tarta, la de la producción mundial de gas natural, que comparte con Irán y Qatar. Occidente mira aTeherán, mientras una amenaza mayor que la Guerra Fría atenaza al mundo...

EL GAS NATURAL TIENE NOMBRE RUSO

«Malas noticias para Europa» fue la frase con la que el secretario de Energía de Estados Unidos, Samuel Bodman, describió el acuerdo firmado el 12 de mayo por Rusia, Turkmenistán y Kazajstán sobre su gasoducto. Un acuerdo que otorga a Rusia el control de la mayor parte de las exportaciones de energía de Asia Central a Europa.

La mayoría de la producción mundial de gas natural está controlada por sólo tres países: Rusia, Irán y Qatar. Los rusos, como consumados jugadores de ajedrez, son maestros en los movimientos indirectos. Ante la división entre Washington y sus aliados sobre cómo manejar la cuestión de un Irán desafiante, el analista M. K. Bhadrakumar ha escrito en el diario Asia Times que «las pocas esperanzas que le quedaban a Europa de diversificar sus fuentes de energía más allá de los suministros rusos van a depender, en un grado importantísimo, de su acceso a las reservas de gas de Irán». Jaque a la reina.

La reciente crisis de Estonia no ha hecho más que poner de relieve la vulnerabilidad de Occidente. Es posible que la entrada de Estonia, Letonia y Lituania en la OTAN haya sido un golpe de consecuencias fatales para la Alianza.

Tal como ha escrito el paleoconservador norteamericano Patrick Buchanan en la revista Human Events, «para una gran potencia siempre constituye un error ceder a una potencia menor la capacidad de involucrarla en una gran guerra. Es así como nos hemos encontrado con la idiotez de haber colocado a la OTAN en el mismo balcón de Rusia y de haber dado garantías en caso de conflicto a tres pequeñas naciones bálticas con una hostilidad histórica hacia una potencia nuclear que tiene capacidad de infringirnos un daño 1.000 veces superior al de Irán».

También la Revolución Naranja de Ucrania se complica y como subrayó el analista neorealista Anatole Lieven en el International Herald Tribune, «dado que no es nada seguro que tuviéramos ni los medios o siquiera el valor de defender a los estados bálticos interiormente divididos entre nativos y ciudadanos de origen ruso contra una amenaza realmente grave, sería una locura fingir que defenderíamos a Ucrania. Que Occidente siga hablando públicamente de más ampliaciones de la UE o de la OTAN no sólo es imprudente, es profundamente inmoral». Dicho en plata, el ridículo está servido.

Junto con la catástrofe de Irak, el error estratégico más descomunal de los Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial ha sido la explotación sin disimulo de las debilidades de la Federación Rusa en los años 90. Clifford Kupchan, del gabinete de estudios Eurasia Group, ha escrito en The Boston Globe que «los rusos están convencidos de que no han ganado nada a cambio tras muchos años de política favorable a Estados Unidos y de que encima se les ha recompensado con una política de neocontención».

No deja de resultar irónico que al mismo tiempo que Estados Unidos y sus aliados estaban haciendo todo lo posible por generar en Rusia un espíritu de revancha, Europa se fuera volviendo cada vez más dependiente de la energía rusa. Ésa es la contradicción básica en virtud de la cual la presunción de la Unión Europea de extender sus valores compartidos tiene un cierto aire de amaneramiento narcisista.

El centro de la cuestión es que el hundimiento de la URSS fue una catástrofe inimaginable en los planos económico y social para el ruso medio. Se les hundió el mundo. Tienen la plausible creencia de que fueron robados y apaleados cuando cayeron al suelo.

En esencia, eso es lo que estamos pagando en la actualidad. Si a los rusos se les hubiera ofrecido, en su hora cero, nada más que un poco de la inteligente generosidad que se tuvo con la Alemania nazi derrotada en la Segunda Guerra Mundial, podríamos estar asistiendo en este momento a un auténtico nuevo orden mundial y no a una situación potencialmente más peligrosa que la mismísima Guerra Fría.

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Por qué Rusia se puso el tricornio, por Rafael Poch (La Vanguardia)



El dominio policial del Kremlin es resultado de la crisis de los noventa, pero no es el fin de la historia

En la Rusia de hoy, la gente del ex Kgb está por todos lados. Algunos observadores dicen que uno de cada cuatro miembros de la elite son ex "chekistas", o ex militares, o ex policías. Los cruzados de la guerra fría, tienden a hacer de esto un misterio teológico. Utilizan para ello la demonización del Kgb, una organización verdaderamente siniestra, pero cuya historia a partir de la segunda mitad del siglo XX (después de 1956) es menos negra que la de la CIA, que también ha dado algún presidente al país sin escándalo. Sin embargo, nada hay más natural y comprensible que esta Rusia de hoy.

Ese país y su sociedad son el resultado lógico de los años noventa. Rusia atravesó entonces una crisis muy profunda. Las fronteras, los ingresos, los ahorros, los símbolos y referentes nacionales, la esperanza media de vida y la seguridades en el día de mañana, se derrumbaron. El PIB y los ingresos del estado cayeron un 50% en una década, la criminalidad y la mortalidad crecieron un 50%. En cualquier país occidental ese colapso habría sido letal. Los rusos demostraron su capacidad de aguante. Apenas se implicaron en los tres golpes de estado (agosto de 1991, diciembre 1991, y octubre 1993) y las diversas guerras en la periferia (Karabaj, Abjazia, Osetia, Pridniestrovia, Tadjikistán, Chechenia…) que presenciaron esa década, pero eso no quiere decir que todo aquello no tuviera consecuencias.

Diez años de obediencia a potencias extranjeras, humillaron a una gran nación. El resultado es esta Rusia de hoy, malhumorada hacia Occidente y gobernada por el equivalente a nuestra Guardia Civil. Pero de esta "Rusia de Weimar" no va a salir ni un Hitler, ni un nacionalsocialismo.

Lo que en muchos países normales se hubiera solucionado con una dictadura, en Rusia desembocó en una "democracia dirigida". El término lo acuñó el analista Vitali Tetriakov a finales de los noventa adelantando el sistema que se venía venir. Si hubiera estado allá, José Bergamin le habría llamado "democracia guardiacivilizada".

Todo esto es tan obvio que apenas precisa explicación, en cambio lo que puede resultar asombroso es la popularidad que este sistema, representado por el Presidente Vladimir Putin, tiene en la Rusia de hoy. No es que Putin sea mas "criminal" que Bush o Blair. Como dice el historiador Perry Anderson, ambos tienen mucha más sangre en sus manos, probablemente la de más de medio millón de iraquís. Pero la popularidad de Bush y de Blair no llega al 40% en las encuestas, en cambio la de Putin supera el 70% y esto si que hay que explicarlo.

La primera razón es que antes de Putin estaba Yeltsin, que dejó el poder siendo aborrecido, con apoyos de un 6% dignos de Mobutu. Y antes de Yeltsin estaba Gorbachov, que, siendo, a diferencia del anterior, un gran hombre y un gran político, fracasó, no fue comprendido y terminó injustamente despreciado, por razones en las que no vamos a entrar. Con Putin, gracias a los precios del petróleo y a un mínimo de orden, los ingresos de los rusos se han doblado, el PIB ha aumentado a razón de un 7% anual desde 1999 y las cuentas del estado se han estabilizado. Así que el actual Presidente y su "democracia guardiacivilizada" se beneficia, por un lado, de muchos años de políticos impopulares que fueron factores de lo que la sociedad vivió como inequívocos desastres, y, por el otro, de una recuperación. Por primera vez desde 1987 las cosas no van a peor en Rusia, en lo material y social. La situación que Putin gobierna ha permitido a los rusos, un colectivo estresado durante muchos años, descansar, sentarse y recobrar el aliento. Que el presidente masacre a algunos chechenos, que restrinja la libertad de prensa, que pudiera, incluso, haber creado un presunto GAL a la rusa para eliminar adversarios en el Golfo Pérsico (Yandarbiev), Moscú (Politkóvskaya) o en Londres (Litvinienko), o que mantenga impune la vergüenza nacional de aquella "privatización", en la que funcionarios y sinverguenzas robaron el patrimonio nacional para convertirse en millonarios con casa en Londres, todo eso, son pecados menores que los rusos, de momento, perdonan a sus gobernantes. Muchos no tienen mas remedio, pues su propia inmadurez, apoyando con fervor a Yeltsin hace 15 años, contribuyó al desastre y perdonando a Putin se perdonan, de paso, a sí mismos.

Lo importante es comprender que la historia continua. Lo de los noventa tuvo su respuesta, lo de ahora también la tendrá, el día que los rusos crezcan democráticamente como sociedad. Lo importante es comprender porque, en determinado momento, una sociedad se pone el tricornio.

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viernes, 25 de mayo de 2007

Elecciones libres, menos en el País Vasco, por Luis María Anson (El Mundo)

CANELA FINA

Si el País Vasco no hubiera padecido 30 años de terrorismo, asesinatos, coacciones, violencia urbana, kale borroka, secuestros, chantajes revolucionarios, manipulación de las ikastolas, las universidades y los medios de comunicación públicos, hoy Batasuna, brazo político de Eta, no estaría respaldada ni por el 2% del electorado. La dictadura del miedo ha enviado al exilio a centenares de miles de ciudadanos vascos y coaccionado a una parte considerable de los que no se han ido y que no quieren estar en el punto de mira de Eta. Todo esto se hace extensible a una parte de Navarra.

Elecciones libres, pues, en toda España el próximo domingo, salvo en las provincias vascongadas. Somos pocos los que denunciamos este hecho incontrovertible. No importa. Hay que hacerlo. Algunos no estamos dispuestos a comulgar con las ruedas moliendas del hacha y la serpiente. Tres décadas de dictadura del miedo han trasformado las elecciones vascas, al menos en gran parte, en una auténtica farsa. Eta, a través de la máscara que sea, concurre a las elecciones con la pistola sobre la urna, con el voto condicionado por 30 años de crímenes y atrocidades.

Me niego a aceptar el resultado electoral en el País Vasco como me negué siempre a tragarme las farsas de Franco, que también hacía elecciones y referendos y la gente, bajo la coacción de la dictadura, acudía a las urnas y votaba mayoritariamente lo que complacía al dictador.

Zapatero pudo ser el sepulcro de Eta que quedó moribunda tras la última legislatura de Aznar. En lugar de dar el golpe de gracia a la banda, lo que hizo el presidente por accidente fue resucitarla. Hoy está envalentonada, encabritada, sabedora de que condiciona al Gobierno central, de que tiene a su presidente genuflexo ante la serpiente terrorista. Mientras firmaba el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo, Zapatero, con el cinismo que le caracteriza, con la frivolidad y la ligereza del ludópata político, negociaba ya con Eta y contraía compromisos anticonstitucionales que la banda empieza ahora a sacar a la luz. Los embustes del líder socialista, una vela a la Constitución y otra al demonio etarra, están desenmascarados, pero, a través de los medios adictos y los tertulianos domesticados, Zapatero sigue intoxicando a la opinión pública con una reiteración y una tenacidad alarmantes. ¿Adónde nos lleva este insensato?

Pero regresemos al punto de partida de la canela fina de hoy, preelectoral y alarmada. Las elecciones en España son libres y sus resultados, democráticamente irreprochables. Salvo en el País Vasco. En aquellas provincias cada día más queridas, la dictadura del miedo ha privado a lo largo de 30 años de la libertad de elegir. El voto está condicionado por el miedo y también por la manipulación de la educación y los medios de comunicación. Se ha intoxicado hasta la náusea. Y, además, ahora, en plena campaña electoral, Eta-Batasuna ha desencadenado la violencia, incluso física, contra los candidatos y candidatas de otros partidos, sin que Zapatero abra la boca porque lo ha consentido todo. Vencedor el PP o triunfante el PSOE, habrá que aceptar democráticamente los resultados en todas las provincias españolas. En las del País Vasco, no. Allí no hay libertad auténtica de elección.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.

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Expías, por Arcadi Espada (El Mundo)

Julio Camba

Kapuscinski ha sido acusado de espía. Su alias era el de Vera Cruz: ingeniosillo. Por lo que se sabe hasta ahora su actividad consistió en la redacción de informes sobre los países que visitaba como corresponsal de la Agencia Nacional polaca. Cobró por ellos y gozó del privilegio de ver mundo, grandísimo sin duda para cualquier persona sometida a la autofágica dictadura de los comunistas. Dado su oficio, pudo haberse evadido con facilidad de la tiranía de su país; pero no lo hizo. El porqué es incierto. Aunque es evidente que llevaba una buena vida y tampoco estaba probado que ideológicamente se sintiera totalmente ajeno al comunismo. La noticia ha tenido un gran eco, y aquí se ha dado casi siempre con una exculpación añadida en el interlineado. Es raro. Durante el franquismo hubo grandes periodistas que hicieron bastante menos por el régimen imperante de lo que hizo Kapuscinski. Se limitaron a vivir, a trabajar, sin particular entusiasmo por la situación, a la que incluso combatían... irónicamente. Es el caso de Josep Pla, desde luego, y de muchos otros: desde Julio Camba hasta Carlos Sentís; desde César González Ruano hasta Augusto Assía. El menosprecio que todos ellos sufrieron (más o menos furioso según los tramos) por parte de la izquierda literaria y política se pareció realmente a una caza de brujas. Aunque está la salvedad, naturalmente, respecto a Kapuscinski, de que ellos sí eran brujas.

Kapuscinski vivió, probablemente, como lo hacen la gran mayoría de hombres, incluso los más acérrimos, en una dictadura. Trampeando con una autoridad ilegítima y descontrolada. Tuvo que escribir informes para los espías, y eso le permitió escribir otro tipo de libros, algunos de los cuales han sido ciertamente benéficos para el análisis del poder, y en especial del poder absoluto. Desconozco si su actividad produjo la ruina de alguien y el juicio moral que merezca su vida creo que rebasa las posibilidades, siempre ambiciosas, de esta columna. Por el contrario no tengo ninguna duda sobre la fibra de esos caraduras que recuperan el término «caza de brujas» para dar nombre a lo que vienen llamando (tan bellamente) memoria histórica, y que siempre se muestran tan prestos a distinguir, según se trate de lo propio o lo ajeno, entre el recuerdo y el regüeldo.

(Coda: «El sentido de la revolución pacífica de Polonia era la libertad, la soberanía y la reforma económica, no una cacería de supuestos agentes de la policía secreta o de agentes reales. Si se hubiera organizado una cacería de agentes en 1990 cuando empezó la revolución democrática, ni las reformas económicas de Leszek Balcerowicz ni el establecimiento de un Estado gobernado por el derecho habrían sido posibles. Polonia no estaría ni en la OTAN ni en la UE». Adam Michnik. http://www.cubaliberal.org/internacionales/070517-laotrapolonia.htm». www.bastaya.org)

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¿Regeneración de la izquierda? Pío Moa, Libertad Digital


La amarga experiencia de los últimos años prueba que no existe en España una izquierda democrática. Existe, sin duda, una opinión democrática de izquierdas, pero los partidos que dicen representarla han demostrado ser auténticas mafias que han practicado el terrorismo y robado a mansalva los fondos públicos, y han sido incapaces de regenerarse. Por el contrario, volvieron al poder, tras la matanza del 11-M, resueltos a vengarse de la "injusticia" de haber sido desalojados de las poltronas, y resueltos a radicalizar su mensaje: colaboración con el separatismo y el terrorismo, legalización, premio y privilegio al asesinato como forma de hacer política, ataque sistemático a la independencia judicial, máxima corrupción de la enseñanza, etc.

El PSOE, suele olvidarse y conviene recordarlo, tiene un historial de violencias y robos como ningún otro en España, y en él los besteiros han llevado siempre la peor parte. Cuando, en la Transición, ese partido abandonó el marxismo, pareció democratizarse, pero lo hizo sin el menor análisis de la doctrina teóricamente abandonada y mucho menos de su propia historia como principal responsable, entre otras cosas, de la guerra civil. Por lo tanto pervivieron en él, de modo extraoficial y poco consciente, pero eficaz, los viejos enfoques políticos, que reaparecen hoy con plena fuerza en el ataque generalizado a la Constitución y a las bases de la convivencia en libertad.

Las cosas están llegando tan lejos que incluso algunos izquierdistas, hasta ahora anestesiados por la verborrea al uso, empiezan a reaccionar y a plantearse una oposición clara, e incluso nuevos partidos, como el de "Ciudadanos" o el sugerido por Savater y Rosa Díez. Dada la incapacidad de regeneración en un PSOE mafioso y apesebrado, esto es un buen camino. Existe una opinión considerable de izquierdas que no se siente representada en el PSOE ni en IU, como le ocurre a una extensa opinión de derechas con el PP. Y ya no es cuestión de discrepancias en matices. Ciertamente el PP, al revés que el PSOE, defiende la democracia y la unidad de España, pero las defiende de modo cada vez más palabrero, mientras en la práctica traiciona cada día esos ideales. Quizá lo haga por pura flojera, pero el caso es que lo hace, y los males no llegan solo por el ímpetu de quienes quieren hacerlos, sino por la pusilanimidad –al final indistinguible de la complicidad– de quienes debieran oponerse.

Un partido democrático de izquierda sería una gran noticia, y ojalá la iniciativa vaya adelante y sepan unir fuerzas y obrar con inteligencia quienes ahora se lo plantean. También sería una buena noticia la formación de un partido de derecha a un tiempo democrático y consecuente. Pero de momento las alternativas que aparecen coinciden con la extrema izquierda en una radical falsedad: pretenden que España y democracia son conceptos opuestos.

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jueves, 24 de mayo de 2007

Cabrera y los 40 pedagogos, por José García Domínguez (Libertad Digital)


De la ministra cabrera –huelgan mayúsculas– y sus cuarenta pedagogos bien se podría decir aquello que le espetó Churchill a cierto tribuno laborista: "Su esposa, señoría, con la excusa de ejercer la prostitución en el puerto franco, introduce en Londres mercancías de contrabando". Así, mientras tienen entretenido al personal con un cómic de y para adultos, progresan adecuadamente en el afán por destruir lo poco que quedaba del bachillerato. Pues de eso va el guión de su propia historieta. Que nadie se llame a engaño, lo de Alí Babá y compañía no es más que pura provocación gratuita, gansada para la galería y fuego de artificio. Todo en uno.

De sobra sabe la doña de Arenillas que ningún maestro de Primaria en su sano juicio va a distribuir esas viñetas entre los alumnos. Como tampoco lo hubiera hecho, por cierto, el propio autor de la obra, durante tantos años profesor de EGB en Barcelona. Y es que, aun siendo fama que en pleno franquismo el docente Nazario gustaba de impartir clase con las uñas pintadas, también lo es que siempre se condujo como un adulto responsable. O sea, como un adulto. Alguien a años luz de la eterna adolescencia -con su corolario de fantasías reprimidas- de ese rebaño de enseñadores –o exhibicionistas, que tanto monta- pastoreado por la cabrera.

Porque quien en verdad inspira el proyecto educativo de la ministra no es el pornógrafo Bukowski, sino el gran lógico soviético Zinovief. El mismo que descubriera que las instituciones socialistas jamás planean soluciones a cuestión alguna, sino que ellas mismas son el resultado de la búsqueda de soluciones. De ahí que siempre definan los problemas de modo que se ajusten a las metas deseadas, y no al revés. Por eso, cuando en los países del socialismo real querían acabar con el estraperlo de cepillos de dientes, se ordenaba dejar de fabricar cepillos de dientes. O si se proponían minimizar la tasa de crímenes impunes, simplemente, triplicaban el número de los condenados en los tribunales populares revolucionarios.

Real o virtual, el socialismo de Zapatero y sus cabras locas funciona según la misma lógica. Exactamente la misma. Porque el culo al aire que obsesiona a la ministra no es ése que aparece en la portada de Nazario, sino el que exhibe el Gobierno en todas las estadísticas de logros educativos de la OCDE. Sobre todo, en la de bachilleres inconclusos, una superliga del fracaso institucional donde ya sólo competimos por el farolillo rojo con Turquía y Brasil. Y he ahí la gran idea de la cabrera para terminar de una vez con los suspensos masivos en el bachillerato: suprimir, también de una vez, el bachillerato.

De contrabando tiene previsto colar que se pueda pasar de curso con la mitad de las asignaturas suspendidas. Lo otro, lo de Nazario, sólo es la excusa.

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miércoles, 23 de mayo de 2007

El pacto de San Sebastián, por Arcadi Espada (El Mundo)

ZOOM

El llamamiento de un grupo de ciudadanos vascos para la constitución de una fuerza política que pueda competir en las próximas elecciones generales es una noticia importante. La iniciativa es una extensión del movimiento ciudadano que en Cataluña logró 90.000 votos y tres diputados, y tiene como razón última e inequívoca la degradación política española.

Ésta tiene el variado perfil de las navajitas multiuso. Está en los niveles de abstención de las últimas elecciones y referendos; en el proceso de reformas estatutarias, tan delirante que incluso uno de sus promotores principales, el expresidente Maragall, se ha encargado de desacreditarlo; en la negociación con los terroristas y la inmoral ausencia de una política de la claridad; en la ínfima calidad del debate político, que ha llevado a tantos ciudadanos a considerar como ilusoriamente propias las últimas elecciones francesas; en la corrupción del ladrillo, el lenguaje y la verdad, y en la incapacidad de la sociedad política de ofrecer a los ciudadanos un proyecto regeneracionista basado en la ambición de las cosas concretas (sean los trenes de alta velocidad, la extensión del uso de internet, la mejora de las condiciones ambientales en las castigadas ciudades españolas o la protección del sentido común urbanístico en el otrora campo y playa).

A todo ello se añaden las relaciones entre los dos principales partidos, cuyo eco guerracivilista hace imposible las experiencias transversales de Alemania o Francia y cuya insuficiencia electoral deja en manos de las minorías nacionalistas el sentido final de decisiones políticas trascendentales. En las bases del llamamiento vasco está también el avance de una iniciativa política audaz y radical: la reforma de la Constitución, orientada a lo que en la reunión del sábado en San Sebastián se llamó «el cierre federal».

Puede discutirse la propiedad del adjetivo (si España es o debe ser un Estado federal), pero no lo que supone (la igualdad de derechos de todos los ciudadanos y la igualdad de competencias autonómicas). Ni tampoco, a mi juicio, puede discutirse la necesidad de ese cierre, por más que algunos teóricos, bien engrasados por los nacionalismos, patrocinen las virtudes improbables de un Estado en redefinición permanente. Hace 30 años un pacto constitucional abrió el proceso de reorganización del Estado democrático. No parece una idea desaforada que otro pacto constitucional (¡un nuevo pacto de San Sebastián!) sancione ahora el cierre del proceso. Es de esperar que los dos grandes partidos, antes que contar irritadamente lo que les van a quitar, mediten sosegadamente en lo que les van a poner.

(Coda: «Como el día era desapacible, a las 45 personas que acudieron a la cita en San Sebastián no les costó demasiado dedicar la mañana del sábado a deliberar sobre la viabilidad de un nuevo partido político y la forma más adecuada de proceder». www.bastaya.org)

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martes, 22 de mayo de 2007

La sombra de Dios es contrahecha, por Félix de Azúa (El Periódico)



LA PERMANENCIA DE UN SISTEMA MANIPULADOR Y REPRESIVO

Revolviendo en los libreros de viejo encontré hace poco una pieza estimable: The God that failed, volumen editado por Richard Crossman en 1950 que contiene seis historias: las de seis conversos al comunismo que acabaron abominando del mismo. ¡Pero vaya conversos! Arthur Koestler, Stephen Spender, Louis Fischer, Richard Wright, André Gide e Ignazio Silone cuentan cómo entraron en el Partido y por qué lo abandonaron. El año de edición, en los comienzos de la guerra fría, lo determinó como "panfleto de la CIA" entre los progres, de modo que solo ahora he podido leerlo sin gafas negras. Es fascinante.

Puede parecer literatura arcaica y en cierto modo lo es, aunque en algunos países se mantenga vivo el comunismo más vetusto, como en Cuba o Corea del Norte. Sin embargo, es una lectura instructiva porque muestra la permanencia de un sistema manipulador y represivo, adaptado al medio actual en partidos como Batasuna y similares. Hay, ade- más, una herencia de totalitarismo inconsciente que permanece intacta en España y Latinoamérica.

LAS SEIS historias son apasionantes. El húngaro apátrida, el señorito anglosajón, el periodista americano, el negro del Misisipí, la máxima celebridad literaria europea (entonces) y uno de los fundadores del Partido Comunista italiano no pueden ser más distintos y, sin embargo, la melodía de su canción es la misma. Aquello que les llevó al Partido fue un acto de generosidad y entrega, el dolor de una injusticia intolerable, el abuso depredador de los poderosos, la hipocresía y el egoísmo de los magnates, la inadmisible miseria de los desvalidos, el cinismo de los políticos, el ascenso del totalitarismo.

Asombrosamente, esos fueron también los motivos que les llevaron a abandonar el Partido y en algunos casos a luchar denodadamente contra su influencia: el cinismo de los estalinistas, la criminalidad del sistema, el totalitarismo soviético, la corrupción de los cuadros, la inmoralidad de los camaradas. Y otro elemento que a veces se olvida: la beocia absoluta del ideario y la ineficacia colosal de su aplicación.

De todos, el mejor armado para explicar la historia es Arthur Koestler, no solo por su calidad literaria (¡qué cursi queda el pobre Gide al lado del perfectamente actual Koestler!), sino sobre todo por la agudeza de su pensamiento. Koestler ha relatado luego sus años comunistas en los volúmenes autobiográficos, pero en este breve relato de apenas 50 páginas hay una frescura, una espontaneidad, admirables. Todavía estaba vivo el dolor de la ruptura, el abatimiento de la decepción. Aún vivían algunos amigos cuyo nombre no podía mencionarse porque seguían en la URSS. Todos ellos acabaron siendo asesinados.

AUNQUE ES imposible dar cuenta de toda la información que ofrece Koestler, hay puntos relevantes para la política actual. El principal es que, como intuyó Dostoievski, no hay fuerza que induzca mayor unidad gregaria que el crimen compartido. Era precisamente el conocimiento de las monstruosidades de Stalin lo que mantenía la cohesión del grupo de cómplices. De no haber habido millones de víctimas, quizá en algún momento se habría podido proceder a la sustitución del tirano, pero los cuadros del Partido sabían que la desaparición de Stalin arrojaba una montaña de cadáveres sobre sus cabezas.

El segundo punto es la fe como estupefaciente del alma atribulada. El sentimiento religioso de los comunistas es asunto conocido. Koestler cree que el comunismo hizo estragos mayores en los países de tradición católica, habituados a la sumisión, que en los de tradición protestante, donde hay más recursos contra la arbitrariedad. No estoy seguro. En la Alemania del norte cundió el comunismo prebélico, aunque es cierto que estaba potenciado por el ascenso de los nazis. El beneficio principal de la fe es que el atribulado puede dormir en paz: hay un Ser Supremo que sabe con toda exactitud lo que debe hacerse. Y solo hay un pensamiento posible: el nuestro. Koestler habla con ironía de la distinción entre "pensamiento mecánico y pensamiento dialéctico" que usaban los jefes de célula para adormecer a los acólitos. Todo lo que proponía el Partido era dialéctico, y cualquier argumento que se apartara un milímetro era mecánico. Sobre todo cuando lo que planteaba el Partido era idéntico a lo que proponían los nazis. El pensamiento de un nazi era mecánico, pero el mismo pensamiento se convertía en dialéctico si lo decía un comunista. Lo único que aterra a quien vive sumido en una fe, dice Koestler, es perderla.

EL TERCERO es la convicción de haber sido iluminado por una verdad oculta que convierte a quienes la ignoran en socialfascistas, pequeño burgueses sin seso, lacayos del imperialismo o cualquier otro calificativo que se le dé al hereje. La bunkerización ideológica, tan feroz entre los etarras, expulsa del grupo a cuantos tengan la pretensión de pensar por sí mismos. Es el filtro que garantiza que todos los camaradas son almas muertas sin cerebro ni voluntad.

Justificar la mentira, la deshonestidad o el crimen, compartir una fe gregaria y estar en posesión de la única verdad me parecen elementos totalitarios que no han variado ni un milímetro desde 1950. Incluso entre tanta gente que se cree demócrata.

Félix de Azúa. Escritor.


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La guerra asoma de nuevo en Líbano, por Tomás Alcoverro (La Vanguardia)

El ejército libanés está recibiendo los duros ataques del grupo terrorista Al Fatah, cercano a Al Qaeda.


EL POLVORÍN DE ORIENTE MEDIO

El ejército ataca un campo palestino donde resiste un grupo de Al Qaeda

Detrás de naranjales, árboles frutales, en un paisaje mediterráneo, Nahr al Bared es un campo de refugiados palestinos con la apariencia de pequeña localidad en la orilla del mar. Es un blanco caserío con edificios de varias plantas que se alzan entre las pobres viviendas de sus angostas callejas. De vez en cuando se elevan las humaredas de las explosiones, se oyen los disparos de baterías de artillería, los cañonazos de los carros de combate del ejército libanés que replican al tableteo de ametralladoras, a los proyectiles de mortero de los combatientes de Fatah el Islam, atrincherados cerca de la playa.

Cerrado el acceso durante todo el día por las tropas, no era posible saber anoche cuántas víctimas causó el segundo día de asedio. En la mañana, fuentes palestinas hablaban de nueve civiles muertos y 70 heridos. El ejército libanés admitió tres bajas mortales.

Los proyectiles se abatían indiscriminadamente sobre las casas de esta población, cuyo número de habitantes se evalúa con imposible precisión, como en todo este bendito país sin estadísticas, entre treinta y cuarenta mil almas. Este sitiado campo de refugiados con casas destruidas en su periferia por los bombardeos se ha quedado sin agua ni electricidad. Sus pobladores, procedentes de la diáspora palestina de las guerras de 1948 y 1967, se han convertido en rehenes de este grupúsculo de advenedizos, de 200 o 300 combatientes muy bien armados. Un hombre que se presentó como portavoz, Abu Salim Taha, declaró por teléfono a la cadena Al Yazira que son capaces de dar golpes de mano fuera de Trípoli y que así lo harán "si el ejército no para sus ataques contra nuestras posiciones".

La Agencia de la ONU para los Refugiados y la Media Luna Roja consiguieron hacer respetar un breve alto el fuego para evacuar a una docena de heridos, pero un convoy de ambulancias y vehículos con medicamentos y ayuda humanitaria aún espera poder penetrar en el asediado lugar. El ejército ha estrechado su cerco pero no ha recibido orden para el asalto. Su entrada provocaría una carnicería. Sin cobertura política de las principales organizaciones palestinas como Al Fatah y Hamas, incluso sin un acuerdo de los gobiernos árabes, su acción sería catastrófica.

Los campos de refugiados gozan de extraterritorialidad desde 1969, cuando fue impuesto al débil gobierno de Beirut el acuerdo de El Cairo. Aunque éste fue abrogado y el Estado fue cobrando más amplia autoridad tras el final de la guerra de 1975 a 1990, las circunstancias políticas han impedido la extensión de sus competencias de orden y seguridad en el ámbito de sus recintos.

Fue patético que el ejército libanés perdiese el domingo 23 de sus soldados en los combates con los milicianos radicales suníes de Fatah el Islam de Nahr al Bared y de Trípoli. No estaban ni preparados ni suficientemente armados. De hecho, fueron sorprendidos por la eficacia y la potencia de los hombres de esta organización vinculada a Al Qaeda y que, según ciertas alegaciones del Gobierno de Beirut, está también relacionada con el régimen baasista de Siria, cuya frontera se halla a pocos kilómetros de Nahr al Bared.

Al identificar los automóviles que habían participado en el atraco de un banco en la localidad de Kura, estacionados ante tres inmuebles de buenos barrios de Trípoli, se percataron de que no se trataba de una simple banda de malhechores, sino que se enfrentaban a células terroristas bien infiltradas en la ciudad, en la que ocupaban varios pisos francos. Fue entonces cuando se enzarzaron en encarnizadas luchas callejeras. Los de Al Fatah al Islam dieron muerte a muchos de estos soldados en los puestos de vigilancia que mantenían alrededor del campo de refugiados y durante los asaltos a los céntricos edificios urbanos. En el barrio de Zariye, en una hermosa casa atacada en el asalto que aún olía a quemado, los militares de facción contaban el hallazgo en su sótano de un enorme arsenal de armas y explosivos.

En el complejo de edificios de Ruby Rose y Abdo, de la elegante avenida Miten, con varios pisos destruidos y ahumados por el fuego de los soldados libaneses contra sus ocupantes, también fueron hallados importantes alijos de armas. Después del asalto militar muchos tripolitanos en nocturnos convoyes de automóviles vitorearon al ejército.

Trípoli, con sus nuevos barrios modernos, con sus zocos medievales, su fortaleza cruzada, su paseo marítimo o corniche,cerca de la que hay la pequeña calle Miniot de flamantes cafeterías muy frecuentadas por jóvenes occidentalizados, ha recuperado su normalidad, ha vencido su miedo. Hay discretas patrullas militares en algunas esquinas céntricas de esta ciudad, capital del norte de Líbano. Pero la suerte de Nahr al Bared aún no está echada. La organización palestina Al Fatah y los chiíes libaneses de Hizbulah han ofrecido su ayuda al ejército. Desde hace tiempo se sabía que un Líbano frágil, vulnerable, deshilachado, era fácil objetivo para los tentáculos de Al Qaeda.

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lunes, 21 de mayo de 2007

Las mentiras, por Martín Prieto (El Mundo)


BAJO EL VOLCAN

A José María Aznar le mintieron con las armas de destrucción masiva de Hasán [Sadam], como a Tony Blair. Y no funcionó el espíritu de los padres puritanos porque Bush Jr. fue reelecto holgadamente. Entre nosotros ya se dijo a cuenta de las negociaciones con ETA que habrá información o habrá gatuperio, y se decidió lo último. Zapatero y su pachanga mediática han desplegado sobre los españoles una manta de mentiras y traiciones inédita en la Historia democrática de este país. Vienen de lejos, del felipismo en el que toda iniquidad tuvo su asiento; y así la vicepresidenta-portavoz ya se había entrenado con el fantasma del capitán Khan y la rocambolesca entrega de Luis Roldán en Laos donde nunca estuvo. La mentira tiene las patas cortas, pero las de Fernández de la Vega llegan hasta el sureste asiático. Rubalcaba, otro portavoz felipista, ¿no dijo aquello de que ETA nunca miente? Pues ahí está el trinomio ETA-Batasuna-Gara para recordarnos la doblez de Zapatero, que negoció con el Gobierno y ETA al mismo tiempo sin que sepamos a quién le estaba poniendo los cuernos.

Zapatero ha estado negociando con ETA desde que ha podido hacerlo, desde la oposición, a través de Jesús Eguiguren, factótum del socialismo vasco, y otras coristas. Eguiguren tiene hambre histórica de pactos con ETA, pero no habrá tomado una iniciativa sin el permiso de La Moncloa. El jefe de este aluvión de mentiras se dedicó a anestesiarnos con Irak, el diálogo y mucho talante mientras acusaba al PP de deslealtad en el colmo de la desfachatez. ¿En qué cree Zapatero al margen de Sonsoles y las nenas?

Por lo demás la campaña electoral se recalienta en el norte. Bermejo, el ministro de Justicia más salvaje desde la ley de Lynch, que expele jaculatorias luciferinas contra el primer cristiano que se le ponga por delante, ha visto de cerca cómo se las gastan los bermejos independentistas, de lo que habrá aprendido algo. A Pepiño Blanco se le ha rayado el disco y emite sin descanso las mismas jeremiadas de muecín.

La campaña de las mentiras y de las puñaladas traperas. Soy sensible a estos comportamientos desde que hace años los ganapanes socialistas me lincharon a cuenta de un asunto íntimo, estrictamente privado. No me pude defender y hube de reconstruirme familiar y profesionalmente. Miguel ¿qué?, se preguntaban los madrileños ante este fontanero de Moncloa repleto de chanchullos. Miguel el Indigno. Como Eguiguren, también tiene este pájaro una interesantísima vida privada que alguien desvelará, no yo. Éste saca las fotografías con empuñadura cachicuerna y a Gallardón le dio dos navajazos de factura socialista con unas presuntas faldas y una supuesta corrupción. Ha sido la anécdota más nauseabunda de esta campaña. Miguel ¿qué? Miguel Huelebraguetas.

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Entre el yihadismo y la lucha contra Israel, por Rosa Meneses (El Mundo)



Los enfrentamientos de ayer entre Fatah al Islam y el Ejército libanés han hecho visible un peligro larvado en el Líbano: la presencia de grupos armados dentro de los campos de refugiados palestinos del país mediterráneo. Los laberínticos campos son un refugio ideal para redes de contrabando y los grupos armados. De hecho, son varias las organizaciones que tienen presencia en estos campos, aprovechando que están vedados a las fuerzas de seguridad libanesas.

Fatah al Islam surgió en noviembre, fruto de la escisión de una organización llamada Fatah Intifada, un grupo palestino con fuertes vínculos con Siria. Un enfrentamiento entre facciones ocurrido en septiembre en el campo adyacente de Badawi sentó las bases de la escisión.

Fatah al Islam no sobrepasa los 200 milicianos y tiene varias bases de entrenamiento diseminadas por los campos palestinos de todo el país. No es una organización puramente palestina. Entre sus miembros hay sirios, iraquíes, saudíes, yemeníes, argelinos y marroquíes, con experiencia yihadista en Irak. Pero incluso hay libaneses.

Su ideología es muy próxima a la de la red de Bin Laden. El objetivo de Fatah al Islam es reorganizar la vida de la comunidad palestina en el Líbano según la sharia (ley islámica), antes de formar una reserva de kamikazes para confrontar a Israel. Se trata, pues, de un grupo híbrido que mezcla la experiencia armada palestina, miembros de los servicios secretos sirios y elementos del salafismo 'yihadista'.

La determinación de las autoridades libanesas para no dejar crecer su influencia en los campos palestinos se debe al riesgo de que se cree, una vez más, un estado dentro del Estado.

© Mundinteractivos, S.A.


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domingo, 20 de mayo de 2007

El País censura el artículo de Fernando Savater, 'Casa Tomada' y lo publica en El Correo


"Como no soy jurista -y cada vez entiendo menos el guirigay de quienes lo son-, no puedo decir nada relevante sobre la sentencia del Tribunal Supremo que parte salomónicamente por la mitad a ANV, éstos sí, aquellos no, pasemisí, pasemisá. Lo único claro es que el brazo político de ETA (que adopta nombres distintos pero practica siempre la misma obediencia) va a estar ampliamente presente en las elecciones y luego en las instituciones vascas, salvo una poco probable ilegalización penal en el último momento. Y también resulta indudable que la Ley de Partidos habría autorizado otras salidas legales para impedir real y totalmente esa presencia. ¿Que no había plazo para una impugnación de ANV? Si usted lo dice, le creeré, pero resulta raro que se nos haya echado el tiempo encima cuando la estrategia de ETA se conoce desde hace meses: primero un partido en clara continuidad con Batasuna como señuelo, luego reactivar la cáscara vacía de otro partido "dormido" en la legalidad y dotarlo milagrosamente de militantes, medios, etcétera, de modo que permita el avance travestido de los de siempre. "Larvatus prodeo", que diría Descartes. ¿Que ANV rechaza desde 1930 el recurso a la violencia? Parece que a estas alturas y mediando un reciente atentado con víctimas habría que exigir un deslinde del terrorismo etarra más explícito a quienes tan a las claras provienen de él: si no le entendí mal, se lo oí decir al propio Fernández Bermejo en una entrevista con Iñaki Gabilondo en Cuatro.

¿Ah, pero es que lo realmente infumable es la Ley de Partidos! Ahora se oye por todas partes: en el País Vasco lo dicen desde el consejero Azkarraga, ese espejo de juristas, hasta el rejuvenecido Alfonso Sastre, cuyas ideas políticas siempre han sido un poco peores que sus obras de teatro, háganse una idea. Pongo la radio y en la tertulia escucho a un mequetrefe que compara esa ley aprobada por amplia mayoría parlamentaria con las dictadas por Franco: es que prohíbe cosas y nuestro héroe es partidario caiga quien caiga (él no caerá, descuiden) del prohibido prohibir. Supongo que de genialidades como ésta le viene el descrédito a Mayo del 68.

Acudiendo a fuentes más serias, me deja perplejo leer en un editorial de El País (7-5-07) que «es una ley excepcional y de muy problemática aplicación, en la medida en que es limitativa de derechos». Hombre, muchas leyes limitan derechos pero siempre los de quienes los utilizan para lesionar o impedir el ejercicio de los de otros. Como explica a continuación el propio editorial, es el caso de quienes impiden la libre competencia democrática apoyando la eliminación física o la intimidación permanente de sus adversarios políticos. La Ley de Partidos defiende el ejercicio de los derechos políticos de todos, menos de los que quieren simultanear política y crimen para ganar a dos bandas. ¿Y «excepcional»? ¿Por qué es excepcional, si no fue dictada por decreto del Ejecutivo sino aprobada en la sede legislativa adecuada? Claro que siempre contó con la oposición de los nacionalistas de toda laya y desde luego hoy mantener una ley que contraríe a los nacionalistas es algo realmente excepcional ¿Ha sido recurrida en el Tribunal de Estrasburgo! Bueno, no sabemos si prosperará el recurso, pero existe algún precedente orientativo. Por ejemplo, cuando se ilegalizó el Partido de la Prosperidad turco -al que pertenecía entonces el islamista Gül y que contaba con seis millones de votos- por apoyar la violencia separatista y atentar contra la laicidad de Estado, el Tribunal de Estrasburgo ratificó tal medida dictaminando que «la democracia representa un valor fundamental en el orden público europeo pero si se demuestra que los responsables de un partido político incitan a la violencia o mediante mecanismos ilegítimos buscan la destrucción de la propia democracia su disolución puede considerarse justificada» (citado por R. Navarro Valls, "Las dos almas de Turquía", El Mundo, 3-5-07).

Puede ser que la culpa de todo la tenga, en última instancia, el obstruccionismo del PP a la buena voluntad pacificadora gubernamental. Es lo que parece dar a entender, entre otros miles, John Carlin en su artículo "Es la hora de gobernar juntos" (El País, 6-5-07). Compara la oposición inicial de Ian Paisley a sentarse junto a Sinn Feinn, sus actuales socios de gobierno, con declaraciones semejantes de Mariano Rajoy o María San Gil respecto al reconocimiento de Batasuna. Entre otras diferencias que sería obvio señalar (los dos extremos irlandeses en colisión tenían mutuos lazos con grupos violentos, mientras que en España el brote de terrorismo antiterrorista no vino precisamente de los populares), omite Carlin que la intransigencia de Paisley no ha cesado porque sí, sino porque IRA ha entregado las armas y Sinn Feinn ha reconocido finalmente la policía y la magistratura norirlandesas. Puede que el feroz clérigo haya cambiado, pero sólo cuando también han cambiado las circunstancias, tras una suspensión del Parlamento autonómico y una renovada actitud de firmeza del siempre oportunista Blair. Muchas cosas pueden objetarse a la política del PP, sin duda, pero ahora que la valiosa y valerosa María San Gil se ha visto apartada momentáneamente de la política por enfermedad, conviene recordar en su honor y en el de su partido que cualquier concejal del PP en el País Vasco ha hecho más por la defensa de las libertades constitucionales de ustedes y mías que todos los intelectuales abajofirmantes que luchan contra la derechización del mundo desde sus cómodos negocios artísticos o académicos.

Aunque duela decirlo y dejando a un lado la pureza de las intenciones iniciales, ejem, lo indudable ya es que el Gobierno de Zapatero ha fracasado en toda regla en el supuesto "proceso de paz". Una ETA acorralada, políticamente cortocircuitada y que podía haber sido eliminada en año y medio de haber seguido la política conjunta PP-PSOE de finales del Ejecutivo anterior (según afirma la Policía francesa) se encuentra hoy revitalizada, rearmada y dispuesta a actuar en cualquier momento. Batasuna no ha cambiado ni un ápice sus planteamientos políticos, ha pasado de fuerza marginal y casi mendicante a interlocutor político privilegiado, además de volver como fuerza electoral y recuperar probablemente sus posiciones perdidas en muchos municipios claves para su financiación y reafirmación estratégica. Ha aumentado la presencia radical en los medios de comunicación vascos, sigue la coacción sobre los ciudadanos disidentes y desde luego la extorsión a empresarios y profesionales, contra la que por lo visto nada puede hacerse (¿se imaginan lo que sería saber que cientos de empresas, comercios, restaurantes, profesionales están pagando mensualmente cantidades importantes a Al-Qaida pero que nada puede intentarse penalmente contra ellos porque bastante sufren ya los pobrecillos?). De Juana Chaos se pasea tranquilo por el mundo y dentro de poco tendrá problemas de sobrepeso, por lo que habrá que mandarle a su domicilio para que haga régimen. Y para colmo todo el mundo asume como inevitable que ETA volverá matar. Digo yo que en cuanto acabemos de desvelar las patrañas y mentiras de la supuesta "conspiración" del 11-M, habrá que empezar con las del "proceso de paz". Denunciar a quienes dijeron que no había negociaciones políticas (lean, lean los documentos incautados al "comando Donosti"), a los que aseguraban sin enrojecer que Aznar hizo lo mismo, a los que sacaban la foto de las Azores cada vez que se les señalaba la de Patxi López con Otegi, a los que nos contaron las virtudes humanitarias y los efectos salvadores del tratamiento penal a De Juana, por no mencionar a quienes aseguraban que había "indicios borrosos" de la voluntad de ETA de dejar próximamente las armas Cuatro podría hacer otro buen reportaje, muy objetivo, sobre este tema y hasta le sugiero un título, más triste pero no menos verdadero que el del anterior: "La victoria de los embusteros".

Uno de los mejores cuentos de fantasmas que conozco es "Casa tomada", de Julio Cortázar. En él, una pareja de hermanos mayores y solteros vive en la casa de sus antepasados. Poco a poco, deben ir cerrando habitaciones y bloqueando puertas de las estancias 'tomadas' por entidades que no se precisan pero se presienten hasta que finalmente tienen que abandonar su hogar invadido por el Mal. En el País Vasco, muchos de quienes hemos luchado contra el expansionismo del nacionalismo obligatorio estamos en la misma tesitura. ETA y adláteres ocupan las localidades pequeñas, luego las medianas, luego barrios de las grandes y espacios públicos comunes: nosotros vamos cerrando puertas y retrocediendo. Cada vez con menos apoyos y más críticas de quienes se impacientan por nuestras quejas. Los socialistas vascos por ejemplo nos tienen por "miserables", cuando no por extremistas de derechas (con el PSE pasa lo que con la Ertzaintza, aunque peor: en sus filas hay gente decente y combativa, pero con los mandos actuales no hay manera). Y aún eso es preferible a los que nos muestran su 'solidaridad humana' por las amenazas que sufrimos, para acto seguido criticar la Ley de Partidos o recomendar el diálogo como solución de nuestros males. No, que quede claro: no queremos solidaridad "humana" sino política. La "humana" que se la guarden los simpáticos donde mejor les encaje

Y habrá que irse, claro. Ya no podemos hacer más. Ustedes, nuestros conciudadanos, tienen la palabra. Si refrendan electoralmente lo que hasta ahora se viene haciendo, sólo nos queda salir a la intemperie y buscar refugio donde sea. «Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada".
Artículo censurado en El País y publicado en El Correo, el 19 de mayo de 2007

Vía Libertad Digital

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Mario Vargas Llosa denuncia al partido socialista como colaborador necesario con los nacionalismos (en ABC)


Mario Vargas Llosa: «El PSOE se ha vuelto el caballo de Troya de los nacionalismos»

Vargas Llosa: «El PSOE se ha vuelto el caballo de Troya de los nacionalismos»
Hace sólo unas horas —es viernes— Mario Vargas Llosa acaba de tener su quinto nieto. Sus hijos Álvaro y Gonzalo ya le habían hecho abuelo cuatro veces y ahora le ha tocado el turno a Morgana con una preciosa niña. Al otro lado del teléfono y allá, en Lima, se le escucha encantado. Felicidades. Sin embargo, no crea que se va a escapar: es la hora del tercer grado y todo girará en torno a los grandes males de la política española e iberoamericana: los nacionalismos y el populismo. Además, aquí estamos en campaña electoral y la cosa está que arde.
—En España, el PSOE ha mostrado veleidades populistas. De hecho, el propio Felipe González aspiraba al mismo techo social que el PRI durante las elecciones de 1982. Echeverría y López Portillo apoyaron y ayudaron al partido que nació en Suresnnes... González extendió esas amistades a Carlos Andrés Pérez, un populista que fue expulsado del poder a la vista de la corrupción de su régimen. Ahora, Zapatero, impulsa políticas claramente populistas...
—Bueno, yo no soy socialista, nunca he votado por el PSOE y voy a votar en estas elecciones por Esperanza Aguirre y por Alberto Ruiz-Gallardón, así que a mí nadie me puede acusar, ¿no es cierto?, de complicidades con el PSOE… Pero creo que no es justo comparar a este gobierno socialista con el PRI, que no era democrático y que impidió la democracia en México. En España la democracia es una realidad irreversible. Y eso es algo que se debe tanto a las fuerzas de derecha como de izquierda que en la Transición establecieron unos consensos que le han dado a España su formidable progresión tanto en el campo político como en el económico. Y es el resultado de que las dos fuerzas políticas más importantes: el PSOE y el PP, han establecido un consenso para preservar y profundizar la democracia. Ahora bien, claro, son dos partidos que se pelean, que se insultan, lo cual es muy hispánico, pero la democracia no está amenazada en absoluto, afortunadamente para España y para Europa.
—Algo habrá que no le guste en el PSOE cuando vota al PP...
—Dicho lo anterior, sí, yo tengo muchas cosas que criticarle al PSOE, sobre todo su política con ETA, que yo creo que ha sido una política muy equivocada. Tampoco me gusta su decisión de establecer alianzas con los nacionalismos periféricos extremistas —como ERC— para tener el poder. Porque en España, tradicionalmente, el socialismo era una fuerza antinacionalista muy grande y hoy el PSOE se ha vuelto el caballo de Troya de los nacionalismos; y eso lo lamento muchísimo.
—El historiador británico Michael Burleigh en su obra «Poder terrenal» califica a los nacionalismos como «iglesias» y como «patologías» políticas... ¿Cree lo mismo?
—El nacionalismo, lo mismo el centralista que los periféricos, es una catástrofe en todas sus manifestaciones. Eso ya lo sabemos. Claro que es una enfermedad; en la práctica, un rechazo del otro porque es la aspiración completamente utópica de ir hacia sociedades racial, religiosa o ideológicamente homogéneas. Y eso no es democrático y, además, no es realista, porque todas las sociedades han evolucionado y se han diversificado extraordinariamente, que es lo que la globalización significa, un fenómeno del que nadie puede apartarse. Creo que, en última instancia, el nacionalismo está reñido con la democracia. Aunque hay que diferenciar el nacionalismo de pistoleros terroristas del nacionalismo burgués de CiU o del PNV. Pero si usted escarba en las raíces ideológicas del nacionalismo, éstas son un rechazo de las formas democráticas, un rechazo a la coexistencia en la diversidad, que es la esencia de la democracia. Por eso yo combato el nacionalismo en todas sus manifestaciones.
—Los populismos nacionalistas están en auge en Iberoamérica, como demuestran los casos de Hugo Chávez, Evo Morales o Rafael Correa.
—El populismo tiene, por desgracia, una antigua y robusta tradición en toda América Latina, de tal manera que fenómenos como los de Chávez, Morales o Correa no son nada novedosos. Continúan una inercia ideológica que, a pesar del enorme daño que ha hecho, todavía sigue enraizada en algunos de nuestros países. De todas maneras, a mí me gustaría salir al frente a ciertas afirmaciones completamente pesimistas, según las cuales América Latina una vez más perdió su oportunidad y dio un salto atrás. Y no es verdad. Está ocurriendo en Venezuela y como Hugo Chávez promueve el populismo más radical, el estatismo, un socialismo totalmente caduco, y lo hace con sus petrodólares, ha conseguido que tanto Bolivia como Ecuador se alineen detrás. Lo cierto es que en el resto de América Latina el populismo más bien está siendo resistido y rechazado con energía, incluso por gobiernos de izquierda o de centro izquierda.
—Es el caso de Luiz Inácio «Lula» da Silva, ¿verdad?
—Es muy interesante ese fenómeno porque, cuando Lula era candidato, se creyó que iba a dar un nuevo impulso al populismo, pero ha dado marcha atrás y está haciendo una política, digamos, socialdemócrata a la europea y en muchos aspectos, sobre todo el económico, de tipo liberal. Lula no está alineado con Chávez, sino que ha tomado unas distancias clarísimas, aunque se abrace con él y acepte sus intentos de soborno. —Eso no sólo ocurre en Brasil...
—Claro, también pasa en Uruguay, donde hay un gobierno de izquierda que, sin embargo, no sigue para nada los lineamientos de Chávez. Y otros países como Perú, por ejemplo, o Colombia, que están exactamente en los antípodas de Chávez. El caso de Chile es ejemplar, sin ninguna duda, aunque haya perdido algo del dinamismo que tenía en los últimos años, pero sigue avanzando en una línea totalmente antipopulista. Así ocurre en México, por supuesto, y en casi toda Centroamérica, con la excepción relativa de Nicaragua, donde Ortega coquetea con Chávez, pero todavía no está aplicando políticas estatistas ni nacionalistas. Hay esperanzas de que en América Latina no cunda esa política, en última instancia suicida, que es el populismo extremista de Hugo Chávez y Fidel Castro.
—¿No es cierto que, comparada con la segunda mitad del siglo XX, hoy la situación de Iberoamérica es mucho mejor, incluso absolutamente democrática?
—Si hacemos las sumas y las restas, dictaduras dictaduras hoy no hay, a excepción de la dictadura prehistórica de Fidel Castro en Cuba. La nueva aprendiza de dictadura aún no está del todo asentada, aunque Hugo Chávez avanza hacia ella. La verdad es que en el resto de América Latina tenemos gobiernos democráticos nacidos de elecciones donde, más bien que mal, están funcionando las instituciones democráticas. No hay un ambiente favorable ni a los golpes de Estado militares, ni a la política revolucionaria extremista.
—En Perú, el aprista Alan García ha recuperado la presidencia, a pesar de haber sido el responsable de una brutal crisis económica cuando gobernó de manera populista a mediados de los 80.
—Es muy interesante lo que está ocurriendo aquí y me sorprende que se esté llevando adelante una política económica tan positiva, con la que el país está creciendo a este ritmo tan elevado, entre un 6 y un 7 por ciento anual. Y es una verdadera sorpresa que lo haga un gobierno presidido por Alan García, quien en su primer mandato hizo una política populista catastrófica, porque hoy día está siendo económicamente muy responsable al hacer una defensa del mercado y de la empresa privada, alentando, además, la inversión extranjera.
—Vaya, también sorprende oírle hablar bien de quien orquestó aquel «todos contra Vargas Llosa» que le entregó la presidencia a Alberto Fujimori en la segunda vuelta de las elecciones de 1990.
—Todo eso parece haber quedado atrás. Es interesante ver cómo las ideas que yo defendí y que fueron recibidas con gran hostilidad, hoy han generado un consenso general, pues, salvo una izquierda minúscula y completamente anacrónica, ya nadie pide en el Perú que se nacionalicen empresas ni que se cierre la frontera a las inversiones extranjeras. Parece como si los peruanos finalmente hubieran aprendido la lección.
—Valdimiro Montesinos parece un personaje inspirado en Cayo Bermúdez, el gran represor de su novela «Conversación en la catedral», inspirado en Alejandro Esparza, el fouché de la dictadura de Odría, al que usted conoció. ¿Supera la realidad a la ficción?
—Todas las dictaduras han tenido siempre ese hombre que trabaja en las sombras, que es el especialista en el crimen y en los grandes desfalcos, que organiza los robos, que suprime opositores, acaba con la libertad de prensa, maneja los cuerpos de asesinos y organiza el terrorismo de Estado. Todo eso era Montesinos, pero, claro, llevado a una potencia que en América Latina se desconocía. Nunca se robó, se manipuló la opinión pública, se asesinó y se torturó con la ferocidad con la que él lo hizo. Por supuesto, en complicidad con Alberto Fujimori. Por una vez en la historia, el tal Montesinos está preso y siendo juzgado, ya ha reunido una buena cantidad de condenas y ahora se le vienen los juicios peores por los asesinatos de estudiantes, sindicalistas, profesores y de otros, disimulados como actos terroristas o como lucha antiterrorista… Yo creo que pasará el resto de sus días en la cárcel. Y esperemos que pase lo mismo con Fujimori una vez que Chile lo extradite, como la razón reclama por los crímenes contra la Humanidad que cometió.
—En esa misma novela, el periodista Zavalita se pregunta: «¿Cuándo se jodió el Perú?». pregunta que muchos se hacen por Argentina. ¿Jodió el general Perón con su populismo filofascista para siempre el futuro democrático de esa gran nación?
—La forma de populismo que se encarnó en Argentina fue muy triste porque era un país desarrollado cuando dos tercios de las naciones de Europa aún estaban subdesarrollados. Hay que acordarse de que Argentina no sólo era una potencia mundial económica, sino que fue un país que implantó el sistema educativo más amplio, más eficiente y más democrático de su época. Nadie recuerda que Argentina es uno de los primeros países que acaba con el analfabetismo, creando una educación pública de altísimo nivel, que permitía realmente una igualdad de oportunidades para la población. Y tampoco que tenía una economía muy pujante y abierta. Todo eso acaba con las políticas insensatas del peronismo que nacionaliza todas las empresas exitosas, que establece un sistema estatista inspirado en el fascismo, porque parece que también se ha olvidado que Perón sentía una enorme admiración por Mussolini… Todo esto se fue comiendo aquella prosperidad hasta convertirse en un país subdesarrollado. Es un país que se subdesarrolló a sí mismo por culpa del populismo y que no acaba de enderazar su rumbo, por desgracia.
—Néstor Kirchner tiene muchos resabios populistas y le hace más de un guiño a Chávez... ¿Qué opinión le merece?
—Kirchner es la confusión encarnada y representa ese populismo. Ha tenido un ministro de Economía en su primera época, Roberto Lavagna, que fue bastante sensato y eficiente, y eso le permitió estabilizar el caos en que se hallaba Argentina \[es la época del «corralito»\]. Pero clarísimamente todos sus instintos y sus predisposiciones son populistas, no son liberales, no son modernos sino anticuados, y por eso da las bandazos que vemos. Desgraciadamente no soy muy optimista con Argentina, donde la vida política parece un monopolio de las distintas facciones peronistas. Algo que parece más propio de la literatura de ciencia ficción que de la realidad política contemporánea.
—Otro caso bien distinto es el de México, que vivió prisionero del populismo del PRI durante 70 años de «dictadura perfecta», como tan polémicamente la definió.
—Bueno, felizmente no fue tan perfecta como creíamos... Ha desaparecido y yo creo hoy la democratización ha avanzado muchísimo en México; tengo la casi absoluta seguridad de que lo que fue el PRI ya nunca va a volver al poder. El país está vacunado y lo que queda del PRI es una forma muy degenarada de lo que fue su sistema, tan absolutamente eficiente, de control del poder durante 70 años y que estableció una especie de dictadura disimulada que, al final, causó grandes estragos. Tengo la certeza de que es una etapa superada y que México sigue un proceso de democratización sistemático con el actual gobierno de Felipe Calderón.
—Para terminar, el comandante Fidel Castro ha superado ya al general Franco, caudillo gallego como él, y al generalísimo dominicano Léonidas Trujillo, a quien dedicó «La fiesta del Chivo».
—Castro tiene esa tristísima credencial de ser el dictador más longevo de la historia del Occidente moderno. Y eso que la historia latinoamericana está repleta de dictadores longevos. De todas maneras, creo que está dando las últimas boqueadas y tengo la absoluta seguridad de que su dictadura no va a sobrevivirle, porque en América Latina nunca una dictadura ha sobrevivido a su dictador. O sea, que el final de la pesadilla cubana yo creo que está cerca; y ojalá que la transición de Cuba a la democracia sea pacífica, porque ya los cubanos han sufrido bastante con estos 50 años de tiranía comunista.

Entrevista publica en ABC. Enlace.

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