Blogoteca: abril 2007

lunes, 30 de abril de 2007

España-Israel, por Manuel Molares do Val, en su blog Crónicas Bárbaras




Tuvieron que asustarse mucho importantes militantes del PSOE con el final nazi de una manifestación contra Israel que convocó su partido en Madrid con otras organizaciones, para tener que crear una Asociación de Solidaridad España-Israel (ASEI) y demostrar públicamente que hay izquierdas que no son antisemitas.
Aquella manifestación, el 19 de septiembre de 2006, apoyó al fanatismo islamista de Hizbolá en su guerra contra Israel, que había reaccionado contra los bombardeos terroristas desde el sur del Líbano atacando sus bases, en las que tenían a mujeres, ancianos y niños como escudos humanos.
Mucha gente de buena fe que protestaba por la que creía brutalidad de Israel escuchó al final como millares de bocas pedían el exterminio de los judíos con eslóganes extraídos de los discursos de Hitler.
La Asociación ha elaborado un manifiesto (www.aseiweb.net) recordando que los valores democráticos, políticos, sociales, económicos, culturales y religiosos de Israel son iguales que los de cualquier Estado democrático de occidente.
Advierte que la izquierda no debe ser antisemita, antijudía ni antiisraelí, y que la democracia de Israel debe ser defendida por el verdadero progresismo izquierdista, no solamente por la derecha, como está ocurriendo en España.
Y recuerda que el peligro del terrorismo islamista acosa a ambos países, aunque Israel lo sufre día tras día, muchas veces con decenas de muertos provocados por suicidas que llegan a ser niños o discapacitados mentales.
Pero es tal el desconocimiento o la manipulación informativa del problema en España que poca gente sabe que el país hebreo debe proteger a muchos palestinos que desean la paz, porque están sometidos al terror de los fundamentalistas de Hizbulá y Hamas, como denunció esta semana en el Parlamento español la presidenta del Parlamento israelí y Jefa de Estado en funciones, Dalia Itzik.

Enlace al Blog Crónicas Bárbaras

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Cultura para servir a la 'nación', por Antonio Robles (El Mundo)


"Transcorreguts més de vint-i-cinc anys desde la recuperació de les llibertats democrátiques i de la restauració de les seves institucions nacionals, la cultura contribueix a crear l'imaginari col·lectiu que tenen els pobles, i és un element bàsic d'identitat, d'exercici de la diversitat i de cohesió social. Per això, l'objete del Consell de la Cultura i de les Arts de Catalunya és la cultura catalana".

Han leído correctamente. Es uno de los párrafos que engalanan la exposición de motivos o sea, los objetivos finales del "Projecte de llei del consell de la cultura i de les arts de Catalunya" que ha entrado en el pleno del Parlament de Cataluña el pasado 18 de abril.

En un solo párrafo nos dan una receta completa de lo que no somos y a la vez, de lo que debemos ser para conseguir convertir en verdad la mentira anterior. No hemos restaurado ninguna institución nacional, sólo nos hemos dotado a través de la Constitución española de una institución autonómica. Mientras no se demuestre lo contrario, somos una Comunidad Autónoma. ¡Ya está bien de pensar y querer actuar como Estado cuando somos una Comunidad Autónoma!

A continuación se pontifican varias afirmaciones sin pudor alguno amparadas en la persecución de un fin excluyente: ¿Cómo puede ser el objetivo final de un Consell de la Cultura y las artes, la cultura catalana? ("cultura catalana" para los que han presentado el proyecto de ley es la cultura catalanista hecha en catalán y "lengua catalana" que es la única lengua propia de Cataluña).

La cultura no puede ser un instrumento de ingeniería social para fabricar una identidad al gusto de un grupo ideológico determinado. El arte, la cultura, son libre creación, cuyos resultados a lo largo del tiempo nos conforman momentáneamente, no nos fijan como si fuéramos piedras. El imaginario colectivo no es único, ni fijo, ni eterno ni puede ser construido. Es plural, sujeto al cambio y, por lo mismo, perecedero. Crear una ley de Cultura y arte para fabricar ese imaginario, para potenciar alguno de los existentes en Cataluña o excluir a otros es una barbaridad propia de los regímenes totalitarios.

¿Cómo se puede dar a entender sin ruborizarse que solo a través de la cultura catalanista -que eso es lo quiere decir la cultura catalana en el contexto de este proyecto de ley- se puede llegar a la cohesión social?

"Alhora, en els àmbits en que la llengua dóna forma a l'expressió cultural, el Consell tindrà especial cura envers la cultura que s'expressa en llengua catalana i vetllarà per unes relacions preferents amb els actors culturals de la resta de territoris de parla catalana".

¿Quiere esto decir que los que no tengan a la lengua catalana como forma de expresión artística, no podrán participar de la cultura catalana? Porque si es así, la lengua se convierte en un instrumento de exclusión.

Es inaudito, esto ya no es sólo una imprudencia política, es un error conceptual: No se puede confundir la ideología de la cultura nacional/catalanista con la cultura catalana. Respetable, pero una entre otras. La cultura catalana somos todos: Los que van al Liceo y los que prefieren a Estopa, los que hablan una lengua u otra, los que son aficionados al Barça, al Espanyol o al Nàstic.., los que hacen graffiti en los muros de la marginación y la gauche divine que aún no ha salido de Bocacio, los que leen a Félix de Azúa o prefieren a Clara Simó, los que bailan sardanas, levantan castells o los que viven la feria de abril con finos y sevillanas

Es paradójico además que no incluyan a la mitad de la población de Cataluña, pero se vayan a violentar a millones de ciudadanos fuera de ella en nombre de esa entelequia que llaman "Els païssos catalans".

La frivolidad política de las generaciones nacionalistas nacidas al amparo de Jordi Pujol han convertido al Parlamento catalán en un Estado virtual independiente.

Poco importa la realidad, la atmósfera mental permite pensar como si fuéramos Estado aunque en la realidad haya que legislar como una Comunidad Autónoma. De ahí la eterna insatisfacción.

De ella, los intentos sistemáticos de llevar proposiciones y proyectos de ley a la cámara con el sello inconfundible de la construcción nacional. Sean de lo que sean: La marca de la lengua propia y la identidad nacional sirven para limitar el perímetro nacional de cualquier ley. El ex presidente Pasqual Maragall lo ha dejado por escrito: "Erramos al impulsar la reforma del Estatut en lugar de la de la Constitución".

Es un despropósito. El mejor destino de la cultura es dejarla en paz y no enlatarla en leyes. Al menos en tiempos donde el pensamiento político ha reducido todo a la construcción nacional.

Vía CRITERIO

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domingo, 29 de abril de 2007

Corrupsoe, vuelve lo peor del felipismo, por Federico Quevedo (El Confidencial)


Era inevitable. Tenía que salir. Les diré a ustedes que cuando ayer leía en la portada de El Mundo las informaciones que implicaban a Pepiño Blanco con una trama de corrupción y cobro de comisiones ilegales en Ibiza, como agente autorizador, no me sorprendió nada. Blanco se ha querellado contra Roque López, ex secretario general de los socialistas baleares, quien, en definitiva, es el que le inculpa en sus conversaciones, y no el diario que se limita a reproducirlas, y ahora deberán ser los jueces los que decidan si hay o no delito en la actuación del número dos del PSOE. Pero, fíjense ustedes, la respuesta de Ferraz ha sido decir que todo forma parte de una venganza... Hombre, puede ser, pero ya saben que no se venga quien quiere, sino quien puede, y si estos pueden, será por algo, digo yo.

Lo de Ibiza Centre, que resulta que además de en Baleares también trabaja en la Andalucía de Chaves, se aventura como aquello de Filesa, o peor, a decir de quienes tienen información adicional sobre todo este asunto. Pero nada de esto puede sorprender, salvo por las prisas que estos chicos se han dado en volver a las andadas. No puede sorprender porque forma parte de la esencia de los cien años de honradez. La izquierda tiene una concepción patrimonialista del poder y de todo lo que conlleva, y por eso no nombra a personas independientes al frente de las instituciones, sino que las ocupa con personas fieles a la ideología y al partido.

Es lo que ha hecho Rodríguez en la CNMV. Con Conthe cometió el error de dejarse convencer por Solbes, el único socialdemócrata del Gobierno, para nombrar a un supuesto independiente que lo fue el día en que le llevaron la contraria..., pero ahora ha optado por la opción más decididamente opuesta a la independencia del citado organismo, y que más va a actuar en favor del desprestigio del mismo: nombrar a Julio Segura.

¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro? Todo, porque lo de Ibiza es más de lo mismo. El felipismo ya nos enseñó la peor cara de la izquierda radical cuando salieron a la luz todos los escándalos de corrupción y crímenes de Estado que don Felipe González amparó desde la Presidencia del Gobierno, sin que aún sepamos la verdad de todo lo que hicieron durante esos trece años en el poder, ni cuánto dinero se llevaron. ¿Se acuerdan de que al poco tiempo de ganar las elecciones de 2004, la actual ministra de Cultura, Carmen Calvo, dijo aquello de que el dinero público no es de nadie? Ahora lo entienden, ¿verdad?

Salvo por un error de la doña, porque lo que tenía que haber dicho es que sí era de alguien, del PSOE. La izquierda no contempla la posibilidad de estar fuera del poder, salvo que sea por espacios cortos de tiempo. La primera legislatura de Aznar le sirvió al PSOE para reponer fuerzas, pero cuando el PP ganó por mayoría absoluta, la izquierda se puso a maquinar la manera de excluir al PP del sistema, y en ese empeño han venido trabajando desde entonces, incluso después de ganar las elecciones del modo en que lo hicieron, porque de lo que se trata es de que el PP no vuelva nunca a mas a pisar la alfombra roja del poder, pues ese es un derecho que les está reservado sólo a ellos.

Y por eso esta vez han tardado tan poco en mostrarse tal cual son. Ya sé que me dirán que también hay casos de corrupción en el PP. Cierto. Ningún partido político puede sustraerse del riesgo de que, en sus propias filas, surjan indeseables que hacen del servicio público una comunidad de intereses particulares. Las corruptelas, por desgracia, forman parte de un sistema que basa parte de su estructura política en la confianza de los ciudadanos en sus dirigentes, y esa confianza se ve a menudo, demasiado a menudo, traicionada por comportamientos reprochables.

Pero no es de eso de lo que estamos hablando. Eso se arregla con mejores leyes, y con una justicia eficaz, y aun así siempre habrá alguien que quiera burlar el sistema, y con eso habrá que convivir procurando que en el noble ejercicio de la política reine la excelencia. Lo que ponen de manifiesto tanto el caso de corrupción de Ibiza como el caso de la CNMV es que la izquierda, en lugar de caminar hacia una concepción liberal de la democracia, sigue instalada en esa concepción patrimonialista que denunciaba al principio de estas líneas, y cuando la izquierda cree que el poder y que las instituciones le pertenecen, no duda en ejercerlo vulnerando las reglas del juego y violando la ley. Lo hizo durante trece años de Gobierno de González, ¿por qué no volverlo a hacer ahora?.

¿Piensan ustedes que la Fiscalía Anticorrupción va a tomar cartas en el asunto y va a hacer caso de la denuncia contra Taguas-Sebastián-Arenillas por sus implicaciones en presuntos delitos de cohecho y tráfico de influencias en las sucesivas OPAs sobre Endesa? No, porque el PSOE controla a la fiscalía, y le falta poco para controlar a los jueces, y mientras los resortes del poder y de los organismos e instituciones encargados de velar por el buen funcionamiento de la democracia esté bajo su mando, la independencia, la neutralidad y el respeto a la ley y las reglas del juego democrático brillarán por su ausencia. Por el contrario, ya verán cómo, en respuesta a las informaciones de El Mundo el acoso al PP se hace más asfixiante y la utilización de todos los resortes del poder contra el primer partido de la oposición, aún más envolvente.

fquevedo@elconfidencial.com

sábado, 28 de abril de 2007

La desintegración de España, por el colectivo Gracián (Un artículo publicado en ABC el miércoles 4 de octubre de 2006 )


TAL como van las cosas, negar el serio problema de la posible mutilación de España es cerrar los ojos a la realidad. Eso, ¿sería bueno o malo? La desintegración de España sería mala, muy mala, para todos los españoles, incluso para los que reniegan de serlo; y ello tanto racionalmente como desde un punto de vista existencial.

Su mutilación sería humana y vitalmente mala, porque esa comunidad llamada España es un gran patrimonio que hemos recibido de nuestros antepasados a modo de herencia, que no debemos dilapidar. Su variedad de culturas, su historia común, sus lenguas, su arte, su derecho, sus costumbres, sus problemas, sus éxitos... todo esto es un patrimonio colectivo que no nos pertenece sólo a los que hoy vivimos y disfrutamos de él, sino que es el acervo común de las generaciones pasadas, de las presentes y de las futuras.
Tenemos un admirable acervo nacional, por el que tantos y tantos han dado su vida, y carece de sentido aceptar la herencia a beneficio de inventario o, sin más, destruirla. De la misma forma que tenemos una familia, un padre y una madre, y, si podemos, un patrimonio, los españoles tenemos un patrimonio común, una patria, palabra que está directamente relacionada con «pater», padre en latín. Y al igual que nadie con buena crianza reniega de sus padres, aunque tengan sus defectos, sino que los quiere, y procura aumentar el patrimonio familiar, hay ahí algo vital que nos lleva a querer y defender a España, Nación española que, dice la Constitución, es «patria común e indivisible de todos los españoles».

Precisamente una parte de ese gran acervo común es la riqueza de las distintas culturas, lenguas, costumbres y modos de ver las cosas que hay en España. Tenemos la gran fortuna de que nuestro patrimonio sea diverso, rico y variado. Por eso las comunidades autónomas no son meramente entes subordinados o controlados por el todo, sino parte integrante de la comunidad política autónoma llamada España, comunidad que sin ellas ahora no sería lo que es. El que sean partes de un todo no significa que no sean libres. Al contrario: aunque pueda parecer una paradoja, las comunidades autónomas son más libres dentro del todo que es España que construyendo su propio cuerpo político. La razón es clara, y es la misma que hace que un individuo tenga más libertad y más posibilidades de progresar cuando convive con muchas otras personas civilizadas como él que cuando, por el contrario, está encerrado en una especie de Albania comunista, o simplemente en su propia casa, sin salir fuera: cuanto más amplio es el espacio vital efectivo en el que una Comunidad o una persona pueden vivir y actuar, mayor es la libertad de ese individuo y de ese colectivo para moverse y desarrollar sus propias capacidades. Ésa es la razón por la que los pensadores británicos que proclaman la total soberanía del individuo sobre sí mismo -como Hume y John Stuart Mill- en política confían en un Estado unido y fuerte que proteja y preserve sus libertades. A nivel colectivo puede decirse otro tanto.

En definitiva, querer a España es querer a toda España, no a una parte de ella. Ésa es la causa, a su vez, por la que Aristóteles dice que «toda comunidad política implica amistad» (Política, 1295b), pues los hombres no quieren compartir con los enemigos ni siquiera el camino. Por consiguiente, añade, cuando unas partes dominan sobre otras se forma una república de esclavos y amos, no de hombres libres, donde unos envidian y otros desprecian, lo cual dista muchísimo de la comunidad política. Amor a España, diría hoy Aristóteles, es amor a Cataluña, al País Vasco, a Andalucía, a Madrid y a todas las demás Comunidades que la integran. Y sin él España no puede sobrevivir, pues la concordia, la amistad y la solidaridad es lo que mantiene unidos a los hombres y a las comunidades en que se integran, más aún que la justicia y las leyes.

Desde un punto de vista puramente racional, la mutilación o desaparición de España también es mala. No por pura inercia de conservar lo recibido, ni por simple amor a la patria, sino porque el juicio y el raciocinio llevan a pensar que un mínimo de higiene mental, individual y colectiva, requiere que un cuerpo o persona no se esté cuestionando permanentemente: ¿qué soy yo?, ¿adónde voy?, ¿quiero existir? Ser una persona equilibrada, desde el punto de vista psicológico, supone mantener una cierta estabilidad, y ese símil sirve para el cuerpo político. Históricamente vemos que las comunidades que más han progresado son aquéllas que han conseguido la estabilidad y el equilibrio, como aquella Roma republicana envidiable, cuyo secreto era precisamente el equilibrio, según narran Polibio y Cicerón. Las convulsiones, salvo que estén racionalmente encauzadas, a lo único que llevan es a perder tiempo y energías.

¿Cómo mantener el equilibrio psicológico del cuerpo político de España? Aunque haya quienes no lo oigan, o no quieran oírlo, España necesita estabilidad, necesita un proyecto coherente para su vida futura, y los conflictos aparentes entre sus miembros no son útiles; al contrario, tienen más desventajas que ventajas, y debilitan a todos. No son razonables porque el mundo no va por ahí y tiende a la unión; especialmente Europa, de la que formamos parte. Tienen desventajas porque los conflictos y traumas artificiales son irracionales y son peligrosos, ya que está demostrado que las frustraciones psíquicas con frecuencia salen fuera y se convierten en extra-psíquicas, provocando que la persona reaccione violentamente contra su entorno ambiental o social.

Está claro: la desintegración de España sería mala, muy mala para todos, incluso para quienes reniegan de ser españoles.

Gracián. Colectivo que reúne a 60 intelectuales y profesores de reconocido prestigio.



NOTA DEL EDITOR: Debo dar las gracias ahora y por tantas veces a la página REGGIO que a menudo me ha ayudado para esclarecer o para encontrar un texto. A quien le guste leer artículos de opinión, le recomiendo la visita asidua. Es una página estupenda como hemeroteca y que lleva Reggio con una constancia admirable.

Gracias amigo, y si hay algo útil en mis páginas, sírvete a discreción.



Al Blog Principal de M. Planells





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viernes, 27 de abril de 2007

¿Independencia, para qué? Manuel Montero (El País)

Dice el nacionalismo que el problema vasco consiste en que un pueblo milenario dotado de una identidad propia está enfrentado a España (al Estado español, por usar su jerga), pues quiere volver a ser independiente, a lo que tiene pleno derecho constitutivo. Del planteamiento se derivan algunas consecuencias que pueden hacer estragos, en un país harto de la cuestión vasca y quizás predispuesto al síndrome de Estocolmo, a los diálogos y a lo que sea para quitarse de encima la pesadilla. Se deduce la idea nacionalista de que todo se arreglaría si el "Estado español" diera la independencia al pueblo vasco; y si de momento no se reclama tanto -hay mucha tela que cortar-, se reivindica algún punto intermedio, "dialogado" y "negociado", atendiendo no al peso de los votos, sino al de la voluntad nacionalista. O sea, que si se eternizan los problemas se debe a la cerrazón de España, pues se niega a buscar la "solución democrática" (en tal esquema el reconocimiento de los "derechos nacionales" que imagina el nacionalismo constituye la esencia de la democracia).

Todo reside en la pugna entre el pueblo vasco y España, de creer al nacionalismo. De modo que lo nuestro tiene una solución sencilla. Si persisten conflictos, violencias, tensiones... es sólo por las ínfulas españolas, uniformistas, opresoras e incapaces de reconocer a un pueblo vasco con identidad propia, una evidencia histórica, política, antropológica, lingüística, cultural, biológica... un hecho objetivo. ¿No termina la violencia en el País Vasco y perdura la agitación nacionalista? Se debe al empecinamiento de España por no restituir el natural orden de las cosas.

Las argumentaciones expuestas son de raigambre nacionalista e innegable éxito social, pero sin pies ni cabeza. No entro en las figuraciones milenaristas o en esas pintorescas visiones de los vascos sosteniendo contra viento y marea su identidad desde hace 7.000 años, que ya ha llovido, pues cada cual es libre de soñar lo que quiera (otra cuestión es que haga la pascua a los demás por sus alucinaciones). Tampoco en la costumbre nacionalista de imaginar que sus reivindicaciones son derechos, incluso derechos democráticos. Sí me refiero a su corolario, argumentalmente, el punto de partida, la idea de que la conquista de algún soberanismo relajaría al nacionalismo y eliminaría la violencia. Hasta donde podemos colegir es un supuesto falso.

Imaginemos que algún proceso de negociación, infernal o placentera, lleva a la conclusión de que nuestro destino idóneo es convertirnos en el Estado Libre Asociado que proponía el fracasado plan Ibarretxe y, llenos de alborozo, a él nos encaminamos. ¿De verdad cree alguien que en tan dichoso momento ETA, emocionada, decidiría dejarlo y desaparecer? ¿Por qué iba a hacerlo, tras comprobar que la extorsión resulta rentable? Más bien le serviría de estímulo para perseguir más prometedoras metas. Y lo que se da en llamar nacionalismo moderado, ¿rebajaría su agresividad contra la parte de la sociedad vasca que no es nacionalista, o agudizaría sus planes de euskalduni-zación compulsiva y de excluir de la función pública a quienes no se ajustan a sus criterios lingüísticos, en la línea emprendida ya hace años, o alguna nueva ocurrencia para seguir rebajando los derechos de quienes no son de la tribu, o convirtiéndolos a ésta?

Tampoco se piense que llegados a la dicha de la independencia, el día de la paz y de la gloria, se habría acabado todo, una vez que se izaran las ikurriñas más alto si cabe y se quemara la última bandera española y demás símbolos opresores. No se habría acabado nada y todo -la agresividad nacionalista y el gusto por el terror, cada uno en lo suyo- seguiría como estaba, bien que en un peldaño superior de la escala, reconfortados porque se sube la escalera cada vez más rápido. El nacionalismo no es sólo un proyecto político, que se consumaría con la independencia y con ella quedaría plenamente satisfecho. Constituye sobre todo un proyecto de transformación de la sociedad vasca, por la vía de terminar con las pluralidades actuales. ¿Independencia, para qué? ¿Llevamos estas décadas de enloquecimiento sólo para mandar embajadores por doquier y dotarnos de los escasos símbolos de soberanía que quedan? No resulta creíble.

Sucede que para el nacionalismo el enfrentamiento pueblo vasco-España es sólo uno de los aspectos del problema vasco, y no el fundamental. Su principal objetivo no consiste en la independencia y la autodeterminación, que en sentido estricto son sólo instrumentos para conseguir el fin ansiado. ¿En qué consiste éste? En algo aparentemente inocuo, pero demoledor. El nacionalismo vasco busca la construcción nacional, es su finalidad última. "Euzkadi necesita hoy la autonomía para su propia reconstrucción nacional", explicaba el PNV cuando se ponía en marcha el proceso que desembocaría en el Estatuto de Gernika. Lo corroboraba el Parlamento vasco en 1990: "El ejercicio del derecho a la autodeterminación tiene como finalidad la construcción nacional de Euskadi". Para el nacionalismo, la autonomía y la autodeterminación constituyen el medio. El fin es la construcción nacional.

"¿Libertad, para qué?", se preguntaba en una ocasión la dirección del PNV, casi como Lenin a Fernando de los Ríos. Y su respuesta no era "libertad para ser libres". Era (es) para algo más. "Libertad para restaurar nuestra personalidad colectiva a partir de valores creados a lo largo de una historia de milenios, (...) para restaurar la vigencia de nuestra lengua y de nuestra cultura a todos los niveles de la vida y en toda la extensión de la geografía vasca. Libertad para ordenar nuestra sociedad según nuestra propia y responsable voluntad (...)". Libertad (nacional) para la construcción nacional. En otras palabras, para amoldar la sociedad conforme a los esquemas que según los criterios nacionalistas son los propios de la identidad vasca. Suenan placenteros, pero no son planteamientos amables. Implican una notable agresividad. "Restaurar nuestra personalidad colectiva" constituye un proyecto de actuación social, que pasa por eliminar pluralidades e identidades, hasta que quede tan sólo la "personalidad colectiva" del gusto del nacionalismo.

En esta lógica, a los vascos que no son nacionalistas les toca construirse nacionalmente. El nacionalismo combate sobre todo contra ellos -más que contra España-, como responsables inmediatos de que la identidad (nacionalista) vasca no sea completa. Lucha por su conversión nacional, que no es sólo mudanza política, sino también metamorfosis identitaria. Construcción nacional no quiere decir sólo hegemonía nacionalista, que por supuesto va implícita. Significa sobre todo nacionalización plena de la sociedad vasca. Por eso el mundo feliz al que aspira el nacionalismo no es sólo el de la autodeterminación o independencia. Por eso su modelo político no está formado por ciudadanos en el sentido propio del término, sino por vascos con identidad (nacional vasca). Por eso no hay ninguna razón para imaginar que el logro de aspiraciones políticas redujese la agresividad nacionalista o los modos coercitivos. No tendría por qué relajarlos, mientras no se consumase la construcción identitaria de la nación vasca. Reeducación, se decía en otros sitios. La de quienes no se ajusten a los auténticos criterios nacionales.

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jueves, 26 de abril de 2007

Selecciones catalanas, por Alex Salmón (El Mundo de Cataluña)

EL APUNTE

¿De verdad es necesario gastarse 1,2 millones de euros para poder disfrutar del balonkorf en un encuentro entre Cataluña y Aruba? Éste es un deporte que se juega como el básquet, pero con equipos mixtos. El país es una isla en el sur del Caribe, provincia del Reino de los Países Bajos. Sería más positivo que el dinero se invirtiera en promocionar ese deporte en las escuelas, que en gestionarlo desde la Plataforma Preseleccions Esportives, método más burocrático y partidista. Algo parecido se puede decir sobre los doblajes al catalán de muchas de las películas que se estrenan.¿Por qué no invertir ese dinero en la industria del cine en Cataluña? De lo que se trata es de fomentar o de sacar partido para las industrias culturales o deportivas del país. Mucho más que convertir el deporte y sus selecciones en un hecho patriótico, o las películas americanas en productos anglocatalanes. Cuando se busca el vacío legal o el chiste positivista de lograr que las selecciones catalanas jueguen, aunque sea a balonkorf contra Aruba, se pierde el rumbo de las cosas, que es lo que está ocurriendo en aquest petit país.

alex.salmon@elmundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

miércoles, 25 de abril de 2007

El gesto que se espera de Maria de la Pau Janer, por Antonio Alemany Dezcallar (El Día del Mundo-Baleares)


Es más que probable que la integración de Maria de la Pau Janer en la lista electoral del PP balear hubiera pasado relativamente desapercibida tras unos días de agitación periodística y punto. Sorprendentemente, quien convierte en un problema -cuyo alcance está por ver- lo que, en definitiva, es la integración de una candidata independiente que confiesa afinidades con el corpus programático de los populares isleños es la propia Janer con sus desafortunadas declaraciones, rayanas en la descortesía pura y dura hacia quienes la han acogido cordialmente en su lista.

Sin embargo, peor que la descortesía, es la torpeza política que revela esta curiosa necesidad de justificarse no se sabe muy bien por qué ni ante quién. En definitiva, son los hechos, y no las palabras, los que definen los comportamientos políticos y morales de una persona. Y estos hechos -optar por ir cogidita del brazo con el PP- abonarían, en buena teoría, juicios en las antípodas de los que ha emitido la Janer. Por ejemplo, la bofetada que propina a CiU, a lo que representa CiU y a las conductas impresentables de CiU -Pacte de Tinell, satanización del PP, fascismo lingüístico, pretensiones imperialistas sobre Valencia y Baleares, etc...- con su decisión de compartir lista electoral con el Partido Popular. En política no hay adhesiones personales que nos retrotraerían a una especie de contrato de vasallaje medieval, sino adhesiones y coincidencias programáticas, ideológicas y doctrinales. Las afinidades electivas personales valen para la soberbia novela de Goethe, no para la novela electoral del próximo mes de mayo.

Lo malo es que Maria de la Pau Janer, con su imprudente comportamiento y su torpeza discursiva, ha causado un grave daño al partido y sin que quepa argüir su condición de independiente que no es, ni debe ser, incompatible con la prudencia y la inteligencia políticas. Por esto, Janer debe reparar, por imperativo político y moral, el daño causado a quienes se han limitado a ser corteses y cordiales con su persona y cuyas reacciones airadas han sido provocadas única y exclusivamente por ella misma.

Sólo hay dos formas de reparación: renunciar si es incapaz de comprender o asumir elementales normas de conducta política que incluyen el compromiso, la lealtad y la disciplina; o escenificar gestos que maticen y desactiven los graves juicios de valor que ha emitido sobre el Partido Popular.

No se trata de cantar la Palinodía, sino de mostrar la suficiente habilidad dialéctica para neutralizar, mediante el matiz clarificador, el argumento contextualizador o el lamento por una imprudencia precipitada, unas palabras impresentables. En definitiva, los políticos tienen un plus de incoherencia que no tienen el resto de los mortales. De hecho, casi ninguno puede resistir una confrontación con las hemerotecas, como ha experimentado la propia Janer cuando, ayer, este periódico publicaba perversa y malévolamente una fotografía de la mallorquina junto al Rajoy y el Piqué que no quería a su vera en una foto. La foto ya existía y casi sólo faltaba darse el pico.

Cuando el PP perdió la mayoría absoluta a causa de las DOT me encontré a José María Lafuente senior en la calle de San Nicolás y le comenté esta especie de suicidio que habían practicado los 10 o 12 mil que ejercieron una abstención de castigo al propiciar el gobierno de la izquierda. «No es esta la cuestión», me dijo Lafuente. «El planteamiento de los que se han abstenido -continuó- es el siguiente: si alguien nos tiene que dar por el c... que, por lo menos, sean los otros y no los nuestros». Me impresionó, por su agudeza descarnada, el argumento de José María Lafuente que desbarataba por completo mi tesis del voto útil que es lo que se suele oponer desde la racionalidad política, dando por hecho que la teoría del «mal menor» se impone cuando un votante disgustado se enfrenta a las urnas.

No hay que infravalorar el descontento que ha provocado entre el fiel electorado del PP, no la incorporación de Maria de la Pau Janer a las listas electorales, sino sus desafortunadas declaraciones. Y hay que recordar que Tòfol Soler apenas duró un año en la presidencia del Govern por sus veleidades catalanistas: si no lo hubieran expulsado sus propios compañeros de dicha presidencia, hoy, el PP balear, probablemente no existiría. Por esto, el PP, junto al frente que le ha abierto la izquierda intentando desplazar el centro de gravedad del debate electoral de su sitio natural que es el examen de la gestión, ahora deberá atender el otro frente que absurdamente le ha abierto Maria de la Pau Janer y que es un frente de distinta naturaleza porque afecta a sus votantes casi cautivos. Por esto es tan importante el gesto que se espera de Janer -principal responsable de esta inesperada situación- y por esto, previsiblemente, el PP deberá desplegar un discurso tranquilizador que no deje la más mínima duda acerca de cuáles son sus principios inspiradores y acerca de cómo estos principios se materializarán en políticas concretas.

Estas dos líneas de actuación es lo que primero debe tener muy claro el PP desde el punto de vista estratégico y táctico. Si lo tiene claro, el resto es una simple cuestión técnica de comunicación.

Un gran partido -y el PP balear lo es- puede y debe aspirar a abarcar y omnicomprender todo el espectro ideológico más o menos afín de una sociedad. Con un sólo límite: los principios vertebradores que justifican y están en la partida de nacimiento de su existencia. Si en aras de un grosero pragmatismo ignora estas señas de identidad, saltará hecho añicos, ya que un partido político es bastante más que su organización, sus dirigentes y sus militantes. Es, ante todo y sobre todo, sus votantes. Estos que, ahora mismo, están inquietos y no lo ocultan. Hay que atenderles. Con urgencia.

martes, 24 de abril de 2007

¿Estoy en mi país?, por Javier Cornejo


Excelente artículo de Javier Cornejo, que no hace otra cosa que explicar el ya famoso reportaje Ciudadanos de Segunda, publicado ayer en El Faro de Ceuta y Melilla:

Estos últimos días he oído hablar en diferentes medios de comunicación y debates políticos sobre un reportaje emitido por Telemadrid titulado “Ciudadanos de segunda”, y referido a aquellas personas que viven en Cataluña y tienen el castellano como lengua materna (la mayoría).

Como unos lo definían como excelente, mientras que otros lo catalogaban como “panfleto anticatalán basado en mentiras” y yo no lo había visto, me ha picado la curiosidad y he acudido a “Youtube”, en Internet, ese magnífico cajón de sastre en donde se encuentra prácticamente todo documento audiovisual que uno pueda imaginar, desde un discurso regio hasta el más estrafalario video-clip producido en un garaje por un freaky pasado de estupefacientes. Y me lo he visto enterito, de principio a fin.

Por si ustedes tampoco lo han visto, y no tienen acceso a Youtube, les haré un sucinto resumen. El reportaje presenta ejemplos documentales de la situación de absoluta marginalidad en que la lengua española es tratada en Cataluña por su gobierno en todos los ámbitos oficiales, introduce cámaras y micrófonos en las escuelas, habla con niños obligados a renunciar a su lengua y hablar en catalán entre ellos en el patio, habla también con los comerciantes multados (sí, multados) por rotular sus comercios en castellano, entrevista a ciudadanos desesperados por no poder escolarizar a sus hijos en castellano (algunos extranjeros), así como a conocidos personajes públicos, como a Albert Boadella, Rosa Regàs, Arcadi Espada, Miquel Calzada “Mikimoto”, entre otros, que exponen su punto de vista sobre el asunto. Algunos rotundamente a favor del catalán velis nolis y si no, puerta y te vas a España, que está cerquita, vienen a decir. Antes de dar mi propia opinión al respecto, quiero aclarar que amo la lengua catalana, que la conozco y la hablo, así como el pueblo catalán en general, y muchos, muchos catalanes en particular, no cual no será óbice para que, cualquier “nacionalista catalanista” que lea este artículo me catalogue, a partir de lo que escribiré a continuación, de “anticatalán”, “enemigo de la lengua catalana” y tal vez de fascista, término que últimamente sirve igual para un roto que para un descosido, y que en Cataluña se aplica indefectiblemente para todo aquel que se aparte un milímetro de la línea totalitarista del “régimen”. Trataré de superar la mella que tales improperios sin duda me dejarán. Lo que presenta el reportaje es tan riguroso y cierto como inapelable, pero debería ir aún más allá. La oficialidad catalana, que abarca todos los ámbitos de la vida pública y privada, no presenta Cataluña como país totalmente independiente de España como una aspiración política, sino como una realidad ya actual incontestable.

Veamos algunos ejemplos.

Cataluña es su nación (España no), y como todos los niños deben utilizar obligatoriamente el catalán como lengua vehicular de enseñanza (utilizar el castellano como lengua vehicular está prohibido, sí prohibido, en todos los centros escolares públicos y privados), todos aquellos no catalanes pasan a ser escolarmente extranjeros (incluido españoles), y se les mete en unos “pabellones de aislamiento” llamados eufemísticamente “aulas de acogida”, en donde se les somete a una inmersión lingüística e ideológica de lengua y patriotismo catalán. Ejemplo de práctica lingüística en clase: “Yo he nacido en China pero ahora vivo en otro país, en Cataluña”. “En mi país, Ecuador, se habla español, pero en Cataluña, el país donde vivo, se habla catalán”. Cataluña es asimilado, en términos de categoría nacional, a China o Ecuador. Y España, por supuesto, ni se menciona. Esos niños y sus padres emigraron creyendo que llegaban a España, tal vez porque seguían los partidos de fútbol del Barcelona, equipo que, “erróneamente”, por supuesto, suelen citar en las televisones extranjeras (incluyendo las españolas) como español. Estos errores hay que extirparlos de raíz. De ello se ocupa la propaganda del régimen. No están en España, sino en Cataluña, que quede claro. En las televisiones públicas catalanas (en las que se evita sistemáticamente pronunciar una palabra en castellano), hay instrucciones estrictas de evitar la identificación de Cataluña como una parte de España. Cuando en los informativos se habla de “nuestro país” o “nuestro gobierno”, o “nuestra selección deportiva”, siempre se entiende que se habla de Cataluña, jamás de España. La palabra España está absolutamente prohibida cuando se refiera a cualquier asunto en que Cataluña esté inmersa. Si no queda más remedio porque la información lo requiere, se sustituirá por el “Estado”, sin más. Recuerdo una entrevista que una presentadora hacía a una emigrante sudamericana, que ahora vivía en Cataluña pero antes había llegado a otra ciudad española. Los circunloquios que la presentadora se vio obligada a realizar para no mezclar Cataluña con España han quedado para la antología de la televisión, ya que la ingenua emigrante pensaba, en su candidez, que Cataluña formaba parte de España. La pobre…Ni que decir que en la información meteorológica el pronóstico “nacional” está representado exclusivamente por un mapa de Cataluña, al que unen sin complejos Baleares, la Comunidad Valenciana, y algún pedacito de Francia, que se los han anexionado sin complejos a su imaginario imperio de Països Catalans, sin que los habitantes de estos territorios tengan conocimiento de su pertenencia a esta novísima y moderna nación. Los rótulos informativos o coercitivos están siempre en catalán, por lo general exclusivamente. Cuando alguna vez están también en castellano, entonces se añade el inglés, al que se le da el mismo rango tipográfico del castellano, para que no quepa duda de que se trata, tanto inglés como castellano, de lenguas extranjeras. A veces el castellano no goza de las prebendas del inglés; no son infrecuentes los rótulos bilingües en catalán…e inglés, naturalmente. Sin español. El año pasado estuve en las fiestas de la Mercé, con amigos latinoamericanos que visitaban Barcelona por primera vez, y no fuimos capaces de encontrar un programa de las fiestas escrito en castellano. No salían de su asombro. Y la escritora Elvira Lindo fue insultada y humillada por los progres catalanistas por tener la imperdonable idea de pronunciar su pregón en español, su lengua materna, la muy “facha”. Podría citar casos aún más asombrosos, pero el espacio se me ha acabado hace varias líneas. Quede claro que esta política radicalmente nacionalista es la del gobierno elegido democráticamente por los propios catalanes desde hace más de veinticinco años. Así que en principio, nada que oponer. Eso sí, permítanme una pregunta, a quien corresponda, breve y escueta: Cuando voy a Barcelona, o a Salou, o a Reus, ¿estoy en mi país? Sé que no es cuestión de vida o muerte, pero me mata la curiosidad.

Reproducido vía CRITERIO




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Prohibido hablar de los errores de Zapatero, por Luis María Anson (El Mundo)


CANELA FINA

El presidente por accidente ha ordenado a sus partidarios, a los medios de comunicación adictos y a los tertulianos domesticados que no hablen de terrorismo. Tiene ya conciencia clara de que sus embustes han trascendido y de que la indignación ciudadana por su proceso de rendición ante Eta ha mermado los votos de su cesta electoral. Ya no está seguro de que pueda presentarse dentro de un año como el gran pacificador, como el faro que iluminó los caminos para terminar con el conflicto etarra. Sigue negociando bajo cuerda con la banda, excarceló a De Juana Chaos, impidió que se encarcelara a Otegui y ha aceptado una fórmula para que Batasuna, es decir Eta, se presente a las elecciones. Pero duda de que la banda terrorista responda positivamente a su magnanimidad y a sus mercedes.

Quedan diez meses para las elecciones generales y, ante la eventualidad de que los etarras no le echen una mano, Zapatero prefiere que no se hable ni del terrorismo ni del proceso de paz ni de ninguno de los errores de su política terrorista, ejemplo de doblez y ligereza, de improvisación e indignidad. El presidente sonrisas es un ludópata político. Con Eta jugó de farol un órdago a la grande. Por el momento lo ha perdido. Por eso reclama el silencio de todos en torno a sus errores. Si pudiera, haría como Franco: censura previa sobre la cuestión.

Como no puede hacer eso, que es lo que le pide el cuerpo, ha arqueado sus cejas de acento circunflejo y ha conminado a la oposición a callar con el argumento de que eso es lo que se ha hecho siempre en la cuestión terrorista. Menuda falacia. La oposición desmontó a Felipe González con dos campañas: la de la corrupción y la del Gal.

Es decir, la lucha contra el terrorismo ha sido utilizada por la oposición reiteradamente y hasta la saciedad para erosionar al Gobierno. Incluso, consiguió que un ministro y un secretario de Estado ingresaran en prisión por una política terrorista que consideró equivocada.

El Partido Popular se manifestó frontalmente contra el terrorismo de Estado como hace ahora contra el proceso de rendición ante Eta. Porque el PSOE ha pasado del crimen de Estado contra los terroristas a postrarse de hinojos ante ellos. La oposición hizo muy bien en denunciar la política Gal, que se demostró además contraprudente, como hace estupendamente ahora en canalizar la indignación popular contra la rendición zapatética ante la banda.

Zapatero, embustero; Zapatero, embustero, claman las muchedumbres con ese certero instinto subterráneo que tienen los pueblos. No acuden centenares de miles de personas a una manifestación si la causa que la convoca carece de arraigo popular. Zapatero ha perdido la calle en la política terrorista. Y lo sabe. De lo que se trata ahora, a la espera de que Eta resuelva algo positivo para él, es de no agrandar el agujero electoral. Y para ello lo mejor es el silencio, volver la cara hacia otro lado y hablar de lo bien que va la economía y lo contentas que están las lesbianas.

El presidente sonrisas, en fin, ha pasado de negar la evidente negociación política que ha mantenido y que mantiene con Eta, así como los compromisos contraídos con la banda, a la falacia de afirmar que nunca la oposición utilizó la cuestión terrorista para combatir al Gobierno. Y que venga el Gal y lo vea.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.

© Mundinteractivos, S.A.

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Pasión de Francia, por Raúl del Pozo (El Mundo)

VICIOS DE LA CORTE

La derecha francesa que se levantó sobre los deshechos y cascotes del 68 y la posterior corrupción mitterrandista no sólo ha estancado a Francia en sus años de gestión, sino que la ha oscurecido en sus ideas. Todo indica que los conservadores volverán a ganar en la segunda vuelta si Ségolène se ancla en la izquierda y no hace la apertura al centro (que en Francia suele ser la derecha de la derecha, aunque ahora se apoye en la superación de las dos Francias). El voto etéreo, sutil, decidirá quién va al Elíseo.

En todo francés se concitan dos postulaciones simultáneas: una a Dios, la otra a Satanás, la mejilla y el golpe; en cada votante hay un tartufo, ¿pero qué sería de Francia, sino un infierno, si no existiera la hipocresía política, las dos almas?

Althusser, decía que el París político e intelectual era una casa de dos plantas: un piso abajo, por el que se circula, donde se habla el mismo lenguaje y un primer piso secreto y misterioso, con la inteligencia parisiense, sin leyes morales, sin principios, a la moda. El ideólogo comunista francés acabó loco y asesinó a su mujer.

Lacán, con camisa batista sin cuello, se preguntaba: «¿Por qué Althusser ha estrangulado a su mujer y no se ha hecho antes curar por mi?». Con un paciente en el diván no se curaba aquel sueño de Francia de cuando quiso hacer la segunda revolución francesa y se llevó por delante también a la primera.

¿Van a apoyar a Ségolène, todos a una, los troskos junto a los comunistas y los verdes al lado de los cazadores? No me lo creo; hay una parte de la intelectualidad que auxiliará a 'Sarko'. La teoría de las elecciones se basaba en que en la primera vuelta Francia votaba con el corazón y en la segunda con el estómago; esta vez, ni siquiera ha esperado a la segunda vuelta. De la izquierda apenas quedan los cangrejos socialdemócratas, pendientes ahora de gustar al centro. Se cumplió la profecía de Mitterrand: el comunismo está perdido, no ha sido sino un paréntesis en la Historia del mundo, porque, a diferencia de las religiones, no integra la metafísica.

En Francia más que en ningún sitio, a pesar de las comunas y los mayos, el poder acaba siendo siempre una limousine blindada precedida de motoristas. Pero por lo menos se ha alejado del horizonte la ultraderecha. Hace cinco años, el día primero de mayo del 2002, fui enviado especial de EL MUNDO a la marcha sobre París, entre la plaza de Chatelet y la Opera, pasando por la estatua de Juana de Arco. Francia se hundía entre la corrupción y el crimen, según decía el jefe del Frente Nacional. Menos lobos.

El voto del resentimiento, de la nostalgia, del odio racial, esta vez no ha pasado la primera vuelta. Pero el voto de aquellos sueños y aquellas divinidades se reduce ahora, también, al 10%.

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lunes, 23 de abril de 2007

Las dos Españas y el sentido común, por Miquel Siguán (La Vanguardia)


Españolito que vienes al mundo, te salve Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón

Aunque los versos de Machado aclaran que las dos Españas a las que se refiere son una España que muere y una España que bosteza, la contraposición se ha convertido en divisa del enfrentamiento entre dos maneras de entender España. Y como el enfrentamiento es de una rabiosa actualidad, no está de más preguntarse por sus raíces y su futuro.

A finales del siglo XIX España estaba sumida en una profunda decadencia. El imperio en el que no se ponía el sol se había empeñado en mantener la unidad religiosa de Europa, pero finalmente se había agotado en el empeño y se había cerrado frente a la modernidad. El intento de los ilustrados del XVIII de inspirarse en el modelo francés había terminado con la invasión napoleónica y la guerra de Independencia, y desde entonces el siglo XIX se había consumido en pronunciamientos y guerras civiles al tiempo que se perdían todas las colonias. Atrasada y empobrecida, España hacía un pobre papel en una Europa que se estaba modernizando a marchas forzadas. No es sorprendente que, en esta situación, a finales del siglo XIX abundasen esfuerzos regeneracionistas, de los que el más influyente resultó ser el que inició la Institución Libre de Enseñanza: renunciar al pasado glorioso y a su identificación con la Iglesia, modernizarse poniéndose a la altura de los tiempos. Pero su propuesta fue vista como una traición por los defensores de la tradición, y así se conformaron las dos Españas que con el tiempo se enfrentarían en la Guerra Civil. Pero la Guerra Civil tuvo todavía otra raíz.

Por los mismos días en que a finales del siglo XIX en Madrid se formulaban las propuestas regeneracionistas, en Catalunya se formulaba un proyecto nacionalista. Su base ideológica era la idea romántica de la nacionalidad basada en la lengua y la cultura, pero por debajo de la aspiración había una realidad socioeconómica. Mientras España seguía siendo una sociedad aristocrático campesina, Catalunya se había convertido en un territorio industrializado. El nacionalismo vasco tenia una justificación teórica distinta, pero pronto también se apoyó en la industrialización.

Así coincidieron dos proyectos modernizadores pero de signo opuesto. El uno afirmador de las raíces nacionales españolas y el otro de la diversidad nacional en el seno del Estado español. Unos y otros miraban el futuro con confianza. Para unos la decadencia española llevaba naturalmente a su descomposición, después de perder las colonias se desmembraría en la Península. Para los regeneracionistas, los nacionalismos periféricos eran simplemente una manifestación más de la decadencia, y bastaría con que España se modernizase y recobrase su impulso para que se disolviesen por sí mismos.

En 1931 la República significó el triunfo de los modernizadores, España se iba a convertir en una democracia moderna y laica. Es verdad que la situación era muy compleja: si una parte de la derecha aceptó la nueva situación, otra se situó al margen y, por otro lado, a los liberales demócratas se añadían los socialistas, que pugnaban la revolución social, y había además que tener en cuenta las reclamaciones de los territorios periféricos. De hecho, las reglas del juego democrático pronto fueron olvidadas desde muy diversos frentes: pronunciamientos militares, revolución de octubre en Asturias, seis de octubre en Barcelona, y finalmente por la derecha que desató y ganó una guerra civil.

Pero todo esto ocurrió hace mucho tiempo. Ha pasado más de un siglo desde que se propuso la regeneración de España y desde que se formularon los nacionalismos periféricos, cerca de setenta años desde que se terminó la Guerra Civil y cerca de cuarenta desde que se produjo una transición que contra todos los pronósticos fue pacífica, produjo admiración de propios y extraños y se convirtió en un espejo para todos los países que querían librarse de un régimen despótico; una transición que culminó en una Constitución que ha permitido una continuidad como no había conocido la vida política española en toda la edad moderna. Yno sólo estabilidad: a lo largo de estos años España se ha convertido en un país avanzado, económicamente fuerte y con capacidad de influir internacionalmente. Y es precisamente en este panorama, en conjunto muy positivo, donde renace el fantasma de las dos Españas, y en el Parlamento y en la calle resuenan tambores de guerra.

Ante el torbellino en que hoy se debate la política española parece que ha de ser el ciudadano de a pie quien apele al sentido común para decir que no es verdad, que no estamos al borde de una guerra civil, que es cierto que España no es una unidad monolítica sino plural, con aspiraciones políticas distintas según los territorios, y que esto seguirá siendo así en el futuro previsible pero que eso no significa que vaya a romperse, igual que es cierto que en España, como en todos los países democráticos, derechas e izquierdas, moderados y radicales, tienen programas distintos, a veces incluso directamente opuestos, pero que eso no implica aplastar al adversario ni proponer una guerra civil. Y una vez dicho esto, hay que añadir que España tiene hoy problemas muy graves: de la falta de viviendas al impacto de la emigración, de la escasez de agua al futuro de la seguridad social, problemas que incidirán sobre nuestro futuro y para los que hacen falta respuestas políticas. Y a buscarlas nos gustaría ver dedicados a nuestros políticos, simplemente porque lo dice el sentido común.

MIQUEL SIGUAN, catedrático emérito de la UB.

sábado, 21 de abril de 2007

El germen del mal, por Alfonso Rojo (ABC)


Con los grandes principios ocurre como con las bellas palabras. No matan, pero pueden conducir a la muerte. Piensen en algo tan venerado como el «derecho de autodeterminación». Hace ya unos días, en el programa que dirige Fermín Bocos en RNE, escuché un debate sobre el tema. Me llamó la atención, porque rara vez se discute la idea de que los «pueblos» tienen derecho a un estado, y en la tertulia lo hicieron con vehemencia y brillantez.
No comparto el entusiasmo colectivo hacia la España de las Autonomías. Atribuirle el progreso económico de los últimos treinta años, tiene el mismo fundamento que achacar la mejora de los tratamientos odontológicos a la organización autonómica del Estado. No sólo hacen los dentistas mucho menos daño que antes; también Francia, Corea e Irlanda -estados unitarios y centralistas- han crecido espectacularmente.
Volviendo a lo esencial y con el telón de fondo de las reivindicaciones formuladas por respetados líderes políticos de Cataluña, País Vasco e incluso Galicia, no deberíamos olvidar que el derecho de autodeterminación no aparece en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La razón es muy simple: los derechos humanos son individuales, no colectivos.
No se si han reparado en la desconfianza que suelen manifestar hacia las alegrías nacionalistas los periodistas de mi generación, que cubrieron de cerca y en vivo el desmembramiento de la antigua Yugoslavia. No me refiero sólo a Pérez Reverte, Terscht o Serbeto. Casi sin excepción, los reporteros españoles que fuimos testigos del matadero en que se convirtieron los Balcanes, cuando los croatas reclamaron su derecho a separarse de Serbia, los serbios que habitaban en las krajinas croatas exigieron el suyo a independizarse de Croacia, y los musulmanes, los serbobosnios y los serbocroatas demandaron sus trozos de Bosnia, sabemos donde está el germen del mal.
Aplicando la nefasta lógica de los nacionalistas, tan sagrado y letal es el derecho de los alaveses a secesionarse del País Vasco, como el de los vascos a autodeterminarse de España. La debacle está servida.

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Janer 'con el mundo pop', por José Antonio Martínez Abarca en Libertad Digital


Allá por los últimos años setenta, el aspirante a alcalde de Puerto Lumbreras (Murcia), don Juan García Caballero, quien a su vez había sido luengo burgomaestre franquista del mismo lugar con una extraña cercanía a algunos ministros del Movimiento pese a representar a una diminuta localidad (por eso se dice que le concedieron un Parador Nacional sin justificación alguna), se presentó ante sus presuntos votantes en uno de los primeros mítines democráticos: "Me he tenido que presentar, con esto de la democracia, en las listas de este partiducho de los liberales, pero vosotros me conocéis de toda la vida y sabéis que sigo siendo hasta la muerte de nuestro Glorioso Movimiento Nacional."

Fue el primer caso comprobado de público y notorio desprecio por unas siglas a las que te acabas de adscribir y por las que teóricamente te debes sentir honrado y agradecido. El segundo caso, que sepamos, se produce treinta años después y es el de la supuesta escritora catalanista María de la Pau Janer. María de la Pau se ha presentado ante los votantes de la mano del ex ministro de Aznar Jaume Matas diciendo, como el franquista Juanito García Caballero: "Para coger la tela marinera del erario público, me he tenido que presentar en las listas de este partiducho de los liberales que crispan muy desagradablemente, pero vosotros me conocéis de toda la vida a la hora de comer y sabéis que soy nacionalista y que detesto a Rajoy, Acebes y Zaplana hasta la muerte."

Si Janer quería agarrar una poltrona, la podía haber pedido directamente, sin necesidad de encima insultar al partido por el que te ves obligada a presentarte. Aquel mismo alcalde franquista había oído por alguna parte que para triunfar en la política democrática debía acercarse a la nueva sensibilidad de los jóvenes contestatarios, y sus carteles electorales rezaban: "Juanito, con el mundo pop" (sic). Fue lo más actual que se le ocurrió. María de la Pau Janer, de quien Umbral dijo cuando ganó el Planeta que su libro triunfador no estaba escrito en castellano porque no se entendía ni el título, también ha oído eso de estar con el "mundo pop" por algún sitio, y ha utilizado ese partiducho de los diez millones de votos y setecientos mil militantes para continuar con el separatismo pancatalanista por otros medios.

María de la Pau Janer debe revelar inmediatamente la identidad del que le puso la pistola en el pecho para que se presentara, pese a su abierta y valiente oposición, por el partiducho de esos pesados que hablan de libertad, tan desprestigiado que hasta la concejala nudista de Lepe por el PP dice que en realidad ella es de izquierdas. Es el nuevo deporte nacional: chupar del PP, pero sólo porque la teta del PSOE está muy concurrida. De algo tienen que vivir.

A la animadora mallorquina seguro que le ha pasado lo que al pobre Haro Tecglen, que los fascistas le obligaron a escribir o decir justo lo contrario de lo que pensaba. Pero mientras, como Tecglen hizo en su época con el Movimiento, a vivir del partiducho, que la pasta del Planeta ya se agotó y esto, María de la Pau, son tres días y dos lloviendo. "Vosotros me conocéis". Mejor, María de la Pau, que no te conozcan.

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Escritores y periodistas, por Cristina Peri Rossi (El Mundo de Cataluña)

BULEVAR

Ahora que estamos en vísperas de Sant Jordi, convendría que l@s lector@s conocieran un poco las características de esta profesión, que no todo es Bucay en este oficio. ¿Dije profesión? No, esto no debe de ser una profesión. Si lo fuera, tendría los mismos derechos que la medicina o la abogacía. Podría enfermarme y estar de baja, podría tener vacaciones y hasta una jubilación. Pero igual que la prostitución, ser escritor no tiene ninguno de esos derechos. Mi editora, su secretaria, los trabajadores de la imprenta y las telefonistas están en plantilla, pero los escritores somos una rara especie de individualistas que vamos por libre, negociando unos contratos que casi nunca se cumplen; cuando queremos hablar de dinero, alguien se nos ofende: como si fuera un tabú.Cuando nos invitan a la televisión, no nos pagan; si damos entrevistas, no nos pagan; si nos llaman de la Consejería de Cultura de Alcornoque del Benteveo para dar una conferencia, siempre nos dicen que no pueden pagar más de cien euros y un billete de tren. Eso sí, tendremos el inmenso placer de conocer al concejal de cultura que se presenta otra vez a las elecciones municipales y que se hará una foto con nosotros y con el cochinillo asado del banquete. A su lado, la esposa, no sé si la primera o la segunda, que en Alcornoque del Benteveo están muy adelantados, ya les llegó el divorcio aunque todavía no hubo una sola boda homosexual.A esto, los escritores le llamamos hacer bolos, y si el día antes del bolo estamos con 40 de fiebre o lumbago, adiós los cien euros y encima, nos granjeamos el odio del concejal que piensa que los escritores somos todos unos vagos.

El carnicero del mercado de la calle Numància (gran lector) dejó hace muchos años la editorial donde trabajaba y se pasó al comercio, que siempre da más. Cada vez que publico un libro (y para este Sant Jordi publico dos) me mira con pena y me dice: «Parece mentira que los escritores estéis como estáis». Me ha sugerido que me consiga un negro (reveladora designación para aquéllos que escriben libros que otros firman) a ver si publico un best seller y gano un poco de dinero para la vejez. Entonces, me sale el orgullo: yo jamás escribiré un best seller, que no he pasado 40 años dedicada a la literatura para arruinarlos con un novelón sobre la Guerra Civil o la adopción de niños tercermundistas por matrimonios aburridos con buen pasar económico. En la última liquidación que recibí de alguno de mis casi cuarenta libros publicados (hace algo así como dos años) la editorial no me pagaba el diez por ciento que me tocaba sobre doscientos libros estropeados y tampoco me el diez por ciento sobre otros 200 ejemplares dedicados a la prensa. ¿A quién voy a quejarme? ¿Al gerente de la editorial, que viene de la Pegaso o de la Toshiba?

Lo mejor que hemos hecho los escritores es CEDRO, una asociación que ayuda a los escritores cuando están enfermos o necesitan asistencia domiciliaria. Desde aquí, gracias. Y a por el canon en bibliotecas públicas.

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La dirección de CIU, preocupada por las fuga de musas e intelectuales de entre sus filas, por Luisa Casal (El Confidencial)


El presidente de Convergència i Unió (CiU), Artur Mas, está pasando por uno de sus peores momentos en cuanto a imagen pública se refiere. Maria de la Pau Janer, la musa por antonomasia de la coalición nacionalista, acaba de fichar como candidata en las listas del Partido Popular (PP) de las Baleares porque se ha sentido atraída por el líder popular de las islas, Jaume Matas. Tanta es la desgracia que en algunos círculos políticos se insinúa con sorna que “¡Mari PP Janer se ha pasado al enemigo!”.

Mari Pau Janer es hija de Gabriel Janer y había sido, tradicionalmente, uno de los soportes intelectuales del nacionalismo catalán. Hace escasos años, pasó a formar pareja estable con otro de los intelectuales que ‘doraban’ la píldora a Convergència, el doctor Joan Corbella, un habitual de los programas de la televisión autonómica. Durante años, semana tras semana, Janer viajaba desde las Baleares a Barcelona para participar en un programa de TV3 junto a su pareja.

La historia se repite

Podría ser una alegoría de la sintonía de Convergència con el PP, pero en realidad es la historia que se repite: CiU había apostado muy fuerte por la joven Janer después de perder a su anterior musa, la inefable Pilar Rahola, que de ser el referente mediático convergente pasó a ser el brazo derecho de Àngel Colom, un aprendiz de brujo que llegó a ocupar el cargo de secretario general de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC).

Rahola siguió después a Colom en el experimento del Partit per la Independència (desgajado de ERC y, a la postre, absorbido por Convergència con Colom reconvertido en una especie de ‘embajador’ catalán en Casablanca). Pero ya no lo siguió en su aventura convergente, sino que se arrimó a los socialistas y, especialmente, a Pasqual Maragall, que siempre manifestó su admiración por la otrora musa del nacionalismo pujolista.

El golpe mediático que supone ahora la deserción de Mari Pau Janer llega en el peor momento, ya que los dirigentes de CiU se habían preocupado mucho de formar una especie de inteligentzia a su alrededor en los últimos cuatro años para dotar de contenido mediático a su opción política. Pero los resultados no han sido, ni de lejos, los apetecidos. Profesionales ‘creadores de opinión’ a los que durante años se potenció desde los medios públicos en manos de los convergentes han ido alejándose de esta formación y apostando por otras opciones políticas.

Paralelamente, han aparecido otros personajes de nuevo cuño, potenciados por la dirección de CiU como los ‘valedores’ de ‘lo catalán’, pero que incluso en círculos nacionalistas son tomados a broma. El hecho de ser habituales de tertulias o columnistas de ‘medios amigos’ no les ha servido para salvar las críticas. Aun así, son los últimos baluartes de los nacionalistas después de que los ‘pensadores’ que antes apostaban abiertamente por CiU se fuesen decantando hacia otras formaciones, especialmente hacia socialistas o republicanos.

Un ‘cerebro’ que se fue

Incluso un personaje emblemático como Xavier Bru de Sala, ex consejero de Cultura en los gobiernos de Jordi Pujol y personaje de peso en los ambientes nacionalistas, se ha alejado de la dirección convergente. Ahora se le ve más con José Montilla, actual presidente de la Generalitat, con el que mantiene periódicos contactos y con el que habla de lo divino y lo humano (algunas veces en largas sobremesas), lo que pone los pelos de punta a la dirección convergente.

El tema preocupa tanto a la dirección convergente que en algunos medios de prensa escrita, radio, televisión o digitales han llegado a circular listas con ‘colaboradores’ recomendados. De la lista, por supuesto, ya se ha caído Mari Pau Janer, a quien, con la boca pequeña, se demoniza desde la sede de CiU.



viernes, 20 de abril de 2007

Los mártires de la lengua y TeleMadrid, por Antonio Robles en Libertad Digital

La mejor forma de desautorizar una calumnia es demostrarla falsa con datos y argumentos. Nada de esto se ha hecho con el reportaje "Ciudadanos de segunda" de Telemadrid, donde se denuncia la marginación de los derechos lingüísticos de los ciudadanos castellanohablantes en Cataluña.

Lo tenían fácil, lo siguen teniendo tirado con las reproducciones que se siguen haciendo por Internet, pero prefieren criminalizar a Telemadrid, a El Mundo TV y montar un muro de las lamentaciones para seguir ocultándose a sí mismos el Savoranola que llevan dentro. Un ejército de fieles lo ha hecho y lo sigue haciendo a través de las ondas de radio, las televisiones y los artículos en los periódicos. Pilar Rahola, en El Periódico de Catalunya (14/04/07), me inspira esta réplica.

Toda su teoría consiste en afirmar que durante los últimos catorce años se ha ido fraguando un lento estado de opinión contra el catalán y contra Cataluña desde los oscuros micrófonos clericales y la España negra del PP. El resto son insultos y el consabido victimismo expresado a través de ellos ("delirante reportaje", "aullando", "intolerancia", "soezmente", "miserias", "demagógico", "burda manipulación", "pedrojotas", "infamia", "difamación", "mentir", "mentira", "difamar"...), pero ni una sola referencia a las supuestas difamaciones ni, por supuesto, ninguna demostración de que nada de lo denunciado sea falso.

¿Acaso es falso que hoy en Cataluña no se puede estudiar en castellano en ninguna escuela primaria? ¿Es falso que las aulas de acogida existen para fijar el catalán como única lengua de relación en la escuela? ¿Es falso que en algunos colegios ni siquiera se dan las clases de castellano en castellano y en algún otro ni siquiera se da la asignatura?

¿Es falso que la administración autonómica, toda la administración autonómica (escuela, institutos, universidad, ayuntamientos, parlamento, museos, centros cívicos, etc. tienen como lengua única de trabajo el catalán? ¿Es falso que para optar a cualquier trabajo en ella se ha de pasar un examen de catalán sin oportunidad para los que acaban de llegar de haber tenido tiempo para aprenderlo?

¿Es falso que existen "oficinas de garantías lingüísticas" únicamente para defender los derechos del catalán y para multar a través de la oficinas de Consumo de la Generalitat a quienes utilicen sólo el castellano en sus establecimientos comerciales? ¿Son falsas las más de 300 multas que sus inspectores han impuesto a otros tantos establecimientos comerciales, recaudando 223.225 €?

¿Es falso que toda la toponimia en castellano ha sido eliminada de nuestro callejero para sustituirla sólo y únicamente en catalán? ¿Es falso que los medios públicos de comunicación de Cataluña utilizan únicamente el catalán, traduciendo incluso los SMS que envían los teleespectadores a TV3 cuando están en castellano? ¿Es falso que, en una comunidad que hay más del cincuenta por ciento de ciudadanos que tienen al castellano como lengua habitual, en el Parlamento sólo hablen castellano los tres diputados de Ciutadans?

Entiendo que a Pilar Rahola y a todos los demás nacionalistas les irrite que haya un "lento estado de opinión" que piense que todo eso que acabo de enunciar es inadmisible. Pero el que ellos consideren que la inmersión es buena para los niños castellanohablantes y mala para los catalanohablantes y que la única lengua propia de Cataluña es la suya no quiere decir que sea legal, ni siquiera decente. Confunden sus deseos de que Cataluña sea de tal o cual forma con que se tenga o no derecho a denunciar lo que otros opinan que supone una merma de sus derechos. El problema de Rahola y los demás nacionalistas es el de los aristócratas de todos los tiempos: se creen con derechos históricos para dominar la tierra, los bienes y el curso de la vida del resto de mortales.

Sus contradicciones son tan sistemáticas que ni siquiera tratan ya de enmascararlas. Un ejemplo entre mil: El vicepresidente del Gobierno de la Generalitat, Carod Rovira, a la vez que carga contra el reportaje por mentir, no se le caen los anillos para afirmar: "Ninguna (lengua) nos molesta, pero la nuestra, la primera."

Sí es verdad, sin embargo, que el reportaje de Telemadrid es parcial y pendenciero. Expone una realidad que es incontestable (menos para los nacionalistas), pero deja de exponer otra que falsifica el conjunto. La exclusión de los derechos de los ciudadanos castellanohablantes se circunscribe a los organismos oficiales de la administración de la Generalitat de Cataluña: Parlamento, Gobierno autónomo, Ayuntamientos, Escuelas, medios de comunicación públicos, sanidad, centros cívicos, la mayor parte de asociaciones culturales, etc., pero la sociedad civil en general no vive estos avatares con exclusión y mucho menos con angustia. Si bien es cierto que la atmósfera de acoso que crean desborda esos ámbitos administrativos y afecta a la sociedad civil.

Se echaba en falta una representación de los miles y miles de ciudadanos de las dos lenguas que no están de acuerdo con la política monolingüista de la Generalitat, ni participan del nacionalismo excluyente. Les aseguro que son la mayoría social, pero hoy aún no tienen poder.

Teniendo razón Telemadrid en el fondo, la pierde en el formato. Y mientras tanto, aquí ya han adoptado a la cadena autonómica como nuevo hombre del saco. ¡Hay que tener huevos! TV3 lleva haciendo eso y más hace dos décadas y ni siquiera se han dado cuenta. ¡Angelitos!

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Periodismo de 'agit-prop' , PIlar Rahola (El Periódico)


Periodismo de ‘agit prop’

  1. El delirante reportaje de Telemadrid es el epílogo de una suma de calumnias con el catalán como objetivo
 CABA
CABA

A pesar de no gozar de una memoria considerable, tengo perfectamente fijada la fecha. Era septiembre de 1993. Unos meses antes había sido elegida diputada por ERC y fui recibida en audiencia por el jefe del Estado. En esa audiencia oficial, y en boca real, oí por primera vez, en forma de pregunta, lo que después sería el latiguillo de años: ¿qué pasaba con los niños castellanos discriminados en Catalunya? Confieso que en ese momento pensé que Juan Carlos tenía algún asesor bastante mal orientado, pero no le di importancia hasta que, tres meses después, apareció la primera portada del diario Abc. La portada, ya histórica, titulaba a lo grande:
Igual que Franco pero al revés. Persecución del castellano en Cataluña, y en páginas interiores exponía con generosidad de tinta, sus alarmadas tesis. Lo que me había preguntado Juan Carlos, pues, no respondía al tic neurótico de algún maquiavélico asesor, sino a un lento estado de opinión que iba cuajando en influyentes ambientes del poder español. Más que la preocupación real, lo que tuve el privilegio de oír, prácticamente en incubadora, fue una idea fuerza que contaminaría, durante años, las relaciones de Catalunya con España.

CATORCE
AÑOSdespués, el delirante y catastrofista reportaje de Telemadrid representa el epílogo de un larguísimo proceso de calumnias, con el idioma catalán como objetivo. Si nos quedáramos solo en el ruido de estos años, con los micrófonos ora pro nobis aullando su intolerancia sin complejos, y con el sector trentino del PP utilizando soezmente el discurso estomacal anticatalán, como eficaz coartada política, los catalanes nos volveríamos bastante locos.
De hecho, haciendo bueno al bueno de Woddy Allen, repetiríamos con él, "de tanto oír a Wagner, me dan ganas de invadir Polonia". Aunque, en nuestro caso, más bien invadiríamos Andorra, y al día siguiente nos rendiríamos. Pero el seny catalán debe servir para algo, y este país, a pesar de sus miserias y de sus mediocridades, ha demostrado una notable resistencia a mantener su vida colectiva, sin otras psicopatías que las estrictamente necesarias. Es más, salvo algún patinazo histórico de algunos notables en horas tontas, nadie se ha apuntado al tiro demagógico al español, para contrarrestar el tiro al catalán. En cierto sentido, pues, podemos afirmar que, 14 años después, los sectores interesados en ello, aún no han conseguido ni acabar con la inmersión lingüística en las escuelas, ni convertirnos a todos en unos histéricos. Es cierto que han sido años de mucho ruido de la España negra, y demasiado silencio de la España camisa blanca, y que en este lado del puente aéreo hemos encontrado en falta a los intelectuales amigos, gente razonable del otro lado, cuyo activismo a favor de la pluralidad se agotó escuchando a Raimon y bendiciendo la transición. Pero, con todo, constatamos que la ofensiva ha sido muy seria, muy poderosa y muy intensa, y sin embargo, no ha conseguido ninguno de sus objetivos.
Lo cual no significa que debamos estar sordos y mudos. En este sentido, mi reflexión sobre el reportaje de Telemadrid no parte de la indignación por la burda manipulación de la realidad, porque la indignación necesita una cierta dosis de sorpresa, y esta se agotó hace años. Además, en este caso, está tan claro que la productora del reportaje quiere situar a Ciutadans y a su obsesivo monotema en el centro del debate político --no en vano, El Mundo ya le hizo la primera campaña electoral--, que sería muy tonto caer en la trampa. Cuando no se tiene ni programa, ni liderazgo, ni papel político, se tienen pedrojotas...
Pero sí que considero necesario analizar la excesiva capacidad catalana de tragarse los sapos más ásperos, sin despeinarse. ¿Tenemos que dar la callada por respuesta, tal como piensa hacer la Generalitat? Desde luego, yo no tendría el fusil judicial cargado a cada infamia, porque si fuera el caso, estaríamos todo el día dándole a la toga. Pero cuando una televisión pública, vinculada a una comunidad autónoma, sede de la capital del Estado, da cabida a la difamación, hace alarde de una notable falta de cultura constitucional --hasta el punto de considerar el bilingüismo, no como una realidad legal, sino como un problema--, permite la manipulación, desprecia a otra lengua y no hace ascos a dar una imagen torticera de otra comunidad, entonces el silencio no es tan prudente, sino quizás imprudente. En un caso tan evidente, me parece necesaria la querella. Por mentir, sin duda, pero, sobre todo, por perpetrar la mentira con dinero público. Si el Gobierno catalán no considera necesario actuar cuando se usan los instrumentos públicos para difamar a su país, ¿cuándo lo considerará?

ALGÚN
DÍAtendremos que reaccionar más allá de las buenas palabras, los alardes autocomplacientes de seny catalán y el ninguneo como desprecio. Personalmente, no deseo que mi Gobierno desprecie este tipo de infamias. Deseo que no se inhiba cuando se usa el dinero de los ciudadanos en tal empeño. Entre otras cosas, porque la Constitución ampara la libertad de expresión pero no ampara el derecho a usar el bien público para distorsionar la realidad de los pueblos, mentir sobre sus lenguas y crear una soez cultura de la intolerancia.

miércoles, 18 de abril de 2007

Extranjeros en su país, por José García Domínguez (Libertad Digital)


Arriba, el rostro de Ramón Bagó, presidente del grupo Sehrs, y el recuadro con las facturaciones en España por territorios. España es un país "extranjero" en el salón internacional de Turismo que se celebra en Barcelona y que preside el gran patriota catalán.
Y después se quejan del boicot a los productos catalanes. (Pinche sobre el recuadro para leerlo mejor).

Fue Francesc Pujals, aquel entrañable orate de los tiempos del cuplé, quien auguró la llegada del luminoso amanecer a partir del cual las cosas saldrían gratis total con sólo decirse nacido en Cataluña. "Muchos catalanes se pondrán a llorar de alegría y se les deberán secar las lágrimas con un pañuelo. Porque, siendo catalanes, vayan donde vayan, todos sus gastos les serán pagados. Al fin y al cabo, y pensándolo bien, valdrá más la pena ser catalán que multimillonario", anunció en su día el filósofo ampurdanés.

He ahí la razón última de que Ramon Bagó, ese machote al que Pepe Montilla ha encomendado la promoción turística de Cataluña, haya incluido a la delegación española en la sección de expositores extranjeros en el Salón Internacional del Turismo de Barcelona. Y es que el tal Bagó anda convencido de que también su coñita le va a salir gratis. Que no otra, barrunta para sus adentros, es la gracia de saltar de Pujol –nuestro héroe ya fuera director general de Turismo con CiU- a Pujols.

Mas sirvámonos de esa simpática anécdota del bueno de Ramon para acometer una reflexión en profundidad sobre las innegables virtudes del comercio solidario. Porque el pobre Bagó, que padece en lo más hondo cada vez que alguien lo toma por español, carga, a mas a mas, con la pesada cruz de presidir un holding de 57 empresas que facturan todas ellas, ¡ay!, en su denostado Estado español. Grupo Sehrs se llama el emporiete de nuestro sufrido Ramon, y extiende sus actividades desde la hostelería y la restauración hasta el turismo y la sanidad.

Repare por un instante el consumidor responsable en el desgarro moral, en la herida íntima, en la ofensa infinita que, sin saberlo, procura al desdichado de Ramon cada vez que adquiere en el súper un producto del Grupo Serhs tomándolo por español. Y piense a continuación en cómo un pequeñísimo esfuerzo, un simple testimonio de solidaridad, de respeto a la alteridad, de reconocimiento a esa sensibilidad diferencial que encarna Ramon podría aliviar el inmenso daño que, inconscientemente, le venimos procurando entre todos.

Cuánto dolor innecesario, inútil, baldío se evitaría con el simple gesto de reconocer que los bienes y servicios que comercializa el Grupo Serhs proceden de un fabricante extranjero. ¿Acaso no fue el mismísimo Aristóteles el que prescribió que la única condición para que uno llegue a ser virtuoso consiste en actuar siempre como si ya lo fuese? ¿Y no constituye el consumo ético un imperativo categórico de la nueva moral civil que exigen los tiempos? Pues bien hará en reflexionar sobre todo ello el comprador prudente –y español– antes de echarse alegremente la mano a la cartera para volver a ofender sin necesidad al tal Ramon Bagó. Es de justicia.



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¿Qué empresas tiene el grupo?

martes, 17 de abril de 2007

Lo que (no) se quiere recuperar de la Segunda República, por Henry Kamen (El Mundo)


La Segunda República española fue proclamada, en medio de una gran esperanza y expectación, el 14 de abril de 1931. El poeta Antonio Machado describió cómo él y un grupo de allegados ondearon la bandera republicana en el Ayuntamiento de Segovia: «Con las primeras hojas de los chopos y las últimas flores de los almendros, la primavera traía a nuestra República de la mano. La naturaleza y la Historia parecían fundirse en una clara leyenda anticipada o en un romance infantil». Pero muy pronto, sólo dos años después de proclamarse, la República comenzó a desmoronarse. ¿De quién era la culpa?

Hoy, tanto tiempo después, resulta trágico constatar que la manipulación y distorsión de la historia de la Segunda República que se empezó a hacer bajo el régimen de Franco todavía continúa. El pasado año, con mucha propaganda, el Ministerio de Cultura fue anfitrión de una serie de congresos en los que eruditos extranjeros y españoles presentaron sus puntos de vista sobre aquel periodo. Sin embargo -como a menudo ocurre cuando los intereses políticos dictan la Historia-, no hubo acuerdo sobre lo que verdaderamente sucedió entonces.

El principal intento de manipulación estuvo en las palabras de José Luis Rodríguez Zapatero al afirmar que su Gobierno es el heredero directo de la Segunda República. Ésta fue una afirmación maravillosamente romántica, pero simplemente descubría el hecho de que el presidente había leído poco sobre la República. ¿Trataba de decir que el actual régimen democrático de España es heredero de la República burguesa de 1931 o de la República centrista de tres años después o de la República revolucionaria de 1936? ¿Trataba de decir que el Partido socialista de hoy es el heredero directo del Partido socialista de 1934, que se las arregló más que cualquier otro grupo político en la Cortes para minar y destruir la República? Se analice como se analice esta afirmación, uno se asombra de que alguien pueda hacer tal paralelismo.

La afirmación de continuidad con la República descansa, por supuesto, en la presunción de que ésta era una buena cosa, una niña bonita que no erraba y preservaba todas las reglas de la democracia, pero que posteriormente fue violada y asesinada por una derecha brutal que todavía está activa en España y ha adoptado la forma de la oposición democrática oficial. Muchos otros han proclamado la afirmación de continuidad, como el dueño del grupo capitalista Prisa, quien ha afirmado que esta misma derecha está incitando al «guerracivilismo». Así las cosas, la proximidad de las elecciones municipales del próximo mayo hace inevitables las comparaciones con aquellas elecciones que hicieron posible el nacimiento de la República en la primavera de 1931.

Acabo de leer algunos estudios sobre los orígenes de la Guerra Civil española y me ha parecido extraño que en los últimos 30 años los historiadores españoles hayan evitado en general estudiar la República. En cambio, han concentrado su atención en el régimen de Franco y lo que hizo para destruir España. Ha habido, según un reconocido historiador español socialista, «un desplazamiento de interés en las nuevas generaciones de historiadores desde la búsqueda de las causas del fracaso de la República, que tanto intrigó a los mayores, hacia la naturaleza, el funcionamiento y la larga duración de la dictadura, que ha permitido abordar con un rigor hasta ahora desconocido la magnitud de la violencia y represión sobre las que se edificó el régimen de Franco».

Es fácil adivinar las consecuencias de este énfasis. En la última generación, a todos se les ha hablado de los crímenes de Franco, como si antes del caudillo no se hubiesen cometido crímenes. Franco es representado como la bestia que destruyó la felicidad y la democracia que había florecido en España antes del 18 de julio de 1936. La República, según esta interpretación, era un paraíso de democracia, una víctima inocente de fascistas que aún hoy -en 2007- están planeando destruir el régimen progresista de España.

¿Es posible que los investigadores progresistas de los últimos años hayan evitado estudiar la República para no descubrir que fue el Partido Socialista el que la destruyó, mucho antes de que Franco lo hiciera? Las conclusiones del último estudio de un eminente historiador norteamericano, hechas públicas en 2006, manifiestan inequívocamente que, como resultado de las elecciones de 1933, en la República, «la izquierda se burló sistemáticamente de la legalidad, reduciendo finalmente el orden legal al caos y preparando el escenario para una guerra civil». Efectivamente, desde aquella fecha, las dos mitades de la izquierda minaron la República con el objetivo de alcanzar una «conquista de poder», como ellos lo llamaban. La izquierda moderada buscaba subvertir el orden legal mediante la manipulación política, mientras que la izquierda revolucionaria atacaba al Estado con violencia e incendios.

En junio de 1933, el líder socialista Largo Caballero afirmaba que «en España, afortunadamente, no existe peligro de fascismo». Pero el empleo de la violencia de la izquierda revolucionaria contra los falangistas en realidad aceleró su crecimiento. Los líderes fascistas fueron a Italia en busca de apoyo, de la misma manera que los comunistas irían mas tarde a la Unión Soviética con el mismo propósito. La mayor contribución a la socavación de la República fue el Octubre Rojo, en 1934, que preparó el camino a la futura violencia y demostró al ejército que podría desempeñar un papel represivo. Como ha concluido el destacado historiador norteamericano Malefakis, «la revolución de octubre es el origen inmediato de la Guerra Civil». Hubo una polarización total, en la que desempeñaron un papel crucial los socialistas, quienes se dedicaron a apoderarse del control de la República, con medios antidemocráticos si era necesario.

¿Y qué hay de los errores de la República? Una nueva y excelente tesis sobre la represión de Franco en el área de Madrid de un estudioso británico, Julius Ruiz, ofrece copiosos hechos y análisis sobre la represión militar que ejerció el nuevo régimen de Franco después de 1939. Al mismo tiempo, el autor lamenta que no pueda dar detalles sobre lo que pasó antes de ese periodo, porque «la represión republicana todavía aguarda a su historiador». ¿Por qué los eruditos españoles (con la única excepción de un escritor que no es profesor universitario y que ha sido deliberadamente marginado por los historiadores del establishment) no han estudiado la represión? ¿Hay alguna barrera ideológica que les prohíbe hacerlo?

El hecho de que la represión franquista fuera sangrienta, y la opresión larga, nos ha alentado a olvidar que hubo otros españoles que sufrieron bajo la República, y que miles murieron a manos suyas porque no consiguió controlar la situación en España. Nos hemos acostumbrado a las terribles cifras de asesinatos por el terrorismo de ETA -casi un millar de muertos desde 1975-. que representan una espantosa tragedia extendida a lo largo de los 30 años de la democracia española. No obstante, la cifra es realmente pequeña si la comparamos con lo que sucedió bajo la Segunda República, en especial después de 1934. En total, hubo más de 2.400 muertos en los cinco años de aquel régimen, una cifra que excede el número de víctimas de cualquier otro país europeo en esa etapa en que la democracia estaba luchando para sobrevivir en todas partes del continente.

Mientras rememoramos los prometedores años del nacimiento de la Segunda República, también vale la pena que recordemos que tenemos el deber de estudiarla y analizarla sin los prejuicios ideológicos que todavía persisten en la historiografía oficial en España. Fue un gran experimento que se colapsó, y el colapso vino provocado no sólo por el Alzamiento del 18 de julio, sino también -bastante antes de esta fecha- por los intereses políticos que nunca aceptaron las reglas de la democracia.

Hace algunas semanas, un consejero de la Generalitat de Cataluña anunció la provisión de fondos para la identificación y nuevo enterramiento de todas las personas que fueron asesinadas por las fuerzas franquistas durante la Guerra. Sin embargo, no está previsto que se haga lo mismo para el igualmente gran número de personas asesinadas por la izquierda y los elementos anarquistas. Su explicación fue que las víctimas de Franco tenían una posición moral y ética, mientras que los asesinados bajo la República eran «rebeldes» y no tenían categoría ética.

El ejemplo demuestra que lo que aparece ahora en la superficie sobre el debate de la Guerra Civil es una franca polarización de ideología, que sigue siendo igual de corrosiva que en la generación anterior. Y la polarización surge a causa de una deliberada negativa a estudiar con imparcialidad los acontecimientos de las primeras décadas del siglo XX.

Henry Kamen es historiador y acaba de publicar The Disinherited: The Exiles who Created Spanish Culture (Londres, Allen Lane).

© Mundinteractivos, S.A.

Las huellas de Evo, por Luis María Anson (El Mundo)


CANELA FINA

Mitterrand lo llevó en su programa de 1981. Era la ortodoxia socialista: nacionalización de la banca y de los bienes de producción. La reacción del sentido común francés impidió, tras la victoria en las presidenciales del veterano líder izquierdista, el gran error. Pues bien: si Zapatero, que es un ludópata político, hubiera podido, habría sido en economía tan insensato y provocador como en política.

Pero estaba limitado por la Unión Europea y por un hombre de Felipe González: Solbes. Eso nos ha salvado de la aventura de las nacionalizaciones que arruinaron en el socialismo real a países tan ricos como Hungría o Checoslovaquia y comprometieron, frente a Estados Unidos y Japón, los macrobalances de las grandes naciones occidentales europeas. Telecinco y Antena 3, que lideran la televisión en España, ganan 200 millones de euros al año cada una; TVE, en tercer lugar, pierde 600 millones anuales. Es sólo un diamante de muestra.

Sin embargo, lo que le pedía el cuerpo a Zapatero, lo que clamaba su disparatada formación, era seguir el mismo camino que Evo y Chávez: adueñarse de eléctricas, petroleras y bancos. Y lo ha intentado. Con acciones indirectas, pero lo ha intentado.

No podía nacionalizar porque el poder de Europa lo impedía, pero sí intentar la colocación de sus adictos al frente de las empresas desnacionalizadas. El primer envite, que fue Repsol, le salió bien. Amagó luego en Telefónica sin éxito. Se empleó a fondo con el BBVA creyendo que vencería la resistencia de Francisco González y su admirable equipo. No tuvo éxito. El banquero le dobló el pulso.

Finalmente, lanzó su órdago en Endesa para satisfacer un doble objetivo: instalar en la eléctrica a sus protegidos y, además, hacer un servicio más a sus aliados catalanes. Enmascaró su maniobra tras una operación empresarial que a nadie engañaba. No contó con la inteligencia y la habilidad de uno de los grandes empresarios españoles: el sagaz Manuel Pizarro.

Desenmascarado ante la opinión pública, derrotado y maltrecho, Zapatero flota entre las nubes de Moncloa y está dominado por su talante petulante. Todo menos reconocer el fracaso, admitir un error, pedir excusas por una equivocación. A él, al glorioso promotor de la Alianza de las Civilizaciones, al faro de Occidente en la paz de Oriente Medio, no se le podían subir una vez más a las barbas un grupo de petimetres, dejándole en ridículo.

Así es que, escondiendo ambas manos, tiró nuevas piedras sobre Endesa, que, en poco tiempo, y si nadie lo remedia, quedará, a causa de la soberbia zapatética, sostenella y no enmedalla, bajo el control del Gobierno italiano. Menuda pirueta. En cualquier país europeo semejante hazaña le hubiera costado al presidente del Gobierno la fulminante dimisión. Aquí no.

Aquí, los medios adictos, el coro de los tertulianos domesticados y el pesebre intelectual presentan la operación como un éxito más para la gloria de Zapatero, tal y como han hecho con la sordidez del Estatuto catalán o el fracaso estrepitoso de la política antiterrorista.

Y, claro, el presidente por accidente está aterrado de que alguien cuente la verdad o parte de la verdad y no sabe cómo impedir que Conthe hable en el Congreso de los Diputados.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.

© Mundinteractivos, S.A.



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