Blogoteca: marzo 2007

sábado, 31 de marzo de 2007

ZP y las abejas, por Raúl del Pozo, El Mundo


VICIOS DE LA CORTE

A José Luis Rodríguez Zapatero, como al José de la Biblia, le asaltan en Moncloa sueños de grandeza, lo cual saca de quicio a los ciudadanos realistas que se interesan por el precio del café, por la inflación y el terrorismo. Se aleja de la lógica, su legislatura se basa en fantasías. No sabemos si sus alucinaciones acabarán desbordando al Nilo, pero lo cierto es que cree que los poetas son los legisladores del futuro. Consulta a la abeja de Delfos, hace predicciones y se cree sus delirios. La otra noche en televisión anunció, como el hijo de Jacob, la teoría de las siete espigas, los años de la abundancia, el crecimiento más vertiginoso de los países desarrollados.

Sabe de remolacha, de abejas y está dispuesto a cumplir el programa de Kioto. Lee a Antonio Gamoneda, ese Hesíodo posmoderno; de él es su libro rojo, y deletrea antes de dormirse ese poema donde hay una miel sin esperanza en la sombra de las mujeres. Tal vez debiera leer también a Shakespeare para comprender que el poder es el crimen, y que incluso hablando de abejas, Shakespeare es el mejor: «Tus pechos son enjambres de abejas blancas sobre la rama de tu cuerpo».

Tal vez ZP no esté tan zumbado como creen algunos en lo que se refiere a Kioto y a que el progreso vuela en las alas de las abejas. Pertenece a esa generación que no ha comido pan de maíz y se cree eso de que el aleteo de una mariposa en Hong Kong puede desencadenar una tormenta en Nueva York. Sigue el pensamiento escuálido de su tiempo, el efecto invernadero, enunciado por ecologistas serios y de presupuesto.

José, en el palacio del faraón, descubre las señales del Apocalipsis: cuando desaparezcan las abejas, desparecerá la Humanidad. Mientras tomamos a broma sus quimeras, Alsina en Onda Cero y Luis Foix en La Vanguardia, confirman la noticia: las abejas desparecen sin dejar rastro. En Florida, los apicultores han perdido la cuarta parte de los enjambments. No se sabe si es el pesticida, las ondas magnéticas o que esos insectos se empleen para detectar explosivos, el caso es que los ángeles salvadores de las frutas salen de las colmenas y no vuelven, desaparecen sin dejar cadáveres.

ZP, sucesor del copero, ha descubierto que las abejas conocen la química, las matemáticas y la geometría, porque si no, no harían las celdas hexagonales con tanta precisión. La vida de esos insectos, como la del político, es exigua, su legislatura vital no pasa de 46 días. Hay ventiladoras, obreras y la reina, que mata al zángano después de tirárselo. Y, como Sancho Panza en el pasaje con el médico cabrón, también sabe Rodríguez Zapatero que muchos políticos de los que nos dan el tostón, son gente baldía y perezosa que hacen en la república lo mismo que los zánganos: se comen la miel que las trabajadoras hacen.

© Mundinteractivos, S.A.


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viernes, 30 de marzo de 2007

60.000 euros, por Juan Carlos Girauta, Libertad Digital


De Wikipedia: Joan Puigcercós –hoy conseller de Governació y líder fáctico de ERC– militó en la formación Independentistes dels Països Catalans (IPC). El dirigente de IPC (y luego del MDT-IPC) Carles Castellanos, fue acusado, según El País (20-5-92), "de entregar la pólvora empleada en los atentados de Igualada y Les Borges Blanques (...) Ese material permaneció durante varios meses en la sede del partido."

En la misma página se recoge que Marcel.li Canet –que encabezaría la lista de ERC en las municipales de 2003 por Navarcles, resultando concejal, y en cuya web se recuerda su procedencia del IPC–, recibía instrucciones, según su propia declaración ante el juez Bueren, de Pere Bascompte y Carlos Benítez, por entonces "líderes de Terra Lliure", según la policía. Sigue El País: Bascompte "fue condenado en España como autor del secuestro y posterior disparo en la pierna del escritor Federico Jiménez Losantos."

Según el Diccionari dels Partits Polítics de Catalunya, segle XX (Isidre Molas, ed.), IPC era una "organización socialista y revolucionaria [que] mantuvo relaciones políticas con Herri Batasuna y sufrió frecuentes detenciones. En 1982 inició un acercamiento al PSAN, que acabó en 1985 con la incorporación del IPC al Moviment de Defensa de la Terra (...) En las elecciones europeas de 1987 y 1989 [MDT-IPC] dio su apoyo a Herri Batasuna."

La figura más próxima a Joan Puigcercós es Xavier Vendrell, fugaz ex conseller de governació de Maragall por imposición de aquel. Dice el diario El Punt (Vilaweb, 22-4-2006): "Vendrell es la mano derecha de (...) Puigcercós. Entró en Esquerra en 1991 procedente de los independentistas MDT y Catalunya Lliure (...) Fue nombrado secretario del conseller primer a propuesta de Puigcercós."

"Xavier Vendrell (...) fabricó y colocó dos explosivos en atentados de la desaparecida banda terrorista Terra Lliure", informó el diario 20 Minutos el 11 de mayo de 2006. Y también que el propio Vendrell lo "reconoció en 1992 ante el juez de la Audiencia Nacional Carlos Bueren". Concretamente, "participó en los atentados contra la oficina del INEM de la localidad barcelonesa de Hospitalet de Llobregat, el 7 de abril de 1990, y contra la compañía Hidroeléctricas del Segre en Olesa de Montserrat. [Él] escogió los objetivos, pues la única orden que había recibido de Terra Lliure era la de atentar en la comarca del Bajo Llobregat, área donde Vendrell era responsable de la banda terrorista. Vendrell añadió en su declaración ante el juez Bueren que los explosivos en ambos atentados fueron fabricados y colocados por él mismo."

Según el diario digital e-noticies, Josep M. Cervelló –concejal del ayuntamiento de Sant Boi del Llobregat que encabezó la lista de ERC en las últimas municipales– "fue detenido y encarcelado en los años 90 por su participación en las actividades de Terra Lliure (...) Asimismo, el concejal y número 2, Enric García Gallego, fue miembro de los grupos de apoyo de la misma banda armada". De ambos ex terroristas miembros de ERC nos informa Oriol Malló en su libro De las armas a las urnas (cosas que quería saber sobre ERC y no se atrevía a preguntar) que el uno no renuncia a su pasado y que el otro no renuncia a ejercer de "portavoz sentimental de aquella generación".

Según El Debat (26-2-07), el confidencial Busot, "muy próximo a ERC y, sobre todo, a su secretario general Joan Puigcercós, se dirigió a sus lectores con una retórica que recuerda un grupo armado (...) El último texto de Busot va acompañado de una fotografía de una rueda de prensa de Terra Lliure."

Manuel Cerdán escribió en elmundo.es que, con motivo de la comparecencia del juez Garzón en el Congreso por el 11-M, "los diputados de ERC Agustí Cerdà y Joan Puigcercós se ausentaron (...) en señal de protesta por la gran redada que dirigió el magistrado en 1992 contra Terra Lliure."



Enlace Libertad Digital



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jueves, 29 de marzo de 2007

La corriente que nos lleva, por Rafael Poch, La Vanguardia


Con la ley de propiedad china se pretende continuar integrando en el Partido Comunista a una oligarquía de nuevos ricos, que comienza a formular exigencias políticas
La primera ley de propiedad china, aprobada este mes, ha sido mayoritariamente interpretada en la prensa occidental como un nuevo paso hacia la "economía de mercado". En realidad es algo más complejo.

Hasta 1998 las empresas estatales representaban el grueso de la economía china, pero hoy el sector privado representa más del 65% del PIB y aporta el 80% del crecimiento, según la Federación China de Industria y Comercio. Hoy en China, sin contar Hong Kong, hay unos mil ciudadanos con patrimonio superior a los 10 millones de euros y otros 320.000 con más de un millón (de dólares) en su patrimonio. Su número ha aumentado casi un 7% en los últimos años. En Hong Kong hay otros 80.000 con más de un millón de dólares.

Paralelamente, desde mediados de los ochenta, en China se produce una transformación radical del trabajo. Una gran reconversión. La liquidación del sector socialista ha dejado entre 40 y 60 millones de despedidos y ha disuelto brutalmente toda la red social del sector antes privilegiado de la clase obrera -bien diferente del ejército de 100 o 200 millones de emigrantes campesinos, que alimenta la nueva manufactura y se parece mucho más a una "clase obrera" tradicional en el sentido de Marx.

Varias medidas amortiguadoras aliviaron algo la situación de los reconvertidos del sector socialista. Algunos despedidos accedieron a ciertos seguros sociales, jubilaciones anticipadas, asistencias, y ayudas locales. El despido no siempre significa concluir del todo la pertenencia a la empresa, que puede mantener algún amparo. Por otro lado, la contestación social es gestionada con prudencia. El derecho popular a protestar se admite -para mantener la legitimidad socialista del sistema, en la que los obreros del sector estatal siempre se han amparado-, pero no se reconoce el derecho de creación de asociaciones estables, ni la formulación de un conflicto frontal con el gobierno. La aparición de disturbios es mala para la carrera de los dirigentes, así que son cuidadosos y se practica una represión quirúrgica y selectiva. En 2002, más de 30.000 obreros y jubilados del sector estatal de la provincia de Liaoning tomaron la calle en la mayor protesta desde Tiananmen. Sólo hubo cuatro detenidos, y de ellos solo dos fueron condenados. Una manera "fina" de tratar los conflictos.

Todo esto no fue satisfactorio ni suficiente para las víctimas de la reconversión, pero amortiguó el descalabro social.

Ahora, la ley de propiedad expresa un equilibrio muy claro entre diversos intereses, algunos tan contrapuestos como los mencionados, que hay en la sociedad china; los de la mayoría campesina, los del sector estatal, los nuevos ricos, los modestos propietarios urbanos de una simple vivienda o un vehículo, y otros. Para los partidarios del sector estatal, la ley representa la última rendición del sistema a los intereses capitalistas, pero el hecho es que la supuesta victoria de esos intereses ha estado muy lejos de ser completa.

El nuevo sector empresarial venía presionando desde hacía trece años para conseguir una ley de propiedad privada, y han obtenido un texto "sobre la propiedad" (en general) que ha precisado siete lecturas en la Asamblea Nacional Popular (normalmente las leyes se aprueban tras un máximo de tres), innumerables enmiendas, y que ha concluido en un intento de no disgustar a nadie. De ahí que el gobierno haya tratado esta ley con discreción, como un tema delicado y espinoso que no conviene airear demasiado.

En su intervención ante la Asamblea Nacional Popular, el primer ministro Wen Jiabao, habló sobre todo de "justicia social" y anunció toda una serie de medidas sociales como la eliminación de las tasas escolares, que afecta a 150 millones de familias pobres, de un aumento del 21% del gasto en educación en el campo, y del horizonte de extender la seguridad social hasta el 80% del territorio chino, pero en su conferencia de prensa anual, al término de la asamblea, ni siquiera mencionó la ley de propiedad. Esos acentos y ese silencio dicen mucho. En cualquier caso, lo decisivo no será la ley, porque China no es un estado de derecho, sino la práctica política. Pero hay otra cosa más importante que eso.

Se suele pensar que los dirigentes "dirigen" la política, que "determinan" el rumbo de sus países, cuando muchas veces lo que ocurre es que el propio rumbo es quien dirige. Arrastrados por una corriente que les lleva, los dirigentes, simplemente, hacen lo que pueden.

En 1979 una delegación del Partido Laborista británico se entrevistó con Deng Xiaoping, que les soltó lo de que, "para que el país prospere, unos deben enriquecerse antes que los otros". Al viejo se le preguntó entonces qué pasaría si China llegara a convertirse en una sociedad de gran desigualdad con la economía de mercado. "La desigualdad no nos asusta, si algún día aparece de forma importante entre colectivos e individuos, introduciremos el impuesto sobre la renta para corregirla", respondió.

Han pasado 28 años, y ya hace mucho que China es una sociedad muy desigual. Más desigual que India, según el informe sobre desarrollo humano de la ONU de 2005. Y no hay rastro de aquella política fiscal salvadora apuntada por Deng. Este es un país de ricos que no pagan, un capitalismo mucho más "liberal" que el nuestro. En lugar de la ideal "clase media", lo más significativo que aparece en el horizonte es más bien un grupo de nuevos ricos de natural inclinación oligárquica, generalmente emparentados con el funcionariado propietario del estado. Seguramente ese no era el lugar al que quería llegar Deng Xiaoping, pero ha sido aquí donde la corriente les ha llevado.

Así que hay hacer algo, porque esa fuerza social de nuevos ricos que asoma, puede alterar algunos equilibrios a medio plazo. Después de triunfar empresarialmente, ayudar a todos sus parientes, comprarse el "Mercedes", la villa de mal gusto, ponerle piso a amantes y concubinas, y alimentar las fantasías económicas de los funcionarios corruptos que abren la puerta de su éxito, el nuevo rico presenta sus pretensiones políticas.

La presión de esa fuerza se nota en los pulsos y debates alrededor de procesos de toma de decisiones, se nota en los medios de comunicación, donde algunas revistas empresariales y sectores académicos vinculados al sector privado y a las multinacionales (lo que "The Economist" describe angelicalmente como, "reform-oriented"), expresan su inquietud ante los pinitos keynesianos y llamadas a la "justicia social" de Hu Jintao y Wen Jiabao.

Tras sus obligadas adhesiones inquebrantables, asoman comentarios irónicos o nerviosos sobre la "sociedad armoniosa", el nuevo mantra de Hu y Wen, que incide en la necesidad de, por ejemplo, poner coto a la rampante desigualdad entre sectores sociales y regiones, o frenar el robo descarado al campesino -que China practica desde la época de Mao, con la venta obligatoria al estado a precios subvencionados (el robo "comunista") continuado hoy con el negocio de la expropiación de tierras (el robo "de mercado"- Véase "El robo del siglo" en este diario), que algunos cifran en medio billón de euros (500.000 millones), lo que significa que la acumulación originaria de capital, tanto de la primera industrialización, como de la actual segunda industrialización/urbanización, reposa sobre las espaldas de la misma mayoría social (¡eh aquí un punto de unión entre "comunismo" y "mercado" en China!).

"Algunos culpan a los últimos 25 años de reforma de los actuales problemas económicos y sociales del país, como la creciente desproporción de rentas, el desequilibrio regional, la mayor conflictividad y la extensa corrupción, y sugieren solucionarnos de golpe, simplemente extendiendo el sistema de prestaciones sociales", señala un comentario del semanario ("reform-oriented") "Caijing".

Pues bien, en esa corriente que les lleva, los dirigentes chinos, simplemente intentan preservar el predominio de lo político sobre lo económico, que es la esencia de su sistema. Dicho de otro modo, quieren garantizar que el control del Partido Comunista va a seguir siendo, muchos años, superior y más fuerte que la potencial autonomía de esa protooligarquía de nuevos ricos.

La experiencia soviético/rusa demostró lo rápido que los magnates nacidos del estado pueden apoderarse del estado mismo, en cuanto éste afloja su control o se bebe una copa de más. Ocurrió en la época de Boris Yeltsin, cuando un puñado de millonarios intentaron tomar el poder tras hacerse con compañías de petróleo, canales de televisión y medios de comunicación con los capitales robados de la "privatización".

Con recursos como la teoría de las "Tres representaciones" del anterior Presidente, Jiang Zemin, y con la actual ley de la propiedad, el Partido pretende integrar en su seno a esa potencial oligarquía, para ahorrarle la tentación de que se busque otras formas de representación política capaces de formular un desafío. La ley de la propiedad legitima el saqueo de patrimonio estatal practicado por los nuevos ricos. "El Partido es vuestra única representación", se les dice. Las puertas del Partido se abren a todo el mundo. Por lo menos una tercera parte de los empresarios chinos que registraron sus negocios después del año 2001, son hoy miembros del Partido Comunista, según la estadística de la Federación China de Industria y Comercio. Hay que intentar que esos sectores se sientan representados y lo más cómodos posible en el Partido Comunista, sin ofender a otros sectores, incluidos los campesinos, que, pese a todo, en China cuentan mucho más que en India. Esa es la esencia de la ley de la propiedad recién aprobada.

El horizonte y futuro de ese "Volkspartei", de ese "partido de todos", en China, es algo discutible. ¿Dará 30 años más de estabilidad al proceso?, ¿estallará?, ¿degenerará irremediablemente, como el PCUS en la época de Brezhnev, hasta hacerse completamente irrecuperable? ¿Quién integrará a quien?: ¿el partido a los ricos, o los ricos al partido? ¿Se preservará el dominio de lo político sobre lo económico? No lo sabemos.

No hay que hacerse ilusiones sobre una estructura que ha gobernado medio siglo en solitario. Sus enfermedades son evidentes. También hay que recordar que la estabilidad y el desarrollo de un país como éste, es algo de gran calado, algo que importa a la estabilidad mundial. Hoy por hoy, el Partido Comunista es quien, más o menos, gobierna a esta China en la corriente. Y no es el peor escenario.

En Occidente somos unos irremediables optimistas porque llevamos muchas décadas comiendo caliente cada día. Ese optimismo de hombre blanco amnésico, nos lleva a pensar que no hay nada peor que un régimen de poder personal, que una dictadura, o que el dominio en solitario del Partido Comunista, sin entrar demasiado en consideraciones más profundas, que frecuentemente son las mas relevantes en un país en desarrollo. La idea de que la alternativa a un régimen que se considera poco deseable, sea otro régimen aun peor, nos cuesta concebir. Situaciones como la de Irak son el resultado.

miércoles, 28 de marzo de 2007

Prometeo en Prisa, por Pedro G. Cuartango (El Mundo)


Hace ya bastantes años, escuché por azar las confesiones de un subdirector de El País, que se encontraba al borde de la desesperación por haber perdido el favor de sus jefes. Mientras yo oía fascinado en la mesa de al lado, este buen hombre se desahogaba ante otro compañero y se preguntaba si algún día recuperaría el honor perdido ante la cúpula del diario.

Me llamó la atención que el periodista caído hablaba en términos religiosos, como si se sintiera expulsado de una comunión mística. Lo que le dolía en el fondo no era que le hubieran relegado en la redacción sino que sus jefes creyeran que se había apartado de la ortodoxia. Estaba abrumado por ello. Creo que esta anécdota define perfectamente el espíritu de esa casa llamada Prisa, que es mucho más que un imperio mediático, un grupo al servicio de los intereses económicos de Don Jesús o un instrumento de propaganda del Gobierno.

Prisa es esencialmente una secta jerarquizada, donde se transmiten de arriba abajo las consignas en base a las que hay que informar. El sistema ha funcionado tan perfectamente que ya no es necesario ni siquiera explicitar esa filosofía que debe asumir quien pretende sobrevivir en el grupo.

El rasgo esencial que caracteriza a Prisa es el monolitismo, entendido como un espíritu que debe impregnar como la fe religiosa a cada profesional que pisa esa bendita casa. Quien no comulga con el credo, como Hermann Tertsch, se tiene que marchar de la Iglesia. Al ser preguntado en la Junta de Accionistas sobre la presencia de Tertsch en Telemadrid, Polanco respondió que «la contradicción ya había sido superada», en referencia a que este periodista no volverá a trabajar en Prisa por el leso delito de no coincidir con la línea editorial de El País.

Para los jefes de Prisa, la actitud de Tertsch no es sólo incomprensible. Es, sobre todo, un anatema, que vulnera el dogma que todos deben asumir: el principio de obediencia al que manda. Esa fe religiosa implica la creencia ciega de que la línea editorial de El País es la expresión máxima de la racionalidad y del progreso, por lo que resulta inaceptable que un redactor pueda apartarse de esa Idea hegeliana de la que comulga el cuerpo eucarístico de las buenas conciencias.

El País es la verdad absoluta que toma conciencia de sí misma en sus páginas en un proceso de realización de la Razón. Por tanto, cualquier obstáculo o cualquier crítica a ese designio histórico sólo puede provenir desde la caverna o desde la mala fe de quienes se niegan a reconocer dónde está esa verdad absoluta. Por el mismo motivo, cualquier desafuero o manipulación está justificado porque la mentira puede estar al servicio de la verdad si la causa lo requiere. El error del PP al anunciar un pseudoboicot a los medios de Prisa ha servido para reforzar esa visión mesiánica, maniquea y prepotente de los Polanco, Cebrián y compañía. A pesar de su pasado, todos ellos sufren el síndrome de Prometeo, que robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres. La única diferencia es que el titán griego no cobraba ni recibía favores del poder.

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martes, 27 de marzo de 2007

Esclavitud, por Rafael Ramos (La Vanguardia)





Diversas ceremonias han celebrado el doscientos aniversario de la abolición de la esclavitud en Gran Bretaña, en medio de una considerable polémica sobre si el gobierno Blair debía "pedir perdón" o era suficiente con que expresara su "horror" y "repugnancia", pero sin disculparse formalmente. Un grupo afroamericano manifestó su disconformidad en Bristol –uno de los principales puertos esclavistas-, y en vista de ello Nelson Mandela se ausentó de un acto conmemorativo al que en principio había prometido su asistencia. La recién estrenada película "Amazing Grace" cuenta la historia de cómo el diputado William Wilberforce, hijo de un terrateniente de Yorkshire y dos veces alcalde de Hull, fue elegido diputado por esa circunscripción del norte del país a los veintiún años, de su fé religiosa, de su amistad con el primer ministro William Pitt (con quien estudió en Cambridge), y de cómo se enfrentó en la Cámara de los Comunes a los grandes intereses mercantiles hasta conseguir la abolición de la abominable práctica. También es la historia de cómo el argumento de casi todas las guerras es el mismo, de la eterna lucha entre las ideas y el dinero, y de cómo el nacionalismo y el patriotismo son utilizados con habilidad por el poder para defender los privilegios del "establishment".

Inglaterra, llena de orgullo imperial, nunca pide perdón por sus acciones. Pero en el caso de la esclavitud, Tony Blair se ha acercado todo lo posible a una disculpa oficial por el papel histórico de su país en el comercio, tortura, mutilación, violación y asesinato de ciudadanos negros, antes de que el parlamento declarase ilegal la lucrativa pero inhumana actividad hace doscientos años.

"Vergüenza", "pena", incluso "crimen contra la humanidad", dice Blair al referirse a una conducta en la que tienen manchadas las manos la monarquía, la Iglesia de Inglaterra e incluso algunas de sus más prestigiosas universidades (y también los cazadores, vendedores e intermediarios africanos). Pero no llega a pronunciar la palabra mágica "perdón", en parte para no romper con la tradición y en parte por recomendación de los abogados del gobierno, temerosos de demandas legales por parte de los descendientes de los esclavos.

Al cumplirse dos siglos de la abolición de la esclavitud en el Reino Unido, activistas de la comunidad negra han presionado a Tony Blair para que aprovechase para pedir perdón y hacer así borrón y cuenta nueva en uno de los capítulos más abominables de la historia británica. Se calcula que un millón de esclavos murieron en la ruta atlántica, que los transprtaba desde Liverpool, Bristol y otros puertos ingleses hasta las colonias del Caribe y los Estados Unidos. Durante el viaje eran objeto de latigazos y quemaduras, y apenas se les alimentaba lo suficiente para subsistir, como relata la película "Amazing Grace". Quienes sobrevivían eran vendidos en subasta pública.

"Personalmente –escribe Blair en un artículo para la publicación "The Nation", dirigida a la comunidad negra británica-, creo que el bicentenario nos ofrece la oportunidad de reconocer lo vergonzoso que fue el tráfico de esclavos, expresar nuestra pena por lo ocurrido, proclamar que condenamos inequívocamente su existencia y aplaudir a quienes lucharon por su abolición. Es difícil creer que algo que hoy sería un crimen contra la humanidad resultase legal en su época". ¿Perdón?. Sí, pero con otras palabras, para que no se establezca un precedente y también haya que disculparse por el papel de Inglaterra en la hambruna irlandesa y en múltiples guerras y ocupaciones coloniales, incluyendo Iraq.

La reacción a la disculpa de Blair a título personal, para no involucrar a otros estamentos y poderes fácticos, ha merecido reacciones variadas, desde quienes aceptan su buena voluntad hasta quienes consideran que se ha quedado corto, pasando por un considerable círculo que denuncia el cinismo de condenar los abusos de hace dos siglos mientras el Reino Unido tiene su buena parte de responsabilidad en la muerte de decenas de miles de iraquíes. Yasmin Alhibai-Brown, una prestigiosa columnista de origen asiático, escribe en "The Independent" que por lo menos ahora el gobierno británico puede tener autoridad moral suficiente para combatir de modo efectivo las prácticas esclavistas que todavía existen en Sudan y países de África Occidental y el Oriente Medio.

La llamada Acta de Abolición de la Esclavitud fue aprobada por a Cámara de los Comunes en 1807, después de que los lores –que representaban los intereses de la oligarquía y el comercio- la tuviesen bloqueda durante dos años y de que Wilberforce tuviese que recurrir triquiñuelas legislativas. La ley declaró ilegal "la participacón de cualquier súbdito británico en la captura y transporte de seres humanos", e impuso multas a partir de cien libras estrelinas por cada esclavo que fuese encontrado a bordo de un buque. Veintiseis años más tarde, en 1833, el Imperio Británico concedió la libertad a todos los esclavos residentes en sus confines, y pagó compensación a sus propietarios. En los Estados Unidos, la comunidad afroamericana tiene el mayor índice de pobreza, delincuencia, analfabetismo y enfermedad del país, y sufre desventajas atribuibles en parte a la esclavitud.

Nota: Este blog parte de la base de que toda verdad es relativa en la defensa de un argumento, y aspira a ser un vehículo para contar historias, expresar opiniones y estimular el debate intelectual, dentro de un espíritu de educación, respeto, humor y tolerancia. El autor lamenta cualquier error de construcción o de sintaxis, imprecisiones, gazapos o fallos gramaticales, inevitables en un tipo de comunicación informal y espontánea que por su propia naturaleza informal carece de los mecanismos de control y edición de un periódico.

sábado, 24 de marzo de 2007

Editorial del ABC: Objetivo, Baleares


EL PSOE sigue jugando más allá de lo razonable en materia de organización territorial del Estado. Se anuncia ahora que los socialistas preparan listas únicas con IU y ERC en Baleares para desbancar al Ejecutivo popular. En concreto, se presentará una candidatura común en Ibiza, donde están en juego los escaños determinantes para formar una coalición que pueda desalojar del poder a Jaume Matas. Junto con Navarra, éste es uno de los objetivos prioritarios de la izquierda de cara al 27-M, una cita electoral que no parece anunciar grandes alegrías para el PSOE a la vista del desgaste de Zapatero y de la escasa entidad de algunos candidatos. En estas circunstancias, sólo una alianza con la izquierda radical permite abrigar alguna esperanza de romper la dinámica negativa en la que está instalado el Gobierno. En el caso de Baleares, esta estrategia supone resucitar doctrinas inaceptables en torno a los «países catalanes», una falacia histórica y política que los electores han rechazado siempre sin rodeos. De hecho, Carod Rovira actúa una vez más como protagonista de la operación, anunciando la intención de los republicanos de afianzar su muy limitada presencia en el archipiélago. También les gustaría hacerlo en la Comunidad Valenciana, pero en este caso la izquierda catalanista prefiere otras opciones dentro de su escasa capacidad para impedir una muy previsible mayoría absoluta de Francisco Camps. Son, en definitiva, nuevas dimensiones en esa política de «todos contra el PP» que marca sin remedio el desarrollo de la legislatura.
Con Jaume Matas al frente, el PP balear recuperó el gobierno después del fracaso sin paliativos de la coalición que dirigió las islas bajo la presidencia de Francesc Antich. Las cosas han ido razonablemente bien, y nadie duda que los populares van a ser con diferencia el partido más votado. Sin embargo, la posibilidad de formar gobierno pende de un hilo si todos los demás configuran una alianza parlamentaria. En tal caso, las minorías juegan con ventaja, de modo que ERC -un partido antisistema en cuanto a la forma de Estado y de gobierno- tendría una papel decisivo. Es fácil imaginar el alto precio que tendrían que pagar los socialistas en cuestiones como la lengua o el intento de formar un frente pancatalanista al amparo de una lectura sesgada de la historia. El nacionalismo es expansionista por naturaleza. De ahí la grave responsabilidad que contraen los partidos de ámbito nacional cuando, movidos por un interés coyuntural, abren las puertas de determinados territorios a formaciones que no respetan los principios y valores que sustentan la Constitución. A Zapatero no parece importarle el alto coste que esta estrategia de partido puede tener para el futuro del modelo territorial.

Publicado en ABC.es, 22 de marzo, 2007

miércoles, 21 de marzo de 2007

Propiedad privada en China, por Luís María Anson, en El Mundo


CANELA FINA

Canto del cisne del comunismo. La Asamblea Popular China decidió enterrar el cadáver de cuerpo presente del maoísmo al aprobar la ley de propiedad privada. Muy difícil darse cuenta de lo que eso significa en una nación que padeció un comunismo feroz hasta que Den Xiaoping puso en marcha el sistema de reformas económicas que ha despedazado el viejo comunismo.

He estado en China una docena de veces. Viví el exilio al que me sometió el dictador Franco en Hong Kong en 1967. Si Mao se levantara de su sarcófago de cristal en Tien An Men no daría crédito al cambio que para bien han experimentado los chinos. El mayor revolucionario del siglo XX, el poeta de los Poemas de la tierra y del viento, el enamorado de Yang Kai-hui, el amigo de Lu Sin, el capitán de la Larga Marcha, el marido de Chiang Ching, el utópico de las Cien flores, el impulsor de la Revolución Cultural, no podría creer que los dogmas del Libro Rojo han caído uno a uno como las hojas del otoño en el parque de Kunming. «Me acuerdo cuando juntos tomábamos el té en Kwantung. Me acuerdo cuando juntos recitábamos versos en Chunking, en las tardes de otoño y de tristeza, a la caída lenta de las hojas y del alma, en el crepúsculo inmenso». Todavía se desgranan los versos de Mao en el corazón de muchos chinos pero ha bastado la liquidación a medias del comunismo para que se produzca el progreso. La transformación experimentada por el coloso asiático ha sido tan rápida que los que vivimos allí la Revolución Cultural difícilmente podemos entender la profundidad del proceso.

En todo caso, no hay que engañarse. China ha pasado de ser una dictadura comunista a convertirse en una dictadura capitalista. La antigua clase política no ha querido perder el poder y, a lo gatopardo, ha cambiado todo para que no cambie nada. Los collares son distintos. Los perros, los mismos. Pocas veces la clase política de una nación ha realizado una operación tan inteligente.

Con sus 1.300 millones de habitantes, China alineará su economía capitalista en muy pocos años entre los grandes. No darse cuenta de esto es no entender nada. La introducción china en los mercados internacionales va a alterar de fondo la globalización. Ni los Estados Unidos de América ni la Unión Europea pueden ya prescindir en sus cálculos del nuevo fenómeno competitivo que se nos ha venido encima. Lo de Japón, tan importante, es una risa al lado de lo que va a significar China en un tiempo brevísimo.

Claro que en Pekín tendrán problemas. El reconocimiento de la propiedad privada impulsará el anhelo de libertad que alienta en el pueblo chino y que fue segado con saña en las matanzas de Tien An Men. Pero la represión es siempre un espejismo. No hay quien pare la marcha de los chinos hacia la libertad aunque sea en zigzag. Durante un tiempo, hasta que se establezca la democracia, hasta que se extirpe la dictadura, China padecerá vaivenes y retrocesos parciales, tal vez con-vulsiones de fondo. Pero luego emergerá el gran gigante mundial y la geografía económica del mundo será diferente. Las grandes empresas occidentales, que sólo quieren plusvalías y dividendos, ya han puesto sus ojos tórpidos en el gigantesco mercado del coloso asiático. Que no sean oportunistas. Nada más difícil que engañar como a un chino a un empresario chino.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.

© Mundinteractivos, S.A.



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sábado, 17 de marzo de 2007

Ecuador, al borde del abismo, por Joaquim Ibarz (La Vanguardia)

AFP / Rodrigo Buendía El presidente de Ecuador, Rafael Correa, durante una conferencia con corresponsales extranjeros en el Palacio Carondelet de Quito
Cada marzo, los gitanos visitaban Macondo para mostrar las maravillas del mundo moderno. Los vecinos del pueblo de la costa Caribe de Colombia quedaban deslumbrados cuando les mostraban que un pedazo de piedra -un imán- era capaz de atraer metales o cuando un trozo de vidrio -una lupa- podía encender fuego. José Arcadio Buendía, el fundador de Macondo, estaba obsesionado con estos artefactos de la modernidad que, según él, le traerían riqueza y prosperidad.

Al igual que José Arcadio Buendía, los ecuatorianos se acostumbraron a vivir en permanente estado de excepción –valga la contradicción- y a aceptar lo anormal como cotidiano. Ver desaparecer a un hombre es, para el patriarca de los Buendía, tan corriente como, para los ecuatorianos, derrocar presidentes o destituir congresistas. El comentarista Gonzalo Maldonado Albán señala que al igual que en Macondo, en Ecuador convierten en excepción lo que debería ser norma. "Queremos echar abajo un sistema de libertades basado en la división de poderes. Estamos empeñados en destruir el régimen de partidos, para concentrar todo el poder en manos de un caudillo". advierte Maldonado Albán.

Es marzo en Ecuador, y los José Arcadio Buendía del país andino están deslumbrados con un invento parecido a un cubo de hielo: la Asamblea Constituyente. Se muestran dispuestos a entregarlo todo por emprender ese proyecto mirífico que debe traer prosperidad para todos.

Sin embargo, Ecuador enfrenta un proceso de demolición institucional que pone en riesgo la legitimidad de la Constituyente que impulsa el presidente Rafael Correa.

"Caos total", tituló hace cuatro días el diario "La Hora" de Quito. La Conferencia Episcopal señala que Ecuador no merece ni puede aceptar la peligrosa situación a la que se ve abocado. "Todavía estamos a tiempo para detener la debacle que se nos viene encima", advierten los obispos.

Ecuador y crisis política parecen ser sinónimos. Una vez más se comprobó cuando un choque de poderes volvió a colocar al país al borde del abismo. Las discrepancias sobre la consulta para convocar la Constituyente generaron el cese por parte del legislativo del presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE). A su vez, el presidente del TSE, auspiciado y respaldado por la fuerza pública que obedece las órdenes del gobierno, destituyó a 57 de los 100 diputados. Tomó tal drástica medida alegando que Ecuador se encuentra en un proceso electoral, cuando ni tan siquiera hay lista de candidatos.

Acostumbrado a derrocar presidentes con el apoyo de las Fuerzas Armas –así hicieron con Abdalá Bucaram, con Jamil Mahuad y con Lucio Gutiérrez- el Congreso recibió un golpe sin precedentes con el contraataque del TSE, acción que fue respaldada plenamente por Correa.

El conflicto era más que previsible desde que Correa ganó las elecciones en noviembre de 2006. Antes del inicio de la campaña electoral que le dio la presidencia, el líder d la izquierda populista renunció a presentar un solo candidato al Congreso. Ello le permitió descalificar a toda la clase política. Su estrategia se iba a centrar en la convocatoria de una Asamblea Constituyente dotada de plenos poderes, a pesar de que la Constitución vigente no contempla que el ejecutivo pueda convocar un referéndum para reformar la Carta Magna por iniciativa propia. Correa ya ha anunciado que una de las primeras medidas de la Asamblea será la disolución del Congreso, que es un estorbo para sus planes hegemónicos.

Correa sigue la misma hoja de ruta –aunque de manera más acelerada- que trazó el presidente venezolano Hugo Chávez cuando en diciembre de 1998 ganó las primeras elecciones presidenciales. El libreto marca que hay que convocar lo más pronto posible –cuando la popularidad es muy alta- una Asamblea Constituyente para ampliar los poderes del ejecutivo, minimizar el papel de los partidos y posibilitar la reelección. Aunque la Constitución no lo contemplaba, la presidente de la Corte Suprema de Venezuela, Cecilia Sosa, autorizó a Chávez a convocar un referéndum para celebrar elecciones a una Asamblea Constituyente. Evo Morales sigue el mismo camino en Bolivia, aunque se enfrenta a una sólida oposición que exige que se cumplan las normas que señalan que los artículos de la nueva Carta Magna deben aprobarse con una mayoría calificada de dos tercios. Correa dijo desde un principio que bastaba con la mitad más uno de los votos para aprobar el nuevo texto constitucional.

El conflicto se calentó hace dos semanas cuando el TSE expidió una resolución por la cual convocaba para el 15 de abril una consulta popular para decidir si se daba vía libre a la Asamblea Constituyente. Al Congreso irritó especialmente que el Tribunal desatendió el acuerdo suscrito por ejecutivo y legislativo, que garantizaba la no disolución del Congreso. Correa se habría comprometido a no cerrar el legislativo. Sin embargo, según denuncia la oposición, recurrió a las viejas mañas que tanto critica a los partidos –compra de votos de jueces y diputados a cambio de cargos, dinero y prebendas- para que el presidente del TSE convocara la consulta en los términos que quiere el presidente. La prensa denuncia que emisarios del ejecutivo mantienen conversaciones secretas con congresistas no destituidos y con los diputados suplentes para atraerlos a su causa, haciéndoles romper la disciplina que deben a los partidos en que militan. De esta manera, ya no habrá obstáculo para otorgar de antemano a la Constituyente poderes por encima del Congreso y de la Carta Magna que está vigente.

A pesar de que Correa ganó la presidencia sin contar con un solo diputado en el Congreso, de hecho ya controla el poder legislativo y el electoral. En tan sólo 60 días impulsó todas las estrategias y abrió todos los frentes de ataque de manera mucho más rápida que su mentor Hugo Chávez, quien tuvo que dedicar la mayoría de sus ocho años de gobierno para golpear y anular las instituciones. El diario "El Comercio" de Quito señala en el editorial "La paulatina concentración de poderes" que el TSE interpreta que la Constitución y la ley electoral le otorgan facultades para destituir a cualquier funcionario -incluidos jueces y diputados elegidos por el pueblo- si considera que interfieren la celebración de los próximos procesos electorales (consulta popular, campaña a la Constituyente e instalación de la Asamblea).

Ya se puede anticipar que las elecciones para la Constituyente estarán condicionadas por la concentración de poder en manos del presidente. "El Correo" destaca que el pueblo debe saber que Ecuador está inmerso en un escenario en el que predomina "la manipulación, la intolerancia y el anatema contra quienes discrepen del curso de los sucesos políticos amparados en el ejercicio del poder". "El escenario vaticina tiempos difíciles y turbulentos para la democracia ecuatoriana", subraya el diario.

Rafael Correa cumple lo que promete. En la campaña electoral dijo que disolvería el Congreso. Ya casi lo tiene cerrado. No esperó ni a que lo haga la Asamblea Constituyente. Desde la semana pasada, la policía impide que los diputados destituidos por el TSE ingresen al Congreso. Aunque el presidente negó que hubiera dado tal orden a la fuerza pública, Teleamazonas mostró imágenes de diputados suplentes reunidos en semiclandestinidad con enviados del ministerio de Gobierno para planificar, se supone, la instalación de un Congreso sin los parlamentarios titulares.

La organización Participación Ciudadana pide en un comunicado deponer actitudes y revocar decisiones polémicas para preservar la democracia. Y alerta del "serio peligro que se cierne sobre el país como resultado de actitudes políticas y controvertidas decisiones institucionales, que están llevando al resquebrajamiento de la institucionalidad democrática y a la violencia como medio de acción política". Ecuador ha llegado a un punto en el cual la interpretación de la Constitución queda a la conveniencia y voluntad subjetiva de las facciones en conflicto.

La Asociación de Editores de Periódicos (Aedep), publicó un editorial conjunto en la primera página de los diarios que llevaba por título "¡Intolerable!". En él se decía: "Con profunda preocupación, el país asiste a un sistemático proceso de destrucción de sus instituciones y de manipulación del poder, de la Constitución y de la Ley. Todos los poderes públicos son responsables de esta situación. Ellos tienen una obligación fundamental con el país: construir un entorno político, jurídico y económico razonable, dotándolo de seguridades elementales para que la población progrese".

La demanda de concordia de los editores de prensa mereció duras descalificaciones del Jefe de Estado. Correa afirmó que el contenido del llamamiento a la calma y sensatez, "es inmoral, eso también es corrupción". Recurriendo a generalidades y sin dar nombres, calificó a los medios de "mafiosos". El analista Willington Paredes Ramírez se pregunta ¿en qué fundamenta el presidente su grave acusación? Responde: "En nada. Solo en el irresponsable deleite de hablar, insultar y descalificar a quienes discrepan de sus ideas y cosmovisión política maniquea y mesiánica".

Correa parece estar convencido de que la Patria Nueva se encarna en la seducción de su rostro, en su sonrisa, en sus camisas folclóricas, en su retórica y en su estilo. Cree saberlo todo e imagina que con él nace y termina el mundo. Su diatriba contra los medios de comunicación expresa ese convencimiento de que se considera la única fuerza ética y moral de la nación. Ha desenvainado la copia de la espada de Bolívar que le regaló Hugo Chávez para trazar una maniquea línea divisoria: los que no están con el Gobierno están contra él.

La secretaria de Comunicación, Mónica Chuji, dijo que es "casi injuriosa" la petición de los medios de que el presidente se ajuste a la Constitución. Con desparpajo afirma que el editorial de los periódicos "supone una grave contribución al clima de desestabilización". Con mayor audacia, expresa: "Nos vemos en la obligación de exigir una inmediata rectificación de esta gravísima acusación contra la máxima autoridad de la República". Si la ministra ataca a la prensa es porque en el gobierno de Correa circula una espesa atmósfera de prepotencia y autoritarismo que no le permite distinguir entre lo democrático y lo autoritario.

Los enfrentamientos en la calle de los últimos días permiten vislumbrar lo que puede ocurrir en Ecuador cuando Correa tenga plenos poderes. De momento, la multitud ataca a golpes y pedradas a diputados que acuden al juzgado a solicitar un amparo o que intentan entrar en el Congreso; además, hay tribunales que interpretan las leyes a conveniencia del ejecutivo con el argumento de salvar al pueblo de la opresión de unos oligarcas.

Si Correa aspira a generar condiciones mínimas para que la Asamblea Constituyente ostente la legitimidad indispensable y, con ello, se puedan impulsar los cambios que Ecuador anhela, deberá modificar su estrategia. Tiene que descargar cuanto antes el ambiente de hostilidad política que vive el país, escuchando más y abriendo menos frentes de conflicto, moderando la frecuencia de sus intervenciones para cuando sea preciso que intervenga, y emprendiendo procesos de diálogo nacional.

De momento, la única certeza que se desprende de la caótica crisis política que sufre Ecuador es que Rafael Correa saldrá reforzado con mayor cuota de poder. Los analistas opinan que el presidente aprovecha sus popularidad y el creciente desprestigio del Congreso para ganar más espacios y quemar etapas hacia el "socialismo del siglo XXI" que, tal como ocurre con Hugo Chávez, algunos de sus críticos ya califican como "totalitarismo del siglo XXI".

El comentarista Fabián Corral subraya que con constituciones y leyes buenas o imperfectas, con tribunales medianos, con magistrados brillantes y mediocres, Ecuador "ha vivido anclado en la "convicción de la legalidad", en la idea de que las conductas deben sujetarse a reglas; que las autoridades tienen límites y que deben justificar sus actos basándose en normas; que los derechos deben respetarse y que su violación acarrea consecuencias".

Según Corral, con Correa se privilegia el pragmatismo político y sus visiones ideológicas con escaso respeto al Estado de Derecho. "Hemos llegado al extremo –dice- de que asuntos básicos como el principio de legalidad, los límites del Estado, el valor y la permanencia de la Constitución, el derecho a juicio previo y justo, sean temas que suscitan la sospecha de que quien los defiende, se le tacha de que defiende el statu quo, y que es adversario del cambio y hasta enemigo de la democracia".

Nunca antes se extendió tanto en ciertos sectores de Ecuador la idea de que si la Constitución molesta, se reforma o se tumba; de que si la ley impide algo, se anula con reglamentos.

"Nunca antes la sociedad abdicó tan dramáticamente de sus principios", advierte el profesor Corral. Y subraya que se pretende desmontar la legalidad y las instituciones democráticas que aún sobreviven para construir, en el terreno baldío que quede, "el socialismo del siglo XXI" de acuerdo con los principios de los caudillos populistas.


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Carod cabalga de nuevo, por Francesc de Carreras (La Vanguardia)


A Josep Lluís Carod-Rovira le han pretendido arrinconar en el Govern de Catalunya con una vicepresidencia que en realidad no lo es, pero le han dado unas competencias en relaciones exteriores que, en sus manos, son sumamente peligrosas: hay niños a los que no se les pueden comprar determinados juguetes.

Efectivamente, ya el mes pasado Carod-Rovira fue a la India a presentar un diccionario sánscrito-catalán: contando el séquito, ha sido, probablemente, la presentación más cara de la historia. Esta semana, con la sorprendente mediación de Juan Antonio Samaranch -mira por dónde-, Carod ha tomado una iniciativa que nos recuerda los tiempos más gloriosos del tripartito anterior: promover unos juegos olímpicos de países sin Estado.

Ya el término "países sin Estado" -versión light de "naciones sin Estado"- es más que discutible. Proviene, posiblemente, de una cierta interpretación del principio de las nacionalidades, aquella idea surgida a mitades del siglo XIX que se formulaba diciendo que "a toda nación le corresponde un Estado". Se entiende, para no resultar dicho principio redundante, que a la palabra nación se le daba el sentido cultural, no el sentido jurídico: es decir, que a toda nación (cultural) le corresponde un Estado.

Se puede ser partidario o contrario a dicho principio, cualquiera de ambas posiciones es defendible. Ahora bien, de la lógica del principio no se deduce que ciertas naciones no tienen Estado sino que no tienen Estado propio, es decir, que el territorio de la nación no se corresponde con el del Estado -o de los estados- al que pertenece. Es decir, aunque Catalunya sea una nación (cultural) tiene un Estado (término jurídico) que es España. Pero dejemos esta disquisición, secundaria al fin y al cabo para el fondo del asunto que nos ocupa.

Porque, en efecto, el meollo del asunto está en la ridícula aplicación que ha hecho Carod-Rovira -en representación del Govern de Catalunya- de esta idea de "países sin Estado". Según la noticias de este periódico, Carod-Rovira se desplazó a la ciudad de Lausana, sede del Comité Olímpico Internacional, para hacer entrega a su presidente de una lista de 53 países sin Estado a los que podría interesarles la idea. En esta lista coexisten islas más o menos exóticas como Bermudas, Curaçao, Martinica, Montserrat y Reunión, junto a países comunitarios como Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte, zonas en conflicto como Palestina y Kosovo y simples paraísos de una densidad histórica y cultural tan reconocida como las Islas Caimán, la Isla de Man o las Islas del Canal.

En definitiva, el meollo del asunto es que se trata, simplemente, de un gran disparate que partiendo de posiciones ideológicas fundamentalistas compromete la seriedad de todo un país que, poco importa si tiene o no Estado, no puede tener a su vicepresidente, o lo que sea, haciendo el ridículo por el mundo.

Ciertamente, alguna cosa positiva tiene la idea: por ejemplo, un encuentro de Catalunya contra Montserrat tendría un morbo indudable. Pero, hablando más en serio, de nuevo la insensatez de Carod ha vuelto a comprometer a su gobierno.

Decíamos hace unos días que el presidente José Montilla estaba, por el momento, controlando bien a Esquerra Republicana, pero que en el futuro no lo tendría fácil. Este futuro ya ha llegado: si creyera en estas cosas, diría que en la genética de este partido están la insolvencia y el disparate. Lean, si no, el extraordinario retrato de Companys que ha publicado Enric Vila en la editorial L´Esfera dels Llibres.


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viernes, 16 de marzo de 2007

Payasos sin fronteras, por José García Domínguez en Libertad Digital


Lo admito, cada día veo más próxima la separación definitiva de Cataluña. Mas no porque nosotros queramos irnos, sino porque el resto de los españoles, hartos de tanta payasada, acabarán echándonos. Y cuando ese aciago día llegue comprenderemos, al fin, cuál ha sido nuestro gran drama desde el último tercio del siglo XX. Me refiero a la pérdida irreparable del sentido del ridículo, aquella ancestral virtud civil que en la vieja Cataluña llegara a expandirse hasta pisar el mismo linde que marca la frontera con lo patológico. Por lo demás, a fecha de hoy aún no se nos ha desvelado la pauta del canon que habrá de sustituirla. Aunque se antoja sencillo adivinar el ideal supremo de esa nueva ética pública: hacer el indio en todos y cada uno de los escenarios que nos ofrezca la vida institucional.

Así, al Molt Honorable Pepe Montilla ya le sabe a poco que, ahora mismo, seamos los campeones de Europa en Fracaso escolar, que encabecemos la Superliga de la OCDE en las muy competidas modalidades de Casas okupadas y Levantamiento de botellón para menores de 16 años. O que nadie en el mundo nos pueda disputar el "pichichi" en la categoría de Autoridades civiles sin ni siquiera el Bachillerato. De ahí que le haya encomendado a Carod la urgente financiación de unas Olimpiadas de los Paraísos Fiscales sin Estado ("naciones" los llaman ellos).

Porque, como en el Oasis no hay problemas y no nos falta de na, vamos a echarles un pulso –con todos los gastos pagados, borracheras en Lloret de Mar incluidas– a los titanes de Gibraltar, Andorra, Curaçao, Islas Feroe, Islas Vírgenes, Islas Caimán, Macao, Auba y no sé quién más. Como decía Pla, se ve que el caso es pasar el rato. Que se vayan entrenando, pues, nuestras flamantes selecciones nacionales de corfbol, cestock, pitch&putt, kickboxing, twirling, raquetbol y canicas. Que los vamos a arrasar.

Ya muy viejo, el mismo Pla elaboró una teoría sintética sobre la tropa política catalana. Doctrina que quien conozca el género y tenga un par de dedos de frente no podrá más que suscribir hoy. Sentenciaba el maestro: "No hay que perder el tiempo, ni hay que preocuparse; no tenemos ningún valor, aquí no hay nadie que sepa hablar, que tenga algo que decir; nadie que valga la pena". Razón de que Tarradellas, que para sus adentros pensaba justamente lo mismo, desembarcase en El Prat advirtiendo muy en serio que él retornaba dispuesto a hacer cualquier cosa menos el ridículo.

En fin, que Dios los guarde en su gloria...y que a los demás nos coja confesados.

Libertad Digital



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jueves, 15 de marzo de 2007

Cerdo contra al-Qaeda, por Manuel Molares do Val, en su blog Crónicas Bárbaras

Al-Qaeda acaba de ratificar su anuncio de que emprenderá nuevas acciones terroristas en España para castigarla por mantener tropas en Afganistán.
Los islamistas, realmente, aspiran a más: a reconquistar al-Andalus, como anuncia el Real Instituto Elcano.
Pues bien, el Gobierno debería decirnos si está dispuesto a defender a los ciudadanos anunciándole a esos asesinos que, si mueren en España, serán enterrados envueltos en piel y grasa de cerdo.
Que es el destino más infernal que pueden temer los yihadistas, incluyendo a los acusados de volar los trenes el 11M, o al que quiere destruir las torres KIO de Madrid.
El cerdo, igual que la sangre menstrual y otros productos que los fanáticos consideran impuros, envía a los muertos al peor de los infiernos musulmanes, por muchos méritos que hubieran hecho en vida para ir al Paraíso.
Premio y castigo: los yihadistas se suicidan para llegar rápido a sus 72 huríes, y el vino y los placeres que les prohíbe su religión aquí. Las mujeres, que siempre valen poco, sólo gozarán de uvas y dátiles celestiales, aunque aún así algunas se vuelan como bombas. Pero se irán al infierno si terminan adobados con cerdo.
Aunque habrá un problema: frente a la posibilidad de evitar atentados y miles de víctimas, vendrán los buenistas, los multiculturalistas y la alianza de civilizaciones alegando que no deben profanarse esos cuerpos.
Pero se supone que prevalecerá el buen sentido y que los ciudadanos conseguirán que se explote la supersticiosa debilidad de los islamistas, que es esa obsesión por la pureza de su cadáver.
Pues que vayan sabiendo que contra la yihad de al-Qaeda están las bombas charcuteras de salchichón, las balas de chorizo o lacón y los tampones femeninos: excelentes armas contra la guerra santa.

enlace blog crónicas bárbaras

La verdad siempre resurge, por Juan Vanrell, Baleares Liberal


Hoy voy a escribir de prestado. Amables lectores desconocidos me hacen llegar datos y documentos.Agradecen mis artículos porque les «confirman» que están en el camino de la verdad histórica,de que su lengua balear o valenciana es muy suya, hecha por ellos mismos a través de muchos siglos de historia. Su emocionada gratitud debe de ser para el editor de BALEARES LIBERAL, por su coraje e hidalguía en darles cobijo. En nombre de muchos mallorquines y valencianos, gracias, Jorge Campos.

Juan Luis, mi hijo, me ha entregado un opusculito que uno de sus clientes le dio «para tu padre». Las tapas, con los colores de la bandera republicana, me desconcertaron. Comprendí luego su lógica. El librito data de 1932, II República española. Su precio, 70 céntimos de peseta. Su autor, José Osés Larumbe, maestro nacional de Barcelona. Para corregir tergiversaciones históricas que los «iluminados» pancatalanistas iban ya propalando entonces, publicó el mentado librito de 32 páginas, documentadísimo, y que tituló La nación catalana no ha existido nunca. Lo más curioso es que no escribe desde la nostalgia a la Monarquía, sino desde la esperanza puesta en la República.

Después de una breve síntesis de la historia española se detiene en el inicio de la Reconquista: «Los españoles de Asturias iniciaron valerosamente la lucha. Los españoles del nordeste -hoy Cataluña- dejaron con su pasividad y temor a la guerra, para no perder sus vidas y haciendas, que los ejércitos árabes salvaran la formidable cordillera pirenaica, que jamás éstos hubieran logrado atravesar si se les hubiese opuesto mínima resistencia... otros valerosos godos, los francos, hicieron lo que los godos de la actual Cataluña no supieron hacer. Pero los francos, siguiendo el ejemplo de los esforzados españoles cántabros, lucharon valientemente hasta que Carlos Martel los contuvo en Poitiers, año 732» (p.6).

A continuación explica el porqué de la constitución de condados en el nordeste de España: «Carlo Magno y Ludovico Pío continuaron la obra y llegaron a sitiar y tomar la ciudad de Barcelona en el 801, habiendo sido dirigida la campaña por Ludovico Pío, rey de Aquitania, soberano de Septimania y heredero del Imperio de Carlo Magno... fue instituido el Condado de Barcelona, igual que se había hecho en Ausona, Ampurias, Urgel, etc, etc. Los soberanos francos nombraban a los condes (gobernadores), que eran sus feudatarios» (p.7).

En este punto el autor hace hincapié en que «Cataluña no existía entonces», y en que el propio condado de Barcelona, feudo de los monarcas francos, «era considerado por éstos como una parte más de España». Como prueba, aduce «preceptos» del propio Ludovico Pío. En uno, a petición del cura Martín Juan y otros, insta a los condes Bera, Gaucelino, Gisclaredo, Odilón, Ermengario, Ademaro, Laibulfo y Erlino, a que respeten a los «españoles», «habitantes de los países que administráis». En otro ofrece su protección generosa: «Muchos españoles no pudiendo soportar el yugo de los infieles y las crueldades que ejercen sobre los cristianos han venido a buscar asilo en nuestra Septimania o en aquella parte de España que nos obedece; deseando demostarles nuestra bondad y la compasión que nos merecen, hacemos saber a todos cuantos se hallan bajo nuestro dominio que tomamos a esos extranjeros bajo nuestra protección (p. 7y8)». Todo ello evidencia que el condado de Barcelona no fue nunca ningún «hecho diferencial» y que la corona carolingia llamaba «España» a la actual Cataluña y consideraba a sus moradores españoles o extranjeros.

¿Pueden explicarnos Zapatero, Maragall, Carod-Rovira, Más, Zaplana, Camps y Matas, por qué mil años después «historiadores» han tergiversado la verdad histórica y hacen creer que valencianos y mallorquines somos un producto catalán? Osés, en clasificación ideológica actual, sería considerado «progre». Defendía la República. Confiaba en que mantendría la unidad de España, respetando la multiplicidad territorial. Por más que pese a los impostores, ésta es la Verdad de la Historia.

Enlace

Democracia, sirves para todo, por Carlos Boyero (El Mundo)


EL VOYEUR

Me cuenta el escandalizado dueño de un bar que clientes habituales y taciturnos, bebedores tranquilos y cordiales, centrados ancestralmente en la observación de las musarañas, están montándose broncas descomunales en nombre de las dos Españas. En los restaurantes que frecuento inmemorialmente, y temiendo que algún vecino de mesa me confunda con Satanás, consigo que el medroso tono de la voz sea prácticamente inaudible en las conversaciones sobre el estado de las cosas con maîtres y camareros. Con Franco me ocurría lo mismo y, al parecer, esa sombría y obligada tradición tampoco pudo acabarse en el País Vasco al palmarla el dictador. Todo cristo se mira de reojo en la calle tratando de identificar a los buenos y a los malos, a los suyos y a los otros. Pueden volar los gritos o las hostias en cualquier momento.

En la tele, el abusivo guión permanece invariable multiplicando cansinos debates en los que políticos y periodistas, profesiones fraternales y progresivamente indistinguibles, machacan la paciencia del receptor con las incendiarias consignas que dictan sus partidos. Y da un poco de miedo. Y da un poco de asco.

Veo en el telediario la surrealista imagen de un descorbatado Bush cargando lechugas en Guatemala y te preguntas por qué le quieren tan mal sus astutos asesores de imagen. También veo a Rubalcaba avisando al PP de que se ha callado muchas cosas supuestamente siniestras sobre ellos porque no le conviene a la democracia. Y te planteas cuántos trapicheos, ignominias, pactos, corrupciones y chantajes se mantienen en la conveniente oscuridad con el hipócrita o pragmático pretexto de salvaguardar la democracia, el supuesto gobierno de todos.

Zaplana, El Honesto, replica que los socialistas no creen en el Estado de Derecho ni en la democracia. Y dale con la sobada democracia, ese concepto que provocaba lógica urticaria en los indisfrazables orígenes de su popular y progresista partido. Concluye Cicerón: «Ustedes, o montan el GAL, o se ponen a negociar con los terroristas».

Y me pregunto por qué tiene tan mala prensa el GAL entre los nietos vocacionales del Generalísimo. Yo lo detesto ante todo, no por cuestiones de moral ni por los sagrados principios del Estado de Derecho, sino por ineficaz, por chapuzas, por trincón, por gánster, por cutre, por su ausencia de profesionalidad, por equivocarse y cebarse con algún inocente. Qué horror el terrorismo, incluido el del Estado. Me resulta imposible derramar una lágrima por la muerte de uno del gremio, ilegitimado o legitimado. Nunca ha existido vocación kamikaze en ETA. El sentido de la supervivencia del killer más calculador, reincidente, implacable y frío era experto cuando las cosas se ponían chungas en levantar los brazos y rendirse, algo que ellos jamás ofrecían a sus víctimas.

© Mundinteractivos, S.A.

lunes, 12 de marzo de 2007

El susto, por Martín Prieto (El Mundo)

BAJO EL VOLCAN

Fraga, en sus buenos tiempos, decía aquello de que los socialistas sólo aciertan cuando rectifican. Malos tiempos para citar a Fraga, pero el PSOE, por no rectificar, ha perdido por el camino la E de España, la O de obrero y la S de socialista, quedándose en el Partido, el Movimiento, el Régimen. La manifestación del sábado les ha supuesto el gran susto porque consideran la política de la calle monopolio gubernamental en un rictus de sovietismo. Durante su paso por la oposición, la máquina de llamadas SMS de la calle de Ferraz echó humo y Zapatero (que es vago) gastó más horas en agarrar pancartas que en su despacho.

Runrunean por el Foro que las relaciones entre el presidente y María Teresa Fernández de la Vega, el ministro del Interior, Rubalcaba, y el de Defensa, Alonso, no son buenas, porque no pueden seguir al disparatado correcaminos presidencial. Aunque, si es verdad, no lo parece, porque, en los días precedentes al susto, la dirigencia socialista ha dado un recital antidemocrático desconocido desde que, también Manuel Fraga, dijo aquello de «la calle es mía» en un contexto preconstitucional.

¿Pero quiénes son éstos para controlar el derecho a la manifestación? Toda la batería de improperios se ha disparado contra el PP y Mariano Rajoy, que hace tan pocos aspavientos que ha tardado tres años en convocar al descontento que pueda apacentar, lo que denota una gran responsabilidad y mesura. El general De Gaulle no daba conferencias de prensa sino «a la prensa» y los escribanos salían de ellas con los cuadernos de notas repletos de alusiones sobre la grandeza francesa y ayunos de la menor noticia. La mujer del año da ruedas de prensa tras los Consejos de Ministros en las que no rueda nada porque sólo atiende a los periodistas afines y con el bombo colgando, y recita prácticamente sin variantes el manual básico del anti-PP.

Los medios obsecuentes se sumaron al sustazo. El País en un ataque de razón editorializó sobre la falta de intencionalidad política en las excarcelaciones del PP. Al día siguiente habrían despedido al editorialista y ocupado su sillón Javier Pradera con sus fantasmas comunistas, porque se achacaba al PP de socavar las instituciones. Un responsable sindical acusa a Aznar de ser moral y socialmente responsable de los 191 muertos del 11-M. Ya le han gritado en la cara «asesino» en anteriores pasacalles socialistas. Y Patxi López no ha tenido otra ocurrencia que calcar la manifestación con el golpe de Estado del 23-F.

La vindicación del sábado no domeñará el espíritu de Zapatero, quien dirá, como Felipe González, que éstas son cosas que acaban en dos editoriales de periódico y dos telediarios. Está autista con el leño como rey de la charca de las ranas. Por un degenerado que ni siquiera importa a ETA acepta la división de los españoles.

© Mundinteractivos, S.A.

sábado, 10 de marzo de 2007

El péndulo y los músculos del cuello, por Juan Goytisolo (El País)


A fines de 1976, durante una de mis primeras estancias en la España posfranquista, recibí la visita de Federico Jiménez Losantos y del hoy fallecido Alberto Cardín en un café de la calle Caspe, cercano a las oficinas de la revista El viejo topo. Ambos colaboraban entonces con Miguel Riera y me presentaron sus impecables credenciales de extrema izquierda: afiliación a Bandera Roja y luego al PSUC. Recuerdo que aludieron a mi "deriva socialdemócrata" con paternalismo y condescendencia. Jiménez Losantos coordinaba una hipercrítica Revista de Literatura, escribía poemas y hablaba con entusiasmo de Lacan y Lyotard. Cuando volví a verles dos años más tarde, la evolución ideológica de la pareja me sorprendió. Habían roto con Miguel Riera, a quien tildaban de "censor", y desde las páginas de Diwan arremetían con violencia contra una izquierda a la que habían dejado de pertenecer. Las críticas de Jiménez Losantos, sin ser del todo razonables, contenían elementos de razón: la reivindicación de Azaña, de la que luego se apropiaría -a todas luces, sin leerlo- el ex presidente Aznar, era digna de estima, pero la agresividad de los planteamientos anticipaba ya su propensión a la descalificación y al insulto. En Lo que queda de España, publicado en 1979 por Ajoblanco, el estudio más extenso del libro se centra en unos párrafos tal vez desafortunados de Disidencias, mi conjunto de ensayos de temas literarios editado unos meses antes: aparezco ya allí como el adversario de una España cuya integridad defiende él a capa y espada. A partir de entonces, su péndulo siguió oscilando, sin centro de gravedad alguno, a la derecha más extrema. Aunque hace muchos años que no sigo sus escritos, la lectura ocasional de alguna de sus colaboraciones en El Mundo -no escucho por razones de higiene mental la Cope- me sume en la perplejidad, al punto de preguntarme si es la misma persona que aleccionó hace treinta años o un doble sin escrúpulos usurpa su firma. La fotografía que acompaña su columna disipa toda posible duda: es él.

En realidad, estas metamorfosis no deberían asombrarme. La del actual locutor estrella de la cadena episcopal, lejos de ser excepcional, se inscribe en una constelación de casos parecidos: los de Pío Moa, César Vidal y otros voceros de la FAES, rendidos admiradores de las portentosas dotes de estadista e inigualable sabiduría de José María Aznar.

Las conversiones, a veces paulinas, de una ideología o conjunto de valores a otros de signo opuesto son en verdad desdichadamente frecuentes. Se puede pasar del fervor nacionalista euskaldún a una crítica bien fundada del mismo, y de ésta a un celo y exaltación de diferente contenido, para apuntar por ejemplo al peligro que entrañarían los nuevos maquetos oriundos del Magreb y África subsahariana respecto a la identidad, no ya vascuence sino hispana. Me viene también a la memoria un caso parecido: la conversación que sostuve hace unos veinte años con un intelectual convertido al Islam. Su exposición apasionada no sólo de su arraigo al nuevo credo -algo a lo que no tenía nada que objetar-, sino también de la necesidad de restaurar el Califato de Al Ándalus -"los andaluces, argüía, son musulmanes sin saberlo"- sonaba en mis oídos de un modo familiar. Cuando al cabo de la charla me reveló que en su juventud había militado en un grupo leninista estuve a punto de soltarle: "se te nota". El paso de un extremo a otro, de la Arcadia Feliz de Sabino Arana al Paraíso Terrenal de Adán y Eva o a los Santos Patriarcas de la Biblia resiste a todo análisis racional: entra en el campo nebuloso de las creencias. Lo malo de ello es que el apego a las leyendas de Moisés y de Abraham se traduce en algún caso en un apoyo sin fisuras a la brutal colonización por Israel de los territorios ocupados de Palestina.

La tentación de pasar de un "nosotros" a otro, esto es, de la calidez que procura la pertenencia a una comunidad de orden patriótico, ideológico o religioso con la que se ha roto para cobijarse bajo la cúpula protectora de otra muy similar a aquella por la rigidez de sus dogmas y reglas, abunda en ejemplos a lo largo de la historia: José María Blanco White escribió unas páginas esclarecedoras al respecto.

En vez de caminar a1 descubierto y dar la voz a un "yo" quizá desamparado, pero vivo, mutante, complejo, el fugitivo del asfixiante caparazón del "nosotros", y calificado de desertor por sus ex camaradas, cede a menudo a la facilidad de crearse una nueva familia y de calentar sus manos en otro fuego hogareño. Una buena parte de los comunistas que conocí en mi juventud se convirtieron luego en anticomunistas furibundos. Mi antigua condición de simple "compañero de viaje" me libró de este desliz.

La independencia política, ética y artística que busco desde mediados de la década de los sesenta del pasado siglo me enfrenta a una situación paradójica: los mismos que me atacaban desde la izquierda por mis críticas al régimen cubano o a la hoy difunta Unión Soviética, lo hacen ahora desde la derecha con argumentos y descalificaciones bastante parecidos. Mas, como dije hace casi treinta años en un coloquio con los estudiantes de letras de la universidad de Sevilla, prefiero equivocarme por mi cuenta a tener razón por consigna.

El movimiento de un extremo del péndulo a otro afecta en verdad a una buena parte de la intelligentsia de Europa, Estados Unidos e Iberoamérica. Ex trotsquistas son ahora consejeros áulicos del presidente Bush. Los hipermediáticos "nuevos filósofos" franceses se agrupan en torno a la candidatura de Sarkozy. Algunos de los que lideraban la insurrección radical polaca contra el régimen comunista, profesan un nacionalcatolicismo de tintes racistas y homófobos. La España integrada en la Unión Europea no podía escapar al fenómeno, aunque los grupos extremistas sean menos visibles por el hecho de que militan en las filas del Partido Popular. Mientras unos exigían la libertad del contumaz terrorista De Juana, otros, que dicen representar a sus víctimas, se manifestaban al grito de "Zapatero, al hoyo con tu abuelo".

La sinrazón del actual debate político, en un momento en que la ciudadanía disfruta de la mejor situación económica de nuestra historia, resulta incomprensible para un observador exterior a él. ¡Otra vez las banderas, los mitos, las mentiras e insultos al servicio del radicalismo abertzale y del principal partido de oposición, corroído aún por el despecho y rencor de su derrota electoral del 14-M!

Volviendo al caso de los intelectuales conversos por obra del Espíritu Santo o de la sublimidad de Aznar, recuerdo la frase del gran escritor Günter Grass: "mis antiguos colegas de extrema izquierda se han situado tan a la derecha que para mirarlos agarro tortícolis".

Juan Goytisolo es escritor.

La gran desintegración del mundo árabe, por Rami G. Khouri (El País)


Seymour Hersh, uno de los periodistas de investigación de la revista The New Yorker, ha abierto un debate al revelar en su último artículo que la nueva política de Washington para hacer frente a Irán en Oriente Próximo consiste en enviar dinero y otras ayudas a grupos extremistas suníes, a veces a través de los gobiernos libanés y saudí, con el fin de que menoscaben y contrarresten el poder que tienen en la zona Hezbolá, Siria y el propio Irán.

Pero no nos compadezcamos ni nos burlemos sólo de Washington, pues todos los protagonistas de esta historia -Estados Unidos, Hezbolá, el gobierno libanés, Siria, Irán y Arabia Saudí- habrán de sentir vergüenza ante la situación de caos que han creado colectivamente con sus miopes políticas. Y sospecho que esta situación es sólo el reflejo de algo muchísimo más espinoso: podría ser que nos encontráramos en un momento histórico, el del inicio de la desintegración, no sólo por los extremos, sino también en su mismo centro, del Estado árabe moderno creado por los europeos en los años veinte del siglo pasado.

El destrozado Irak es el precipitado de esta posible disolución y reconfiguración de unos Estados árabes que han mantenido cierta cohesión durante casi cuatro generaciones. Irak es sólo el caso más dramático de todos aquellos países árabes que están lidiando con el problema de su propia coherencia interna, su legitimidad y su viabilidad. Líbano y Palestina llevan medio siglo luchando por ser un Estado reconocido e independiente; Somalia ha abandonado la partida en silencio; Kuwait desapareció y volvió a aparecer rápidamente; Yemen se dividió, se unió de nuevo, volvió a separarse, pasó por una guerra y acabó volviéndose a unir; Sudán es una centrifugadora movida por las fuerzas nacionalistas y tribales que empujan para separarse del Estado centralizado; Marruecos y el Sáhara Occidental bailan cautelosos alrededor de un lógico acuerdo de asociación; y, en general, las tensiones internas asedian en grados distintos otros países árabes.

Un amigo británico me recordaba la semana pasada el complicado legado de Europa en el caso de los tres Estados que fueron creados en la Conferencia de París al terminar la I Guerra Mundial: Yugoslavia, Checoslovaquia e Irak. Todo un récord, si bien no muy inspirador. La guerra angloestadounidense para derrocar el régimen iraquí ha ahondado las tensiones regionales, porque con ella se desató toda la fuerza de unas identidades étnicas, religiosas y tribales poderosas y con mucha frecuencia antagonistas, la mayoría de las cuales han formado sus propias milicias. Y con la ayuda árabe, iraní y occidental todas las milicias prosperan. No es de extrañar, pues, que Washington esté ahora ayudando indirectamente a los fundamentalistas radicales suníes, los mismos que atacaron Estados Unidos en estos últimos años. Estados Unidos: bienvenido a Oriente Próximo.

Pero Oriente Próximo no es el sur de California, y los camiones de las milicias con misiles antitanque y otras máquinas de guerra no van por ahí con abonos de transporte para pasar los controles.

Parece evidente que Estados Unidos decidió hace meses transigir en su posición en Irak y pasar al plan B. El aumento de tropas estadounidenses enviadas a Irak probablemente está camuflando la retirada de los norteamericanos a unas líneas del mundo árabe más defendibles, desde donde poder luchar contra Irán y su gobierno islamista, y también contra el sirio y los baazistas.

Washington y sus amigos están intentando desesperadamente controlar el genio maléfico que soltaron en Irak, pero se equivocan cuando consideran que la amenaza es fundamentalmente chií e iraní. Éstos son, ciertamente, elementos esenciales de los grupos que luchan contra Estados Unidos, Israel y ciertos regímenes árabes aliados, pero mucho más útil es reconocer que lo que impulsa esa imprecisa coalición de fuerzas antiestadounidenses y antiisraelíes es, precisamente, la política norteamericana e israelí en la región.

Oriente Próximo ha sufrido tanta tiranía doméstica y tantos y tan continuos ataques externos que se ha convertido en una peligrosa olla a presión, dado, además, que la mayoría de los ciudadanos viven la situación económica, social, étnica, religiosa y nacional de sus respectivos países con enorme y creciente insatisfacción. Si no se alivia la presión dejando que la región y sus Estados definan, y definan sus valores de gobierno, la olla explotará. Y sospecho que hoy estamos presenciando ambas cosas simultáneamente.

Por un lado, a modo de ejemplo dramático de autoafirmación colectiva, los movimientos islamistas, étnicos, sectarios y tribales proliferan -ayudados por Irán- en todo Oriente Próximo. Por el otro, la inmensa presión externa que ejercen Estados Unidos, algunos países europeos, Israel y algunos gobiernos árabes para reprimirlos, esperando dominar una región que está intentando definirse y liberarse del legado moderno de los Ejércitos angloamericano e israelí.

La profunda incoherencia de ese extraño panorama permite que se haya convertido en algo rutinario que las monarquías árabes apoyen a los terroristas salafistas; que las democracias occidentales ignoren los resultados de las elecciones libres en los países árabes; que los iraníes y los árabes, y los chiíes y los suníes, actúen codo con codo y se enfrenten también en guerras sangrientas; que los revolucionarios árabes seculares unan sus fuerzas a las de los revolucionarios islamistas; que los amantes de la libertad en Londres y Washington apoyen a ciertos avezados autócratas árabes o al ocasional tirano adorable; que las leyes occidentales y árabes amparen la financiación de las milicias; y que Israel y Estados Unidos perpetúen las políticas del primero de los dos países, unas políticas que incrementan, más que palian, las amenazas contra la seguridad y las vulnerabilidades de todos los países de la región.

Hace mucho tiempo que el pánico, la confusión y la falta de rumbo definen a corto, medio y largo plazo respectivamente las políticas de los estadounidenses, los británicos, los árabes, los israelíes y los iraníes en esta región. Simplemente esas políticas son más evidentes ahora, en un momento en el que la confrontación, la insurrección y la guerra en Oriente Próximo actúan conjuntamente para señalar el final de una era y el principio de otra.

El espectáculo, que incluye y trasciende lo que denomino la gran desintegración del mundo árabe, acaba de comenzar. Lo más desgarrador está por llegar.

Rami G. Khouri es el director del Issam Fares Institute de la American University de Beirut y editor del Daily Star de Beirut. Traducción de Pilar Vázquez. © Khouri / Agence Global, 2006.

jueves, 8 de marzo de 2007

Reyertas de mancebía, por Martín Prieto (El Mundo)

BAJO EL VOLCAN

Las evoluciones de ese meteorito descerebrado (tiene un examen psiquiátrico) que es De Juana Chaos han dado en que los dos grandes partidos se han enzarzado en una reyerta de mancebía entre mozos por una majeza. El presidente ha perdido su talante (será de tanto usarlo) y en el Senado se ha puesto a dar gritos como un Bambi herido. Pareciera que no le molesta tanto el diferencial sobre el etarra que la convocatoria de la manifestación del sábado. Como Fraga, Zapatero cree eso de que «la calle es mía», y ya ha soportado bastantes manifestaciones de las víctimas del terrorismo como para admitir la primera convocatoria del PP en tres años. ZP, que se agarró a cualquier pancarta desde el Prestige, la Guerra de Irak y los incidentes electorales del 14 de marzo, no entiende que desde la base de todos los partidos surge un rechazo por los privilegios de la bestia que son contrapartida a ETA-Batasuna.

La salida del pícaro es el «más eres tú» y desde las almenas del socialismo se amenaza al PP con las penas del infierno desvelando no sé qué secretos de polichinela sobre los tratos con ETA desde la administración Aznar. En aquellos ocho años, el Gobierno popular se enfrentó a dos retos dramáticos: el asesinato de Miguel Angel Blanco y el secuestro inacabable de Ortega Lara. Se hicieron gestiones -¡cómo no!- por mediadores y personas de buena voluntad, pero en ningún momento se hocicó ante el chantaje. Huido el presidente de su cita en el Congreso, Rubalcaba no podrá presentar otras vergüenzas inconfesas que las publicadas en los periódicos. Secretos de hemeroteca.

José María Aznar es adusto y antipático hasta decir basta, pero en su biografía hay rastros de grandeza. Cuando accedió al poder, el socialismo estaba desgastado, cansado, sin liderazgo, sin otra estrategia que la descabellada de aliarse con los comunistas (brillante idea del hoy comisario económico de la UE, Joaquín Almunia) y enfangados hasta las cejas en la corrupción económica y el asesinato de Estado. Dice ahora Rafael Vera, el condenado monje negro de aquellos vergonzosos sucesos, que desvelará los GAL cuando ETA se disuelva. Largo nos lo fía el perillán. De momento, que recuerde que sin los excesos de prudencia y sentido de Estado del PP, Aznar habría descuajeringado a los socialistas para varias legislaturas, pero prefirió extender la manta y darlo todo a la ley del olvido sin caer en que en política no se agradece nada. Felipe decía «les dejaremos de matar cuando ellos dejen de matarnos» y Rubalcaba tiraba los balones fuera. Puede que el PS le baje los pantalones al PP, pero estos les pueden bajar los calzoncillos.

© Mundinteractivos

Psicoanálisis español, por Manuel Hidalgo (El Mundo)

A CONTRAPELO

España necesita, con urgencia, un psicoanálisis. O algo por el estilo, lo que se considere conveniente, lo que sea el último grito en técnicas de autoconocimiento y alivio del sufrimiento psicológico. Lo que nos pasa no es normal. La urgencia del tratamiento no indica que el problema sea agudo, en el sentido de sobrevenido y reciente. En absoluto. La cosa viene de antes, de mucho antes. Pero está sin solucionar. Lo urgente es la solución, el problema tiene siglos.

España como problema, ya lo dijeron otros. Una lástima que para tratar a un colectivo tan numeroso, los españoles, no existan, de momento, técnicas y terapias apropiadas como existen, más o menos, para tratar a los individuos con conflictos. ¿Qué conflictos? Varios: sentimientos autodestructivos, baja autoestima, síntomas esquizoides y paranoicos, neurosis, depresión, brotes psicóticos. Tenemos de todo un poco.

Coloquemos una cámara en perspectiva cenital, desde un satélite, que contemple España en relación al contexto mundial. Tenía razón Aznar, pese a su puntual impronta partidaria: España va bien. España va estupendamente, y más todavía si la comparamos, en cada dificultad, con lo que, lejos o cerca, se ve por ahí. Lejos, sobre todo. Pero también cerca.

Los españoles, esos esquizoides, actuamos y vivimos, de hecho, así, como si todo fuera -y va- bien. Gastamos, reímos, comemos, viajamos, compramos, bebemos, disfrutamos, holgamos, ah, el modo de vivir español, tan alabado y envidiado por todos. Nuestra cultura de la vida, que se dice, sureña, mediterránea, latina. El sol, las gambas, la noche, la liberalidad básica, hay dinero, tenemos democracia, en fin, todo lo demás.

¿Todo lo demás? No. Hay un no negro, enfermo, hosco. La mala leche, la mala uva, el rebote, el cabreo con el otro. ¿Por qué? Ah, misterio. Misterio, pero no tanto. Insatisfacción permanente, mal acomodo de siglos. Amor y odio entre, no sé, ¿hermanos?, ¿iguales?, ¿paisanos? El guerracivilismo psicológico: la intransigencia frente a la liberalidad, el señor de negro frente al señor de blanco, el haz lo que quieras frente al haz lo que debas. De pronto, todo se complica y se desdibuja. Somos lo que somos, pero no somos lo que somos. Esto no hay quien lo entienda. Es un caso clínico.

Si en España se vive bien -eso lo dice y lo siente cualquiera-, ¿cómo se vive, concretamente, en Vitoria, en Bilbao, en San Sebastián, en Barcelona, en Pamplona, en Madrid? Se vive de maravilla, se vive cojonudamente (con perdón), son los sitios donde mejor se vive. Ya, pues no. O parece que no. Son los sitios donde hay malestar, incomodidad, problemas. ¿Pero qué problemas puede haber donde se vive mejor que en ninguna parte? Ah, problemas. Los hay, vaya si los hay (y no son los problemas de quienes, de verdad, viven mal).

Parecería que hubiera problemas tan graves como los que hay en Afganistán, en Chechenia, en Eritrea, en el país más pobre de Africa o de América Latina. No. No puede ser. Esto no está sucediendo, esto no es posible. Algo falla aquí. ¿Qué falla?

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lunes, 5 de marzo de 2007

El escándalo, por Martín Prieto (El Mundo)


BAJO EL VOLCAN

A comienzos del siglo XIX se ahorcaba en Madrid extramuros de la Puerta de Toledo entre multitudes curiosas. Pese a lo celebrado de sus representaciones el verdugo no era bienquisto: había de tocarse con una caperuza amarilla bordado con una escaletita con los siete peldaños del patíbulo, no podía tocar los alimentos del mercado, señalándolos con una vara, y los reales de la soldada se colocaban sobre el parche de un tambor al que se pegaba una patada para que el sayón tuviera que recoger su ganapán del empedrado. El reo era indultado si una prostituta le reclamaba para marido; viajeros ingleses testimonian que uno al ser requerido por una colipoterra, malencarada, medio barbada y rodeada por una caterva de hijos, le dio un codazo a su ejecutor diciéndole: «Vamos, vamos, acaba ya». El justiciable era celosamente acompañado en su vía crucis por la Cofradía de la Paz y la Caridad. Con privilegios reales y eclesiásticos tenían derecho a liberar al supliciado cubriéndole con sus holapandas por si aquél cayera del patíbulo.De allí viene el dicho de: «No te salva la Paz ni la Caridad». Comenzó a darse el milagro periódico que la cuerda se rompería al abrirse el trampón, cayendo el cuerpo vivo sobre los cofrades que esperaban en los bajos del siniestro tablado. Sobornaban a los verdugos que trataban con vitriolo, agua regia, ácido sulfúrico, el cáñamo, que terminaba rompiéndose a la menor presión. Debía haber alguna organización que se ocupara de estos tejemanejes a precio de oro si el por colgar tenía posibles o réditos de su fechoría. Se apostaba entre la plebe por ver si la soga se rompía o no. Dieron las autoridades en forrar el cáñamo de piel bien curada de buey, pero se corría muy mal la soga. Terminaron esperando al inventor del garrote vil no menos cruel que el doctor Guillotin.

El diputado popular, uno de los padres de la Constitución, Gabriel Cisneros, víctima del terrorismo y especialmente de Otegi, resumió en particular con toda claridad el escándalo de De Juana Chaos: «Es el primer reo que se libera legalmente a sí mismo». Las razones humanitarias aducidas para liberar a este gañán recuerdan mucho las tesis (India) de que el hambre es el mejor afrodisiaco, porque no se entiende que tras cien días de huelga alimenticia el garañón atropelle a su novia en la ducha y en la cama hospitalaria.

Las bobadas de la mujer del año y del ministro Rubalcaba, que ya son por derecho propio, suponen solamente el humo que vela a Rodríguez Zapatero, que es quien pone agua regia a estas cuerdas. Todo legal y todo repugnantemente maloliente, ZP no es el más listo de esta clase; ETA y su gulag lo tienen cercado, preso si quiere llegar con bien a las futuras elecciones generales e hipnotizado ante una desaparición de ETA a base de ceder concesiones inconcebibles que atropellan la razón. Firmemente nos conduce del Estado de Derecho al de desecho. De Juana tiene razón y hace muy bien: La Moncloa es la Paz y la Caridad.

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Navarra, el precio de la traición, por Jaime Ignacio del Burgo (El Mundo)



Cuarenta y ocho horas después de la excarcelación del sanguinario De Juana Chaos, el Gobierno ha vuelto a dar otra muestra inequívoca de que no hay nada que le detenga en su voluntad de continuar «como sea» el proceso de claudicación abierto por Rodríguez Zapatero so pretexto de amar la vida por encima de todas las cosas. El fiscal general del Estado, una vez más, ha mirado para otro lado, no sólo para satisfacer los deseos del Gobierno, sino por seguir fielmente la desatinada doctrina jurídica del juez Baltasar Garzón, que pretende hacernos creer que una cosa es la izquierda abertzale y otra muy distinta Batasuna.

A tenor del criterio de Garzón, el hecho de que en Pamplona la plana mayor de Batasuna hubiera presidido el mitin celebrado el pasado sábado en el pabellón del Anaitasuna e intervenido en él los principales dirigentes del partido disuelto, no lo convertía en un acto ilegal. Tampoco les ha importado nada a los responsables de hacer cumplir la ley que los organizadores del acto lo hubieran venido anunciando como el acontecimiento más relevante de la izquierda abertzale desde que, en noviembre de 2004, Batasuna hiciera pública en Anoeta su propuesta para resolver el conflicto.

No hubo en el Anaitasuna grandes novedades, salvo un aurresku en minifalda. Pero la lenidad gubernamental y del juez Garzón ha servido para que Batasuna haya puesto de manifiesto que el oscuro deseo del entramado etarra se concentra a corto plazo única y exclusivamente en Navarra. Otegi dejó bien sentado que aspiran a crear un nuevo «marco democrático para Euskal Herria» y a conseguir un «Estado vasco, socialista y euskaldún». Emplazó al presidente del Gobierno a tener un nuevo gesto de valor y negociar, «con responsabilidad política y ambición histórica», la creación de una «autonomía política» formada por los territorios de la Comunidad Autónoma Vasca y la de Navarra, y le regaló un caramelo envenenado: con Navarra dentro, el «conflicto político» quedaría resuelto. El ejercicio del derecho a la autodeterminación puede esperar. Para los terroristas, subyugar a Navarra es lo único importante.

Abundando en esta idea, Otegi proclamó que Navarra es «el pilar de Euskal Herria» y que, «sin Navarra, no queremos nada, nada, nada. Preferimos una autonomía de cuatro territorios para comprar garbanzos que una autonomía de tres territorios envuelta en un celofán de más y más competencias».

Batasuna ha enseñado sus cartas. Ya sabemos lo que quiere a corto plazo: Navarra dentro de Euskal Herria. ¿Y el Gobierno? Tengo la absoluta convicción de que Zapatero intentará convencer a la opinión pública de que Batasuna ha dado un gran paso hacia la paz. Cuando en junio del pasado año acudió al zaguán del Congreso para anunciar la apertura de las negociaciones con ETA, ya expresó su decisión de autorizar la creación de una mesa extraparlamentaria de agentes políticos, sociales, económicos y sindicales para negociar un nuevo estatus político para el País Vasco. Esto es, ni más ni menos, lo que le exige Batasuna. En consecuencia, a nada que ETA garantice que mientras se dialoga no habrá más atentados, al presidente dará paso a la constitución de esa mesa de Euskal Herria.

Zapatero manifiesta muy poco aprecio por Navarra. Ha hablado y está dispuesto a seguir hablando con terroristas, pero no ha sido capaz de recibir al presidente de la Comunidad Foral para informarle acerca de sus verdaderas intenciones. Cuando se le pregunta sobre Navarra, repite una y otra vez que respetará la voluntad de los navarros. Sin embargo, el presidente está empeñado en echar a UPN del Gobierno de Navarra en las elecciones de mayo.Para eso le basta con que, aunque sea por la mínima, el partido fuerista no logre la mayoría absoluta. En tal caso, podrá formarse un «gobierno de progreso» fruto de la coalición de socialistas y los integrantes del frente nacionalista cobijados bajo Nafarroa Bai (Aralar, Eusko Alkartasuna, el Partido Nacionalista Vasco y Batzarre). Dando por supuesto que los proetarras estarán presentes de una u otra forma en las elecciones, el candidato socialista necesitará además el voto de la izquierda abertzale.

A Zapatero no le importan en absoluto las devastadoras consecuencias que tendría para el mantenimiento de la identidad de Navarra y su condición española, así como para el progreso y el bienestar de los navarros, un gobierno sextapartito -sin contar Batasuna- con ideologías y programas heterogéneos y contradictorios. Los socialistas replican que todo esto son monsergas patrioteras de una derecha que se envuelve en las banderas de España y de Navarra porque teme perder el poder.

Pero no son elucubraciones interesadas. El pasado 15 de enero, en el transcurso del debate en el Congreso sobre el atentado de Barajas, Zapatero hizo público su idilio político con la diputada Barcos al anunciar su voluntad de llegar a acuerdos y entendimientos futuros con Nafarroa Bai por compartir plenamente su visión sobre Navarra.

Mucha gente se pregunta: ¿qué se puede hacer para evitar que Navarra sea el precio de la traición? Mi respuesta es invariable.Trabajar de forma incansable para convencer a la mayoría sociológica de Navarra, radicalmente contraria a la rendición ante Euskadi, de que la única garantía de que nadie pueda pagar tal precio reside en renovar, por mayoría absoluta, la confianza en el actual Gobierno foral en el próximo Parlamento. Por encima de consideraciones ideológicas o de partido, está el destino de Navarra. Y no se olvide que en una sociedad democrática las urnas tienen la última palabra.

Jaime Ignacio del Burgo es diputado del PP en el Congreso.

© Mundinteractivos, S.A.



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