viernes 20 de noviembre de 2009

Ortega y el franquismo, por Pío Moa, LD


La izquierda española, cuya reconocida nulidad intelectual (no tiene un solo pensador ni siquiera mediano) solo es comparable con su capacidad de intimidación, condenó a Ortega y Gasset a un despectivo silenciamiento, multiplicando los sarcasmos y pequeñas invectivas contra él (es la manera habitual de razonar en la izquierda, muy distinta de la discrepancia argumentada), por el pecado de haber vuelto a la España franquista y trabajado en ella durante sus últimos diez años.

Es más, descubrieron que seguía cobrando del estado por su cátedra, lo que interpretan como el precio por callar ante los inauditos desmanes y crímenes que a diario practicaba aquella dictadura odiosa. ¡Por tan poco había comprado el franquismo al personaje! Abyecto, realmente.

Pero, claro, Ortega seguía siendo el filósofo español más relevante del siglo XX, por lo que una parte del progresismo buscó el modo de redimirle, siquiera parcialmente, de su delito. Y así, la intelectualidad tipo El País destacaba sus supuestas malas relaciones con el régimen, el no menos supuesto hecho de que este le despreciara, la escasa simpatía de la Iglesia hacia él, la amargura del pensador, que sólo pudo volver a España a dejarse morir en un ambiente tan hosco a la cultura, hundido el hombre, en fin, en un "exilio interior", ese famoso truco con el que tantos han venido falsificando su propia biografía o la de otros. O rehúsan creer que hubiera cobrado del estado mientras no les muestren los recibos con la firma. La misma Inger Enkvist, generalmente tan lúcida, da pábulo a algunas de estas leyendas (aunque las critica también) mencionando que se encontró "en situación difícil social, intelectual y económicamente", o afirmando: "Lo peor para él fue la situación cultural de España, ya que había dedicado toda su vida a mejorarla y ahora la veía más deteriorada que cuando había empezado a trabajar".

En Años de hierro recordaba la opinión de Julián Marías, contrastándola con las anteriores: "No se sabe qué pensar de los que ahora dicen que Ortega vino a España a morir; vino a vivir –y vivió diez años– en ella y para ella, lleno de proyectos y de entusiasmo". El testimonio desinteresado de Marías vale, desde luego, mucho más que tantos otros cargados de prejuicios políticos, ya que él recibió algunos disgustos del régimen, nunca fue franquista y mantuvo estrecho contacto personal con su maestro. Y nadie le ha acusado de la deshonestidad política e intelectual que en cambio puede achacarse a demasiados de nuestros escritores.

Ortega y Gasset con la argentina Victoria Ocampo, en Madrid, 1925


Ortega integró, con Pérez de Ayala y Marañón, el grupo de los llamados "padres espirituales de la República", y lo hizo sobre todo con su famoso artículo "El error Berenguer", uno de los más influyentes y también más absurdos del siglo XX español. En él aplicaba su extravagante concepto histórico de la "anormalidad" histórica de España para criticar ferozmente a la dictadura, ciertamente muy ligera, que había dado al país una tranquilidad que apenas existía en Europa por entonces, un progreso económico desusado, que había superado las plagas que habían derrumbado la Restauración, y permitido una vida cultural libre y muy fructífera. Fue, realmente, El error Ortega,como él y los demás padres espirituales reconocerían pocos años después, tras la experiencia histórica.

Pérez de Ayala se sumó con entusiasmo al franquismo, y la posición de Ortega equivale a la expuesta por Marañón y Besteiro: ante "la estupidez y la canallería criminal" del Frente Popular, "¿cómo poner peros, aunque los haya, a los del otro lado?". La amargura del filósofo no se debía al nuevo régimen, con el cual no podía simpatizar mucho, pero al que reconocía el enorme mérito de haber salvado al país de una pesadilla mucho peor. Su amargura nacía del fracaso sin paliativos de muchas de sus ideas políticas. No se exilió por el régimen de Franco, sino por huir del Frente Popular, como tantos otros –hecho que los historiadores lisenkianos suelen confundir deliberadamente–. Y en Buenos Aires rehusó condenar a Franco, lo que le valió el ostracismo profesional. En cambio, después de volver a España pronunció en 1946 su célebre conferencia del Ateneo de Madrid:

Por primera vez, tras enormes angustias y tártagos, España tiene suerte. Pese a ciertas menudas apariencias, a breves nubarrones que no pasan de ser meteorológicas anécdotas, el horizonte de España está despejado. Mientras los demás pueblos se hallan enfermos, el nuestro, lleno sin duda de defectos y pésimos hábitos, da la casualidad de que ha salido de esta turbia y turbulenta época con una sorprendente, casi indecente salud.
La conferencia fue radiada a todo el país.


Estas frases de Ortega pueden sonar a burda e interesada adulación al régimen, sobre todo puede parecerlo a quienes han tragado el bulo del "páramo" o el "erial" cultural que supuestamente era España por entonces. Pero no había tal erial, aunque los exilios y odios de la guerra habían cobrado su duro tributo. Las izquierdas habían devastado cientos de bibliotecas públicas y privadas, archivos, museos, obras de arte, sin contar lo que se habían llevado al extranjero para pagarse el exilio. Y habían creado un anticipo de lo que ha sido la libertad cultural en los países socialistas, movilizando a los intelectuales, velis nolis, para hacer una siniestra propaganda política prosoviética. En las difíciles condiciones de posguerra, he insistido en ello y debe recordarse de continuo frente a la propaganda de los herederos del Frente Popular, se compuso la novela española más traducida después del Quijote, la pieza musical más conocida en el exterior, el libro doctrinal cristiano más divulgado; siguieron escribiendo la mayoría de los autores de las generaciones del 98, del 14 y del 27, Zubiri publicó su obra fundamental, surgió un gran número de figuras nuevas en los más variados terrenos intelectuales, como ha explicado Julián Marías en un artículo famoso.


El propio Marías, rechazado arbitrariamente en la universidad, no por ello se vio sometido al ostracismo o al exilio interior, y explicó algunas razones de la nada despreciable vida cultural de entonces:
En la España posterior a la guerra descubrí el inmenso alcance de la economía privada: poder comprar la carne, las verduras o los trajes en un comercio particular, no en un mercado estatal; poder publicar en una editorial privada o en una revista del mismo carácter, aunque fuera con censura; cobrar algún dinero de una empresa también privada, no del omnipotente estado (...) En España no había libertad política y la economía estaba intervenida y mediatizada; pero eran cortapisas a una realidad que seguía siendo privada, múltiple. Había un coeficiente muy apreciable de libertad personal y social, porque subsistía un sistema económico que en sus líneas generales era liberal.
A decir verdad, el estado era, económicamente, mucho más liberal que el de ahora, al menos mucho más reducido, lo que lo alejaba automáticamente del totalitarismo.

Y el apoyo del régimen a la cultura tampoco debe despreciarse: se creó la primera facultad de Ciencias Económicas (la república había liquidado el único centro superior de esa disciplina), donde se formaron brillantes economistas prácticos; se organizó el CSIC, generalmente reconocido como superior a sus precedentes; aumentó con rapidez, superando enseguida a la república, el número de estudiantes medios y universitarios, y más el de chicas, como también mejoró la proporción entre maestros y alumnos en la primaria, aumentando su eficiencia, y las enseñanzas técnicas. Y así podríamos seguir con una buena serie de datos que he mencionado en el libro antes citado, y que la intelectualidad de izquierda tipo El País prefiere silenciar.

En ese ambiente general siguió trabajando Ortega, como Menéndez Pidal y tantos más. Cuando uno se libra de las habituales telarañas ideológicas y va a los datos reales, solo puede pasmarse de hasta qué punto se ha desfigurado la historia en estas últimas décadas. Y ese falseamiento sí puede afirmarse que ha producido un auténtico páramo cultural, porque sobre la mentira es difícil construir nada valioso.


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jueves 19 de noviembre de 2009

SITEL: Atracción fatal, por José García Domínguez


La única condición, necesaria y suficiente a la vez, para andar alarmado con el último juguete de Rubalcaba, Sitel creo que le llaman, consiste en desconocer la Historia de España. Al cabo, ese trasto en su versión primera, la biológica, ya estaba más que inventado en 1937. Recuérdese al efecto aquella célebre conversación telefónica de don Manuel Azaña súbitamente interrumpida por una recia voz del pueblo, al parecer adscrita a la CNT. "No puede usted continuar hablando de esas cosas. Está prohibido". "¿Por quién?". "¿Por mí?"."¿Cómo no voy a poder hablar si soy el presidente de la República?". "Razón de más. Sus obligaciones son mayores". Y ahí se cortó la línea.

Aquí, el Poder, que es paranoico por naturaleza, siempre presume tras la prosaica vulgaridad pública de sus adversarios fantásticas conjuras ocultas y arcanos enigmas gnósticos. De ahí que los sótanos del Ministerio del Interior lleven más de medio siglo empedrados con cintas de casete donde el diputado Pérez pregunta a su legítima qué le va a servir de cena por la noche, el subsecretario Martínez solicita hora al dentista, y el famoso periodista López ruega un préstamo de veinte mil duros a su cuñado, el orondo contratista Gómez.

A su vez, la gente, o la ciudadanía como dicen los cursis, resulta inconsistente por contradictoria. ¿Qué sagrado derecho a la intimidad amenazará Sitel si basta con abrir un periódico para disponer de un dossier completo sobre las infidelidades conyugales y las perversiones sexuales de media España? Pero si aquellos fulanos siniestros que dirigían la Stasi, Securitate o el propio KGB no darían crédito a sus ojos, contemplando cualquier magazine del "corazón" en Telecinco o Antena 3. ¿La preciada privacidad de los españoles, amenazada por un chisme informático? No nos hagan reír.

En fin, la única conjura que hay detrás de Sitel, como siempre, es la de los necios. Así, al ministro Rajoy Brey, ya que no se le ocurría modo mejor de enterrar trece millones de euros, le faltó tiempo para comprarlo. Eso sí, con la intención expresa de no utilizarlo jamás, bajo ningún concepto, nunca. Ya se sabe, cosas del Taoísmo pontevedrés. Que no se quejen entonces si ahora les cae encima la loca de Atracción fatal disfrazada de Rasputín: "Veo todo lo que haces y oigo todo lo que dices". Qué miedo, cualquier día irrumpe con el cuchillo en el Hemiciclo.
José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.
Libertad Digital

martes 17 de noviembre de 2009

La enseñanza destruida por el PSOE mientras el PP estaba mirando pasar los pajaritos

Véase también en Mariano Digital la entrada sobre el tema.


LA IZQUIERDA SE HA CARGADO LA ENSEÑANZA PÚBLICA

Javier Orrico






E

l pasado 6 de mayo, el “Periodista Digital” publicaba en sus páginas de Internet una entrevista realizada por Arturo Díaz al profesor Javier Orrico, cuya lectura, incluso aunque no se compartan las ideas del entrevistado, consideramos imprescindible para quienes se dedican a la docencia, particularmente cuando todavía está reciente la deplorable imagen de nuestro bajo nivel escolar conseguido con la pedagogía logsiana que ofreció al mundo entero el Informe Pisa, y el Gobierno ha aprobado ya la LOE, la nueva reforma educativa prevista por el Gobierno actual (¡la cuarta en 15 años!).

* * *

Hablar con Javier Orrico por teléfono sobre el estado de la educación en España es recibir por el auricular un torrente de pasión por el noble oficio de maestro, por la rabia de un catedrático de Bachillerato que constata cada día la desolación de las aulas donde campa la desidia, y por el dolor de un hombre horrorizado por la «muerte de la cultura» que impone desde hace ya 15 años una ley vituperada, la LOGSE.




Portada del libro "La enseñanza destruida", de Javier Orrico, publicado por la Editorial Huerga y Fierro, de Madrid.


Pregunta: En dos palabras, ¿por qué está destruida la enseñanza?

Respuesta: Un sistema educativo que no premia el mérito y no reconoce el trabajo, no es un sistema educativo. Será otra cosa, pero no inculca a las personas el principio de que el trabajo debe ser el mecanismo fundamental de ascenso en la vida, y de expresión de las cosas que uno quiere hacer. Si no se reconoce tu mérito, la desmotivación es inmediata.

P: ¿Cuál fue el objetivo de facilitar tanto las cosas a los niños en la escuela e institutos que instauró la LOGSE?

R: En el fondo, el objetivo no es pedagógico. Lo que pretendían las pedagogías hasta la llegada de lo que los anglosajones denominaron «comprehensive school», lo que aquí se llamó «escuela comprensiva» en una mala traducción. Esto quiere decir que comprende a todos por un camino único. Un verdadero sistema pedagógico debería pretender que todos los alumnos sepan el máximo y todos desarrollen al máximo sus capacidades. Pero el sistema pedagógico de la LOGSE no pretende eso, sino que todos desarrollen lo mismo. Que todos reciban lo mismo. Que todos salgan exactamente iguales. Por tanto, no es un sistema educativo que busque lo mejor para todos, sino imponer, no la igualdad, sino el «igualitarismo».

P: ¿Cuál fue la ideología que guió esta reforma?

R: Es un sistema educativo de las viejas y caducas ideas del marxismo, es decir, que todo el mundo sea igual por decreto, que nadie pueda destacar y diferenciarse, que nadie pueda desarrollar una capacidad individual que le haga sentirse o ser distinto del de al lado, pero no ser distinto del resto por ser de una distinta clase, o tener diferentes posibilidades o derechos, sino estrictamente porque los seres humanos somos distintos y buscamos cosas diferentes.

P: ¿No había nada bueno en la LOGSE?

R: Sinceramente, visto ya con 15 años de experiencia, yo creo que no había nada bueno. Hubo una oportunidad perdida de renovar la enseñanza media, en el sentido de que había que haber mejorado la Formación Profesional. Habría que haber invertido toda la paletada inmensa de millones que se ha tirado a la basura a partir de la LOGSE en esto. A cambio, se han construido cientos o miles de pequeños institutillos sin valor verdadero, sin buenas bibliotecas, laboratorios y departamentos para los profesores, sin medios auténticos, porque cada pueblo exigía su instituto. Como consecuencia, el instituto dejó de ser aquel centro de verdadera regeneración y expansión de la cultura por toda España que habían sido los buenos centros de Bachillerato, que tenían un sentido más bien comarcal, o de ciudades de cierto tamaño donde se acababa reuniendo a los alumnos. En vez de invertir en la Formación Profesional, lo que se hizo fue fundirla con el Bachillerato.

P: ¿Qué piensa de la prolongación de la enseñanza obligatoria hasta los 16 años?

R: Me parece muy bien para los que estén de acuerdo en que se puede obligar a alguien a hacer lo que no quiere hasta los 16 años. En último extremo se podría haber hecho una enseñanza obligatoria sin necesidad de que fuera una enseñanza única. Una cosa es que no se permita que los niños anden por el campo con el burro a los 14 años, que esa España ya no existía entonces como se creía el PSOE. Pero si se quería hacer la enseñanza obligatoria, que se hubieran creado distintos caminos para los que no quieren seguir la única vía que se les propone, los que se denominan “objetores”. O sea, señores, que al verse obligados a hacer una cosa que no les interesa, lo que realmente hacen es impedir que los demás puedan seguir estudiando.

P: Los partidarios de la LOGSE aducen que el fracaso educativo constatado por el Informe Pisa se debe a que esta Ley no se llegó a aplicar en toda su extensión durante los gobiernos del PP.

R: No, no, en absoluto. Eso es una propaganda política. Les vino muy bien que al PP le cayera la responsabilidad de aplicar la Ley al ganar este partido las elecciones de 1996. Así, si la Ley fracasaba, la culpa no era de ellos. Pero la LOGSE fue un fracaso desde el primer momento. El primer texto que yo escribí contra la LOGSE es del año 1992, cuando yo ni siquiera era profesor, porque era el jefe de Opinión de Diario 16 en Murcia. Cuando leí los fundamentos educativos de esta Ley me llevé las manos a la cabeza y dije: «El Señor nos coja confesados con lo que se nos viene encima». En ese texto que recojo en mi libro, La losa que viene, afirmaba ya que eso iba a ser la ruina de la enseñanza española y la ruina de la memoria histórica.

P: Pero, ¿la LOGSE se ha aplicado o no?

R: Se ha aplicado absolutamente. Precisamente, el error que yo le achaco al PP es que no detuviera la Ley en el año 96. El PP construyó institutos a punta de pala; trasladó a los chicos desde los 12 a los 14 años a los institutos en vez de dejarlos en los colegios, que es donde tendrían que seguir. Con esto, arrasaron los institutos. Los chicos de 12 años eran los mayores en los colegios y se sentían responsables porque sabían que, en los dos últimos cursos de la EGB, se jugaban el obtener el título de EGB y poder seguir adelante con sus estudios. Estos niños rendían bien en los colegios, pero, en los institutos, se pierden. Es un ciclo desastroso. Son niños que se mezclan con chicos mayores, de 18 años, que están en cosas absolutamente distintas. Los mayores llaman “gremlins” a los pequeños.





Estos niños rendían bien en los colegios, pero, en los institutos, se pierden. Es un ciclo desastroso.



P: ¿Qué destacaría de los institutos de antes?

R: Los institutos eran centros libres, con las puertas abiertas, donde el alumno iba a estudiar y, si quería, no iba. Con la LOGSE, se han convertido en pequeñas cárceles de adolescentes. Se podía haber hecho que el Bachillerato empezara antes, para que todo el mundo estuviera mejor formado, que todos tuvieran la posibilidad de alcanzar una formación teórica que les permitiera competir con los hijos de la burguesía y poder acceder a la Universidad en condiciones de preparación tan buenas como las mejores. En vez de eso, han alargado la EGB hacia arriba, con lo cual, hoy los chavales de 16 años salen peor preparados que antes a los 14. El nivel ha bajado tanto, la indisciplina es tal en las aulas que el resultado es ése.

P: ¿Por qué el PP no varió el rumbo?

R: Porque el PP no se atreve a nada. Es un partido muy pusilánime, siempre con la opinión pública en contra muy bien manejada por la izquierda. Existía entonces ese prejuicio de «¡Qué viene el doberman!». Precisamente han achacado al PP todo lo contrario de lo que ellos hicieron. No tanto el sector liberal del PP, pero su sector democristiano vio las puertas abiertas cuando, al aplicarse la LOGSE y hundirse la escuela pública, la gente comenzó a acudir a los colegios privados. Eso suponía que los colegios concertados religiosos iban a tener una demanda de plazas escolares extraordinaria, que el PP, en aplicación de la Constitución y las leyes vigentes, sacaron adelante.

P: Usted adjudica toda la responsabilidad a la izquierda...

R: La izquierda se había cargado la enseñanza pública. Y todo el que ha podido se ha ido a colegios privados y concertados. El objetivo del PSOE de dar a todos lo mismo era una mentira, porque, ¿quiénes son los de «todos lo mismo»?, los de la enseñanza pública. Porque en la enseñanza privada, a pesar de dar los mismos programas, el ambiente, el clima, las familias, el empuje que se le da al niño, el sustrato cultural, hace que hoy día, desdichadamente, la preparación que se da en los centros privados sea cualitativamente muy superior que la que ofrecen los centros públicos. ¿Quiénes han perdido? Esta broma la han perdido los hijos de los trabajadores.

P: ¿A quién culpan del desastre los muñidores de la LOGSE?

R: Echan la culpa a todo el mundo menos a sus principios teóricos. A los primeros que culparon fue a los profesores de Bachillerato, que éramos «unos elitistas» y no queríamos «saber nada de estas cosas», la primera mentira. Segunda mentira, que no se pusieron los medios suficientes para aplicar la LOGSE. Mentira. Los medios están, las “ratios” de alumnos por aula han bajado. Es raro que en una clase haya más de 25 alumnos, y cuando yo empecé a trabajar en el Bachillerato en 1979, las clases de 50 alumnos eran muy normales. Esto es una cuestión de sentido común. Si llegas a una clase y te encuentras con unos chicos que llevan suspendiendo las matemáticas desde pequeños y no han tenido que repetir curso, llega un momento en el que ya no entienden absolutamente nada de lo que se les habla. Ahora la nueva Ley prescribe que sólo se repita una vez en la Primaria.

P: ¿Qué ocurre en la Primaria?

R: La Primaria es el verdadero origen de todo este desastre. La enseñanza primaria española ha sido laminada. Han acabado con la memoria, con el estudio, con la información... y se dedican a «construir mensajes», a «construir aprendizajes», lo que llaman el constructivismo. Y claro, cuando llegan a la Secundaria tienen tantas carencias, que uno se encuentra con una disparidad de alumnos tal que es imposible mantener un ritmo de trabajo más o menos homogéneo. Entonces, los listos de los pedagogos, que están en sus despachos sentados, te dicen: «No, atienda usted a la diversidad y haga usted adaptaciones para todos». ¿Qué me pide usted?, ¿qué vaya con 25 ritmos distintos? Eso es muy fácil sentado en la mesa del departamento de la Facultad de Pedagogía.

P: Usted habla en su libro de «secta de pedagogos». ¿Qué necesidad hay de llamar al recreo «segmento de ocio»?

R: Y más cosas. Hablar con un chico se llama «intervención psicopedagógica». Y decirle a un muchacho que como no sabes, ni sé cómo hacer que sepas más de lo que sabes, te voy a hacer una «adaptación curricular».

P: ¿Y eso qué es?

R: «Te voy a aprobar», sin más rodeos.

P: ¿Cuál es el objeto de toda esa jerga pedagógica?

R: Esconder la realidad. El eufemismo intenta siempre que la realidad no se muestre en toda su crudeza. Además, eso supuso un aura de ciencia nueva que llegaba a los centros de Bachillerato donde la gente pretendía enseñar Literatura, o Biología, o Matemáticas, o Historia. Los de la enseñanza media no somos maestros sino que somos físicos, o matemáticos. ¿Cómo enfrentarse a gente tan preparada unos señores que no saben de nada? Son unos señores teóricos de una «supuesta ciencia» que es un disparate. Sólo la experiencia en el trabajo, el aprendizaje del profesor, puede hacer que uno crezca en el desempeño profesional. Hacer que un poema de Juan Ramón Jiménez llegue a un niño de 16 años, algo tan alejado en principio de su sensibilidad, es algo que se aprende ejerciendo la profesión, no con métodos teóricos. Toda esa jerga abstrusa les confería a los pedagogos el aura de nuevo mago de la tribu, el nuevo brujo, que, con ese lenguaje incomprensible a los demás, les trae una nueva ciencia revelada que lo resolverá todo. El objetivo último de los pedagogos era tomar el poder en la enseñanza.

P: ¿Sus colegas están mayoritariamente de acuerdo con sus opiniones?

R: Creo que es muy general esta opinión.

P: ¿Por qué no hubo una revuelta entre los maestros ante lo que se les impuso?

R: Porque los cuerpos que se opusieron fueron los cuerpos de Bachillerato. El PSOE creó división entre los cuerpos de funcionarios. Los maestros del ciclo superior de EGB, los que daban 7.º y 8.º, pasaron a los institutos sin pasar ninguna prueba u oposición. Estos señores que enseñaban en el primer ciclo de la ESO a los mismos chavales, de pronto, eran profesores de instituto; han sido los únicos a los que se aumentó el sueldo y defendieron, lógicamente, la reforma con uñas y dientes. Además, prácticamente, todos los institutos tienen un jefe de estudios adjunto que es del Cuerpo de Maestros. Y además, pasaron de tener un horario de 9.00 a 12.00 y de 15.00 a 17.00, a tener el horario de mañana de los institutos. Todos estos señores se pusieron contentísimos. Con todo esto en contra fue imposible crear un movimiento unitario de oposición a la LOGSE. Se les hizo también la pascua a los catedráticos y agregados de instituto, pero se consiguió que cualquier movimiento de sublevación contra esto fuera presentado como una defensa corporativa y reaccionaria.

P: ¿Qué opina de la integración de chavales con minusvalías en los colegios?

R: Las criaturas que tienen retrasos, minusválidos, a los que en los centros especiales se les podría ofrecer un mínimo de futuro, se les tiene ahí aparcados en los colegios. Mandan a unos maestros que se llaman de «pedagogía terapéutica», que no son de Secundaria, sino del cuerpo de Primaria, maestros de apoyo que «los sacan de las aulas para darles unas clases aparte», pero manteniendo la ficción de que los están integrando entre los demás y en la sociedad. Esto es uno de los asuntos más delicados de esta historia. Yo creo que les estamos haciendo un flaco favor. Pero hay padres que lo prefieren y dicen: «Aunque mi hijo no aprenda nada, yo prefiero que esté aquí y se relacione con los demás». Bueno, pues a lo mejor esto es positivo, pero lo que sí te digo es que no aprenden absolutamente nada. Tú imagínate que eres profesor de matemáticas de chicos de 14 ó 15 años, y tienes en la clase a un chaval casi paralítico cerebral cuyo nivel intelectual es el de un niño de 7 años. Te lo meten en la clase, y alguna hora de la semana, te lo sacan de la clase para darle matemáticas aparte. Y a ti te dicen que vayas controlando su trabajo y el del resto. En el resto hay cinco gamberros que no te dejan dar clase; ocho que no entienden nada de lo que dices; diez que podrían ser alumnos estupendos a los que no puedes atender porque tienes que controlar a los anteriores... Entonces, claro, las clases son inmanejables.

P: ¿Cuál es el efecto de esta situación en los profesores?

R: Se produce el desistimiento. Mucha gente ha desistido de llevar adelante su profesión y va a clase a que pase la hora, a que estén allí los niños, a mandar ejercicios. Tenemos una especie de escuelas para chicos mayores donde el aprendizaje, la exigencia y los programas son lo menos importante, y se trata de que estén allí y lleguen hasta los 16 años y adiós muy buenas.

P: ¿De qué manera se puede mejorar la calidad de la enseñanza? ¿Hay marcha atrás?

R: Es muy difícil, porque la sociedad ha ido cambiando al mismo tiempo. El sistema educativo hubiera podido ser un cierto valladar, una especie de reducto último de lo que se llamó el «proyecto ilustrado», pero, paradójicamente, nos hemos tenido que caer del burro para darnos cuenta de que la izquierda, o esto que se llama la izquierda española de hoy, es la principal enemiga del proyecto ilustrado, que se supone que es lo que siempre tenía que haber defendido la izquierda. Esto lo he llamado en la introducción de libro, la «paradoja de la izquierda». El proyecto ilustrado que proclama que el hombre mejora a través de la cultura, la belleza y el arte, se lo han cargado por la raíz. Desde ese momento, el bastión de defensa de la cultura que era el sistema educativo, ha sido arrasado. La televisualización, la audiovisualización, la masificación, lo que yo llamo la tríada «sofá, pizza, televisión» ha arrasado con la idea de la cultura. Lo que los medios de comunicación poderosos promueven, es lo mismo que promueve el sistema educativo, porque ya no cree que «la cultura se adquiera con esfuerzo, trabajo y dedicación».

P: ¿De dónde surge un cambio tan radical en la enseñanza?

R: Primero, de la idea del PSOE de «vamos a dejar España que no la va a conocer ni la madre que la parió». La LOGSE fue una Nueva Planta, un cambio de raíz. Cambiaron los centros, los profesores, los estudios, los programas..., todo. Y el PP lo mantuvo por un sentido democrático que yo les reprocho. La educación no puede estar sometiéndose a un proceso de reformas y reformas de las contrarreformas. Ahora, el PSOE ha dado al PP un guantazo, y les ha demostrado de lo que es capaz el Partido Socialista. Éstos sí, llegan al poder y se cargan una cosa que ni siquiera sabemos si podía llegar a dar resultado [la ley proyectada por el PP, la LOCE]. La Ley Orgánica de Calidad de la Enseñanza era una ley muy tímida pero que, al menos, atacaba los puntos más fracasados de la LOGSE. Establecía que desde los 14 hubiera tres caminos, siempre reversibles, para que cada chaval eligiera su camino y las clases pudieran funcionar. La LOE que propone el Partido Socialista no es más que un regreso a la LOGSE, una ley absolutamente fracasada, pero además, acentuando el desastre. Una de las cosas que prevé es cargarse la Filosofía para introducir una asignatura de adoctrinamiento político que se va a llamar “Educación para la Ciudadanía”, que no es más que enseñar lo políticamente correcto, evitando que la gente pueda pensar por sí misma. Muchos profesores han desistido y van a clase a que pase la hora, a que estén allí los niños, a mandar ejercicios; tenemos una especie de escuelas para chicos mayores donde el aprendizaje, la exigencia y los programas son lo menos importante.




¿Quiénes han perdido? Esta broma la han perdido los hijos de los trabajadores.


P: Alguien puede pensar que lo suyo es pura nostalgia y que usted es de los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor.

R: En absoluto. No sólo no me he retirado de la trinchera, sino que trabajo en una trinchera más dura. Yo trabajo en una cosa que se llama «Diversificación», que es un itinerario encubierto que hay al final de la Secundaria donde envían a los chavales que, aún aprobándolos, no han podido obtener el título de ninguna manera. Fíjate. Antes sacabas la EGB y podías ir a Formación Profesional. Ahora no sacas la ESO y no puedes ir a ninguna parte. Me los mandan con 16 ó 17 años, que es donde yo veo la verdadera ruina de este sistema. Tengo que intentar darles las cosas básicas: escribir, leer, un mínimo de Historia... No sólo me he reciclado. Yo soy catedrático de Literatura y mi especialidad era enseñar Poesía, que es lo último que hago hoy. No tengo ninguna nostalgia. Yo me he adaptado perfectamente a la situación nueva. Y lo que intento es ayudar a estos chavales maltratados por el sistema que los ha dejado sin recursos personales y sin capacidad para enfrentarse a la vida y a su continuidad como personas y ciudadanos. Sólo digo esto: «Señores, ustedes se equivocaron y persisten en el error con una contumacia digna de comentario de texto que antes hacíamos». Lo verdaderamente reaccionario es que la LOGSE negó la enseñanza a los hijos de los trabajadores cuando accedieron a ella, y les dio a cambio un sucedáneo. Los integristas y fundamentalistas son los que defienden esta nueva ley, la LOE, que impide que se apliquen soluciones correctoras.

P: Usted cita a Álvaro Marchesi como el gran artífice de la LOGSE. ¿Qué ha supuesto este hombre para la enseñanza española?

R: Es uno de los hombres más negativos de la Historia de España. Él es catedrático de Psicología Evolutiva, el responsable de la destrucción de nuestro sistema educativo, que ciertamente necesitaba retoques, pero que estaba muy bien y había que haber salvado. Intentó aplicar diseños teóricos probadamente ya fracasados en todo el mundo. Fue secretario de Estado de Educación. No sé si siempre tuvo el mismo cargo, pero sí que estuvo en todos los Ministerios de Educación de la época del PSOE desde Maravall. Él y César Coll son los que hicieron esto y continúan defendiendo la validez de estos principios.

P: Déme un ejemplo de lo que hicieron estos teóricos.

R: En la LOGSE se estableció que los niños no podían aprender a leer antes de los 6 años. Ése es uno de los mayores desastres que nunca pudimos cometer. Cuando los niños empiezan a leer, han visto ya 150.000 películas, y entonces, diles tú que lean.

P: Los periodistas que están saliendo de las facultades han estudiado ya según la LOGSE, y pasado por una Universidad que también es muy criticada por su baja calidad. ¿Cómo ve la calidad del periodismo de hoy, usted que también lo ha ejercido?

R: Lo que veo es que se escribe muy mal. Los alumnos llegan al primer curso de Universidad con un nivel infinitamente más bajo por el desastre de las enseñanzas medias, y si esto se une a que las universidades se han convertido en expendedoras de títulos, pues tú me dirás qué tipo de licenciados están saliendo. Ahora bien, el ser humano es capaz de superar, incluso, un sistema tan estúpido como éste. Con dedicación, entrega, generosidad, con todo eso que hoy no inculcamos en el sistema educativo, el que pueda podrá salir adelante. Esto es trágico, porque todo eso es lo que se inculca a los hijos de los privilegiados que no se inculca a los hijos de los trabajadores. Aquellos fundamentos de la clase trabajadora, del esfuerzo, el trabajo, el rigor, la ética, la entrega, la generosidad, la fortaleza moral de los trabajadores de antes..., todo eso se ha mandado hoy a tomar por culo y lo que prima es la moto, el pendiente, el coche con los cristales negros y el bacalao a toda hostia.

Javier Orrico (Caravaca de la Cruz, Murcia, 1955) es catedrático de Lengua y Literatura de Bachillerato, y jefe del Departamento de Orientación en el IES Ortega y Rubio. Licenciado en Filosofía y Letras (Literatura Hispánica) por la Universidad Complutense de Madrid y doctor por la de Murcia, de 1990 a 1994 fue editorialista y coordinador de la sección de Opinión de DIARIO 16 en Murcia. Es columnista del diario LA OPINIÓN, ("!Crónicas malabares", los domingos) y de la revista de sociedad TRIBUNA LA MURALLA, ha escrito textos sobre arte, y como poeta, ha publicado La Memoria Inventada (Editora Regional de Murcia, 1983). El profesor Orrico, que fustiga las reformas de los pedagogos pretendidamente modernos desde sus columnas en la prensa murciana, ha compilado los golpes de su látigo dialéctico en un libro de título obvio y rotundo: La enseñanza destruida (Ed. Huerga y Fierro, Madrid, 2005). La obra, de lectura ágil y entretenida, describe los males que asolan la escuela y cuenta los peldaños bajados hasta su degradación.


Publicación de Javier Orrico

SITEL, la máquina del miedo, por Hermann Tertsch

BUENO, pues parece que de algo ha servido la Convención Nacional de Bienaventuranza del Partido Popular en Barcelona si más allá de loas al líder, algunos de sus dirigentes se han decidido a hablar del espionaje telefónico al que pueden estar sometidos todos y cada uno de los españoles por parte del Gobierno. Eso al fin y al cabo es hablar de la defensa de la libertad en uno de sus elementos básicos que son la privacidad y el derecho a la intimidad. Aunque en otros asuntos claros para la libertad de la ciudadanía el PP de Mariano Rajoy parece tener tan interiorizado el discurso de la hegemonía socialista que es incapaz de poner pie en pared, algo es algo. Muchos querríamos que la energía que pone Rajoy en dejar claro que en su partido se hace sólo lo que él quiere porque «las listas las hago yo», se utilizara para denunciar y hacer frente a los constantes abusos y desmanes del Gobierno socialista. Que no pasara un día sin que se denunciaran otras 24 horas sin explicaciones del Gobierno sobre el chivatazo de miembros de la policía a ETA para evitar las detenciones en la operación del bar Faisán. Que es sólo un ejemplo. O que los populares hubieran sabido celebrar el 20 aniversario de la caída del Muro como una conmemoración de las ideas de libertad frente a una izquierda enormemente incómoda con aquella miseria del socialismo real con el que tantas cosas tiene en común el radicalismo adanista e izquierdista del Gobierno Zapatero. Que los socialistas se quisieran olvidar de este acontecimiento clave en la historia del siglo XX y un hito de la victoria de la democracia liberal era lógico. Que en el PP sólo se acordara de la fecha Esperanza Aguirre es una tristeza y demuestra que en Génova la lucha por la victoria de las ideas que dice representar cuenta al parecer menos que la búsqueda de una especie de continuo apaciguamiento del adversario político que claramente tiene por objetivo su liquidación o neutralización como fuerza alternativa en la democracia española.
El sistema de interceptación de comunicaciones SITEL es un aparatito que puede ser muy útil para la lucha contra el crimen organizado y el terrorismo. Por eso se compró en su día durante la última legislatura de José María Aznar. Pero entonces se pidieron unos informes jurídicos y se vio que la fórmula hace prácticamente imposible un control judicial real y efectivo sobre su utilización. Y que las posibilidades de abuso y manipulación de las escuchas lo convertían en muy dudosamente constitucional. Pues imagínense este aparatito SITEL en manos de unos policías socialistas como los que mantiene como cargos de confianza el señor Fouché Pérez Rubalcaba que son capaces de colaborar con ETA para no fastidiarle un poco a Zapatero su plan de paz infinita con los terroristas que desarrollaba cuando se produjo el chivatazo. Esos no son solo capaces de espiar conversaciones de Dolores de Cospedal o de Esteban Gonzalez Pons para utilizarlas como les venga en ganas, en estado puro o con adulteraciones que crean necesarias. Para su filtración a medios amigos o para cualquier otro uso inconfesable. A partir de una sola persona pueden controlar conversaciones y movimientos de todo su círculo por amplio que sea y ejercer sobre ellos presión, chantaje y sobre todo intimidación. Porque está claro de que de un tiempo a esta parte son muchos, políticos, empresarios o periodistas que tienen la certeza de que sus conversaciones están controladas. Y hay algunos que han visto como su entorno recibe llamadas amenazantes destinadas a perjudicarles profesional o personalmente como personas adversarias o especialmente incómodas para este Gobierno y su lucha por ocultar a toda costa su incompetencia y sus fracasos. Pero el efecto fundamental de esta opacidad del uso del SITEL está en la generación de miedo. En la parálisis que genera en muchos ciudadanos descontentos la convicción de que, siendo permanentemente vigilados, quedan a merced de políticos, policías y jueces socialistas. Es un salto cualitativo en la lucha contra la discrepancia que da miedo. Y con razón.
ABC

lunes 16 de noviembre de 2009

Conferencia de Mikel Buesa sobre el Cupo Vasco

EL CONCIERTO ECONÓMICO VASCO: HACIA EL BILIDAJE DE UN SISTEMA PRIVILEGIADO DE FINANCIACIÓN AUTONÓMICA, por Mikel Buesa.

Fuero de Vizcaya

Ofrezco a continuación el texto de mi intervención en el debate sobre el Blindaje del Concierto Económico Vasco que tuvo lugar en el Centro Riojano de Madrid el pasado 11 de Noviembre de 2009.

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La naturaleza del Concierto Económico

El Concierto Económico no es, como muchas veces se afirma, el resultado del sostenimiento o de la recuperación del sistema foral en virtud del reconocimiento por la Constitución de los derechos históricos del País Vasco. Todo lo contrario, el Concierto surge, precisamente, de la desaparición del sistema foral. En 1878, a raíz de la supresión de los derechos forales, el Real Decreto de 28 de febrero de aquel año estableció el Concierto con la finalidad de que las provincias vascongadas contribuyeran a financiar el Estado «por todos los conceptos y en idéntica proporción que las demás de la Monarquía».

La nueva institución nació así no para diferenciar a dichas provincias de las demás, sino más bien para hacerlas iguales a las demás. Y nació con una clara vocación de provisionalidad, pues se configuró como un sistema que tenía que durar tan sólo ocho años mientras se establecían las bases para que las provincias vascas se integraran plenamente en el sistema fiscal español de la misma manera que el resto del territorio nacional. No ocurrió como se había previsto y la provisionalidad del Concierto se ha extendido a lo largo de 130 años —con un paréntesis de cuatro décadas en los casos de Guipúzcoa y Vizcaya que, por ser consideradas «provincias traidoras», vieron suspendido su régimen a partir de 1937 por el gobierno de Franco—. Y ello, porque muy pronto las oligarquías locales vieron que el Concierto podía ser manejado como un sistema de privilegio en virtud del cual la carga fiscal de los residentes en el País Vasco podía ser menor a la soportada por el resto de los españoles. Tal es el motivo por el cual el Concierto Económico no puede ser considerado como una reclamación genuinamente nacionalista, sino más bien como una reivindicación oligárquica y localista —que hoy en día, precisamente por su carácter diferenciador local, ha impregnado a todos los partidos políticos—.

Por otra parte, en su actual configuración y desde una perspectiva fiscal, el Concierto no es, como tantas veces se sostiene, una expresión de la autonomía genuina de los vascos para recaudar sus impuestos. Todo lo contrario, el Concierto es una ley estatal de armonización que sujeta al sistema fiscal vasco a la misma estructura y figuras impositivas que las del sistema fiscal español, dándoles a las Diputaciones Forales la autonomía para fijar los tipos impositivos dentro de ciertos límites, así como para establecer desgravaciones o bonificaciones, y, a la vez, exigiéndoles que el resultado de su actuación no aparte la presión fiscal agregada soportada por los vascos del nivel registrado en el resto de España. Tal autonomía es actualmente, en la práctica, muy similar a la que gozan las demás regiones de España en lo que se refiere al impuesto sobre la renta, aunque no así en lo que atañe al impuesto de sociedades, en el que esas regiones carecen de competencia.

En definitiva, el Concierto Económico es así el marco regulador fiscal del País Vasco. Un marco que emerge de una ley estatal, no de una ley autonómica, pues, de hecho, el Gobierno Vasco carece de competencias legislativas en materia fiscal.

El Cupo vasco

Vinculado al Concierto Económico se encuentra el Cupo vasco que también se regula en una ley del Estado. El cupo es, conceptualmente, la compensación que la Comunidad Autónoma hace al Estado por las competencias que este último ejerce y que no le corresponden a aquella, bien porque no se reconocen en su estatuto de autonomía, bien porque, aún estando reconocidas, aún no han sido transferidas al gobierno autonómico.

Su cálculo no es metodológicamente ningún misterio, aunque tanto el estado como el Gobierno Vasco y las Diputaciones Forales se han cuidado muy mucho para no hacer transparente la información que se maneja en el momento de efectuar las valoraciones correspondientes —lo cual, por otra parte, ocurre también con relación a la estimación de la financiación que corresponde a las Comunidades Autónomas sujetas al régimen común—. En lo esencial, ese cálculo se efectúa de la siguiente manera:

  • Por una parte, se valoran las competencias del Estado no transferidas al País Vasco de acuerdo con los Presupuestos Generales del Estado.
  • Al valor así obtenido se le aplica un índice de imputación para determinar cuál es la parte que le corresponde sufragar a la Comunidad Autónoma. Ese índice se fijó en 1981, de manera implícita, en el 6,29 por 100; pero, desde 1988, quedó establecido, de una forma inamovible, en el 6,24 por 100, incumpliendo en esto la Ley del Concierto que señalaba que su cuantía debería reflejar básicamente la participación del País Vasco en el PIB de España.
  • Y, sobre ese resultado, se aplica una serie de compensaciones que responden a los tributos e ingresos no tributarios que el Estado obtiene en el País Vasco y que no están sujetos al régimen de Concierto, así como al déficit público estatal.

En el proceso de cálculo del Cupo existen tres elementos claramente engañosos. Son los siguientes:

  • En primer lugar, la valoración de las competencias estatales no transferidas es un arcano cuyo comportamiento escapa a toda lógica, salvo que se acepte la hipótesis de que está subordinada a la obtención de un resultado final prefijado de antemano.
  • El índice de imputación, por otro lado, no responde a al participación del País Vasco en el PIB español. En concreto, en la última metodología aprobada, correspondiente a 2007, si se hubiese calculado como en 1981, tendría que haber sido el 5,43 por 100, ocho décimas menos que el efectivamente empleado.
  • Y, finalmente, el cálculo de las compensaciones que, por una parte, sobrevalora los ajustes por el IVA y los impuestos especiales, y, por otra, sobreestima extraordinariamente el déficit público. Este último elemento se ha venido sobrevalorando de una forma sistemática desde 1997 al no considerarse como ingresos del Estado los impuestos cedidos a las Comunidades Autónomas.

Así, teniendo en cuenta la metodología establecida por la última Ley del Cupo para el año base de 2007 y considerando sólo dos de estos últimos elementos —el índice de imputación y el casi inexistente déficit público que, sin embargo, la citada ley estableció en 40.782 millones de euros— he estimado que el Cupo Vasco se subvaloró en 1.846 millones de €, una cifra ésta que, si se eliminara la compensación por déficit —cuya justificación es harto discutible— se elevaría hasta 2.081 millones de €.

El profesor Carlos Monasterio, aplicando los ajustes reales a la metodología del Cupo, ha estimado en una reciente investigación las siguientes cifras de subvaloración de la cantidad a pagar por el País Vasco al Estado entre 2002 y 2006:

Años Subvaloración del Cupo en millones de €

2002

2.467,1

2003

2.620,8

2004

2.864,8

2005

3.210,8

2006

3.650,3

TOTAL

14.813,8

Promedio anual

2.962,8

Tomando en consideración este promedio anual, se puede afirmar que, como consecuencia de la metodología aplicada en la estimación del Cupo, el País Vasco ha contado con unos ingresos muy superiores a los que le correspondían, al haber infravalorado su aportación al Estado. Unos ingresos que equivalen al 4,9 por 100 del PIB de la región o, en otros términos, a 1.386,5 € por habitante. Este es, por tanto, el tamaño del privilegio fiscal en el País Vasco.


El blindaje del Concierto Económico

En las últimas fechas, bajo el impulso nacionalista, se ha vuelto a plantear la cuestión del blindaje del Concierto Económico, una expresión ésta con la que se designa la pretensión de impedir que los ciudadanos puedan recurrir ante los tribunales de justicia los eventuales abusos reglamentarios de las Diputaciones Forales en materia fiscal, a través de la sujeción de las normas forales a la competencia del tribunal Constitucional.

Dado que las normas forales de carácter fiscal, como todas las demás emanadas de las Juntas Generales de las provincias vascas, no son leyes —puesto que esos órganos de representación territorial carecen de competencia legislativa— sino reglamentos de desarrollo emanados de una ley habilitadora —en este caso la Ley del Concierto Económico—, la pretensión del blindaje me merece la siguiente calificación:

  • En primer lugar, me parece una aberración jurídica.
  • En segundo término, considero que constituye un atentado contra los derechos individuales de los ciudadanos que la Constitución ampara y, por tanto, un ataque sin paliativos al sistema democrático.
  • Y, finalmente, entiendo que el blindaje es una puerta abierta a que, por la vía de los hechos, por medio de normas de menor rango, se acabe trastocando la Ley del Concierto Económico.

Dicho de otra manera, con el blindaje se le priva al Parlamento de la Nación —el único competente para legislar en materia fiscal con respecto al País Vasco— de su autonomía y capacidad de establecer las normas jurídicas superiores, para concedérsela a unas entidades locales que, aún cuando se designen con el arcaico término de forales, no son diferentes ni de mayor rango que las demás existentes en España, instaurándose así un nuevo privilegio para ellas.

Por esos motivos, me resulta sorprendente que dos partidos políticos nacionales —como entiendo que pretenden ser el PSOE y el PPhayan sido abducidos, en este asunto, por el nacionalismo vasco. En el caso del PSOE ya se ha dado un apoyo al blindaje del Concierto Económico tanto en el Parlamento Vasco como en el Congreso de los Diputados. En el del PP, ese apoyo sólo ha tenido lugar en la cámara autonómica, sin materializarse en el Parlamento Nacional, aún cuando algunos de sus diputados expresaran con claridad su alejamiento de la posición parlamentaria del partido. Sin embargo, aún se está a tiempo de frenar el asunto, pues la correspondiente proposición de ley está por discutir. Por ello, sin que haya casi resquicio para el optimismo, me parece que es el momento de recordar a estos dos partidos —que hoy en día están comprometidos mutuamente en la gobernación del País Vasco— que ya llegado el momento de desligarse de las rémoras nacionalistas y oligárquicas, y encaminar al país a su definitiva modernidad.